Sleipnir y el extraño caso de las botas de navidad


En estos días he encontrado numerosas publicaciones en internet que afirman categóricamente que Santa Claus es la versión cristianizada de Odín, que los renos son versiones de Sleipnir y que los niños vikingos guardaban heno, azúcar y zanahorias en sus calcetines para que el dios los cambiara por dulces y otros regalos.

Por favor, dejen de repetir estas cosas como si fueran verdades históricas o, por lo menos, investiguen hasta encontrar el origen de tales afirmaciones y den la referencia.

Por desgracia, no todos los investigadores que han estudiado estos temas utilizaron métodos científicos adecuados. Algunos llegaron a sus conclusiones estableciendo analogías y paralelismos muy endebles, haciendo mucho énfasis en los elementos que les resultaron más atractivos (o al público) y obviando otros, tan o más relevantes. Casi cualquiera es capaz de elaborar una teoría sobre la evolución de un mito o una leyenda, sin embargo, las deducciones más fáciles y tentadoras no siempre son las más correctas.

He podido rastrear el origen de las afirmaciones sobre Odín y Santa Claus hasta dos fuentes, aunque con certeza deben existir otras. La primera son los escritos de Hélène Adeline Guerber (1859-1929), una autora estadounidense de ascendencia suiza que publicó muchos libros de mitos y leyendas y les incluyó sus propios comentarios pseudocientíficos. La segunda es otra norteamericana, comunicadora de profesión y fallecida en 2002, se llamaba Phyllis K. Siefker. En 1997 publicó un libro que todavía hoy es éxito de ventas: Santa Claus, Last of the Wild Men: the origins and evolution of Saint Nicholas, spanning 50,000 years. Siefker fue presentada en varias ocasiones como una autoridad en el tema y aseguraba que su libro era el resultado de veinte años de investigación. En esencia, ella trataba de demostrar que Santa es el último vestigio antropológico del “hombre salvaje”, un ser primitivo y antisocial de la mitología europea. Para ello analizó una amplia selección de costumbres de varios tiempos y lugares; sin embargo, las líneas de pensamiento que establece son confusas y hasta contradictorias, además, en muchos casos no aportó las pruebas o las fuentes suficientes. Las teorías de estas dos autoras, o al menos muchos de sus argumentos, son vistos con desconfianza por la comunidad científica.

Santa Claus, Last of the Wild Men: the origins and evolution of Saint Nicholas, spanning 50,000 years

Odín = San Nicolás

El problema comienza cuando intentan demostrar que Sinterklaas, la forma holandesa de San Nicolás, es el mismísimo Odín. Su principal argumento es que ambos llevan barba y cabalgan en las noches de invierno sobre los tejados en un caballo blanco. A estas coincidencias les han sumado otras mucho menos razonables, por ejemplo: Sinterklaas llega a Holanda acompañado de otro personaje llamado Zwarte Piet (en español: Pedro el Negro o Pedrito), quien se dedica entre otras cosas a escuchar a través de las chimeneas para saber si los niños de la casa se han portado bien o mal e informárselo a su patrón; ahora bien, a algunos iluminados les ha dado por decir que Pedrito es la versión moderna de los cuervos Hugin y Muninn, que acompañaban a Odín.

Resulta que Sinterklaas no llega desde el Polo Norte, sino de España —porque sus restos descansan en la ciudad de Bari, que fue territorio español hasta el siglo XVIII—, y lo más probable es que el personaje de Pedrito esté inspirado en un “moro”. En las canciones más antiguas, Pedrito se llevaba a los niños malos en una bolsa, lo que tal vez recuerda las ocasiones en que los musulmanes asaltaron las costas europeas y secuestraron a la población para esclavizarla.

Sinterklaas y su ayudante Zwarte Piet

¿De quién son las botas?

Otro de los argumentos más curiosos gira alrededor de los famosos zapatos. Es cierto que en algunos lugares como Holanda, Bélgica y Países Bajos, los niños tienen la costumbre hace siglos de dejar sus zapatos con comida para el caballo de Sinterklaas y una taza de café para el santo, con la esperanza de recibir dulces y juguetes a cambio. Sin embargo, NO EXISTE NINGUNA PRUEBA de que la misma costumbre existiera en tiempos precristianos con el dios Odín y su caballo Sleipnir, ni de que la práctica moderna tenga ese origen. Al Cesar lo que es del Cesar y, en este caso, a San Nicolás lo que es de San Nicolás. Incluso si se quieren defender o esclarecer los elementos paganos que hay en este tipo de tradiciones, no es “metiéndoles el pie” a los zapatos como vamos a lograrlo.

