Los veranos vuelan siempre… los inviernos caminan.
En invierno, ni calor, ni luz, ni pleno día; la noche y la mañana se confunden, todo es niebla y crepúsculo, la ventana está empañada y no se ve bien. El cielo es una rendija, el día entero es un sótano: el sol tiene el aire de un pobre. ¡Estación terrible! El invierno muda en piedra el agua del cielo y el corazón del hombre.
Yo veré las primaveras, los estíos, los otoños,
Y cuando llegue el invierno de las nieves monótonas,
Cerraré por todas partes portezuelas y postigos
Para edificar en la noche mis feéricos palacios.
El invierno llega a todas partes. En algunas dura más y en otras dura menos, como en nuestra islita tropical, pero todas las criaturas saben que hay una mitad del año más fría y oscura que la otra. La mayoría de mitologías que conocemos son las interpretaciones mágicas y poéticas que los pueblos antiguos dieron al mundo que los rodeaba, y una de las causas de que no hayan desaparecido del todo en esta era de la ciencia y la tecnología, es que los fenómenos naturales que las inspiraron siguen ocurriendo y nos siguen maravillando, incluso cuando sabemos cómo y por qué ocurren.
La naturaleza condiciona en gran medida los panteones y sistemas mitológicos de cada lugar, de modo que en un país tropical como el nuestro, Obbatalá, el orisha dueño de todo lo blanco, incluida la nieve, no tiene mucho que hacer sobre este elemento. Muchos países cálidos con grandes elevaciones de cimas nevadas tienen una deidad exclusiva para estos lugares, como la Poliahu hawaiana, que se disputa las cumbres volcánicas con su hermana Pele. Y qué decir de los mitos inuit, que hablan de cómo la primera mujer sacó a todos los animales de un solo agujero en el hielo.

Pero son los personajes, las historias y las tradiciones que van y vienen con el invierno las que conciernen a este trabajo. El invierno forma parte del gran ciclo de nacimiento y muerte del Sol, representando en particular su muerte o estadio de mayor debilidad, que alcanza su punto crítico durante el solsticio, con la noche más larga del año, alrededor del 21 de diciembre. Sin embargo, esta muerte implica un renacimiento inmediato, pues a partir del siguiente, los días comenzarán a hacerse más largos, anunciando la primavera. De ahí que haya poco o nada de luto en las celebraciones invernales, y sí mucho de regocijo.
La llegada o el regreso por esta fecha de un dios o una diosa solar del paganismo, motivó a la Iglesia de occidente a celebrar también el 25 de diciembre el nacimiento de Jesús de Nazaret a partir del siglo IV. Así, la Navidad cristiana (de nativitas, “nacimiento” en latín) no es más que un intento de monopolizar el concepto del “nacimiento sagrado”, un evento que todas las culturas alrededor del mundo -incluso en el hemisferio sur, donde ni siquiera ocurre en diciembre (allí el solsticio es en junio)- han venerado desde el albor de los tiempos.
El solsticio de invierno en el hemisferio norte
Estos y otros ejemplos por todo el mundo, evidencian la importancia de la fecha del solsticio para los pueblos antiguos, que, a pesar de todo, veían el invierno como un “mal” necesario, incluso deseado.
El Soyal de los indios hopi
Las fiestas y ritos hiemales tienen lugar por todo el hemisferio norte en estas fechas. Es cuando los indios hopi de Norteamérica realizan el Soyal para ayudar y orientar el regreso del sol, que es el rostro con el que Taiowa mira el mundo. Durante esta ceremonia, silenciosa y solemne, se reproduce todo el mito de la creación en el oscuro interior de una kiva, una habitación subterránea diseñada para este propósito. El noveno día se erige el altar Soyal, que es cónico, de unos tres pies de alto y está hecho de ramas cubiertas de algodón. La altura y el color blanco del algodón representan la cantidad de nieve que debe caer durante los meses de invierno para que penetre lo suficiente en el suelo y haga germinar las semillas que se sembrarán en primavera.

