La noche de Walpurgis es la “otra” noche de brujas; mucho menos conocida que Halloween, su hermana vanidosa que se hizo estrella de Hollywood. Halloween es la deformación de la fiesta celta de Samhain y Walpurgis es la de Beltane, o alguna otra de origen germano; ambas son opuestas en la rueda del año de la mayoría de neopaganos e indican respectivamente el inicio del invierno y el verano.
La noche de Walpurgis debe ser la reminiscencia de los ritos precristianos que daban la bienvenida al verano. El hecho es que, desde siempre, el 30 de abril y el 1 de mayo han sido días de transición en los que comienzan a advertirse cambios en la naturaleza. Para el hombre antiguo, estos eran momentos auspiciosos, propicios para la magia y lo sobrenatural, por la cercanía entre el mundo de los vivos y “el otro mundo”. Es probable que entre las prácticas originales estuviese el encender grandes hogueras y saltar sobre las llamas.
Algunos se aventuran a relacionar la noche de Walpurgis con figuras mitológicas como Belenus, el dios celta de la luz, el sol y el fuego; con las valquirias germanas; con la Bona Dea o Maia romana (diosa de la salud, la virginidad y la fertilidad femenina; dicha relación con la castidad, puede haberse transformado en la superstición medieval de no casarse en mayo, que generalmente se atribuye al peligro de desposar a un fantasma, de los que hay muchos visibles por estas fechas) y hasta con una supuesta diosa teutona llamada Walpurgis. Lo cierto es que la mayoría de las creencias modernas sobre esta fecha surgieron en la Edad Media, cuando la iglesia intentaba demonizar el paganismo y los paganos encontraban en las fiestas cristianas, un modo seguro de mantener sus costumbres.
La santa
El propio nombre de Walpurgis se refiere a Walpurga o Walburga, una religiosa y santa benedictina inglesa del siglo VIII, miembro de la misión anglosajona, que dirigió el convento de Heidenheim (Alemania) y que al parecer tuvo bastante éxito convirtiendo a los paganos locales. Es una elaephori, es decir, uno de los santos cuyos cuerpos convertidos en reliquias producen un aceite milagroso. Cada año desde el siglo IX las monjas de Eichstätt recogen el óleo sagrado que brota del cuerpo de la santa, principalmente de su pecho. Emplean un ingenioso sistema de pequeños canales para colectar el aceite de la tumba, que se encuentra debajo del altar mayor de la iglesia. El aceite, que supuestamente cura enfermedades y atrae la felicidad, luego es repartido entre los devotos. La santa nació un 25 de febrero, pero su canonización se cuenta a partir del 1 de enero de 870, cuando sus restos fueron trasladados a Eichstätt.

Códice Hitda, siglo XI
La primera representación de Walpurga se encuentra en el Hitda Codex de principios del siglo XI, hecho en Colonia, y aparece sosteniendo tallos de grano estilizados. Se ha descartado que se trate de una rama de palma porque este es un atributo propio de los santos que fueron martirizados, y ella no lo fue. Por tanto, es bastante acertado y aceptado que Walpurga llegó a representar un concepto pagano más antiguo como el del espíritu o Madre del Grano, que habitaba los campos sembrados y se quedaba sin hogar después de la cosecha. Los campesinos crearon su réplica en una muñeca hecha con la última gavilla y contaron historias al respecto.
Las brujas
Durante siglos, se conservó la creencia de que, en la noche de Walpurgis, las brujas volaban sobre escobas, gatos o cabras hacia Brocken, la montaña más alta de la Sierra del Harz, en el Estado alemán de Sajonia-Anhalt, para celebrar orgiásticos rituales con el Diablo en persona. De ahí que la noche de Walpurgis sea conocida también como “noche de brujas”. Según Julio Caro Baroja en su libro Las Brujas y su Mundo:
«El Folklore de varios países nos indica que la creencia en una vieja divinidad protectora de las brujas ha estado extendidísima en Europa y que ha perdurado algo hasta nuestros días o hasta hace no mucho: a veces, según las tradiciones populares, las reuniones de las brujas mismas se confundieron con reuniones de seres míticos. Así, por ejemplo, con relación a Alemania, ya un autor del comienzo del siglo XVII, que se ocupó ampliamente de la Brujería, y al que varias veces se ha citado, Godelmann, después de decir que allí se llama a las brujas («lamiae», dice en su latín renacentista), «Zauberinnen», «Vnholden», «Heren», «Warsagerin» y «Wettermacherin» indica lo que sigue: «Con relación a lo que pueden hacer las brujas se dice que untándose con ciertos ungüentos, hechos con grasa de gato o de lobo, leche de burra y no sé qué cosa más, pueden salir de sus casas montadas en palos o escobas por una vía común e incluso por un agujero angosto y volar por los aires, y así transportarse de un lugar a otro hasta donde celebran sus festines y francachelas con los diablos. Se halla divulgada la especie de que las brujas de toda Germania, después de hacer su unto, son llevadas en cortísimo tiempo, durante la noche de las calendas de mayo, al monte llamado Blocksberg y Heinberg, en tierras de los bructeros, parte por sus demonios familiares y dilectos, que adoptan las formas de macho cabrío, puerco, ternero y otros animales semejantes, parte sobre horcas y báculos, pasando luego toda la noche en juegos, comilonas y danzas con sus amantes»

