Bandrun, el arte de enlazar las runas

Nadie puede negar que la escritura rúnica empleó los bandrúnir (bandrun en singular), es decir, runas ligadas o enlazadas que forman un solo símbolo. Existen dos variantes atestiguadas: una es la unión de dos o tres runas adyacentes que comparten uno o dos trazos verticales y la otra son las llamadas “runas del mismo tallo”, es decir, varias letras escritas a lo largo de una línea madre común, que se leen de arriba hacia abajo o al revés. En este último caso, la línea madre puede formar parte de un dibujo, como el mástil de un barco o las olas debajo de él.

Este artículo forma parte del curso de brujería islandesa que puedes seguir desde aquí:

Veamos algunos ejemplos.

La famosa lanza Kragehul I, catalogada DR 196 U, fue encontrada en Fionia, Dinamarca, y data probablemente del siglo V. La inscripción posee varios bandrúnir con runas del futhark antiguo, entre ellas ᛖ=ᚱ, ᚫ=ᛣ, ᚷ=ᚫ. Esta última combinación se repite tres veces en la expresión “Gagaga gīnu gahellija”, que ha tenido diferentes interpretaciones. MacLeod y Mees (2006) creen que gagaga es una onomatopeya, una especie de grito de guerra.

La piedra de Rök (Ög 136), en Suecia, probablemente tallada a principios del siglo IX, presenta el bandrun (ᚦ=ᛆ). Este tipo de bandrúnir solitarios muy probablemente constituyen ejemplos de su uso como abreviaturas para economizar el espacio, o una forma de corregir algún error durante la escritura, como la omisión de un caracter.

La piedra de Södermanland, Suecia, catalogada Sö 158 en Rundata, fue inscrita entre los siglos VIII y XII. Incluye el dibujo de un barco cuyo mástil representa el tallo madre de las runas ᚦ=ᚱ=ᚢ=ᛏ=ᛆ=ᚱ= =ᚦ=ᛁ=ᛆ=ᚴ=ᚾ (þróttar þegn o “þegn de fuerza”). El uso de este tipo de bandrúnir es totalmente decorativo. Las runas son del futhark joven y se intercalan a cada lado del tallo para ser leídas de abajo hacia arriba. Un þegn era un hombre noble o con cierto prestigio en Escandinavia.

La piedra rúnica de Sønder Kirkeby, Dinamarca, catalogada DR 220, también fue tallada probablemente entre los siglos X y XI. La inscripción, con un fragmento deteriorado, incluye la conocida fórmula de invocación a Þor para que santifique las runas (þor wigi runar). En este caso las palabras están configuradas como runas de un solo tallo, que a su vez representan las olas debajo de un barco (ᚦ=ᚢ=ᚱ ᚢ=ᛁ=ᚴ=ᛁ ᚱ=ᚢ=ᚾ=ᛆ=ᚱ).

Islandia es el único país nórdico que no posee piedras rúnicas, sin embargo, el investigador australiano Justin Foster en su página http://www.galdrastafir.com muestra algunos ejemplos de lápidas del siglo XVII con inscripciones rúnicas que incluyen bandrúnir bastante elaborados como (ᚢ=ᛁ=ᛚ=𐩤=ᚱ).

Un caso particular de bandrun lo constituye la famosa “runa linterna” o i͡ŋ, cuya identificación es controvertida en la mayoría de los casos.

Mindy MacLeod ha publicado varios trabajos valiosísimos sobre la historia y el uso de los bandrúnir, uno de ellos es el libro de 2002 titulado Bind-Runes: an investigation of ligatures in runic epigraphi. En él demuestra con numerosos ejemplos epigráficos y manuscritos que el uso de las runas enlazadas varió sustancialmente, y señala algunos patrones comunes para cada período: por ejemplo, la mayoría de los bandrúnir que aparecen en las inscripciones de la época vikinga pueden deberse a la corrección o solución de errores por parte del tallador. Otras veces eran utilizados como abreviaturas, adornos o firmas personales, pero siempre con motivos prácticos como ahorrar tiempo y espacio. Del mismo modo que las runas cifradas que veremos más adelante, también constituían una forma de demostrar pericia, habilidad o maestría en el arte de la escritura. La conclusión final de MacLeod es que “las runas enlazadas son simples alografías* de caracteres rúnicos independientes, y no se debe atribuir ningún significado fonológico, ideográfico, mágico o de otro tipo a su empleo” (MacLeod, 2002).