Los hopi solían sacrificar a una muchacha virgen, pero en tiempos posteriores solo se susurra el nombre de la niña elegida a una páho o bastón especial, y se supone que ella muere a los cuatro años. Tal sacrificio físico, espiritual o simbólico, ilustra uno de los grandes significados ocultos de Soyal: estamos en el solsticio de invierno, el momento en que toda la vida renace, no obstante, la vida debe ser pagada con vida; la semilla germinada debe perder su identidad como semilla para que una nueva forma pueda surgir. La tierra misma debe morir periódicamente para asegurar el renacimiento.
Es también durante esta fiesta invernal que los kachinas, los espíritus, vienen de las estrellas lejanas a participar en los rituales y a danzar junto a los hopi hasta mediados del verano, cuando regresan al mundo espiritual, donde, a su vez, están a punto de comenzar el invierno y el Soyal de allá.
La Yalda iraní
Mitra era un dios solar compartido por Persia y la India. En Persia, dentro del zoroastrismo, era hijo de Ahura Mazda, pero los zoroástricos se esforzaron por eliminar su culto en favor del de su padre. El nacimiento de Mitra también se celebraba el 25 de diciembre, incluso en Roma, donde se lo llamó Sol Invictus. Esta fecha rondaba el solsticio de invierno, cuando los iraníes celebran la Yalda (“natividad” en siríaco). Se suponía que la noche más larga del año, la última del mes persa de azar, pertenecía a Ahriman (el Mal), cuando este alcanzaba su máximo poder; y el día siguiente, el primero del mes dey, pertenecía a Ahura Mazda (el Bien).

Aunque con la implantación del islam la Yalda perdió todo su significado religioso, para los iraníes sigue siendo un momento de reunión con la familia y los amigos. Una vez sentados todos alrededor del korsi, la mesa baja con el brasero, el miembro más anciano explica el porqué de la celebración y relata historias del Shahnamé, el Libro de los Reyes, y otras del viejo Irán. De este modo continúan conmemorando el nacimiento del dios Mitra, el fin de la estación fría y el triunfo del Sol sobre la Oscuridad. Mitra es la luz del universo, mediador entre el cielo y la tierra, símbolo de verdad y justicia, por eso, durante esa noche, protegen el fuego encendido con el fin de atraer su benevolencia, conseguir la inmortalidad y la salvación en el día del juicio final.
En Yalda se comen frutas y nueces, y las granadas y las sandías son particularmente importantes. El color rojo de estas frutas simboliza los tonos carmesíes del amanecer y el brillo de la vida.

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Festivales celtas y nórdicos
Los druidas o neodruidas llaman Alban Arthan al solsticio de invierno, la Luz de Arturo, y simbolizan el nacimiento del Sol con el nacimiento del héroe, sin embargo, no hay ninguna evidencia de cómo los antiguos celtas celebraban el solsticio y los rituales modernos son una invención del poeta galés Iolo Morganwn.
Una gran cantidad de rituales auspiciosos y de protección tienen lugar por todas partes. En Escocia, el último día del año se celebra Hogmanay, y a partir de la medianoche se espera la llegada del “primer pie”: la primera persona que entre a la casa traerá regalos de plata, sal, carbón, pan negro, etc., símbolos de buena fortuna, sobre todo si es un hombre alto y trigueño. En cierto pueblo de pescadores, para el día 11 de enero (fin de año según el calendario juliano), se realiza la quema del clavie, un barril de madera que se pasea por todo el pueblo hasta un altar sobre un promontorio, donde terminará de arder y la gente se apresurará a buscar un tizón encendido para iniciar el fuego de año nuevo en sus casas de campo, pues la leña del clavie evita que entren los espíritus y las brujas. A estos ritos de fuego escoceses se les suma la quema de un drakkar vikingo, como ocurre a finales de enero durante el histórico Up Helly Aa de las Islas Shetland.

Y es que uno de los probables orígenes de estas costumbres de las Islas británicas es la influencia vikinga. Los germanos antiguos celebraban Yule o Yule-tide, que le daba nombre a los meses Jéola, “antes de Yule” y Aeftera Jéola, “después de Yule”.
Entre los muchos nombres del dios Odín estaban Jólfaðr (nórdico antiguo para “padre de Yule”) y Jólnir (“el de Yule”). Muchos otros pasajes de las Eddas y de las sagas nórdicas atestiguan la antigüedad de esta celebración, que debió abarcar desde mediados de noviembre hasta mediados de enero. Dentro de las tradiciones del Yule pagano está la de quemar un leño durante toda la noche y esparcir sus cenizas en el campo de labranza; lo que no se quema se guarda hasta el próximo año como amuleto contra incendios y tormentas. El “Leño de Yule”, nos dice Frazer en La Rama Dorada, “fuera solamente un duplicado, contrahaz o envés de la hoguera del solsticio estival, encendido puertas adentro y no al aire libre en consideración a la inclemencia del tiempo frío de la estación del año, fue señalado hace tiempo por el arqueólogo inglés John Brand y la idea está apoyada por muchas supersticiones extrañas agregadas al leño pascual, supersticiones que no tienen conexión aparente con el cristianismo, pero en cambio llevan evidente el sello de un origen pagano…”. El hecho es que esta y otras tradiciones que persisten, incluso fuera de Europa, como la cabra de Yule, el árbol y el jamón de navidad, etc., nos fueron legadas por los pueblos germanos.