Luis Ricardo Falero, 1878
Por su parte, el monte Brocken es famoso y objeto de muchas leyendas y mitos por un fenómeno muy particular llamado “el espectro de Brocken” o “espectro de montaña”, un fenómeno óptico por el cual en ciertas ocasiones se puede ver la inmensa silueta de una persona (la sombra del observador), dibujada por el sol sobre las nubes o la niebla.

La modernidad
Hoy en día, cada noche del 30 de abril al 1 de mayo, decenas de miles de personas emprenden el viaje hacia la cadena montañosa y son recibidas por las brujas y el demonio. La fiesta comienza con un baile, luego se enciende una enorme hoguera y retumban los tambores. Extinguidos los fuegos artificiales de la medianoche, se le da la bienvenida a quien traerá consigo la salud y la fecundidad, a la sucesora de todas las brujas malas: la Reina de Mayo.

Sin embargo, estos espectáculos para turistas tienen muy poco que ver con las antiguas creencias populares. En el pasado, los fuegos de la Walpurgisnacht eran encendidos precisamente para protegerse de las temidas brujerías. Las puertas estaban adornadas con crucifijos y ramos de hierbas, las escobas eran colocadas con las hebras hacia arriba, se hacían sonar las campanas de las iglesias, los hombres solteros caminaban dando latigazos en torno a las casas y, para proteger al ganado, se colocaba sal en el umbral de los cobertizos. Pero en Alemania ya nadie le tiene más miedo a las brujas que a las violentas trifulcas callejeras que tienen lugar en estas fechas.
Sin duda, el gran promotor de la noche de Walpurgis fue el poeta, novelista y dramaturgo alemán Johann Wolfgang von Goethe, con su famosa escena de Fausto, en la que el diablo Mefistófeles lleva al protagonista al Brocken durante la noche de brujas. Fragmentos como los siguientes hicieron el resto del trabajo encendiendo la imaginación de los lectores:
«Las brujas suben al Brocken, la mies es verde y el rastrojo amarillo. Allí está reunido el gran montón y el señor Urián está sentado encima. Todo va a pedir de boca. ¡Que suelte cuescos la bruja! ¡Que hieda el macho cabrío!»
«El camino es ancho y largo. ¿Por qué esa prisa sin sen¬tido? ¡Que la horquilla pinche!, ¡que la escoba desgarre! ¡Que el niño se ahogue!; ¡que el útero reviente!»
«El ungüento da bríos a las brujas, para hacer una vela es suficiente con un harapo. Cualquier artesa sirve de barco. ¡Que no vuele nunca el que no vuele hoy!»

Richard Westall, 1831
Para colmo, el hecho de que el alemán de origen judío Adam Weishaupt creara la sociedad secreta de los Illuminati durante la Noche de Walpurgis de 1776 en los bosques bávaros, no hizo más que acrecentar la leyenda sobre esta fecha.