Ahora bien, en muchos textos antiguos suelen aparecer símbolos semejantes a bandrúnir que oscurecen o impiden su lectura e interpretación. A menudo, esta dificultad conduce a una hipótesis desesperada como último recurso: que la inscripción tiene un carácter mágico y no uno comunicativo convencional. Estos símbolos misteriosos pueden ser, por ejemplo, las supuestas acumulaciones de runas ᛏ Týr que algunos investigadores han interpretado como invocaciones de la victoria; las famosas runas calendáricas (ᛮ Árlaug, ᛯ Tvímaðr, ᛰ Belgþorn) y otras por el estilo. A todas estas pseudo-runas que carecen de valor fonético, se debe en parte la creencia de que los bandrúnir tuvieron un uso mágico extendido, más allá de lo que la evidencia es capaz de demostrar.

Pseudo-runas

Mindy MacLeod cree que la relación de los bandrúnir con la magia cobró fuerza durante la Baja Edad Media, a través de la literatura reflejada en las Eddas y las sagas islandesas. En una época en que el uso cotidiano de las runas casi había desaparecido, los autores las emplearon como elementos fantásticos con algo de tradición, pero con mucho de libertad creativa. Con el objetivo de engrandecer las hazañas de héroes como Egil, las runas se convirtieron en una especie de súper-poder para resolver situaciones imposibles. Un ejemplo de exageración o enriquecimiento de la tradición lo vemos cuando el propio Egil levanta el poste con la cabeza de caballo para maldecir al rey Eiríkr y su esposa Gunnhildr. El uso del níðstong está más que enraizado en la cultura islandesa, pero Egil es el único que le agrega versos y runas grabadas.

Egil Skallagrimsson por el artista Gustav Vigeland

Otra saga que con frecuencia se utiliza como argumento a favor del uso mágico de los bandrúnir o monogramas rúnicos es la Saga de Bósi y Herraud, escrita en el siglo XIV y conservada en tres manuscritos del siglo XV. En el quinto capítulo de la historia, Busla, la madre adoptiva de Bósi, pronuncia una larga maldición contra Hringr, un rey de Suecia, que culmina con los misteriosos syrpuvers, tan terribles y poderosos que no se pueden recitar después de la puesta de sol.

«Cuando terminó su hechizo, el rey le dijo: ‘Antes de que me maldigas más, le perdonaré la vida a Herraud, y Bósi será expulsado de la tierra, pero lo mataré si alguna vez lo agarro’. ‘Entonces tendré que hacerlo mejor’, dijo Busla. Entonces comenzó ese verso que se llama “Syrpa”, que tiene la magia más poderosa y que no se permite cantar después del atardecer. Esto dice casi al final:

Seis hombres vienen aquí,
Di sus nombres
Descifrados (desvinculados)
Yo debo enseñarte.
Si no eres capaz de resolver esto
Y que me complazcas,
Entonces los sabuesos
Te morderán en el infierno
y tu alma se hundirá en el abismo.

