Mitología del oso


Hace mucho tiempo he querido hacer una investigación profunda sobre la mitología del oso como animal divino, majestuoso, digno de culto. Hasta ahora no he tenido el tiempo necesario, pero de momento repasemos lo que sabemos.

Parece evidente que la figura del oso ha cautivado la imaginación del hombre desde bien temprano en su historia. Cuando se yergue en sus patas traseras, el oso parece un hombre fornido y salvaje. Interviene en mitos verdaderamente antiguos, muchas veces relacionados con la creación u organización del mundo. Además, es una presa fundamental para los cazadores de muchas culturas, que aprovechan tanto su carne como su piel. Los huesos suelen ser tratados como reliquias. No pocas veces el oso es considerado un antepasado o un amigo del hombre, un héroe cultural transmisor de conocimientos y tradiciones.

Revisemos algunas historias.


La creación del oso por Mielikki (Finlandia)

El Kalevala, la epopeya nacional finlandesa, habla del origen celestial del oso, es decir, venido del cielo, aunque quien le da forma y función es Mielikki, la diosa del bosque. En Finlandia, en tiempos precristianos, el oso era el animal más sagrado, tanto, que estaba prohibido decir su verdadero nombre y en cambio se utilizaban eufemismos como karhu (pelaje áspero). Parece obvio que las tradiciones finlandesas que rodean la caza del oso fueron heredadas del chamanismo y el animismo siberiano. Cuando se caza al oso se realiza el peijaiset, un velorio o despedida donde se le trata como un pariente o como el hijo de un dios, y se le convence de que su muerte fue un accidente. Otras veces la ceremonia simula el matrimonio del oso con la Madre Primordial. En cualquier caso, el propósito del ritual es calmar su espíritu y ayudarlo a regresar a su hogar, en el cielo, en la constelación de la Osa. El cráneo del oso muerto se conserva en la copa de un pino (kallohonka) como la reliquia más sagrada.

La creación del oso por Mielikki (Finlandia)

Tomado de: Kalevala. Canto XLVI. Vainamoinen mata al oso enviado por Luhi

Traducción y prólogo de María Dolores Arroyo (José Janés, editor Barcelona, 1953)


...
A hablar se puso la gente,
preguntó la muchedumbre:

_¿Dónde nació el bello Otso,
En dónde la piel preciosa?
¿Nació en un lecho de paja,
En un rincón de la estufa?

Entonces el viejo Vaino
Se expresó de esta manera:

_Otso no nació en la paja,
Ni en la granja sobre el heno,
El bello oso fue creado,
La Pata de Miel, creada
Cerca del sol y la luna,
Sobre el hombro de la Osa,
Con las vírgenes del aire,
Por las hijas de Natura.

»Por el aire iba una virgen,
Iba por el firmamento,
Bordeando una larga nube,
Por las celestes fronteras,
Iba con medias azules,
Con talones de colores,
Un cesto de lana al brazo,
Al brazo un cesto de pelos.
Lanzó en el agua la lana,
Los pelos sobre las olas.
Los sacudió el viento entonces,
Los agitó el aire móvil,
Las olas se los llevaron,
Los lanzaron a la orilla,
Al hidromelado bosque,
Al melado promontorio.

»Mielikki, dueña del bosque,
La buena esposa de Tapio,
Recogió el mechón del agua,
La luna de entre las olas.

»Las envolvió en unas telas,
Y las dejó con cuidado
Dentro de una cesta de aros,
En una hermosa camita.
Luego suspendió la cuna
La ató con cadenas de oro
De las más sólida rama,
De una rama hojosa y larga.

»Acunó a su bien amado,
Tiernamente al que adoraba,
Bajo un abeto florido,
Un pino de espesas ramas.
De este modo creó al oso,
Educó a un mechón tan noble,
Junto a la enmelada selva,
En el bosque hidromelado.

»Otso se hizo muy espléndido,
Se hizo un animal magnífico,
Pata corta, patizambo,
Nariz chata y gordezuela,
Cabeza pequeña, cara
Aplastada, piel hermosa.
Pero aún no tenía dientes,
Aún de garras carecía.

»Mielikki, dueña del bosque,
Se expresó de esta manera:
«Yo le daré buenas garras,
Le encontraré buenos dientes,
Si para daño no sirve,
Si no sirven para daño.»

»Otso prestó juramento
En las rodillas del ama,
Ante el Creador revelado,
ante el Todopoderoso,
de que nunca daño haría,
no cometería horrores.

»Mielikki, dueña del bosque,
La buena esposa de Tapio,
Se marchó a buscar los dientes,
Se marchó a buscar las garras
A los potentes serbales,
A los tenaces enebros,
A las raíces nudosas,
A resinosas cortezas.
Pero no encontró las garras,
Pero no encontró los dientes.

»Crecía un pino en la landa,
Un abeto sobre el monte,
Uno con ramas de plata,
Otro con ramitas de oro.
Cogió estas ramas entonces
Para formarle las garras,
Y las clavó en sus mandíbulas,
En una encía y en otra.
»Luego permitió al pequeño,
A su amado, que saliera,
Que fuera por los pantanos,
Que corriera por los bosques,
Que por los campos corriera,

Que atravesara los brezos.
Y le dijo que anduviese
Con soltura y elegancia,
Que horas felices viviera,
Que pasara hermosos días
En el pantano y la loma,
En los terrenos de juego,
En verano sin zapatos,
En otoño con las medias,
Que estuviera en tiempos crudos,
En las escarchas de invierno,
En la alcoba de cerezo,
Junto al castillo de ramas,
Al pie del soberbio abeto,
Al abrigo del enebro,
Con cinco mantas de lana,
Con ocho mantas de pelo.
Allí mi presa he encontrado,
Allí he encontrado mi caza.»

Mielikki y el oso
Una ilustración de Tero Porthan

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Canción del oso (Ainu/Japón)

Puede que las tradiciones finlandesas tengan, lejanamente, algo que ver con las del pueblo ainu. La cosmovisíón ainu describe dos mundos, el ainu moshir de los hombres y el kamui moshir de los dioses. A veces los dioses visitan el ainu moshir con la apariencia de animales, pero esta es una forma simplista de entenderlo, en realidad, el cuerpo del animal es una especie de vehículo o armadura; se dice que el verdadero dios se encuentra entre las orejas.

El siguiente cuento está basado en un yukar, una canción tradicional ainu. Es una historia absolutamente bella que describe todo el proceso de la caza del oso desde el punto de vista del dios que lo habita; en este caso se describe a sí mismo como “un dios de la montaña”. Hay que entender que los dioses ainu deseaban ser cazados y adorados, por eso el oso de este cuento se dirige voluntariamente a la flecha de sus cazadores.

También necesitarás entender lo que son los inau.

Inau es un bastón ritual de madera utilizado en las oraciones ainu para dirigirse al mundo espiritual. Para hacer un inau, primero se pela la corteza de una rama y luego se afeita varias veces para obtener finas tiras rizadas que forman un mechón. Los inau suelen medir entre cinco pulgadas (13 cm) y un pie (30 cm) de largo. Hay varios tipos diferentes según su propósito. El sauce se utiliza exclusivamente para hacer ofrendas a los buenos kamui.

