Kettil Runske es el héroe de algunos cuentos populares que se cuentan desde hace siglos en toda Suecia, pero principalmente en la región de Götaland y los alrededores del lago Vättern, donde al parecer tuvieron sus orígenes. Runske significa “conocedor de las runas” y, según la leyenda, obtuvo este conocimiento robándole tres bastones rúnicos al propio Odín. El primero en recoger la historia de Kettil fue el sueco Olaus Magnus en 1555, en su célebre Historia de gentibus septentrionalibus. Hasta donde sé, los cuentos de Kettil han sido traducidos muy pocas veces a otros idiomas, incluso dentro de Suecia ya no es tan famoso como solía ser. El siguiente resumen lo he elaborado cotejando varias fuentes de internet.
Nota importante

Inscripción en un palo (siglo XII – Bergen en Noruega) encontrada en una zona del puerto donde había muchos lugares de descanso para marineros y residentes. El texto dice: “Gyða segir at þú gakk heim”, que se traduce como “Dice Gyda que regreses a casa”.
A continuación se utiliza varias veces el término “bastón rúnico”. Se trata de un elemento complejo en su traducción. Originalmente un bastón rúnico es un pedazo de madera tallado o escrito con runas, de hecho, cuando se dejó de utilizar la madera como soporte, las palabras ‘duela’ o ‘bastón’ se siguieron utilizando para referirse a las letras y los símbolos rúnicos (mágicos o no), aunque estuvieran escritos en hueso, metal, pergamino o papel. Por lo tanto, un bastón rúnico no es necesariamente igual al báculo de un mago, esta es una imagen de la fantasía moderna. En ocasiones se puede interpretar como un solo símbolo mágico y otras como un pedazo de madera más o menos grande escrito con runas, también se consideran bastones los famosos calendarios rúnicos, que no tienen nada de mágicos.
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1. El origen de Kettil y el robo de las runas
En Möre, al sur de Suecia, hubo una vez un hermoso hayedo en una colina conocida como Torsås. Un día, un granjero joven y rico llegó a caballo y escuchó música y cantos maravillosos que parecían salir de las piedras. Se quedó quieto para tratar de distinguir el verdadero origen del sonido y encontró una puerta que daba acceso al interior de la colina. Estaba a punto de entrar cuando salieron dos trolls. Saludaron cortésmente al granjero, lo invitaron a pasar y le ofrecieron un cuerno para beber.
Curioso, preguntó de quién era aquel salón y cuál era el motivo del banquete y la alegría. Su anfitrión, un troll viejo y sabio, se levantó y dijo que se llamaba Tore, señor de la colina y la arboleda, dueño de aquel salón. El motivo de la festividad, dijo, era que su hija mayor se estaba casando con un troll de la montaña, en Åland. Al ver que el granjero vestía ropas finas y caras, pensó que debía ser rico, y siguió diciendo: “Si quieres, tú también puedes casarte con una de mis hijas. Y si la tratas bien, tus hijos llegarán a ser muy famosos”. El granjero aceptó la oferta, se casó con la hija menor del viejo troll, y los dos tuvieron un hijo llamado Kettil.
Kettil creció hasta ser alto y fuerte. En verano pastoreaba las cabras de su padre y un día conoció a otro joven pastor que se hizo amigo suyo. En una ocasión siguió a su compañero hasta su casa con la intención de pasar la noche juntos. En la casa dormía un hombre corpulento y barbudo, y junto a él colgaba de la pared una extraña caja. Kettil le preguntó a su amigo qué caja era aquella y se le respondió: “Es la caja de runas de mi maestro y no se nos permite tocarla”. Luego se fueron a dormir.
Por la mañana, Kettil se despertó antes que los demás y se vio obligado a satisfacer su curiosidad, así que robó la caja de runas con mucho sigilo, la ocultó en su capa y se fue al bosque. Cuando la abrió, encontró tres bastones rúnicos dentro. Al tocarlos comprendió todos los secretos de las runas.