ᚱ.ᚫ.ᚦ.ᚴ.ᛘ.ᚢ ᛁᛁᛁᛁᛁᛁ ᛬ 𑀯𑀯𑀯𑀯𑀯𑀯 ᛬ 𐩡𐩡𐩡𐩡𐩡𐩡 ᛬ ᛁᛁᛁᛁᛁᛁ ᛬ ᛚᛚᛚᛚᛚᛚ ᛬

r.o.þ.k.m.u iiiiii ᛬ ssssss ᛬ tttttt ᛬ iiiiii ᛬ llllll ᛬

Estas son runas simples, no bandrúnir; y para evitar la maldición, el rey debía leer las palabras codificadas en la frase mágica. Después de las seis primeras runas se puede leer “istil”, una terminación bastante conocida en las inscripciones rúnicas antiguas. Por ejemplo, en la piedra de Ledberg, Suecia, catalogada como Ög 181 e inscrita en el siglo XI, aparece el encantamiento: ᚦᛘᚴ ᛬ ᛁᛁᛁ ᛬ ᛋᛋᛋ ᛬ ᛏᛏᛏ ᛬ ᛁᛁᛁ ᛬ ᛚᛚᛚ ᛬ (þmk ᛬ iii ᛬ sss ᛬ ttt ᛬ iii ᛬ lll ᛬), que generalmente se lee þistill, mistill, kistill y se traduce “cardo, muérdago, ataúd”. Entonces, las runas de la maldición de Busla se leerían ristil, oistil, þistil, kistil, mistil, uistil; que se podría traducir en parte como “arado, oistil, cardo, ataúd, muérdago, uistil“. Mindy Macleod (2006) cree que la fórmula istil se basa en una antigua tradición de yerbas mágicas que degeneró en un amuleto rúnico.

Ahora bien, existe otro manuscrito islandés con otra copia de la Saga de Bósi y Herraud, pero este data del siglo XVIII islandés, con todo lo que eso implica culturalmente. Macleod cree que “este texto es anómalo en muchos aspectos” (Macleod, 2000). La maldición de Busla, por ejemplo, aparece escrita totalmente en runas; y además de la fórmula que ya analizamos, se incluyen seis bandrúnir con nombres de dioses (Freyr, Fjölnir, Fengur, Þundur, Þekkur y Þrumur) bien conocidos en la tradición de los grimorios. Evidentemente se trata de una adición peligrosa que ha provocado malas interpretaciones. La obra original no se refiere al uso de bandrúnir y no prueba ninguna relación de estos con la magia. Lo que sí resulta probable es que los seis bandrúnir hayan sido creados en el siglo XVIII específicamente para esta copia de la saga ‒pues no conozco ninguna aparición anterior de esos diseños‒ y luego se copiaron en grimorios posteriores, a veces sin ninguna explicación. El manuscrito Lbs 4375 8vo del siglo XIX, por ejemplo, dice que Fengur, Þundur y Þrumur son “símbolos de cuentos”, Freyr y Fjölnir para abrir cerraduras y Þekkur para hacer amistades. Mientras, el Galdraskræða de Jochum Magnús Eggertsson asegura que la función de los seis es contrarrestar plagas de animales indeseables como sapos y ratones.

Saga de Bósi y Herraud en un manuscrito del siglo XVIII

Existen términos en las lenguas antiguas, nórdico, inglés, incluso latín, que históricamente se han traducido como “atar”, “enlazar”, o más correctamente “vincular”, y sus antónimos “desatar”, “desenlazar” y “desvincular”. Algunas veces con más razón que otras, estas palabras se han relacionado con las runas en un contexto mágico. Así ocurre cuando Sigrdrífa/Brynhildr le aconseja a Sigurðr que “enlace bien” las runas del habla (malrúnar) o cuando Busla le pide al rey que “desvincule” los nombres de su acertijo/maldición. Para algunos estudiosos, se trata de referencias inequívocas al uso de bandrúnir, pero para otros, como Mindy Macleod (2000) se trata de una metáfora poética sobre componer o descomponer fórmulas mágicas, semejantes a las que aparecen en las inscripciones antiguas, más cercanas al anagrama que al monograma. La polémica continúa.