El sacrificio del oso es el ritual más importante y complejo del mundo ainu. Lo llaman iomante (envío) porque se trata de enviar y despedir con los mayores honores al espíritu del oso de regreso al kamui moshir. No solo se trata de respetar, sino de garantizar que los dioses, contentos, sigan viniendo a ser cazados y a proveer a los humanos de ropa y alimento.

Canción del oso (Ainu/Japón)

Tomado de: Songs of Gods, Songs of Humans: The Epic Tradition of the Ainu (Donald L. Philippi. Princeton University Press, 1979)

Traducción y adaptación de Orouri (El Ciervo Blanco)


Este kamui yukar fue grabado por escrito por Kubodera del recitador Hiraga Etenoa en 1932. Fue cantado con la carga Howewi hum. La carga representa claramente el sonido del grito de un oso. Las canciones de osos muy a menudo tienen cargas similares: Ho wet ho wet; Uewewe we; Weiwei inou; Wewa hum. Sin duda, todas ellas tenían melodías similares.

El oso que aparece en esta canción se llama a sí mismo Nupuri-kor-kamui, “dios que gobierna la montaña”. Estos dioses son gentiles, sabios y amigables con los humanos. Cuando aparecen en forma humana, visten túnicas negras. Otros tipos de osos son feroces, irrazonables y violentos hacia los humanos; se los conoce como osos monstruosos (arsarush). Sin embargo, incluso los osos de tipo benévolo podrían comportarse violentamente con los humanos debido a un malentendido, como es el caso.

La canción describe en detalle las relaciones entre los humanos y los osos: la magia de la caza practicada por los cazadores en las montañas, la inquietante noche que pasan junto al fuego en las montañas, el viaje hasta la aldea humana, la magnífica ceremonia del oso, la bienvenida que la Diosa del Fuego le da a la deidad visitante, el ritual de despedida, la entrega de montones de regalos de parte de los humanos y el banquete que celebra el dios después de su regreso a su propio país. Se puede entender cuán central fue este ceremonial del oso en la vida de los ainu.


Soy un dios de la montaña. Mi esposa es la del pelaje brillante, y la respetaba tanto que ni siquiera le permitía ir a buscar agua o encender el fuego. Vivimos juntos mucho tiempo y finalmente nació un hermoso bebé. Continuamos viviendo juntos y, un día, pensé esto:

“Si me fuera ahora, estaría preocupado por las cosas de casa en mi ausencia. Sin embargo, quiero ir a visitar al dios que gobierna los Cielos Inferiores, porque él y yo nos hemos convertido en los mejores amigos”.

Así que le di instrucciones y me despedí de la del pelaje brillante, mi esposa, y fui a visitar al dios que gobierna los Cielos Inferiores. Después de llegar a su morada comenzamos a disfrutar de una agradable conversación, y permanecimos un día y otro ocupados de esta manera. Con el tiempo comencé a preocuparme por las cosas de mi casa durante mi ausencia, pero el dios que gobernaba los Cielos Inferiores era tan hablador, que no pude llevar a cabo mi intención de irme.

Entonces, un día, de repente, el tío Cuervo apareció y comenzó a picotear y arañar el poste junto a la puerta. Esto fue lo que dijo:

“¡Oh Dios de la Montaña, oh deidad más importante! ¿Eres tan inconsciente? Después de que te fuiste, Ella la de Piel Brillante, tu esposa, decidió que quería visitar a los humanos y dejó atrás a tu pequeño bebé. Cerró herméticamente la puerta y las ventanas y las ató con correas de cuero, y lo dejó todo atrás. Desde entonces, el pequeño bebé salta a las ventanas y golpea la puerta, y el sonido de su llanto resuena con estrépito. Sigue gritando de angustia, llamando a su querida madre, tanto de día como noche. ¿Puede ser, oh Dios de la Montaña, que seas tan inconsciente?”

Cuando escuché a tío Cuervo decir estas cosas me puse furioso. Me levanté de un salto de la chimenea y corrí hacia la puerta. Me lancé de cabeza con ráfagas de viento arremolinándose en mis oídos. Corrí al patio de mi propia casa y esto fue lo que oí. Adentro, mi pequeño bebé lloraba, y su llanto resonaban estrepitosamente. Enseguida me dirigí hacia la puerta. Cuando intenté entrar, la puerta estaba cerrada con correas de cuero. Entonces corté las correas, rompí la puerta y entré.

Mi pequeño bebé saltaba, chillaba y lloraba. Yo corrí hacia él. Lo levanté, lo puse sobre mi espalda y lo até firmemente con cuerdas. Después de eso salí, con la intención de bajar a la aldea humana y devastarla.

Bajé por el curso de nuestro río natal, con ráfagas de viento arremolinándose en mis oídos. Mientras bajaba, el zorro de pies ligeros y pies rápidos salió corriendo de algún lugar. Corría en círculos a cierta distancia de mí y estiraba la cola hacia afuera mientras ladraba para hechizarme.

En ese momento, detrás de un árbol se podía ver la punta de un arco que sobresalía. Lleno de alegría, corrí hacia él. Una pequeña y bonita flecha se clavó con un golpe en mi cuerpo. Dos jóvenes salieron corriendo de detrás del árbol. Después de eso, comencé a perseguirlos.

Mientras los perseguía, el zorro de pies ligeros y pies rápidos estiraba la cola y ladraba para hechizarme. Se deslizó justo debajo de mi cuello y siguió corriendo en círculos alrededor de mí. Esto me enojó y comencé a tratar de golpear al zorro de pies ligeros y pies rápidos, pero se me escapó. Seguí golpeándolo y fallé una y otra vez. No pude alcanzarlo.

Después de haber estado haciendo esto por un tiempo, el Dios del Veneno de Acónito* salió corriendo y dijo:

“La Diosa del Fuego me ha enviado para llevar este mensaje: ¡Oh ilustre deidad, por favor ven a hacerme una visita pacífica y permite que nos encontremos para disfrutar de una buena conversación!”

Así habló el Dios del Veneno de Acónito, pero yo seguí atacando violentamente. El de Pies Ligeros, el de Pies Veloces seguía estirando su cola hacia afuera mientras ladraba para hechizarme mientras corría en círculos a cierta distancia de mí y se acercaba cada vez más.

En ese momento, el Dios de la Resina** salió corriendo. Él y el Dios del Veneno de Acónito trabajando juntos se envolvieron alrededor de mis extremidades traseras y delanteras y me dejaron inmóvil. Caí y quedé yaciendo, majestuoso y divino. Perdí toda conciencia de mí y de lo que estaba pasando.

Después de dormir un rato, abrí los ojos y esto fue lo que vi. Estaba sentado en la rama de un árbol, con las manos y las piernas colgando sin fuerza. Debajo de mí yacía un gran oso viejo, majestuoso y divino. Encima de ese oso estaba jugando un osezno.

En ese momento, los mismos jóvenes regresaron caminando juntos. Se susurraron algo entre ellos, diciendo:

“Parecía que era una deidad benévola, pero, entonces, ¿por qué se comportaba así?”***

Mientras susurraban estas cosas entre ellos, los perros salieron corriendo detrás el osezno, pero los jóvenes los golpearon con fuerza. Los perros con los colmillos al descubierto tuvieron que huir.