Fiesta de San Nicolás
Jan Steen, década de 1660

Según el folclor cristiano, Sinterklaas bajó por la chimenea de una casa para dejarlas o arrojó por la ventana varias monedas de oro. El dinero debía servir como dote para tres muchachas casaderas, hijas de un hombre pobre, que de otro modo no encontrarían esposos y terminarían en la “mala vida”. Las muchachas encontraron las monedas dentro de sus respectivos calcetines, que se estaban secando cerca de la chimenea. Así se explica casi siempre el origen del calcetín o bota de navidad.

Ahora bien, aunque la explicación no es tan sencilla como intentan hacerla parecer, si me preguntan, diré que todavía EXISTE ALGUNA PROBABILIDAD de que la bota de navidad tenga algún nexo con el pasado pagano. Hasta ahora he encontrado dos posibles pruebas o puntos de partida para una buena investigación, pero ninguna tiene que ver con niños dejando paja para Sleipnir.

Prueba # 1: Perchta

En el folclore de Baviera y Austria se decía que Perchta vagaba por el campo a mediados del invierno y que entraba en los hogares durante los doce días entre Navidad y Epifanía (especialmente en la Duodécima Noche). Ella sabría si los niños y los sirvientes jóvenes de la casa se habían portado bien y trabajado duro todo el año. Si así fuera, encontrarían una pequeña moneda de plata al día siguiente, EN UN ZAPATO o en un cubo. De lo contrario ella abriría sus vientres, les sacaría las entrañas y rellenaría el agujero con paja y guijarros. Le preocupaba especialmente que las niñas hubiesen terminado de hilar toda la porción de lino o lana que se les asignó.

Perchta es un demonio alpino que podría contener los restos de una antigua diosa. Está emparentada con Holda, la posible líder de una cacería salvaje femenina. Según Grimm, Perchta se conoce “precisamente en las regiones de la Alta Alemania donde Holda termina, en Suabia, en Alsacia, en Suiza, en Baviera y en Austria”. Tiene las mismas funciones que Holda como protectora de las bestias y del hilado, y puede parecer hermosa y blanca como la nieve, o anciana y demacrada. En muchas descripciones antiguas tenía un pie grande, a veces llamado pie de ganso o pie de cisne. Grimm pensaba que esto era un signo de su condición de ser superior, capaz de tomar la forma de un animal, o que se refería a su trabajo como hilandera, moviendo el pedal de la rueca.

Aunque Grimm la eleva a la condición de “diosa”, lo cierto es que Perchta tiene la misma función que otros monstruos de navidad, masculinos y femeninos, como el famoso Krampus. No se puede descartar que todos tengan un origen común.

La mezcla de paganismo y cristianismo que tiene Perchta es más obra del pueblo llano que de la Iglesia como institución, de modo que pueden haber sobrevivido muchos más elementos paganos en su leyenda, y el regalo en el zapato puede ser uno de ellos. Por otro lado, la necesidad social de asustar o premiar a los niños es más cristiana que pagana y en este tipo de supersticiones infantiles suele menospreciarse el poder creativo de los adultos. Este poder tampoco tiene que estar necesariamente atado a un pensamiento mágico-religioso; en cambio suele responder a cuestiones prácticas como la necesidad de trabajar para ganar dinero, o tener comida y ropa para soportar el invierno.

Odín liderando la Cacería Salvaje

Prueba # 2: la Cacería Salvaje

Es cierto que Odín es uno de los principales líderes de la Cacería Salvaje, un ruidoso fenómeno invernal, representado casi siempre como un ejército de seres sobrenaturales. Existen numerosas leyendas y supersticiones sobre la Cacería, todas muy bien documentadas. El siguiente cuento fue recogido por Grimm:

«Una noche un campesino volvía del pueblo a su casa, borracho, y su camino lo conducía a través de un bosque; allí escuchó la cacería salvaje, el alboroto de los perros y el grito del cazador en el aire: “¡midden in den weg!” (al. basura en el camino) gritó la voz, pero el hombre no se dio por enterado. De repente, de las nubes se precipitó, justo delante de él, otro hombre alto sobre un caballo blanco. ‘¿Eres fuerte?’ le preguntó el jinete, ‘toma esta cadena, veremos cuál de los dos puede tirar más de ella’. El campesino agarró con valentía la pesada cadena y el cazador salvaje voló por los aires. El hombre enredó su extremo alrededor de un roble que estaba cerca y el cazador tiró en vano. ¿No habrás atado tu extremo al roble?, bajó y preguntó Wod. ‘No’, respondió el campesino, ‘mire, lo tengo en mis manos’. ‘Entonces serás mío en las nubes’, gritó el cazador mientras se lanzaba a lo alto. El hombre se apresuró a enredar nuevamente la cadena alrededor del roble y otra vez Wod no pudo moverlo. ‘Debes haberlo puesto alrededor del árbol’ dijo Wod, tocando el suelo. ‘No’, respondió el campesino, que hábilmente lo había soltado, ‘aquí lo tengo en mis manos’. ‘Aunque seas más pesado que el plomo, debes subir a las nubes conmigo’. Esta vez subió tan rápido como un rayo, pero el campesino se las arregló como antes. Los perros gritaban, los carros retumbaban y los caballos relinchaban en lo alto; el árbol crujió hasta la raíz y pareció girar sobre sí mismo. El corazón del hombre se afligió, pero no, el roble se mantuvo firme. ‘¡Bien tirado!’ dijo el cazador, ‘a muchos otros hice míos, tú eres el primero que se resiste, tendrás tu recompensa’. La cacería continuó su camino, gritando a viva voz: ¡hola, holla, wol, wol! El campesino se alejaba sigilosamente, cuando de las alturas cayó un ciervo a sus pies, y allí estaba también Wod, que saltó de su caballo blanco y comenzó a cortar la pieza. ‘Tendrás algo de sangre y el último cuarto para llevar’. ‘Mi señor’, dijo el campesino, ‘tu sirviente no tiene ni olla, ni balde’. ‘Quítate las botas’, gritó Wod. El hombre lo hizo. ‘Ahora camina, con sangre y carne, hacia tu esposa y tu hijo’. Al principio el terror alivió la carga, pero luego se hizo más y más pesada, y apenas tuvo fuerzas para llevarla. Con la espalda doblada y bañado en sudor, finalmente llegó a su cabaña, y he aquí que la bota estaba llena de oro y el cuarto de carne era una bolsa llena de plata. Aquí no se muestra como un maestro humano de la caza, sino como el verdadero dios en su corcel blanco: a muchos hombres ha llevado antes a su cielo nublado. La bota rellena de oro parece un elemento bastante antiguo.»

Nótese la observación que hace Grimm al final. Incluso para él la bota llena de oro es un elemento llamativo, pero no se lanza a especular. Antes de que la costumbre de los zapatos con regalos se hiciera familiar y llegara a los niños, ya existía la costumbre de llenar los zapatos de los pobres en las puertas de las iglesias. Es decir, la idea del zapato como el único contenedor de una persona humilde, parece ser el motivo original de las historias y costumbres que vinieron después. Ahora bien, saber si esta idea es más antigua o más moderna, queda por determinar.

Generalmente las historias de este tipo son muy difíciles de datar, es decir, no podemos conocer su antigüedad real ni determinar si en ellas el paganismo influyó o fue influido por elementos cristianos. Solemos decir que el paganismo fue invadido, pero otra forma de verlo es que él también contaminó muchas costumbres e historias que ya formaban parte del cristianismo desde hacía siglos.

Mi conclusión es que no se trata de negar el elemento pagano, pero tampoco de decorar la historia a nuestro antojo. Las afirmaciones de que los niños europeos dejaban comida para Sleipnir en sus zapatos y Odín la cambiaba por regalos SON FALSAS, y nacieron de un intento pseudocientífico de homologar a Odín con San Nicolás. Si realmente existe relación entre ellos, se necesitan argumentos sólidos, no deducciones a priori para demostrarlo. Es necesario estudiar e indagar mucho, entre otras cosas porque esta no es la cultura en la que nacimos, y negarlo puede ser muy peligroso. El fanatismo ES muy peligroso.

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