Ahora bien, profundicemos en el origen de estas interpretaciones. Indiscutiblemente la obsesión por los bandrúnir y su función mágica nació y se desarrolló en Islandia. En el periodo pos-medieval, cuando el resto del mundo los olvidaba o los utilizaba con fines completamente mundanos, la tradición islandesa los redescubría como la quintaesencia de la magia rúnica. Muchos manuscritos medievales llenos de sagas y poemas ‒entre ellos el famoso Codex Regius‒ fueron redescubiertos en esta época y convertidos en motivo de orgullo nacional. Era necesario arrojar luz sobre su contenido y los principales encargados de hacerlo fueron eruditos autodidactas como Björn Jónsson de Skarðsá, con las obvias limitaciones de su educación. Cuando se le pidió que comentara la sección sobre runas del poema Brynhildarljóð, que aparece en la Edda Mayor y en la Saga de los Volsungos, escribió:

«Estas artes rúnicas no significan que existiera un alfabeto separado para cada tipo de runas, que un alfabeto se llamara “Runas de Victoria” (sigrúnar) y otro “Runas de olas” (brimrúnar)… Más bien [significa] que, para cada una de las variedades de esta magia se usaron diferentes combinaciones de runas comunes, y cada una con sus particularidades, recibió el nombre por su combinación.»

— (Korablev, 2005)

Y sobre la estrofa 137 de Havamal:

«Además, concibieron estas artes curativas de tal manera, que todos los caracteres rúnicos de una palabra se compilaron y trazaron en un solo dibujo. Así que toda la palabra se convirtió en un signo y hubo tantos signos como se requirieron para su brujería. Por ejemplo, había símbolos grandes formados por varios bandrúnir, y algunos recibieron nombres. Un bandrun debía llamarse Gapaldur y el otro Ginfaxi. Y algunos piensan que estas figuras contienen los nombres de los æsir comprimidos y enlazados. Del mismo modo, por ejemplo, las personas todavía elaboran y utilizan insignias para marcar su propiedad, y las llaman firmas del propietario. Y sucede que si [estos bandrúnir] no se tallan y preparan correctamente, se obtiene un objetivo muy distinto [del que se pensó], como se puede deducir del ejemplo de la Saga de Egil Skallagrímson. Allí, un hombre pensó que eran runas de amor [las que había tallado], para ganarse el corazón de una doncella; sin embargo, ella se enfermó…»

— (Korablev, 2005)

Lo más probable es que estas interpretaciones estuvieran motivadas por el nacionalismo romántico del momento, y que las pintorescas teorías sobre las runas enlazadas fueran una consecuencia, no una causa, de la supuesta existencia de bandrúnir mágicos en la literatura medieval. No existe ninguna referencia ni nada parecido a estas teorías antes del siglo XVIII.

Runir seu Danica literatura antiquissima

Los primeros runólogos, en su empeño por sistematizar la escritura de sus antepasados, elaboraron tablas con posibles combinaciones y establecieron pautas para el diseño de los bandrúnir. En 1636, el danés Ole Worm publicó Runir seu Danica literatura antiquissima (“Runas: la más antigua literatura danesa”), una compilación de transcripciones de textos rúnicos que incluyó una sección sobre bandrúnir llamada De Literarum Runicarum jugationibus – Abbrebiaturis dictis, que incluía el famoso glifo del nombre Olafur. En la misma cuerda, pero casi un siglo después, en 1732, Jón Ólafsson de Grunnavík escribió el tratado Runologia.

Worm y Ólafsson no dudaron o no tuvieron más remedio que retomar las ideas de los autodidactas islandeses sobre los bandrúnir mágicos. Sin embargo, también analizaron aspectos más mundanos del fenómeno. Ólafsson, por ejemplo, reconoce que las runas suelen ser más grandes que otros caracteres y sugiere enlazarlas para ahorrar tiempo y espacio. Para ello recomienda empezar por agruparlas según la dirección en la que tienen sus ramas o extensiones. Además, establece que:

«…tales grupos de runas deben ser tan claros que no se puedan leer de otra manera que la que se pretendía originalmente. La regla general, por lo tanto, es que se debe leer primero aquella runa que se encuentra delante o la que llama primero la atención.»

— (Korablev, 2005)

Además de la simple combinación de dos runas, Ólafsson también se refiere a la creación de paquetes (böndin) o racimos (límingar) con varios caracteres, incluso de varios bandrúnir prediseñados, en un solo símbolo más complejo para esconder palabras y frases enteras.