Después recogieron al osezno y comenzaron a adorarlo. Luego tallaron muescas en forma de alas en un palo de madera con extremos afilados. Lo colocaron al lado del oso viejo. Los jóvenes adoraron el palo frotándose las manos y dijeron:

“¡Diviértanse, deidades, conversando! Ya ha oscurecido y, como es demasiado tarde para mover al oso, lo dejaremos aquí. Cuando llegue la mañana, regresaremos. Entonces llevaremos el pesado cuerpo del dios al pueblo. ¡Vigilen ustedes dos, deidades!”****

Enseguida pusieron al cachorro de oso sobre sus espaldas y bajaron la montaña.

Cuando se fueron, me pregunté para qué habían preparado aquel palo y lo habían dejado allí. Seguí mirándolo fijamente, pero una vez, por un momento, miré hacia otro lado. Entonces, cuando volví a buscarlo, se había encendido una fogata que ardía al lado del oso, y un joven extraño estaba sentado junto a las llamas. Y estas fueron sus palabras:

“¡Oh poderosa deidad, desciende junto al fuego y disfrutemos de la conversación!”

Así habló. Y por lo tanto, yo bajé junto al fuego y comenzamos a entablar una agradable conversación. Mientras conversábamos, los pájaros y diferentes demonios venían a robar la carne del oso, pero aquel joven se levantaba con un garrote y corría a mi alrededor, golpeando con fuerza y ​persiguiendo a las criaturas que habían venido a robar. Continuamos haciendo esto durante mucho tiempo hasta que finalmente llegó la mañana.

Entonces el fuego desapareció como si nunca hubiera habido un fuego allí. El joven también había desaparecido. Solo quedaba en pie el palo de madera con las puntas afiladas. Así que volví a subir a la rama del árbol y me quedé allí. En ese momento se escuchó a mucha gente que venía haciendo ruido. Una gran multitud de personas se acercaba. Entonces comenzaron a despellejar al oso. Cuando terminaron, las personas bajaron la montaña llevando la carne a sus espaldas. El mayor de los dos jóvenes llevaba la cabeza del oso con la piel todavía adherida a ella. Entonces salté de la rama del árbol sobre aquel bulto. Cuando hice esto me pareció muy incómodo, y lo estaba pasando tan mal, que bajé de su espalda y comencé a caminar a su lado.

Caminamos cuesta abajo hasta que llegamos a la aldea humana, una aldea populosa. En el centro de la aldea se veía una casa inmensa que se alzaba majestuosamente. Yo estaba sentado en medio de la cerca espiritual, la cerca de inau justo al este de la casa.

Después de haber permanecido allí un rato, la Diosa del Fuego, con seis capas de magníficas ropas sujetas bajo su cinturón y seis vestidos abiertos encima, salió cojeando sobre un bastón torcido, un magnífico bastón.

“Te agradezco que hayas venido a hacerme una visita pacífica, ¡porque es precisamente por esa conducta por la que una deidad importante gana elogios!”

Después de eso, me invitaron a entrar. Entré y me senté debajo de la ventana sagrada. Mi esposa ya estaba allí antes que yo.

Entonces se reunieron multitudes de hombres y mujeres jóvenes. De un lado para otro iban los que estaban haciendo bolas de masa hervida. Los que estaban tallando inau movían sus cuchillos sin parar. Continuaron haciendo su trabajo hasta que llegó el momento de despedirme. Entonces me dieron un paquete de inau y un paquete de bolas de masa hervida y me fui. Así seguí mi camino hasta que llegué a mi propia casa y entré. Pero antes de que yo llegara, habían entrado por la ventana los fardos de albóndigas y los montones de inau. El suelo, junto a la chimenea, estaba lleno de todo aquello.

Me quedé allí tranquilo dos o tres días. Luego, la de la piel brillante, mi esposa, vino detrás de mí. Volvió cargada con mucho vino, muchos inau y también albóndigas. Entonces envié mensajes por todas partes a los dioses que vivían cerca y a los que vivían lejos, y los invité a una fiesta. Los invitados fueron recibidos con gran ceremonia. Luego comenzamos a celebrar el delicioso banquete.

Mi esposa pronunció estas palabras:

“Anhelaba tanto el vino y el inau, que fui a visitar a los humanos. Entonces mi amado esposo, enojado, bajó con la intención de devastar la aldea. Si hubiera hecho algo así, aunque fuera una deidad muy importante, habría sido lanzado al país húmedo, al Inframundo. El Dios Zorro, preocupado por esto, te hechizó, mi amado esposo, y gracias a él tu corazón se calmó.

“Como te tenían miedo, los humanos te despidieron primero a ti. Después de eso, les pedí que criaran a nuestro hijo. Yo tuve que esperar mientras se preparaba el vino, y por ese motivo me retrasé. Es por eso que he regresado después de ti. Ahora estamos celebrando este banquete para todos los dioses con el vino y las albóndigas. ¡Te imploro, mi amado esposo, que no me castigues!

Mi esposa pronunció estas palabras y todos los dioses también me regañaron.

Después de eso hice muchos gestos de adoración una y otra vez. Más tarde los otros dioses se fueron a sus casas, expresando su agradecimiento.

Después de aquello vivimos sin incidentes y al cabo de un tiempo nuestro querido hijo regresó de entre los humanos, trayendo sobre su espalda mucho vino y mucho inau.

Una vez más, invitamos a los dioses que vivían cerca y a los dioses que vivían lejos. Los invitados fueron presentados con mucha ceremonia y la fiesta continuó magníficamente. Al final todos los dioses expresaron su agradecimiento y se fueron a casa.

Esto fue lo que contó el Dios de la Montaña.


*Shuruku-kamui. El veneno de acónito (shuruku, shurku), obtenido de la raíz de la acónito (Aconitum subcuneatum Nakai), se utilizaba para envenenar las flechas. El dios del veneno entra en el animal cazado, privándolo de su libertad de movimiento.

**Unkotuk kamui. La resina de abeto o picea se utiliza para unir la punta al asta de la flecha.

***Los cazadores están confundidos porque pensaban que el oso deseaba ser capturado por ellos, así que se preguntaban por qué parecía tan furioso.

****Esto describe el tallado de un “club inau” (shutu inau), también llamado “inau alado”. Es un inau con solapas conocidas como “alas” cortadas en el tallo. En este caso, el club inau se instala para vigilar el cadáver del oso durante la noche. Los humanos pueden impartir almas a las deidades que modelan con sus manos. Más tarde, el dios inau se aparece al alma del oso y pasa la noche con él en una agradable conversación.


En el cuento se menciona varias veces que los personajes hacen gestos de adoración frotándose las manos. Si quieres ver cómo son estos gestos, tal vez deberías buscar la película japonesa de 2020, Ainu Moshir. Aquí puedes leer todo sobre ella y sobre el iomante:


De Beijen-Neita y Hombre-Oso (Laponia)

También tenemos historias ancestrales donde una mujer, secuestrada o por su propia voluntad, se desposa y tiene descendencia con un oso. Este es el caso de un antiguo mito de los saami de Laponia. Según algunas versiones, la mujer es Beijen-Neita, la hija del Sol (Beijve), que se apiada de los hombres que quedaron después de un diluvio y decide vivir entre ellos para ayudarlos a retomar el buen camino. En esto se casa con Hombre-Oso y tienen un hijo, que será el antepasado de todo el pueblo saami.