A Yule se asoció la celebración de la Modranicht anglosajona, referida por el monje benedictino Beda el Venerable (672/3-735) en su obra De Temporum Ratione. Interpretada como la “Noche Madre” o la “Noche de las Madres”, se trataría de un ceremonial con sacrificios e invocaciones a las disir y matronaes, conjuntos de espíritus familiares femeninos, una suerte de culto a los antepasados.
Korochun y Koliada de los eslavos
Por su parte, los eslavos llaman Korochun a la noche del solsticio y Koliada al día siguiente. Según las tendencias neopaganas eslavas de convertir las fiestas en dioses homónimos, Korochun se identifica con otra deidad, Hors, el sol viejo y vencido por la oscuridad, a punto de iniciar su viaje por el inframundo; y Koliada con Dazhbog, el nuevo sol recién nacido y victorioso.

Durante la noche de Korochun, los eslavos harían fogatas, algunas en los cementerios, para mantener calientes a sus muertos, cantarían y bailarían a su alrededor. El jorovod, en particular, parece recomendable, una combinación de canto y baile circular muy típico cuyo nombre se deriva de jor, “círculo solar”, y vodit, “conducir”. Durante la Koliada, pospuesta hasta Nochebuena por el cristianismo, además de las fogatas, la tradición sería disfrazarse y cantar las koliadki (villancicos) de casa en casa, deseándole buena suerte a los vecinos durante toda la noche.
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Los sacrificios a Beiwe, la deidad solar de los samis
De los dioses celestes del pueblo sami, sin duda el más importante es Beiwe, cuyo nombre tiene variaciones regionales: Beaivi, Biejvve, Beivve, Bievve o Biejje. Se trata del dios o la diosa del sol, representada casi siempre en el centro de los tambores chamánicos como un diamante con cuatro rayos (los rayos representan la capacidad del sol para incidir en las cuatro regiones del aire). Existe cierta polémica sobre su sexo, algunas fuentes la dan como una diosa, probablemente por influencia de la mitología nórdica, y otras se refieren a un dios masculino. En cualquier caso se trata de un antepasado importante, pues el pueblo sami se autodenomina “hijo del sol”.

Lars Levi Læstadius (1800-1861) nos confirma que ya en su época el culto al sol era un recuerdo de los viejos tiempo y ni siquiera quedaban algunas supersticiones sobre él. Los cronistas recogen que los samis habían sacrificado animales hembras de color blanco para que el sol brillara, y en la víspera de San Juan comían gachas o una “papilla del sol” en su honor. Otros aseguran que, cuando el sol aparecía después de una larga ausencia, los samis ungían sus puertas con mantequilla para que el alimento le infundiera fuerzas a la deidad. Algunos comentaristas consideran que la costumbre de ensartar pedazos de carne en aros o anillos, y dejarlos en una plataforma alta detrás de la kota, era una ofrenda solar. A Beiwe le pedían que hiciera crecer la hierba y que los renos dieran abundante leche durante el verano. También le rogaban por la curación de algunas enfermedades, sobre todo nerviosas y mentales, a veces causadas por los largos meses de noche polar.
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El origen mitológico del invierno
El rapto de Perséfone
El mito griego que explica el origen del invierno y de las demás estaciones, es el que narra el rapto de Perséfone por Hades, el dios del inframundo. Según la mitología clásica, Core era la hija de Deméter, la diosa de la agricultura. Hades secuestró a la muchacha mientras recogía flores en una pradera de Eleusis y la llevó como su reina al Tártaro. Deméter buscó a su hija durante mucho tiempo y en el ínterin, enojada, maldijo la tierra impidiendo que los árboles dieran frutos y que crecieran las hierbas, hasta que la raza de los hombres estuvo a punto de extinguirse.

Zeus intercedió y prometió a Deméter que tendría a su hija de regreso con la condición de que ella no hubiese probado la comida de los muertos. Hades la habría dejado partir ya que Core rechazara cualquier bocado desde que llegó, pero a última hora, Ascálafo, uno de los jardineros del Tártaro delató que la había visto comer siete semillas de una granada. Ante esta nueva circunstancia, se dictaminó que Core, con el título de Perséfone, pasaría una parte del año (uno o dos tercios según la fuente) con Hades, y el resto con su madre en el Olimpo. Durante el tiempo que permaneciera en el inframundo, la tierra languidecería y se enfriaría, para volver a reverdecer después de su encuentro con Deméter.