A la mañana siguiente, el anciano de la barba vino a verlo. Llevaba un sombrero de ala ancha que le oscurecía los ojos y lo acompañaban dos feroces lobos negros con espuma en los colmillos y ojos encendidos como ascuas. Kettil entendió que aquel hombre era el mismísimo Odín. “Devuélveme lo que es mío o te las verás con mis lobos”, dijo Odín. Pero Kettil se negó y los lobos lo atacaron. Enseguida arrojó el primer bastón rúnico y las patas de los animales se quedaron pegadas a él. “¡Libera a mis lobos!”, Exigió Odín. Pero Kettil dijo que solo lo haría si prometía que no le harían daño. “Está bien, ellos nunca más te molestarán”, dijo Odín, “pero mañana regresaré y te daré un buen susto”. En cuanto Odín se fue, el bastón rúnico volvió a las mano de Kettil.
Al día siguiente Odín regresó y esta vez trajo un toro, tan fuerte y feroz que era capaz de derribar un bosque entero. Nuevamente exigió que le devolvieran lo robado y amenazó a Kettil. Pero Kettil arrojó el segundo bastón rúnico a los pies del toro y lo inmovilizó. Por segunda vez Odín tuvo que renunciar a su reclamo e irse con las manos vacías.
Al tercer día, Odín volvió. Esta vez trajo a la Dama del Mar, y ella amenazó a Kettil con arrastrarlo a las profundidades del océano si no le devolvía la caja de runas. Una vez más Kettil no demostró ningún miedo y se negó. Enseguida arrojó el tercer bastón rúnico e inmovilizó a la Dama del Mar. Finalmente Odín se dio por vencido y dejó que Kettil se quedara con los bastones rúnicos y que usara su magia.
Una vez convertido en un gran mago, Kettil dejó su hogar y viajó por muchos países. Se dice que enseñó a escribir a la gente de Garðaríki y que ganó gran fama en Estonia, Curlandia, Livonia, Lituania, Prusia, Vendland, Dinamarca, Noruega, así como en Suecia y Götaland, y se hizo conocido en todas partes como Kettil Runske.
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2. Kettil ata al monstruo de Storsjö

Una vez, Kettil llegó al lago Storsjö en Jämtland, que durante mucho tiempo había sido asolado por un monstruo terrible. Sintió curiosidad y le preguntó al jefe de la isla Frösö cuál era la historia de la criatura. Esto fue lo que le contaron:
“Hace mucho tiempo, dos trolls llamados Kata y Jata vivían en la orilla de Storsjön y cocinaban algo en un gran caldero. Cocinaron durante días, semanas y años, preguntándose qué saldría de allí. Una noche se escuchó un sonido extraño en el interior del caldero. Algo gimió, chilló, gritó y finalmente estalló como un trueno. Una extraña criatura con cuerpo de serpiente negra y cabeza de gato saltó del caldero y desapareció en el lago. El monstruo prosperó en el agua, creció mucho a lo largo de los años y sembró el terror entre la gente. Ahora es tan grande que rodea la isla de Frösö y es capaz de morderse la cola.”
Kettil decidió librar a la gente de aquella maldición, por lo que grabó un poderoso hechizo rúnico en una piedra [la famosa piedra rúnica de Frösö] para atar al monstruo al fondo del lago. Allí estará hasta que alguien pueda leer las runas y quede libre otra vez. Kettil fue recompensado enormemente con oro por esta hazaña. Luego viajó al sur, a Götaland, donde compró una granja y se instaló en Habo, a orillas del lago Vättern.

Es evidente que la piedra rúnica de Frösö, catalogada en Rundata como J RS1928;$66, fue vinculada con la leyenda de forma tardía, en una época en que no era común la lectura de runas. Puede que incluso la piedra haya dado origen a la leyenda por tener tallada una serpiente que se muerde la cola, lo que es un elemento bastante habitual en este tipo de monumentos. El texto rúnico dice: “Austmaðr, el hijo de Guðfastr, hizo levantar esta piedra y construir este puente y cristianizó Jämtland. Ásbjörn construyó el puente. Trjónn y Steinn tallaron estas runas.” La inscripción de la piedra está datada en el siglo XI y la historia del monstruo aparece por primera vez en un manuscrito de 1635.
Según otra versión de la historia registrada unos años más tarde que la primera:
“Se dice que debajo de esta piedra [rúnica] se encuentra la cabeza de una serpiente terriblemente grande y que el cuerpo se extiende sobre Storsjön hasta la villa de Knytta y Hille Sand, donde está enterrada la cola. La serpiente es considerada un rå [espíritu guardián] y por eso se levantó esta piedra. Como nadie podía cruzar [el lago Storsjön] con tranquilidad, el barquero y su esposa dijeron, junto con muchos otros, [que se debía a] que la piedra fue derribada y partida en dos durante las turbulencias de los últimos tiempos. Mientras la piedra estuvo en el suelo, muchas cosas extrañas ocurrieron en el agua, hasta que fue levantada y reparada.”
3. La prisión del mago Gilbert
En aquella época, dos reyes tenían su asiento en la isla de Visingsö, en el lago Vättern, uno al sur en Näs, y otro al norte en Borga. Los dos llevaban tiempo discutiendo sobre la colocación de sus fronteras, por lo que el rey de Näs decidió dividir la isla en dos mitades y acabar con la disputa. Para realizar el trabajo mandó llamar al gigante Gilbert, un antiguo discípulo al que Kettil le había enseñado magia, y ahora tenía fama de ser muy poderoso.
Cuando el rey de Borga vio a Gilbert usando su magia para excavar grandes trozos de la isla, se enojó mucho y trató de convencerlo para que se detuviera, pero el gigante se negó. Entonces el rey mandó un mensajero para buscar a Kettil. Kettil vino en barco, pero estaba invisible y la gente solo supo que había desembarcado cuando de repente la nave se volvió mucho más ligera. Kettil encontró a Gilbert cavando al norte de Kumlaby y trató de hablar con él para disuadirlo, pero aquel le respondió con gritos e insultos y se negó a detenerse. Finalmente, cuando Kettil lo amenazó con usar su poderosa magia, el otro le dijo: “Sería un mal espectáculo ver a un maestro peleando con su aprendiz. En lugar de eso, solucionemos nuestras diferencias con un concurso de bebida”.
Kettil estuvo de acuerdo y se reunieron la noche siguiente, cada uno trajo siete barriles de cerveza. Astuto como era, Kettil había insertado dobles fondos en sus barriles y también los había llenado con una cerveza suave, de este modo podía vaciarlos rápidamente, mientras que Gilbert se demoraba mucho más y terminaba borracho.
En un ataque de ira, el gigante gritó: “¡Antes de que me ganes, todavía tenemos que luchar!” “Muy bien”, respondió Kettil, y le arrojó uno de sus bastones rúnicos a Gilbert, pero falló y cayó en el suelo. Gilbert lo recogió triunfalmente con la intención de arrojarlo de vuelta a Kettil, pero descubrió que se le había pegado a la mano. “¡Quítalo con la otra mano!”, gritó Kettil. Gilbert lo intentó, pero descubrió que ahora tenía ambas manos pegadas. “¡Empújalo con los pies!”, dijo Kettil, pero esto sólo hizo que los pies de Gilbert también se pegaran. Finalmente, Kettil le aconsejó que lo mordiera con los dientes, y estos también se pegaron al bastón rúnico. Así, el mago Gilbert fue hecho prisionero por Kettil Runske y colocado sobre una piel de oso en el hoyo que él mismo había cavado. Entonces Kettil pronunció este hechizo: “Cuenta un año por cada cabello que se caiga de esta piel, porque nunca serás libre antes de eso”.
Se dice que Gilbert todavía yace atado en lo profundo del pozo en Kumlaby y todavía lo llaman El Agujero de Gilbert.