De Beijen-Neita y Hombre-Oso (Laponia)

Tomado de: La Saga de los Hijos del Sol (Valdemar Lindholm, 1909)

Traducción de Orouri (El Ciervo Blanco)


Bajo el cuidado de Beijen-Neita y la gentil supervisión de Beijve, la gente nueva prosperó. Era una buena familia, porque eran los hijos de Beijve, y como ahora la tierra no les daba nada más que el producto de su esfuerzo, no sucedió como en los viejos tiempos, que la gente se volvió confiada y egoísta, alardeando de su propio poder, como el pálido Mano, que roba la luz de Beijve sin agradecimiento. La nueva gente vivía en paz y con humildad.

Cuando Batje y Nanna, que eran los padres ​​y los antepasados ​​de la nueva gente, todavía deambulaban por la nueva tierra, lejos el uno del otro, en busca de un semejante, de un esposo y una esposa propia, el amable Beijve, por la intercesión de Beijen-Neita, dejó que un sueño profundo los invadiera a ambos. Este sueño fue tan pesado que perdieron la memoria, de modo que cuando se reencontraron no se conocían, sino que se convirtieron en marido y mujer. Pero durante el sueño también habían perdido LA MEMORIA DE LOS DIOSES, y aunque veían al brillante Beijve a diario, no entendían su esencia. Todo lo que habían escuchado en su infancia sobre los primeros buenos tiempos lo habían olvidado; no recordaban lo que sucedió antes de que Jubmel destruyera el mundo. No habían oído nada del TESORO DE BEIJVE, que Jubmel había escondido en las profundidades de la tierra para su propia seguridad.

Por lo tanto, también habían olvidado muchas de las artes que la gente conocía antes de la época en que Jubmel puso el mundo patas arriba. Como no había nadie que les enseñara, vivían en los barrancos de las montañas como los ANIMALES SALVAJES y su ropa era la piel de los animales.

Beijen-Neita vio todo esto, se puso muy triste y fue a ver a Beijve, su padre.

“Alto Beijve”, dijo, “padre brillante, mira a tus hijos caminando por tierras desoladas. Como animales habitan en las cuevas de las montañas, de allí nunca sale el humo del sacrificio. No recuerdan a Beijve, ni al alto Jubmel. No conocen ninguna de las artes de sus ANTEPASADOS, no saben domar a los renos, no saben nada sobre el tesoro sagrado de Beijve, escondido en la tierra, cerca de su corazón. Por lo tanto, te ruego, alto y brillante padre, déjame bajar de nuevo a la tierra y quedarme por un tiempo con los hijos de Beijve, para que puedan aprender de nuevo a construir chozas, para que aprendan las útiles artes de sus padres y escuchen la leyenda del tesoro de Beijve”.

Y Beijve habló con Beijen-Neita: “Dices la verdad, hija, sobre la familia de Beijve. Como animales vagan por tierras salvajes, no sacrifican a Beijve y a los brillantes dioses, no saben nada del tesoro escondido cerca del corazón de la tierra. Por lo tanto, debes CAMINAR NUEVAMENTE ENTRE ELLOS, permanecer siempre cerca, a veces visible, pero a veces invisibles, por el bien de los hijos de Beijve”.

Así, Beijen-Neita recibió la capacidad de hacerse visible, CUANDO LO DESEA, para los hijos de Beijve, viviendo como uno de ellos, siendo como uno de ellos, pero aún más grande y más poderosa en buenas acciones y buenos consejos. Una vez que ha puesto en orden las cosas de los hombres, se va de nuevo como vino, nadie sabe de dónde y hacia donde nadie sabe. Ella irá y vendrá a lo largo de las edades, brindando su ayuda y sus consejos a la gente de su pueblo, hasta que encuentren el tesoro solar de Beijve en lo profundo de las montañas.

Ahora bien, en ese momento había un hombre que vivía en la guarida de un oso. Con su garrote de piedra había matado al oso y tomado la piel de la bestia, que ahora usaba como vestimenta, y se había quedado en su casa. Por eso lo llamaban HOMBRE-OSO y los antiguos cuentan que el HALDE (espíritu) del oso le daba la capacidad de tomar la forma del animal cuando quisiera.

Un día, cuando el HOMBRE-OSO caminaba por el bosque en su forma de animal, de repente vio a una mujer incomparablemente hermosa, que yacía dormida debajo de un gran pino.

Era la criatura más hermosa que había visto. El HOMBRE-OSO se acercó cauteloso y, como la mujer no se despertaba, la tomó entre sus brazos y la llevó gentilmente a su morada.

La hermosa mujer era Beijen-Neita, que ahora se convirtió en la esposa del HOMBRE-OSO. Y ella le enseñó a construir una choza, y le enseñó las artes de sus antepasados y muchas otras nuevas. Ella le enseñó al HOMBRE-OSO cómo hacer sacrificios y le enseñó canciones sagradas sobre el tesoro solar de Beijve, que Jubmel enterró en las profundidades de la Tierra, cerca del pequeño corazón de reno.

Image: Instagram @dichkaaaaa

Y Beijen-Neita estuvo con el HOMBRE-OSO durante mucho tiempo.

…

Durante mucho tiempo vivieron juntos en paz, HOMBRE-OSO y Beijen-Neita y su hijo, el valiente Sami.

Pero un día, cuando el HOMBRE-OSO caminaba por el bosque cazando en su forma de oso, (otros cazadores) lo confundieron con un oso de verdad y lo rodearon para matarlo a golpes.

Entonces dividieron la carne entre ellos y comenzaron a cocinar.

Sin embargo, el joven Sami se enteró por su madre de que su padre había sido asesinado, y corrió hacia los captores y exigió su parte de la carne del oso. Los tramperos acababan de poner la olla de cocción sobre el fuego y no estaban de humor para compartir, porque no creían que fuera cierto lo que decía Sami: que el oso era su padre. Entonces Sami se enfadó mucho y como le había indicado su madre, tomó un palo y comenzó a golpear la piel del oso, gritando: “ATTJE MO, TJUODTJELOS!” es decir, “¡Levántate, padre mío!”

Ahora la carne que estaba en la olla comenzó a moverse con tanta violencia, que el agua se derramó por los bordes. Aterrados, los cazadores se apresuraron a complacer el deseo de Sami y compartieron la carne.


La madre nutricia de Atalanta (Grecia)

Tampoco faltan las historias de dioses o héroes que han sido criados o amamantados por osos/osas. Tal es el caso de Atalanta, que sobrevivió al abandono siendo un bebé, gracias a una osa presuntamente enviada por Artemisa.

