Tomado de la Edda Menor de Snorri Stúrluson, edición de Luis Lerate, Alianza Editorial, 1984
Fragmento de Gylfaginning (La alucinación de Gylfi)

Tor tiene dos machos cabríos que se llaman Tanngniost y Tanngrísnir, y un carro en el que viaja, y los machos cabríos tiran del carro; por esto se le llama Oku-Tor. Tiene además tres cosas excelentes. Una es el martillo Mióllnir, que los gigantes de la escarcha y los de las montañas conocen muy bien cuando se eleva en el aire, y esto no es extraño, pues él ha machacado muchos cráneos entre sus antepasados y parientes. La segunda pieza de enorme valor que posee es un cinturón de fuerza, y cuando se lo ciñe, entonces aumenta hasta el doble su fuerza de as. La tercera cosa valiosísima que tiene son unos guantes de hierro; no puede pasarse sin ellos cuando agarra el mango del martillo. Nadie hay tan sabio que pueda contar todas sus proezas, pero yo podría decirte tantas hazañas suyas, que pasaría mucho tiempo antes de dar fin a lo que yo sé.
Fragmento de Skáldskaparmál (El lenguaje de los escaldos)

Loki hijo de Láufey tuvo una vez la maldad de cortarle a Sif todo su cabello. Cuando Tor se enteró, cogió a Loki dispuesto a triturarle hasta el último hueso, pero éste le juró que conseguiría de los elfos negros que ellos le hicieran a Sif una cabellera de oro que creciera como cualquier otro pelo. Loki marchó entonces en busca de unos enanos conocidos como los hijos de Ivaldi, y éstos hicieron la cabellera, y también Skidbládnir y la lanza de Odín, que se llama Gúngnir. Loki se apostó luego la cabeza con un enano llamado Brokk a que su hermano Sindri no sabría hacer otros tres trabajos tan buenos como aquéllos.
Cuando fueron a la herrería, Sindri puso una piel de cerdo en la fragua y le dijo a Brokk que aventara sin parar hasta que él sacara de la fragua lo que había metido. En cuanto él salió de la herrería y el otro estaba aventando, un tábano se le posó a éste en la mano y le picó, pero él siguió aventando, y así hasta que el herrero sacó aquello de la fragua, y ahora era un verraco con la pelambre de oro. Luego puso oro en la fragua y le dijo que aventara y que no dejara de aventar hasta que él regresara. Se marchó, y entonces volvió el tábano y se le puso en el cuello y le picó el doble de fuerte que antes, pero él siguió aventando hasta que volvió el herrero y sacó de la fragua el anillo de oro llamado Dráupnir. Luego metió hierro en la fragua y le dijo que aventara, y que no saldría bien, si dejaba de aventar. El tábano se le puso entonces entre los ojos y le picó en los párpados, pero cuando la sangre le entró en los ojos impidiéndole ver, dio un manotazo a toda prisa mientras el fuelle bajaba y espantó a la mosca. Vino luego el herrero y dijo que había faltado poco para que se estropeara lo que había en la fragua. Entonces sacó de la fragua un martillo. Le entregó aquellos trabajos a su hermano Brokk y le dijo que los llevara al Ásgard y cobrara la apuesta.

Cuando Loki y el enano presentaron sus trabajos, los ases se sentaron en sus sitiales para juzgarlos, y se daría por válida la decisión de Odín, de Tor y de Frey. Loki le dio entonces a Odín la lanza Gúngnir, a Tor la cabellera para Sif y a Frey el Skidbládnir, y dijo las virtudes de cada una de aquellas obras, que a la lanza no se la podía parar en su vuelo, que la cabellera agarraría en la carne tan pronto se pusiera en la cabeza de Sif, y que Skidbládnir tendría viento favorable en cuanto se le izara la vela, para cualquier sitio que tuviese que ir, y se le podía plegar como un paño y guardárselo en la bolsa sí se quería. Luego presentó Brokk sus trabajos. A Odín le dio el anillo, y dijo que cada nueve noches gotearían de él ocho anillos de su mismo peso; a Frey le entregó el verraco, y dijo que podía correr también por el aire y sobre el agua, de noche o de día, más veloz que un caballo, y nunca era tanta la oscuridad de la noche ni en las regiones tenebrosas, que no la iluminara su pelambre por donde él pasaba. A Tor le dio el martillo, y dijo que podía pegar con toda la fuerza que quisiera y sobre lo que fuera, que el martillo no le fallaría, y si lo lanzaba, nunca erraría su blanco, y por más lejos que lo lanzara, jamás dejaría de volver a la mano, y si así se quería, se hacía tan pequeño, que podía guardarse en el pecho; un solo defecto tenía, que el mango era un poco corto.

Ellos decidieron que el martillo era la mejor de todas aquellas obras y una excelente defensa contra los gigantes de la escarcha, y juzgaron que el enano había ganado la apuesta. Loki ofreció pagar un rescate por su cabeza, pero el enano dijo que eso ni pensarlo. «Cógeme, entonces», dijo Loki. Pero cuando quiso cogerlo, él ya estaba lejos; Loki tenía unos zapatos con los que podía correr por el aire y sobre el agua. El enano le pidió entonces a Tor que se lo cogiera, y éste lo hizo. El enano fue a cortarle luego la cabeza, pero Loki dijo que tenía derecho a la cabeza, pero no al cuello. El enano cogió entonces una correa y un cuchillo y trató de agujerear los labios de Loki para coserle la boca, pero el cuchillo no pasaba. Dijo que iría mejor con la lezna de su hermano, y tan pronto como la nombró apareció allí la lezna, y ésta sí taladró los labios; él le cosió los labios, pero Loki se desgarró el cosido. La correa con que se le cosió a Loki la boca se llama Vartari.