AM 413 fol.
El texto dice: “Puedes tallar una secuencia de letras para cada palabra”

Este método no solo sirvió para explicar el supuesto origen de algunos símbolos mágicos, también se aplicó a la creación de firmas personales (fangamörk) y marcas de propiedad (búmerki), una antiquísima costumbre que no es exclusiva de Islandia, sino que existe desde hace siglos en muchos países del norte de Europa. Los diseños suelen ser simples, lineales, de aspecto rúnico, y se emplean para delimitar territorios, marcar ganado, firmar documentos, incluso han llegado a formar parte de algunos escudos familiares. La práctica es anterior a la escritura misma y hasta el siglo XVIII fue mayormente utilizada por personas analfabetas; Ólafsson, sin embargo, hace mucho hincapié en que deben ser legibles:

«Este conocimiento es necesario para que puedas tallar esos monogramas que se conocen como marcas de dueño, porque se forman a partir de la combinación de dos o tres letras rúnicas en un solo signo. Y la diferencia entre ellos y los bandrúnir es que con mayor frecuencia los monogramas, si es posible, se hacen iguales por todos sus lados y todos sus extremos (es decir, simétricos, equilibrados); y en esto son como los galdrastafir. Las runas son más adecuadas para componer tales monogramas que las letras latinas debido a la rectitud de su trazo, como bien señala Ole Worm en la página 121 de su libro. Cualquiera que quiera componer estos monogramas debe hacerlo desde el centro o hacia el centro, pero las figuras deben ser lo menos complicadas posible. Por ejemplo:

» El último monograma e.o.s. debe ser descifrado desde el centro hacia afuera. Ahora bien, este otro monograma e.o.s. se debe descifrar de afuera hacia adentro, es decir, hacia el centro:

Aunque no sabemos con certeza qué grado de difusión llegaron a tener estas ideas o si los métodos de Worm y Ólafsson se aplicaron de forma generalizada, sí hay indicios de que la elaboración de bandrúnir ocupó las mentes de algunos islandeses respetables. Jón Sigurðsson (1811-1879), líder del movimiento independentista de Islandia, dejó varios manuscritos que ilustran su interés por los bandrúnir. En 1868 escribió un artículo inédito sobre sellos y firmas personales para determinar derechos de propiedad. Algunas páginas del manuscrito están llenas de nombres y sus respectivos monogramas rúnicos. Por su parte, el manuscrito JS 149 fol es una miscelánea de la misma época que, entre otras cosas, contiene los estudios de Sigurðsson sobre la obra de Ólafsson y notas con ejemplos o ensayos de varios bandrúnir.

Manuscrito JS 496 4to con marcas de propiedad. Jón Sigurðsson. s. XIX
Ensayo con bandrúnir en el manuscrito JS 149 fol de Jón Sigurðsson. s. XIX

Ahora bien, volviendo al tema de la magia: el interés de Ólafsson por la legibilidad del signo lo aleja del típico sigilo europeo cuya decodificación les correspondía a los seres sobrenaturales a los que estaba dirigido, y lo acerca a la magia de las palabras, cuyo poder reside en nombrar y ser parte física de la realidad sobre la que se desea influir. Ólafsson cree que la efectividad de la magia depende de la claridad del mensaje, es decir, los caracteres y palabras que se obtengan al desvincular o desenlazar un bandrun, deben ser los mismos y estar en el mismo orden en que fueron compuestos por el mago. Considera que la famosa escena de curación en la Saga de Egil es el ejemplo perfecto.

Ólafson asegura que “este es el tipo de signo que se talla en un palo y se coloca en la boca abierta de un pez para atraer el viento. En este bandrun las runas se pueden leer como “Cabeza de Þor” (Þórs höfuð). También son bandrúnir esos ocho signos que se supone que devuelven el bien robado. Estaban constituidos por los siguientes nombres: Baldr, Tyr, Thor, Odin, Loki, Hoenir, Fjolnir, Frigg.” (Korablev, 2005) Sin embargo, el autor no siempre suena tan seguro de lo que sabe y hace referencias a cuentos, rumores y suposiciones:

«Algunos bandrúnir se encuentran unidos por una sola línea, lo que parece referirse a esos trazos que se usan para ingresar en las colinas y enviar fantasmas malignos. Además, se dice que los hechiceros tenían tres bandrúnir similares en una varita mágica hecha de hueso de ballena, con cuya ayuda resucitaban a los draugar. Y mucha gente sabía cómo componer tales bandrúnir con estas letras, o con otras que son diferentes de las runas comunes, y a veces, seguramente, con otras variedades de alfabetos, o incluso con caracteres que no son letras en absoluto.»