La madre nutricia de Atalanta (Grecia)

Tomado de: Historias Curiosas. Libro XIII (Claudio Eliano)

Traducción de Juan Manuel Cortés Copete (Gredos, 2006)


1. Ésta es la historia arcadia de Atalanta, la hija de Yasión. Su padre la expuso nada más nacer, pues decía que no necesitaba niñas, sino hijos varones. Quien se la llevó para exponerla no la mató, sino que se fue hasta el monte Partenio para abandonarla junto a un manantial. Allí había una caverna excavada en la roca y, cerca, un encinar muy cerrado. La criatura estaba sentenciada a muerte pero la fortuna no la abandonó. Poco tiempo después llegó una osa con los pechos llenos de leche y doloridos, a la que unos cazadores le habían arrebatado sus crías. Como por algún impulso divino, atraída por la criatura, la osa la amamantó y aquella bestia alcanzó a aliviar su dolor a la vez que alimentó a la recién nacida. Y así, rebosando de una leche que derramaba porque ya no podía ser la madre de sus propias crías, se convirtió en la nodriza de aquella con la que ningún parentesco la unía. Los cazadores, que venían hostigando a la bestia y habían atacado a sus criaturas, estaban al acecho, observando cada uno de sus movimientos. Y cuando la osa se apartó, como solía, para cazar y pastar, se apoderaron de Atalanta, quien todavía no se llamaba así, pues los cazadores aún no le habían dado nombre. La niña se crio entre cazadores con sus alimentos montaraces. Con la edad, poco a poco, su cuerpo fue creciendo. Amaba apasionadamente su virginidad, huía del trato con los hombres y deseaba la soledad. Ocupó el más alto de los montes arcadios, donde había un desfiladero bien regado y grandes encinas, además de pinos que producían una oscura sombra.


Relato de Bódvar Bjarki (Saga de Hrolf Kraki) (Islandia/Noruega)

Entre las historias de hombres que pueden convertirse en osos, mi preferida es la de Bódvar Bjarki, en la saga de Hrolf Kraki. Se trata de una saga legendaria islandesa, escrita entre los siglos XIII y XV, aunque el manuscrito más antiguo que se conserva es del XVII. Narra las aventuras del caudillo Hrolf Kraki y su clan de guerreros, los Skjöldung. Uno de ellos es Bódvar Bjarki. Bjarki significa “osezno”, debido a las circunstancias de su nacimiento, que podrás leer a continuación.

Ahora bien, por motivos de extensión no he podido incluir el final de la historia. A diferencia de sus hermanos, que nacieron con aspecto zoomorfo, Bódvar Bjarki tienen un hermoso cuerpo humano. Sin embargo, además de su increíble fuerza, tiene otra habilidad que recuerda mucho a la historia de su padre. En la batalla final del rey Hrolf, todos se preguntan dónde está el héroe Bódvar Bjarki. La pelea contra el ejército de una peligrosa reina bruja es dura, pero junto a Hrolf hay un enorme oso que destruye enemigos a bandadas. Un amigo de Bjarki sale del campo de batalla para buscarlo y lo encuentra sentado en el palacio, medio dormido, en una especie de trance. En cuanto lo despierta, el oso que ayudaba al rey desaparece. Todos morirán en esta batalla por esta razón. Bódvar Bjarki no podía convertirse en oso, pero sí podía enviar su hamr o su fylgia con esa forma, y aunque no todos podían verlo, su alma con forma de animal era el guerrero más formidable.

Bodvar Bjarki lucha en forma de oso en la batalla final
Ilustración de Louis Moe.
Relato de Bódvar Bjarki (Saga de Hrolf Kraki) (Islandia/Noruega)

Tomado de: Songs of Gods, Songs of Humans: The Epic Tradition of the Ainu (Donald L. Philippi. Princeton University Press, 1979)

Traducción y adaptación de Orouri (El Ciervo Blanco)


XXIV
DEL REY HRING

Ahora hay que contar que al norte de Noruega reinaba en Uppdalir un rey cuyo nombre era Hring. Tenía un hijo que se llamaba Bjórn. Ahora se cuenta que la reina murió y que esto le pareció una grandísima pérdida al rey y a muchas otras personas. Sus paisanos y consejeros le pidieron que se casara de nuevo, y sucede que envía hombres a los países del sur para solicitar esposa. Pero les sobrevinieron vientos contrarios y grandes tormentas, por lo que tuvieron que cambiar de rumbo y escapar de la tempestad. Finalmente llegan al norte de Finnmórk y allí permanecieron durante el invierno.

Un día bajaron a tierra y llegaron a una casa solitaria. Dentro estaban sentadas dos mujeres, de hermoso aspecto. Los recibieron amablemente y les preguntaron de dónde habían venido. Les contaron todo sobre su viaje y qué había sucedido. Ellos se interesaron por qué clase de mujeres eran y por qué habían permanecido allí tan solas y tanto tiempo lejos de otros hombres, siendo mujeres tan hermosas y bellas.

La mayor lomó la palabra:

—Todo tiene su explicación, muchachos. Estamos aquí porque un poderoso rey solicitó en matrimonio a mi hija, pero ella no quería casarse con él y él le prometió entonces tratarla violentamente. Por eso la tengo aquí escondida mientras su padre no está en casa, porque está saqueando.

Ellos le demandaron quién era su padre.

Su madre respondió:

—Es hija del rey de los fineses.

Preguntaron cómo se llamaba.

La mayor dijo:

—Yo me llamo Ingibjórg, y mi hija se llama Hvít; yo soy concubina del rey de los fineses.

Allí había una muchacha para servirlas. A los hombres del rey les gustaron mucho y decidieron indagar si Hvít quería ir con ellos y casarse con el rey Hring; el hombre que estaba al frente de la embajada del rey le planteó el asunto. Ella no respondió enseguida, pero se doblegó ante la decisión de su madre.

—Se dice que de cada problema se puede sacar algún provecho —afirmó su madre—, pero me parece mal que su padre no sea consultado al respecto, sin embargo, si le conviene, hay que arriesgarse.

Después de esto se prepara ella para viajar con ellos. Luego siguieron su camino y encontraron al rey Hring. Entonces los emisarios preguntaron si el rey deseaba desposar a esta mujer o si debía volverse por el mismo camino. Al rey le gustó la joven y celebró su boda con ella en aquel momento. Él no quiere dar importancia al hecho de que no sea rica. El rey era ya algo entrado en años y pronto se notó en la reina.

XXV

LA REINA HVÍT MALDICE A BJÓRN

Un campesino tenía su casa cerca de la mansión del rey. Tenía mujer y una hija única que se llamaba Bera, de edad joven y hermoso aspecto. Bjórn, el hijo del rey, y Bera, la hija del campesino, jugaban juntos a juegos de niños y se gustaban el uno al otro. El campesino era rico en bienes muebles y en su juventud había estado largo tiempo saqueando y había sido el más grande guerrero. Bera y Bjórn se amaban mucho el uno al otro y se buscaban constantemente.

Pasaron así largo tiempo y no se produjo ninguna novedad. Bjórn, el hijo del rey, creció y se hizo grande y fuerte. Era un hombre perfecto en todas las habilidades. El rey Hring permanecía largo tiempo en expediciones de saqueo lejos del país mientras que Hvít se quedaba en casa y gobernaba. No era muy querida por la gente, pero con Bjórn era muy amable, aunque él no le prestaba mucha atención.

Una vez que el rey se iba a ir de casa la reina decidió con el rey Hring que Bjórn, el hijo de él, compartiera con ella el gobierno del país. Esto le pareció razonable al rey. La reina se comportó entonces de forma orgullosa y soberbia. El rey le ordenó a su hijo, Bjórn, que se quedara en casa y velara por el país junto con la reina. Bjórn le hizo saber que no le parecía bien y añadió que la reina no le agradaba nada en absoluto. El rey insistió en que debía quedarse allí. Ahora se marcha el rey del país con muchísimos hombres.