Rossetti, 1874
De este modo los griegos justificaban el ciclo anual de las estaciones, pero este mito tiene muchos otros simbolismos. Al contarlo, suele omitirse a Hécate, la famosa diosa de las brujas, quien le da la primera pista a Deméter sobre el paradero de su hija, la acompaña en su búsqueda y se compromete a velar por ella en el inframundo. Según Robert Grave en Los Mitos Griegos: “Core, Perséfone y Hécate eran, claramente, la diosa en Tríada como la Doncella, Ninfa y Vieja, en una época en que solamente las mujeres practicaban los misterios de la agricultura. Core representa el grano verde, Perséfone a la espiga madura y Hécate al cereal cosechado… Pero Deméter era el título general de la diosa…”.

Pintura del español Eduardo Chicharro y Agüera (1931)
También nos explica que el mito de Core está relacionado con la costumbre de enterrar una muñeca de cereal durante el invierno y desenterrarla a comienzos de la primavera, cuando ya estaba retoñando. Según Ovidio, las flores que recogía Core en el momento del rapto eran adormideras, con evidentes cualidades soporíferas y el color escarlata de la resurrección, lo que puede interpretarse como un anuncio de su retiro invernal.
Ahora bien, este mito tiene fuertes conexiones con otros. El propio Robert Grave nota los paralelismos entre Perséfone y la diosa sumeria Inanna y su posterior versión babilónica Ishtar.
El descenso de Inanna / Ishtar a los infiernos
Inanna/Ishtar no es considerada una diosa madre, pero Perséfone tampoco lo era; ellas representan la fertilidad misma, la chispa de la vida, el instinto de preservación, muy relacionadas con la sexualidad y la reproducción. Como Perséfone, Inanna/Ishtar descendió al inframundo. En algunas versiones del mito va en busca de su esposo muerto Tammuz, el semidiós de la vegetación, en otras el propósito no queda claro. La reina del inframundo es su hermana Ereshkigal, quien exige que Inanna/Ishtar se deshaga de una insignia al pasar por cada una de las siete puertas que conducen hasta ella. En la primera puerta entregó sus sandalias, símbolo de su voluntad; en la segunda debió dejar sus joyas, símbolo de su ego; en la tercera entregó sus ropas, y su mente; en la cuarta ofrendó los cuencos dorados que cubrían sus pechos, renunciando a su sexualidad; en la quinta puerta, dejó su collar, la iluminación; en la sexta puerta, sus pendientes y con ellos su magia; finalmente, en la séptima puerta, Ishtar se despojó de su corona de mil pétalos, que simbolizaba la divinidad. Una vez desnuda y humilde, Ereshkigal la retiene en sus dominios, mientras que en la tierra las personas y el resto de criaturas dejan de reproducirse. Por intermedio de otros dioses Inanna/Ishtar es devuelta con todos sus atributos.
Su estadía en el inframundo y el despojo de sus insignias reales, se corresponden con el invierno, cuando la tierra queda desprovista de cualquier indicio de fertilidad.

Los habitantes del invierno
La importancia de esta época del año meritaba, en muchos casos, que tuviese su propia deidad o más de una. Veamos algunas y tratemos de identificar rasgos comunes.
Tlahuizcalpantecuhtli / Itztlacoliuhqui
Según la leyenda de los mexicas o aztecas, Tlahuizcalpantecuhtli era un dios alegre y feliz, la personificación de Venus, el lucero del alba. Sin embargo, cuando Tonatiuh, el Sol, exigió obediencia y sacrificios a los demás dioses, Tlahuizcalpantecuhtli se opuso, enojado, y le lanzó una flecha que no lo alcanzó. Tonatiuh le devolvió el disparo y la flecha le atravesó la cabeza, convirtiendo a Tlahuizcalpantecuhtli en otro dios, el dios del hielo, el frío, el invierno, el pecado, el castigo, las catástrofes naturales y la miseria humana. Ahora se llamaba Itztlacoliuhqui y se dice que toda su cabeza era de obsidiana. Como el dios que castigaba a los hombres y a los demonios en el inframundo, era portador de los instrumentos de justicia: la piedra y el garrote.

Bóreas y sus hijas

En Grecia, el invierno lo traía Bóreas, el viento del Norte, hijo de titanes. Bóreas era fuerte y de carácter violento. A menudo se le representa como un anciano alado con barbas y cabellos alborotados, llevando una caracola y vistiendo una túnica de nubes. Bóreas era el viento fértil que hacía engendrar a las yeguas cuando volvían hacia él sus cuartos traseros. En una ocasión cortejó a Oritía, una princesa ateniense, pero cuando las palabras dulces no resultaron, se convirtió en un potente viento que la arrebató de la ribera del río donde bailaba y la llevó a Tracia. Con ella tuvo dos hijos, los alados Zetes y Calais, y dos hijas, Quíone y Cleopatra. Quíone es la poco conocida diosa de la nieve, como indica su nombre.