— (Korablev, 2005)

Los galdrastafir no parecen encajar del todo en las teorías de Ólafsson, sus formas son demasiado volubles y caprichosas. Él mismo confiesa: “…dudo que sus nombres estén siempre ocultos en las figuras mágicas por las que son conocidos.” (Korablev, 2005)

En última instancia la cuestión es la siguiente: ¿quién fue primero, el símbolo o el método de Ólafsson? Si al menos una parte de los galdrastafir que aparecen en los grimorios hubiese sido concebida con esta técnica, muchos ya habrían sido descifrados, y no es así. Parece evidente que esta sistematización de los métodos rúnicos responde a un interés tardío, y la teoría de los bandrúnir constituye un intento de explicar fenómenos mucho más antiguos como el de los símbolos mágicos, que llevaban siglos evolucionando por su cuenta. Sin embargo, ninguno de los eruditos que he mencionado hasta ahora logró aportar datos verdaderamente esclarecedores, de hecho, parecieran tan desconcertados por el misterio como cualquiera de nosotros. Incluso si los bandrúnir llegaron a ser utilizados en la creación de galdrastafir, habría sido consecuencia de la difusión de símbolos anteriores, autóctonos y foráneos, con algunos trazos aparentemente reconocibles.

Durante mucho tiempo el tratado de Ólafson fue la única fuente para el estudio de los símbolos mágicos. Jón Árnason, el gran compilador del folclore islandés del siglo XIX, lo cita constantemente y reproduce la idea de que algunos galdrastafir son formas estilizadas de antiguos bandrúnir que esconden los nombres de ciertos dioses paganos. No obstante, reconoce que ya era prácticamente imposible descifrarlos y que él mismo no había visto nunca muchos de estos símbolos, solo escuchado sus historias. Una de esas historias está relacionada con Angurgapi, que probablemente se encuentre entre los símbolos más antiguos que existen, ya se mencionó en este libro y de nuevo resulta de interés: un hombre rencoroso talla el signo en la tapadera de una olla y el objeto encantado sale volando y mata casi todo el ganado de la región, hasta que alguien logra leer lo que llevaba inscrito, entonces deja de girar y cae al suelo. Se infiere que Angurgapi era un bandrúnir o algún otro tipo de fórmula mágica capaz de ser leída. De ser así, difícilmente el cuento se refiera al mismo símbolo identificado como Angurgapi en los grimorios sobrevivientes.

En cualquier caso, salvo las dudosas referencias en la literatura medieval, no hay nada que sugiera el uso mágico extensivo de los bandrúnir en épocas históricas. Su florecimiento en Islandia se da al mismo tiempo que florece la magia renacentista en Europa y es un error pensar que la costumbre de enlazar caracteres es exclusiva de la tradición del norte. Otros magos del continente tampoco dudaron en echar mano de este truco para adornar las misteriosas páginas de sus grimorios. Agripa, por ejemplo, en el siglo XV, escribió:

«Hay también otra clase de caracteres, común a casi toda clase de letras y lenguas, y muy fácil, que se realiza con la unión de letras; pongamos por ejemplo el nombre del ángel Michael; sus caracteres tomarán esta forma:

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Según el misticismo moderno, el poder mágico de los bandrúnir –y de cualquier runa utilizada con estos fines– estaría dado por sus posibles significados y sus nexos con la antigua mitología nórdica. Se asume que dichos significados se pueden extraer de los poemas rúnicos –el anglosajón, el noruego y el islandés–, textos medievales que más bien constituyen recursos mnemotécnicos para el aprendizaje de las runas, ya que cada estrofa trata mayormente de una palabra que comienza con la letra en cuestión. El concepto moderno de “energía rúnica” es completamente anacrónico en la Edad Media; su verdadero poder debió residir en su condición de escritura, para perpetuar en una inscripción las palabras de una maldición, por ejemplo. Se creía que las palabras, principalmente los nombres, estaban físicamente conectadas con la realidad a la que hacían referencia, siendo capaces de provocar cambios en ella; por lo tanto, grabar o escribir las runas era visto como un poderoso acto de magia, sobre todo para aquellos que no sabían hacerlo.