Bjórn regresa a casa después de la conversación con su padre y a cada uno de ellos le parecía que el otro estaba equivocado. Se fue a su cama muy disgustado y rojo como la sangre. La reina va a hablar con él para alegrarle y habló amablemente con Bjórn. Él le ordenó que se fuera. Ella lo hizo así por esa vez. Con frecuencia intentaba hablar con él y una vez le dijo que sería muy apropiado que compartieran un solo lecho mientras el rey estuviera fuera, y argüyó que sería mucho mejor que hicieran vida en común a que ella tuviera un marido tan viejo como el rey Hring. Bjórn soportó

muy mal estas palabras: le dio un gran bofetón, le ordenó que se largara y la empujó de su lado.

Ella exclamó que era insólito que ella fuera empujada o golpeada, «y te parece mejor, Bjórn, abrazar a la hija de un campesino. Te mereces lo que es de esperar por tratar de forma deshonrosa mi amor y mi cariño, y no sería extraño que a tu obstinación y a tu estupidez les pasara algo».

Ella lo golpea ahora con guantes de piel de lobo y dice que se convertirá en un oso pardo salvaje y terrible, «y no buscarás otro alimento que el ganado de tu padre. Lo matarás para alimentarte más de lo que sería normal. Nunca escaparás a esta maldición, y este recuerdo te será peor que cualquier otra cosa».

XXVI

SOBRE BERA Y BJÓRN Y LA MUERTE DE ÉSTE

Después de esto desaparece Bjórn y nadie sabe qué ha sido de él. Y cuando la gente echa de menos a Bjórn comienzan a buscarlo, pero no lo encuentran en ningún sitio que fuera de esperar. Ahora hay que contar que el ganado del rey es muerto en gran número y se acusa de esto a un oso gris, grande y terrible.

Una noche sucede que la hija del campesino ve este terrible oso. Bjórn se acerca a ella y se comporta muy cariñosamente. Ella reconoció en este oso los ojos de Bjórn, el hijo del rey, y no se protegió. El animal marcha delante de ella y ella va detrás de él hasta llegar a una cueva. Y cuando ella llega a la cueva hay allí un hombre y la saluda como Bera, la hija del campesino. Ella reconoce que es Bjórn Hringsson y se produce un encuentro muy alegre. Permanecen en la cueva un tiempo, porque ella no quiere separarse de él mientras le sea posible. Él le dice que para ella es vergonzoso que permanezca con él, porque de día es un animal, y un ser humano por la noche.

El rey Hring regresa ahora a casa de sus incursiones y se le cuenta lo que ha sucedido mientras ha estado fuera, la desaparición de su hijo Bjórn y lo demás sobre el gran animal que había llegado al país y que atacaba tanto su ganado. La reina incitó encarecidamente a que mataran al animal, pero esto se retrasó un tiempo. El rey no expresa nada al respecto pero le parece que está sucediendo algo muy extraño.

Una noche que Bera y Bjórn, el hijo del rey, estaban en su lecho, tomó Bjórn la palabra y dijo.

—Sospecho que mañana será el día de mi muerte y que me cazarán, y de hecho no encuentro placer en mi vida por causa de la maldición que pesa sobre mí, sin embargo tengo una sola alegría, y es que estemos juntos, pero también eso acabará ahora. Te daré un anillo que está bajo mi brazo izquierdo. Mañana verás al grupo de gente que me busca, y cuando esté muerto, dirígete al rey y pídele que te dé lo que está bajo el codillo del costado izquierdo del animal, y él te lo permitirá. La reina sospechará de ti cuando pretendas marcharte y te dará a comer la carne fresca del animal, pero no debes comerla porque estás embarazada, como sabes, y darás a luz tres niños que serán nuestros, y si comes algo de la carne del animal se reflejará en ellos, pues esta reina es el más grande trol. Después ve a casa de tu padre y alumbrarás allí a los niños. Uno, sin embargo, te parecerá el peor. Y si en casa no puedes amarlos por causa de su maldad y de su indisciplina, llévalos a la cueva. Aquí encontrarás una caja con tres fondos. Las runas que están grabadas en ella te dirán qué se le asignará a cada uno. En la montaña hay tres armas y cada uno tomará la que le está destinada. El primer hijo nuestro que nazca se llamará Thórir, el segundo Fródi Alce y

el tercero Bódvar, y me parece muy posible que no sean débiles y que sus nombres perdurarán mucho tiempo en la memoria de la gente.

Él le cuenta muchas cosas y luego le sobreviene la forma de oso y el oso sale fuera, y ella tras él. Echa un vistazo en derredor y ve venir mucha gente por la cresta de la montaña, y muchos y grandes perros marchan delante del grupo. El oso se aleja corriendo de la cueva por la ladera. Los perros y los hombres del rey se lanzan contra él, y les resultó difícil de cazar. Hirió gravemente a muchos hombres antes de ser abatido y mató a todos los perros. Entonces sucedió que formaron un círculo alrededor de él y él se movía en su interior de aquí para allá, y ve en qué situación se encuentra y que no puede escapar. Se dirige entonces hacia donde está el rey y ataca al hombre que estaba junto a él, y lo partió vivo en dos. El oso estaba tan cansado que se tendió en tierra. Se

lanzan rápidamente sobre él y lo matan.

La hija del campesino ve esto. Se dirige al rey y le dice:

—¿Queréis, señor, darme lo que está bajo el codillo izquierdo del animal?

El rey asintió y afirmó que eso era lo único que le convenía concederle.

Los hombres del rey habían despellejado ya casi todo el oso. Bera fue hacia ellos y cogió el anillo y lo guardó, pero los hombres no vieron lo que tomó porque no prestaron mucha atención. El rey le pregunta quién era, porque no la había reconocido. Ella le respondió sobre sí misma lo que le pareció y cualquier cosa menos la verdad.

XXVII

BERA DA A LUZ TRES HIJOS

El rey regresa a casa y Bera con él. La reina estaba muy contenta, la recibió amablemente y le preguntó quién era. Ella. como antes, no le dijo la verdad. La reina organiza una gran fiesta y hace preparar la carne del oso como alimento para los hombres. La hija del campesino está en la estancia de la reina y no consigue irse, porque la reina sospecha quién podía ser.

Y allí llega la reina con una bandeja antes de lo esperado, había en ella carne del oso, y le pidió a Bera que la probara. Ella no quiso comer.

—Es un gran descaro —dice la reina— rechazar este alimento que la reina misma se digna ofrecerte. Así que tómalo enseguida, o si no te sucederá algo peor.

Ella le corta un trozo y al final prueba ese bocado. La reina corta otro y lo pone en su boca, y apenas había probado muy poquito cuando lo escupió y dijo que no comería más aunque la atormentara o la matara.

La reina espeta:

—Puede ser que sirva de algo.

Y soltó una carcajada.

Luego se marchó Bera a casa de su padre. Tiene un embarazo muy complicado. Le contó a su padre todas las circunstancias relativas a cómo había tomado su decisión.