Ilustración de Ryan Alexander Lee
La Cally Berry
Sin duda uno de los personajes más encantadores de Samhain es Cailleach Bhéara, cuya traducción del irlandés podría ser «velo o manto hostil». En Escocia la llaman Beira, reina del invierno, y creen que dio forma al paisaje dejando caer rocas de una canasta. Otros creen que usa un martillo para moldear los valles y montañas. Según el folclorista escocés Donald Alexander Mackenzie:
«La anciana Beira era terrible de ver. Tenía un solo ojo, pero su mirada era aguda y penetrante como el hielo y sagaz como un pez en el agua. Su piel era de un azul oscuro y apagado…
»Sus dientes eran rojos como el óxido y sus cabellos, que descansaban pesadamente sobre sus hombros, eran blancos como un álamo temblón cubierto de escarcha. En la cabeza llevaba un mutch (antiguo gorro femenino) moteado. Toda su ropa era gris y nunca se la vio sin su gran chal pardo ceñido sobre sus hombros.»
Katharine Briggs, en su maravilloso libro Quién es Quién en el Mundo Mágico dice que:
«Según la mayoría de las leyendas, Cailleach Bheur parece ser el espíritu del invierno. Tiene una varita con la que toca a los arboles a finales del otoño y las hojas se secan. Vaga durante el invierno por las colinas junto a un rebaño de ciervos salvajes que son su ganado. Las cabras montesas, los jabalíes y los lobos también estaban a su cuidado;… Al llegar la primavera, arrojaba su varita bajo un árbol de acebo y se convertía en una piedra inmóvil, hasta que volvía nuevamente a la vida en Halloween.»

Indudablemente es la reina que gobierna durante los meses invernales, entre Samhain y Beltane; opuesta de esta forma a Bride o Brigit, que preside los meses de verano. Hay quien incluso cree que es la misma diosa que se vuelve vieja y joven cíclicamente, como las dos caras de una moneda. Ya sea que se convierte en piedra o que bebe las aguas del Pozo de la Juventud en la mítica tierra de las hadas, la Cailleach está lista el primer día de invierno para asumir su rol. En Escocia la imaginan lavando su féileadh mòr (falda escocesa) en golfo de Corryvreckan, tres días antes de Samhain. Cuando termina, la tela es completamente blanca y la nieve cubre la tierra. De hecho, además de moldear el paisaje, la Cailleach también moldea el clima. Son famosas, sobre todo, sus tormentas de primavera, cuando intenta alargar un poco más el invierno.
Frazer registró que en Escocia existía la costumbre de hacer una figura con las últimas mieses de la cosecha, que probablemente representaba a la Cailleach.
«En la época de la recolección había una pugna por no ser el último en quedar segando y cuando existía la labranza en común se conocen ejemplos de quedar un lomo entre los surcos sin rapar (ninguna persona lo reclamaba), porque hubiera quedado el último. Lo que se tenía en cuenta era el temor de tener que alimentar hasta la próxima recolección el ‘hambre de la alquería’ (gort a bhaile) en la forma de una vieja imaginaria (Cailleach). Mucha emulación y chacotas se derivaban del miedo a, esta vieja. . . El primero que terminaba hacía un muñeco con algunas hojas de maíz que se llamaba la ‘esposa vieja’ y lo enviaba a su vecino más próximo. Éste a su vez, lo pasaba a otro más expeditivamente todavía y así hasta que la última persona se quedaba con la ‘vieja’ todo el año».»
Los dioses nórdicos del invierno
Según nos acercamos al norte, la cantidad de dioses relacionados con el invierno o con alguno de sus aspectos aumenta. En la mitología nórdica y germana es larga la lista. Odín, cabecilla del panteón, dios de la guerra y la sabiduría, lidera la Cacería Salvaje durante el solsticio de invierno, una especie de hueste fantasmagórica que arrasa el cielo durante la noche haciendo mucho ruido.
Rind, una de las amantes de Odín, con la que tuvo a Vali, es, como Jord y Frigg, una alegoría de la Tierra. Según Niedner Heinrich: “Jord es la tierra original, inhabitada, o la tierra sin relación con el hombre; Frigg es la tierra habitada, cultivada, morada del hombre, y Rind es la tierra de nuevo inculta, cuando los blancos copos del invierno cubren su superficie; en esta última condición resiste mucho tiempo a las caricias de su esposo… Jord es la Gaia de los griegos, Frigg es Deméter, pero los felices griegos no tienen ninguna diosa que corresponda a Rind; no conocen los rigurosos inviernos del Norte”.

