Los celtas. Se trata de un término multívoco y ambiguo. Muchas son las propuestas para definirlo según parámetros históricos, geográficos y culturales, pero sin duda son los lingüistas los que llevan la ventaja y se consideran naciones celtas, por la correspondiente Liga y Congreso Internacional, a Bretaña, Cornualles, Escocia, Gales, Irlanda e Isla de Man, precisamente por mantener un uso particular de la lengua celta. Otras regiones de Europa, como las ibéricas de Asturias, Cantabria, León y sobre todo Galicia, pugnan por su inclusión argumentando una conexión cultural de orígenes milenarios, en las que como elemento instrumental común suele aparecer la gaita o cornamusa.
Samhain en la rueda del año
Tanto los celtas insulares como los del continente, antes de la llegada del cristianismo y todavía después, dividían el año en dos: una época clara, el verano que comenzaba con Beltane a principios de mayo; y una época oscura, el invierno, que comenzaba con Samhain en los primeros días de noviembre. La palabra Samhain proviene del irlandés antiguo ‘samain‘, ‘samuin‘ o ‘samfuin‘, y estos, a su vez, vendrían del protoindoeuropeo ‘semo-‘ (“verano”). Así, se ha interpretado que la palabra significa “fin del verano”; sin embargo, a los estudiosos les sigue pareciendo extraño que una celebración de invierno contenga esta raíz, sobre todo porque la estación cálida habría terminado en agosto. El erudito irlandés Whitley Stokes sugirió en 1959 que el verdadero origen de la palabra estaba en el protocéltico ‘samani‘ (“asamblea”). Tochmarc Emire es un texto mitológico del Ciclo del Ulster donde se mencionan los cuatro festivales estacionales del año, comenzando por Samhain. Nótese que el texto sugiere otra interpretación del término:
«Por dos divisiones estaba formado el año, a saber, el verano desde Beltaine (el primero de mayo) y el invierno desde Samuin hasta Beltaine. O sainfuin, es decir, Suain (sonidos), porque es entonces cuando suenan las voces suaves, es decir, Sám-son ‘sonido suave’.»
Según el Calendario de Coligni hallado en ese lugar de Francia (y que algunos consideran fue grabado por un druida deseoso de mantener sus tradiciones en la época en que Roma impuso el calendario juliano a lo largo del imperio), el primer mes del año era Samonios, que puede estar relacionado con Samhain. Pero fue el erudito galés Sir John Rhys quien sugirió que Samhain era el Año Nuevo celta durante el gran Renacimiento que tuvo esta cultura a finales del siglo XIX y principios del XX, Sir James George Frazer retomó la idea en su Rama Dorada, pero admitió que las evidencias eran insuficientes. De ser así, las lunas llenas señalaban las grandes festividades y la celebración del año nuevo habría tenido lugar durante las «tres noches de Samonios», con la luna llena justo entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno, que no sería el 31 ni el primero, sino entre los días 6 y 7 de noviembre. Ahora bien, como el día celta comenzaba al salir el sol y terminaba al ocultarse, el año nuevo comenzaría con la llegada de la noche, el comienzo de la época oscura.

El neopaganismo ha venido a reforzar la idea de que estas creencias tienen sus raíces en viejos cultos de fertilidad a un Dios y una Diosa que periódicamente morían y resucitaban. Sin embargo, Frazer cree que “datan de un tiempo en que los antepasados de las naciones civilizadas de Europa eran todavía bárbaros que pastoreaban sus rebaños y cultivaban esporádicamente el cereal en los claros de las inmensas selvas que entonces cubrían la mayor parte del continente, desde el Mediterráneo hasta el Océano Glacial Ártico“. Es decir, que los orígenes de Samhain están más relacionados con costumbres pastorales que agrícolas. El ganado era una de las principales formas de riqueza entre los celtas y en Samhain los rebaños regresaban de los verdes pastos veraniegos y era purificado por el fuego y el humo de las hogueras. En las fiestas que seguían, muchos de aquellos animales que por su número excesivo eran difíciles de mantener durante el invierno, se sacrificaban a los dioses o espíritus de la tierra, en pago por su cooperación en el período que recién finalizaba y como un adelanto de lo que recibirían en el próximo ciclo.