Poco después sintió los dolores del parto y dio a luz un niño con algunas características asombrosas. Era hombre de ombligo para arriba, pero hacia abajo era un alce. Es llamado

Fródi Alce. El segundo niño llega después y es llamado Thórir. En el empeine tenía garras de perro, y por eso fue llamado Thórir Pata de Perro. Exceptuando esto era un hombre de hermosa apariencia. Llegó el tercer niño y fue el más bonito de todos. Es llamado Bódvar, y no había nada que reprocharle. Fue el que más amó ella.

Crecen como la hierba. Y cuando estaban jugando con otros niños eran desconsiderados y salvajes en todo. La gente recibía de ellos un trato violento. Fródi hirió gravemente a muchos hombres del rey y mató incluso a algunos.

XXX

BÓDVAR MATA A LA REINA

Bodvar permanece con su madre. Ella le amaba mucho. Era el más poderoso y bello de aspecto. No conocía a muchos hombres por no haber tenido trato antes con ellos. Una vez le pregunta a su madre quién era su padre. Ella le conto su muerte y todo lo sucedido y cómo sufrió la maldición de

su madrastra.

Bodvar concluyó:

—Tenemos que pagar mal a ese monstruo.

Entonces ella le contó cómo había sido obligada a comer la carne del oso, «y los resultados son ahora evidentes en tus hermanos Thórir y Fródi Alce».

Bódvar dijo:

—Me parece que Fródi está más obligado a vengar a nuestro padre que a matar hombres inocentes para robarles el dinero o a cometer fechorías, y también me sorprende que Thórir se marchara sin dejarle un recuerdo a esa mujer malvada. Creo que la mejor decisión es que le deje yo un recuerdo de nuestra parte.

Bera le advirtió:

—Procura que no recurra a su brujería para dañarte.

Él dijo que así haría.

Después de esto van Bódvar y Bera al encuentro del rey y ella le cuenta cómo ocurrió todo, por consejo de Bódvar, además le muestra el anillo que había tomado de debajo del codillo del animal y que Bjórn, su hijo, había poseído.

El rey reconoció ciertamente el anillo.

—Últimamente había sospechado que todas estas cosas extrañas que habían tenido lugar se habían producido por su culpa, pero debido a mi amor hacia ella lo había dejado estar.

Bodvar tomó la palabra:

—Haz que se marche ahora mismo o nos vengaremos de ella.

El rey dijo que prefería darle tanto dinero como deseara y seguir tranquilo, concederle también el gobierno del país, el título de jarl enseguida y, después de su muerte, el reino, a condición de que no se le causara daño a ella.

Bódvar dice que no quiere ser rey, sino que prefería estar con el rey y servirle.

—Estás tan dominado por ese ser maligno que apenas conservas la razón ni siquiera para un gobierno justo, y desde este momento ella no volverá a medrar aquí.

Bódvar estaba tan furioso que el rey no se atrevió a oponérsele. Bódvar se dirige a la habitación de la reina y lleva en su mano un saco. El rey y su madre iban tras él. Cuando entra en la estancia se vuelve hacia la reina Hvít, le coloca un pellejo desinflado en la cabeza y lo desliza hacia abajo hasta el cuello. A continuación le dio de bofetadas, la mandó al infierno con diversos tormentos y la arrastró por todos los caminos. A muchos o a la mayoría de los de la sala les pareció que esto era la mitad de lo que se habría merecido, pero el rey lo llevó muy mal, aunque no pudo hacer nada por evitarlo. Así perdió la reina Hvít su miserable vida. Bódvar tenía dieciocho años cuando ocurrió esto.


El Oso sienta los cimientos de la Tierra (Pueblo tarahumara/México)

Los tarahumaras o rarámuri son un pueblo indígena del norte de México que se destaca, entre otras cosas, por conservar en bastante buen estado su cosmovisión ancestral. El lingüista mexicano Enrique Alberto Servín (1958-2019) recogió una parte considerable de la tradición oral más pura de este pueblo y dentro de ella también juega un papel fundamental el oso, en este caso como partícipe de la formación u organización del mundo. Además, en los siguientes apuntes llama la atención el casi omnipresente tabú del nombre del oso y su reconocimiento como un igual del ser humano.

El Oso sienta los cimientos de la Tierra (Pueblo tarahumara/México)

Tomado de: Anirúame. Historias de los tarahumaras de tiempos antiguos (Enrique Servín Cabrera. 2015)


Dicen que cuando Sol, Luna y las estrellas decidieron destruir el mundo con agua, la Tierra se mojó tanto que todo quedó demasiado blando y húmedo. Nadie podía caminar sobre el suelo con facilidad, los animales se atascaban, la gente no podía avanzar, y los pinos no podían detenerse, Incluso las rocas eran blandas y podían ser desbaratadas sin esfuerzo.

Pero llegó el Oso y pensó que si la Tierra seguía blanda, Los de Arriba no iban a poder amacizarla nunca.

Después tomó pequeñas piedras secas y las juntó, las apretó unas contra otras para volverlas una sola, hizo una roca enorme y la enterró en el centro del mundo.

“Ahora sí podrán llegar Los de Arriba”, pensó. “Ahora sí podrán amacizar la Segunda Tierra; ahora sí podrán bailar sobre ella y secarla otra vez”. Y es por eso que todos los tarahumaras ven al Oso con gran respeto.


CÓMO TRATAR A LOS OSOS

Cuando un tarahumar se encuentra con un oso, no debe tratarlo como a un animal, sino como a una persona, porque eso es realmente lo que es: una persona.

Si uno se dirige al oso, no puede llamarlo “Oso”, porque se ofendería, se enojaría; atacará. Uno debe llamarlo “Abuelo” porque eso es realmente lo que es; el abuelo de todos los tarahumaras.

Hay que hablarle con respeto, con cariño, como si se le estuviera hablando a un abuelo que uno se encuentra por el camino. Si aún así el oso ataca al que le habla, el que le habla no debe oponer resistencia ninguna; deberá dejar que el oso gane la lucha desde el principio. El oso, al ver esto, se calmará.

Si uno escucha cantar hermosamente a alguien entre los árboles, pero no lo ve, es un oso.

Si uno escucha llegar una canción desde un lugar en el que se supone que no vive nadie, es un oso.

Si un borracho se pone a cantar en el bosque y escucha que alguien está contestándole, desde lejos, con otra canción todavía más hermosa, pero no lo ve, es un oso el que canta.

Si uno encuentra las huellas de un oso, hay que apartarse de ellas, aunque no sean huellas frescas, aunque tengan varios días en ese camino, porque se trata del Camino del Oso,

Y el Camino del Oso debe ser respetado.

Tata, el Oso, según el arte conceptual del videojuego Mulaka, desarrollado por el estudio mexicano Lienzo en 2018.

El hombre-oso (Nación Pawnee/Norteamérica)

Y no podíamos terminar sin pasar por las llanuras de América del Norte, donde las naciones indias rinden ancestral culto al oso. En la siguiente historia de los indios pawnee se menciona el origen de la famosa danza del oso.