La elaboración de bandrúnir es una práctica común en la magia rúnica moderna. En un intento por emular los misteriosos símbolos de los grimorios islandeses, algunas personas crean los suyos propios combinando las runas y sus significados. Algunos diseños son extremadamente sencillos, pero otros son complejas obras de arte cuyo significado solo es conocido por su creador. Indiscutiblemente también tienen un valor estético que se aprovecha en la decoración con tatuajes y collares, etc.

Una preocupación de quienes intentan crear sus propios bandrúnir o sigilos por primera vez suele ser cómo lograr un diseño efectivo. Sobre este aspecto, Donald Tyson en su libro Las Runas y su Magia dice:

«El número de combinaciones que se pueden formar es infinito, pero la reflexión y la intuición seleccionarán un patrón del resto que parezca más apropiado que los demás. Se deben hacer varios sellos de cada nombre y elegir entre ellos los más convincentes. El Mago habrá de detectar el que parezca correcto interiormente cuando se proceda a la selección final. Si no es plenamente satisfactorio, descártelo y continúe intentando diferentes patrones hasta que se presente el verdadero.»

— (Tyson, 1994)

Existen muchos requisitos que funcionan como supersticiones o medidas de precaución para este tipo de trabajo mágico, que tienen como objetivo controlar o encausar los grandes poderes que se supone se están manipulando, pero todos son invenciones modernas. Generalmente cada usuario tiene su propio ritual o rutina para estas cosas. Algunos parecen considerar que mientras más pasos o más elementos se observen, más efectiva será la creación del bandrun.

Donald Tyson recomienda hacer sellos de los nombres de los dioses como Þor, cuyas runas serían ᛏᚺᛟᚱ y podría representarse de la siguiente manera:

De igual modo, según Tyson, «Cualquier deseo mágico que se exprese en una frase puede ser reducido a una palabra combinando las letras iniciales de cada una de las palabras de la frase. Cuando se ha transcrito a runas, de él se puede hacer el sello correspondiente. Por ejemplo, la frase «Odín traiga la lluvia» (original en inglés «Odin Bring the Rain») puede ser reducido a O+B+R. Transcrito a runas surge la palabra mágica: ᛟ.ᛒ.ᚱ que puede ser transformada en el siguiente sello:

Algunos bandrúnir son famosos hoy en día. El logo de Bluetooth fusiona las runas equivalentes a las letras latinas h y b; ᚼ Haglaz y ᛒ Berkanan del futhark joven, que son las iniciales del rey vikingo danés Harald Blåtand o Bluetooth.

El proyecto musical Wardruna, liderado por el noruego Einar Selvik, utiliza como logotipo un misterioso bandrun. El 12 de agosto de 2017 el propio Einar escribió en Facebook: “Muy a menudo me preguntan cuál es el significado de nuestro bind-rune y cómo es que todas las runas se tejen, se ensartan y se fusionan de esta manera; todo se reduce a la carga (significado) que le quiera poner el que las moldea. Es posible encontrar muchas runas dentro de nuestro diseño, pero esta es principalmente una estructura gráfica de la palabra Wardruna hecha con runas proto-escandinavas y en la vieja tradición, diferente de la magia rúnica moderna; las palabras son una parte esencial en el uso esotérico de las runas. La palabra Wardruna tiene varios significados y yo tengo los míos propios, pero esencialmente significa: Guardián de las runas/secretos/conocimiento.”

Einar Selvik tiene tatuado el bind-rune que significa Wardruna, ‘guardián de las runas, secretos, conocimientos’.

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