“Ainu Mosir” es una película japonesa de 2020, dirigida por Takeshi Fukunaga. Cuenta la historia de Kanto, un niño de 14 años que se debate entre la vida que le ofrece el Japón moderno y la herencia ainu de sus padres. Los ainu son retratados como una sociedad diezmada, últimos guardianes de una cultura moribunda. Kanto deberá aprender a amar las mismas costumbres y tradiciones que amaba su difunto padre, incluso por encima de sus prejuicios, durante el Iomante, una ceremonia no exenta de polémica.

¿Quiénes son los ainu?
Los ainu (palabra que significa “humano” en su propio idioma) son un grupo étnico indígena de Hokkaidō y el norte de Honshu, en la parte septentrional de Japón, así como de las islas Kuriles y la mitad meridional de la isla de Sajalín en Rusia. Se encuentran entre los primeros pobladores de Asia.


Su relación con los distintos gobiernos japoneses siempre ha sido tirante. Durante el período Muromachi (1336-1573) los japoneses se asentaron en la península de Oshima, al sur de Hokkaidō. Las guerras que se sucedieron culminaron con el establecimiento del Clan Matsumae, encargado de la defensa de la frontera septentrional de Japón y el gobierno de la comunidad indígena ainu. Finalmente, durante la Restauración Meiji, Hokkaido cayó bajo el dominio del gobierno central, que sometió a los ainu a un proceso de asimilación y aculturación que puso en peligro su identidad como pueblo. No fue hasta 2008 que el parlamento japonés aprobó por unanimidad una resolución en la que se reconoció a los ainu como “un pueblo indígena con su propia lengua, religión y cultura”.
El director de “Ainu Mosir”, Takeshi Fukunaga, se mudó a Estados Unidos para estudiar cine y debutó con Liberia White Blood (Liberia, sangre blanca, 2015), una película sobre el sufrimiento de los inmigrantes africanos en la ciudad de Nueva York.
«Nací y crecí en Hokkaidō, pero no comencé a prestarle atención a los ainu hasta que fui a Estados Unidos. Creo que las cosas han cambiado mucho, pero en aquel momento no tuve muchas oportunidades de saber sobre los ainu hasta que me gradué en el instituto; era como si no pudiéramos preguntar nada. Cuando fui a Estados Unidos, sin embargo, vi una gran consciencia sobre la existencia de los nativos americanos y los problemas relacionados con ellos, se debatía en abundancia, eran conscientes de haberles robado su tierra. En Japón, a pesar de que hay indígenas ainu, yo crecí sin saber nada sobre ellos. Me sentía avergonzado por eso».
El director ha comentado la dificultad que representó la elección del elenco de actores. Los patrocinadores generalmente confían en proyectos encabezados por las estrellas de turno, pero la mejor opción, en este caso, parecían ser los propios ainu del ainukotan (pueblo ainu) del lago Akan, una comunidad dedicada al turismo (el pueblo ainu es de gran interés para los propios turistas japoneses, que vienen a comprar regalos y presenciar las ceremonias tradicionales). El guion original fue ligeramente adaptado a las historias personales de los actores nativos, no profesionales, que ni siquiera cambiaron sus nombres.

El folclore ainu y el Iomante
En la película se pueden observar muchos elementos del folclore y la vida espiritual de los ainu, palabras y gestos de su religiosidad cotidiana.
En la cosmovisión ainu existen el Ainu Moshir (“tierra o mundo de los hombres”) y el Kamui Moshir (“tierra o mundo de los espíritus o dioses”). Todo lo que existe está dotado de ramat, que literalmente significa “corazón”. El ramat abandona el cuerpo cuando este muere o se rompe para ir a habitar en otro.
Para los ainu es muy importante no ofender a los kamui. Incluso los espíritus que traen enfermedades no deben considerarse como malos sino como punitivos, ya que esto acarrearía el aumento de su ira. La peor ofensa que se le puede hacer a un kamui es no devolverle a la naturaleza lo que se tomó de ella, es decir, los espíritus de los animales capturados durante la caza o la pesca, o los árboles y vegetales que fueron cortados. La devolución del espíritu solo puede llevarse a cabo mediante ciertos rituales y ofrendas. Estas formalidades están a cargo del jefe de la familia o del kotan (“pueblo”), ya que dentro de la sociedad ainu no existen sacerdotes. Este jefe es llamado ekashi y tiene la connotación de abuelo o anciano.
Otra de las funciones del ekashi era comunicarse con los kamui a través de ciertas odas llamadas yukar, que significa “imitar” y consistían precisamente en eso: imitar los movimientos y sonidos de los dioses para invocarlos. En esta tarea también son útiles los inau, especie de bastones hechos con distintos tipos de madera (cada una con una cantidad específica de ramat), con uno de sus extremos cortado en listones delgados que se enrollan. La deidad femenina del fuego y del hogar, Huchi Kamui, también puede ser utilizada como intermediaria para comunicarse o hacer llegar las ofrendas al otro mundo; ella es la guardiana de “la puerta” y uno de los kamui más poderosos e importantes.