Por W.Heine
No obstante, el que es considerado oficialmente dios del invierno es Ull, hijo de Sif e hijastro de Thor. Nada se dice sobre su padre biológico. La información sobre Ull en los documentos históricos es sumamente escasa, pero se sabe que es especialmente diestro montando esquíes y disparando el arco. Es un hombre muy bello y un hábil guerrero, por lo que se lo solía invocar antes de un combate. Se dice que acabó casado con la giganta Skadi, después de que fracasara el matrimonio de ella con Njord. No hay ninguna fuente oficial que atestigüe esta unión, pero no es del todo descabellada, pues Skadi, a pesar de ser una giganta, se cuenta entre las ásynjur como diosa invernal, también amante de la arquería y los esquíes.
Los dioses dieron muerte a Tjazi, el padre de Skadi, y para indemnizarla, le ofrecieron casarla con uno de ellos. La condición era que Skadi escogiera a su esposo viendo solo sus pies, y ella eligió los más limpios, creyendo que se trataba de los pies de Balder. Resultaron ser los pies de Njord, que constantemente lavaban las olas, y ambos se casaron, pero la relación no perduró porque Skadi deseaba vivir en las montañas, esquiando y cazando bestias, y Njord prefería quedarse en el océano.

También en Escandinavia, los llamados jǫtnar (comilones o come-hombres) o hrímþursar (gigantes de la escarcha o de la helada) eran considerados las fuerzas del caos, retratados como torpes y poco inteligentes, la fuerza bruta de la naturaleza. Estos gigantes participarán en la destrucción del mundo durante el Ragnarok, que vendrá precedido por una larga consecución de inviernos llamada Fimbulvetr.
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Lohui, la matrona de Pohjola
Curiosamente, según nos acercamos más al Norte, adentrándonos en Finlandia y Laponia, se hace más difícil encontrar dioses invernales. Allá el frío es casi perenne y, aunque se han adaptado bien a él, poco trae de bueno. En la mitología finesa, Pohjola, que significa Norte, es una tierra oscura y gélida, origen de todo mal, de allá vienen las enfermedades y las heladas. Está habitada por Lohui, una bruja capaz de convertirse en cualquier cosa y robarse la Luna y el Sol, provocando una ola de frío en todo el país.

Obra del pintor Akseli Gallen-Kallela, 1896
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Ded Moroz y Snegúrochka
En muchos otros lugares donde las creencias precristianas no sobrevivieron a la ausencia de una forma de escritura y a la imposición del cristianismo, muchos dioses y diosas terminaron convertidos en meros personajes de cuentos infantiles, objeto de supersticiones y fiestas sin ningún sentido religioso pagano. Ded Moroz, el Abuelo Invierno, es un anciano de larga barba semejante a Papá Noel, que protagoniza a día de hoy la navidad rusa. Al igual que su colega occidental, Ded Moroz tiene la misión de reunir a la familia en nochebuena y traer regalos a los niños.
Algunos lo hacen hijo de Veles, un dios ctónico relacionado con la tierra, el agua y el ganado, y Morana, una diosa terrible asociada con la noche, el invierno y la brujería, muy semejante a Hécate y a Cally Berry. Aunque no hay ninguna certeza, no es descabellado pensar que Ded Moroz pueda ser una reminiscencia de una antigua deidad o demonio que personificaba al invierno. El afamado escritor Alexander Afanasyev compiló y publicó una historia llamada “Morozco” entre 1852 y 1862, sobre dos hermanastras, la una buena y la otra buena para nada, a las que el abuelo da su merecido.
A lo largo de los siglos XIX y XX su imagen primitiva más aterradora de un secuestrador de niños, se vio influida por la iglesia ortodoxa, su uso en la literatura infantil y hasta las presiones políticas. Después de la Revolución rusa en 1917, toda tradición navideña fue ferozmente desalentada por considerarse actividades burguesas y religiosas, lo que dio pie a que el Santa Claus norteamericano se infiltrara en la cultura rusa. Y fue para combatirlo que se retomó la figura de Ded Moroz con una serie de requisitos obligatorios que lo diferenciaban de su colega occidental: según instrucciones del propio Stalin, el traje del Abuelo Invierno debía ser azul y no rojo. Fue, sin embargo, durante el periodo soviético, que el personaje adquirió su apariencia actual: larga barba blanca, traje y sombrero de piel, botas valenki, el Posoh o vara mágica con que golpea la tierra y provoca fuertes heladas, y la troika tirada por tres caballos blancos. Durante el periodo comunista, muchos países trasladaron sus costumbres de Nochebuena al Año Nuevo y remplazaron su versión de San Nicolás o crearon una nueva semejante a Ded Moroz para crear vínculos culturales con la Unión Soviética. En Rumania, después de 1948, Moș Gerilă, un hombre joven, atlético, proletario y con el torso desnudo, sustituyó durante tres años al Moş Crăciun cristiano.