Este Gilbert parece ser una mezcla entre un troll de pantano, porque la zona de la leyenda solía ser pantanosa, y una caricatura del papa Silvestre II, cuyo nombre secular era Gerberto de Aurillac (Francia, 945 – Roma, 1003); el famoso papa del año 1000 se había ganado la reputación de nigromante por su dedicación a las ciencias.
Realmente existe un sistema de cuevas en el lugar que describe la leyenda, pero ambas entradas colapsaron hace tiempo. El sueco Olaus Magnus, primero en recoger la historia de Kettil en 1555, relata que: “A esta cueva sólo descienden vanidosos fanfarrones y personas guiadas por la curiosidad, y luego hay que proporcionarles una lámpara encendida y un ovillo de hilo para encontrar de nuevo la salida. El motivo del descenso es principalmente el deseo de ver a cierto mago llamado Gilbert, quien por su arte negro (causante de su desgracia) había sido vencido y encadenado en este lugar en la antigüedad por su propio maestro Kettil, a quien se había atrevido a desafiar”. Sin embargo, también nos cuenta Olaus que, incluso cuando la cueva estaba abierta era difícil penetrar, ya que “el hedor y los humos venenosos de la cueva” ponían a los visitantes en riesgo de “asfixia por dificultad para respirar o constricción de la garganta”.
4. Cómo Kettil derrotó a Taksteiner
Muchos años más tarde, en la isla de Gotland vivía un hombre malvado y cruel llamado Taksteiner, que incluso después de muerto regresó y atormentó a los vivos. Por lo tanto, el pueblo de Gotland decidió pedir ayuda al gran mago Kettil Runske. Se dice que Kettil caminó hasta Gotland por el fondo del mar respirando en una copa mágica.
Cuando llegó, lo llevaron a la tumba de Taksteiner, pero este se había hecho invisible y no lo encontraban por ninguna parte. Sin embargo, Kettil sabía una manera de hacerlo revelarse. Cogió un caballo blanco y lo montó de espaldas. Luego tomó una cuchara de plata y fingió comer del trasero del caballo. Cuando Taksteiner vio todo esto, no pudo contenerse y se echó a reír diciendo: “He visto locuras y he oído locuras, pero no hay nadie más loco que tú”.
Inmediatamente, Kettil le arrojó un bastón rúnico y lo inmovilizó. Luego lo arrojó en las profundidades de su tumba y selló la lápida con plomo, diciendo: “¡Descansa aquí hasta que el plomo se oxide!”. “Puedo esperar sin ningún problema”, le respondió Taksteiner desde adentro. Entonces Kettil colocó siete barriles de carbón de tilo sobre la tumba y dijo: “¡Entonces quédate aquí hasta que esto se pudra!”. Y Taksteiner respondió lamentándose: “Eso nunca pasará”. Así que nunca más pudo salir a molestar a los vivos.
Se dice que Kettil Runske vivió mucho tiempo y hay muchas más historias sobre sus hazañas. Entre otras cosas, se dice que mató al gigante Hvitvalder y encontró por el olfato un manantial de aguas frescas en Resmo. Finalmente murió de vejez y fue enterrado en Ölanda, en West Götaland, donde aún se puede ver su tumba.