El hombre-oso (Nación pawnee/Norteamérica)

Tomado de: Leyendas Americanas (Selección de María Cristina Eduardo. Gente Nueva, 1986)


Una vez había un niño que cuando jugaba solía imitar las maneras de un oso y hasta pretendía que lo era. Los niños no sabían mucho acerca de los osos. Únicamente sabían que era un animal.

Pero sucedió mucho antes que este muchacho naciese, su madre se había marchado de la casa, porque el padre se había ido a la guerra. Esto había sucedido antes de que el niño naciese.

Cuando el padre se fue a luchar, se encontró un cachorrito de oso, muy pequeño y desvalido, y le pareció al hombre un niño pequeño. Lo miró y lloró por él, no sabía qué otra cosa podía hacer: no quería matarlo ni tampoco dejarlo. Después de pensarlo un rato, le puso un cordón alrededor el cuello y le dejó algunas hojas para fumar. Luego le dijo.

-Piraú (niño), tú eres Nahuac. Tiráwa te creó y te cuidó. Él se ocupará de ti, pero yo te pongo estas cosas alrededor del cuello para que veas que tengo buenos sentimientos hacia ti. Espero que cuando mi hijo nazca, el Nahuac lo cuidará y verá cómo se hace un hombre bueno, y que Tiráwa cuidará de ti y de mi hijo.

Después de estas palabras, el hombre estuvo mirando el osito un buen rato; luego continuó su camino.

En llegando el hombre de la guerra, contó a su mujer el encuentro que tuvo con el osito, y cómo lo había cuidado, y hablado con él.

Cuando el niño nació tenía el aspecto de un oso. Y conforme iba creciendo se iba pareciendo más y más a un oso. Muchas veces deseó el niño no ser como un oso, y así rogaba a Oso para no parecerse a él. Otras veces acostumbraba decir en forma graciosa a sus compañeros que podía convertirse en oso.

El niño creció, se hizo hombre. Y cuando fue a la guerra con un grupo de jóvenes, enseguida lo hicieron jefe de éste grupo. Pasaron sobre el Agua Corredora, y cuando llegaron a un pueblo los descubrieron los sioux, los cuales los persiguieron, los rodearon y los atacaron. Como eran tantos sus enemigos, los pawnees fueron derrotados y todos quedaron muertos.

La región donde sucedió esto es muy rocosa, y crecen allí muchos cedros. Allí vivían también muchos osos. La batalla sucedió por la mañana, y los pawnees fueron muertos.

Después de la lucha, por la tarde, llegaron al lugar dos osos. Al pasar por el lugar donde estaban un montón de pawnees muertos, la osa reconoció en uno de los cuerpos el del muchacho que se parecía a un oso.

Ella llamó entonces al oso, y le dijo:

-Aquí hay un hombre que siempre fue muy bueno con nosotros. Sacrificaba su tabaco, y siempre que comía, nos daba a nosotros. Aquí hay un hombre que siempre nos imitaba, contaba con nosotros y hablaba de nosotros. ¿Puedes hacer algo por él?

Entonces el oso dijo:

-Temo que no podré hacer nada. Yo no tengo ese poder, pero lo intentaré. No puedo hacer nada si el sol no está brillando, pues me parece tener más poder con su brillo sobre mi cabeza.

Aquel día era nuboso, frío y con nieve. Algunas veces las nubes pasaban y el sol salía durante unos minutos, pero luego las nubes lo volvían a cubrir de nuevo.

El hombre estaba cortado en pedazos, en pequeños trozos, porque había sido el más valiente de todos. Los dos osos fueron recogiendo los pedazos del hombre y los juntaron; entonces el oso fue colocando los pedazos hacia abajo, mientras se lo ponía junto al pecho, al mismo tiempo que la osa ponía su cabeza para dar calor al cuerpo inerte del hombre. Estando así, los osos trabajaron con sus medicinas sobre el cuerpo del hombre. El oso gritó:

-¡Atius, Padre, ayúdame! Deseo que brille el sol.

Al cabo de un rato, el hombre empezó a calentarse, y muy pronto respiró un poco. A pesar de estar aún cortado en trozos, el cuerpo del hombre empezaba a vivir.

Cuando volvió en sí por completo y abrió los ojos, el hombre vio a los dos osos. El oso le dijo:

-Me alegra que estés viviendo. Fue la osa quien intercedió para que te ayudase y te trajese a la vida. Pero no estás completamente bien. Por eso debes venir a vivir una temporada con nosotros hasta que estés curado de tus heridas.

Los osos se llevaron al hombre consigo. El hombre aún estaba cortado en pedazos.

El hombre, viviendo con los osos, fue viendo su modo de vida. Los osos le enseñaban todo lo que sabían. Un día el oso le dijo:

-Ninguno de los seres que andan por el campo son tan buenos y amables como los osos. Ningún animal se iguala a nosotros. Tiráwa me hizo bueno. Se me ha creado para que viva aquí y sea bueno y lo seré hasta el fin de mis días, lo mismo que a todos los que ha creado Tiráwa con corazón. Tú debes mirar siempre a tu alrededor, para dar lo que puedas. Tú serás bueno en la guerra y bueno en la paz. Ahora que ya estás bien, yo te llevaré a tu casa. Yo velaré por ti. Te daré una parte de mí mismo. Si me matan, tú morirás. Si llego a viejo, tú también alcanzarás larga edad.

El oso siguió explicando al hombre lo que debía hacer. Le dijo que él –el hombre- dependía del cedro, que siempre estaba verde y joven. Le dijo que tomara ejemplo de ese árbol. Además le aconsejó lo siguiente:

-Cuando estés en tu casa y truene y relampaguee, tira una rama de cedro al fuego y deja subir el humo; pero hazlo con rapidez.

El oso, tomando una piel de oso, le hizo una capa al hombre para cubrir su desnudo cráneo. Sus heridas ya se habían curado y se encontraba sano y fuerte.

La gente de su pueblo ya se había olvidado de él. Había pasado mucho tiempo de aquella guerra y la gente suponía que todos los guerreros habían muerto en ella.

Cerca ya de la aldea, el oso le dijo al hombre:

-Ve al pozo y dile a tu padre que estás aquí. Luego, tráeme un trozo de carne de búfalo, una cuenta azul, un poco de tabaco y algunos dulces.

El padre se sorprendió y se alegró mucho al verlo. Luego, le dio los regalos para el oso.

Cuando ya se separaban, el oso volvió sobre sus pasos, rodeó al hombre con sus patas y lo abrazó fuertemente, mientras ponía su boca en la del hombre, y le decía:

-Como mi piel te toca, te hará grande.

Luego, con las garras tocó las manos del hombre, y dijo:

-Como mis manos han tocado las tuyas, se han hecho buenas y no harán nada malo. He frotado mis manos con las tuyas para que pienses lo mismo que yo. Como mi boca ha tocado la tuya, tú serás como yo.

Dicho esto, se marcharon los osos. Así, este hombre fue valiente y bueno toda su vida: parecía un oso. Él fue quien inventó la danza de los osos, que todavía se baila entre los pawnees. Llegó a ser viejo y murió muy anciano. El viejo oso murió al mismo tiempo.

Danza del oso
Litografía coloreada por George Catlin, 1844.

Esta página se actualizará en el futuro con nuevas historias de osos. Revísela con frecuencia. También puedes sugerirnos alguna historia que hayamos pasado por alto.

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