A pesar de todo, Ded Moroz nunca ha llegado a ser completamente bonachón, su voz es profunda y grave y no es de risa fácil, por lo que muchas veces los niños se esconden de él cuando aparece. Para suavizar el carácter del abuelo está la nieta Snegúrochka, la Niña o Doncella de Nieve, cariñosa y amable, que lo ayuda en sus labores. En el cuento de Afanasiev del siglo XIX, es una niña de nieve hecha por una pareja de ancianos sin hijos, que cobra vida y permanece con ellos hasta el Día de San Juan, cuando, según la tradición, imita a otros niños saltando sobre el fuego. Inspirado por Afanasiev, el dramaturgo Aleksandr Ostrovski escribió La Doncella de la Nieve en 1873, una obra de teatro que no fue exitosa hasta que Nikolái Rimski-Kórsakov la convirtió en una ópera en la década siguiente. Aquí Snegúrochka ya no es una niña, sino una joven casadera hija de la Primavera y la Helada, que desea el contacto con los seres humanos, pero su corazón se derrite cuando se enamora. Muchas personas creen equivocadamente que se trata de una historia mucho más antigua, pero no lo es; sin embargo, esta es la imagen que nos ha llegado de ella, la de una joven bella y rubia, vestida de azul o blanco plateado, con un sombrero de piel o una corona de nieve.

Ded Moroz es uno de una larga lista de personajes que, en occidente, encabeza Santa Claus, que no es más que el recuerdo de San Nicolás de Bari (que vivió en Turquía entre los siglos III y IV) corrompido por los escritos de Washington Irving de 1809, quien lo llamó Santa Claus para burlarse del Sinterklaas (Fiesta de San Nicolás) de los inmigrantes holandeses. El resto lo hicieron otros artistas y escritores, algunos al servicio de Coca Cola, y el resultado es un increíblemente poderoso mito moderno.
Hulda y Perchta
En Alemania, los hermanos Grimm inmortalizaron a Frau Holle, Hulda o Madre Nieve en sus libros de cuentos infantiles. Una vez más aparecen las dos hermanas que se ponen al servicio, ahora de una anciana que les pide que sacudan muy bien el cobertor y las almohadas de plumas de su cama, porque ello hará nevar en el mundo. Una de las hermanas es hacendosa y la otra haragana y cada una recibe su merecido. Pero más allá de la moraleja infantil está la esencia de una antigua diosa germana vestida de blanco.

Con su labor antropológica, Jacob Grimm intentó devolverle su estatus divino como protectora de la agricultura, la artesanía y las mujeres. Hulda está relacionada con el arte de hilar, que una vez impuesto el cristianismo se consideró cosa de brujas. Durante la Edad Media se la consideró líder de un grupo de mujeres cuyos espíritus salían volando sobre sus ruecas para recorrer vastas distancias a través del cielo, hacer grandes fiestas y batallas entre las nubes, en una suerte de Cacería Salvaje femenina. En el Canon Episcopi del siglo X se puede leer:
«¿Has creído que hay alguna mujer, a la que los estúpidos vulgares llaman Holda [o, en algunos manuscritos, StrigamHoldam, la bruja Holda], que es capaz de hacer cierta cosa, de modo que las personas engañadas por el diablo, afirman que por necesidad y bajo su mandato han sido convocadas a hacerlo, esto es, con una multitud de demonios transformados a la semejanza de mujeres, en noches fijas viajar sobre ciertas bestias para ser contadas en su compañía? Si ha participado en esta insensatez, debe hacer penitencia durante un año en los días de ayuno designados.»
Se la ha llamado Diana y se la ha relacionado con Perchta, un devenido demonio alpino, y se podrían hacer muchas otras comparaciones con antiguas diosas tejedoras, hechiceras y adivinas. Para muchos investigadores, el hecho de que sea capaz de hacer nevar es un síntoma de que debió ser una entidad muy poderosa. Decir “Hulda está haciendo su cama” cuando está nevando, todavía es una expresión común en Hesse y otros lugares de Alemania.
Según Grimm, Perchta se conocía “precisamente en las regiones de la Alta Alemania donde Hulda termina, en Suabia, en Alsacia, en Suiza, en Baviera y en Austria”. Tiene las mismas funciones que Hulda como protectora de las bestias y del hilado, y puede parecer hermosa y blanca como la nieve, o anciana y demacrada. En muchas descripciones antiguas tenía un pie grande, a veces llamado pie de ganso o pie de cisne. Grimm pensó que esto simbolizaba su condición de ser superior, capaz de tomar la forma de un animal, o que se refería a su trabajo como hilandera, moviendo el pedal de la rueca. Hilar estaba prohibido en los días festivos.
En el folklore de Baviera y Austria, se decía que Perchta vagaba por el campo a mediados del invierno y que entraba en los hogares durante los doce días entre Navidad y Epifanía (especialmente en la Duodécima Noche). Ella sabría si los niños y los sirvientes jóvenes de la casa se habían portado bien y habían trabajado duro todo el año. Si lo hubieran hecho, encontrarían una pequeña moneda de plata al día siguiente, en un zapato o en un cubo. De lo contrario ella abriría sus vientres, les quitaría las entrañas y rellenaría el agujero con paja y guijarros. Sobre todo le preocupaba que las niñas hubiesen hilado toda la porción de lino o lana asignada durante el año, lo que sin duda tienen que ver con la importancia de tener prendas y abrigos nuevos durante el frío invierno.