Los kamui suelen visitar el mundo ainu vestidos con la forma de animales. A veces es posible reconocerlos porque conservan atributos racionales e incluso algunos vicios. En algún mito de la creación, un kamui con apariencia de oso se enamora de una mujer humana y de su unión nacen los primeros ainu, conocidos por ser bastante hirsutos. Sekuna-Pause-Kamui es uno de los nombres con que se conoce al dios oso.
El Iomante es una ceremonia ainu que implica la cría de un oso pardo durante dos años y su posterior sacrificio ritual, entendido como una despedida por todo lo alto. La palabra significa literalmente “enviar algo / alguien”. En japonés se conoce como “enviar al oso” (kumaokuri) o “el festival del oso” (kumamatsuri).
Los cazadores parten hacia las cuevas de los osos al final del invierno, cuando todavía están en estado de letargo. Si encuentran un cachorro recién nacido, matan a la madre y se lo llevan a la aldea, donde lo crían como si fuera uno de sus propios hijos. Se dice que incluso le dan su propia leche materna. Cuando el cachorro crece, lo sacan al aire libre y lo colocan en un pequeño corral hecho de troncos. A lo largo de su vida, recibe los mejores alimentos de parte de toda la comunidad, que lo considera un verdadero dios.
Al cabo de uno o dos años lo amarran a un poste en el centro del pueblo y los hombres le disparan con arcos y flechas ceremoniales. Incluso a la edad de dos años los osos pardos son bastante grandes y por lo general se necesitan numerosos disparos antes de que caigan. Cuando ya no le quedan fuerzas para defenderse, un aldeano se acerca y le dispara en el cuello a quemarropa. A continuación, cortan la garganta y beben su sangre. La carne es distribuida entre los habitantes (por lo general el sacrificio ocurre en pleno invierno, cuando la carne de oso es la mejor opción por su alto contenido en grasas). La cabeza del cachorro es orientada hacia una dirección sagrada y homenajeada con muchos regalos de inau, gachas de mijo, pescado salado, etc. Se le reza y se le pide que hable bien del mundo ainu a los otros kamui, para que también se animen a venir y a ser cazados. El cráneo desnudo se coloca en una lanza, que luego se envuelve nuevamente con el propio pelaje del oso (en la película incluso le visten con ropas humanas). Este “muñeco-fetiche” se convierte en un importante objeto de culto para los aldeanos.






El Iomante fue prohibido en 1955 y readmitido en abril de 2007, porque este tipo de ceremonias se consideran una excepción de la ley de derechos de los animales vigente en Japón.
Acerca de su aparición en la película el propio director ha dicho: «… No trataba de usarlo para crear impacto. De hecho, pedí la opinión de los ainu y descubrí que había gente a favor y en contra, y pensé que no podría encontrar un material mejor para describir la diversidad y modernidad de los ainu».
En una de las escenas más destacadas, los ancianos de la aldea debaten sobre la posibilidad de realizar un Iomante. Algunos creen que es una oportunidad de reavivar su cultura, siendo esta costumbre la más elevada del folclore ainu, y otros opinan que será de mal gusto para los turistas japoneses, alejará a los visitantes y atraerá las críticas. La escena es completamente real, verdaderos ainu diciendo lo que realmente piensan al respecto.
«La escena está planificada, por supuesto, pero aunque la cámara esté rodando, cuando esas personas que se conocen entre sí inician una discusión las cosas se calientan, y se dicen todo tipo de cosas. Se pierde el control y es difícil de editar; me costó bastante (risas). En las partes que usamos al final hay, aproximadamente, la mitad de los intercambios improvisados que se produjeron en el rodaje».
La película de Fukunaga es sobrecogedoramente profunda, no solo por contar una historia de raíces desde la perspectiva de un niño, sino por convertirla en un hermoso canto a la diversidad y la inclusión, en este caso étnica.
Ainu Mosir se estrenó oficialmente en la sección de Competición Narrativa Internacional del Festival de Cine Tribeca (Nueva York), donde ganó el Premio Especial del Jurado.