Hoy día las Perchten son máscaras de carnaval usadas en las regiones montañosas de Austria. Algunas son hermosas y brillantes, conocidas como Schönperchten o “Perchten hermoso” y traen suerte y riqueza. La otra forma es el Schiachperchten o “Perchten feo”, que tiene colmillos y cola de caballo para espantar a los demonios y los fantasmas. En Italia, Perchta equivale a La Befana, que visita a los niños la noche anterior al 6 de enero para llenar sus calcetines con caramelos si son buenos o un trozo de carbón si son malos.
Jack Frost
Jack Frost es una especie de síntesis de todos estos que se han nombrado. Creado por la literatura y la superstición para niños, no tiene ningún pasado mitológico, a pesar de que se lo ha hecho hijo de Kari, un gigante de la mitología nórdica, personificación del viento. Muchas fuentes de internet buscan sus antecedentes en Morozco, en Frau Holle y en tradiciones anglosajonas y nórdicas, pero la verdad es que es una representación poética y moderna de las heladas, el hielo, la nieve, la aguanieve, el invierno y el frío. Generalmente se lo describe adulto, benévolo y travieso, responsable de los patrones helados que aparecen en los cristales de las ventanas y el pellizco del frío en las extremidades y en la nariz, etc. A veces se le ve con un pincel y un cubo, coloreando el follaje otoñal de rojo, amarillo, marrón y naranja.

Personajes asiáticos
Por último, si miramos a Asia, encontraremos personajes divinos como El Gran Dios del Invierno taiwanés, uno de los Ba-Jia-Jiang, ocho deidades que fungen como guardaespaldas y exorcistas, protegen a otros dioses, a los muertos y a los vivos. En algún momento, los seguidores de los templos donde se encontraban sus imágenes, sobre todo algunas compañías militares, comenzaron a disfrazarse de los ocho generales y a participar en coloridas y sobrecogedoras ceremonias públicas. Los representantes de las cuatro estaciones están detrás de los cuatro generales superiores en la formación y su papel es el de interrogar y torturar a los prisioneros. Cada uno está representado por una bestia mitológica y por una planta. El profuso maquillaje del Gran Dios del Invierno está inspirado en el tigre y el crisantemo, y su misión es la de asustar y amenazar, por eso lleva una serpiente.

Es curioso que sea el tigre el que identifique a este dios, siendo la tortuga negra la bestia tradicional identificada con el norte y con el invierno en la cultura china.
En Japón encontramos a Yuki-onna, una especie de fantasma de la nieve, posiblemente el espíritu de alguien que murió congelado. Descrita como una mujer muy pálida con un kimono blanco, generalmente es dañina y peligrosa, embauca a los hombres con su helada belleza o hace que se pierdan en el camino.

Conclusiones
En este punto podemos concluir que, aunque el invierno sea lo que es, el Sol juega un papel fundamental dentro de su mitología, nadie reza para que llegue el invierno sino para que vuelva el Sol. El Sol, durante el invierno, ha muerto o se ha ido. El invierno es para festejar el nacimiento de un nuevo Sol y para purificar la Tierra. En cuanto a los habitantes del invierno, podemos aventurarnos a decir que:
- Son ambiguos y/o traviesos. Suelen ser benignos y malignos al mismo tiempo.
- Están relacionados con el inframundo y con la muerte, pero también con la fertilidad y la renovación.
- Son los jueces por excelencia, los que premian y los que castigan, los crueles detentores de los instrumentos de tortura.
- Son dioses del viento, de la noche y de la magia.
- Saben que su función es necesaria, pero hacen un bien que nadie les agradece, tal vez por su terrible apariencia.