Como Beltane, Samhain es una fecha liminal, el umbral de dos tiempos y también de dos mundos. Las leyes naturales se encuentran en un momento de transición y caos, por lo tanto, cualquier cosa puede ocurrir. Por esta vez los muertos pueden visitar el mundo de los vivos y algunos vivos pueden ir a parar, incluso sin proponérselo, al mundo de los espíritus. Todas las fronteras se encuentran difuminadas, incluso las del tiempo, por eso es más fácil predecir el futuro. Frazer escribe en La Rama Dorada:
«Era quizá un pensamiento natural que, al aproximarse el invierno, los espíritus ateridos y hambrientos abandonasen los campos desnudos y las deshojadas arboledas buscando el abrigo de la cabaña con su hogar familiar; ¿no vuelve la turba mugidora de los pastos veraniegos en las selvas y montes para ser alimentada en el establo y gustar de él, mientras el viento crudo silba por entre el ondulante ramaje y arremolina la nieve en los hondonadas? ¿Podrían el hombre honrado y la mujer buena negar a los espíritus de sus muertos la bienvenida que dan a las vacas?»
Samhain, la asamblea
Ahora bien, no solo las leyes naturales se encontraban en un momento de cambio, los hombres también aprovechaban para reacomodar su sociedad. Aunque se habla mucho del elemento mágico-religioso de los festivales anuales, en algunos era incluso más importante el elemento político, social o económico. En cada uno de estos encuentros se realizaban grandes reuniones presididas por el rey, se declaraba una paz absoluta, se instauraban nuevas leyes, se bebía, se cantaba y se participaba de todo tipo de concursos. Los detalles como la duración de los festejos, varían de un texto a otro. Así lo describe Echtra Cormaic, un cuento datado entre los siglos XII y XIII:
«En esa reunión fueron ordenadas reglas y leyes y deberes, y se determinaron los hombres del consejo de Erin. En esa época solían celebrarse tres asambleas importantes, a saber, la Fiesta de Tara en Allhallowtide – porque esa era la Pascua de los paganos y todos los hombres de Erin estaban en esa reunión, ayudando al rey de Erin a celebrarla – y la Feria de Tailtiu en Lammas, y la Gran Reunión de Uisnech el Día de Mayo. Siete años duraba la preparación de la fiesta de Tara, y al final de los siete años solía realizarse una gran convención con todos los hombres de Erin, y allí determinaban un jubileo, es decir, la Ley de los Siete años entre una fiesta de Tara y la otra. Y quien rompiera estas leyes era considerado un enemigo mortal y era desterrado de Irlanda, con la excepción de que los homicidios estaban permitidos en estos [ocho] lugares, a saber, Slige Midluachra, el Vado de Fer-Diad, Áth cliath, Belach Gabráin, Áth n-Ó, Cnám-choill, Conachlaid y Two Paps of Ánu. Si fue en uno de estos lugares donde alguien se vengó de su agravio, no se tomaron represalias contra él.»
Samhain en los cuentos
Otra de las actividades populares de Samhain era contar historias y muchas de ellas ocurrían precisamente en esta fecha. Recordaban, por ejemplo, la época en que el pueblo de Nemed fue oprimido por los fomores:
«Dos tercios de su grano, su comida y sus niños, así como otras intolerables exigencias que pedían, les eran entregados; y los hombres de Irlanda tenían que entregar todo en la noche de Samhain en Magh Cetne. Por esta razón se llama Magh Cetne, por la frecuencia con que tenían que pagar los pesados impuestos en aquel lugar a los fomores…»
También fue en Samhain cuando el Dagda tuvo su encuentro sexual con Morrigan en el río Unius, poco antes de la Segunda Batalla de Magh Tuireadh, dándole de esta forma simbólica la victoria a los Tuatha Dé Danann.

por Jim Fitzpatrick
Un lunes después de Samhain comenzó la invasión del Ulster narrada en Táin Bó Cúailnge (‘El robo del ganado de Cooley’). El robo de ganado era una actividad típica del verano, por eso la invasión tomó por sorpresa a los hombres del Ulster.
Según nos cuenta el texto Acallam na Senórach (‘El coloquio de los ancianos’) del siglo XIII, cada Samhain el hada de fuego Aillén mac Midhna dormía a los habitantes de Tara y quemaba la ciudad hasta sus cimientos. El héroe del Ciclo Feniano, Finn mac Cumhaill, logró mantenerse despierto tocando una lanza mágica y luego, con ese misma, le dio muerte a la criatura.
«Caeilte, alma mía, examina ahora qué lanza es esa, y cuál de los Fianna era el que la poseía”. Caeilte sacó la jabalina de su estuche y de sus vendas, y allí en su base había treinta remaches de oro árabe… “Esa es la lanza de Fiacha mac Congha… por medio de la cual Finn hijo de Cumall adquirió el mando principal de la Fianna de Irlanda; y del sidhe de hierba verde de Finnachadh fue traída. Porque Aillén mac Midhna de los tuatha dé Danann solía venir al norte del Sidhe Finnachaidh para llegar a Tara: la manera de su llegada era con un tímpano musical en la mano, que cada vez que alguien lo escuchaba, se dormía enseguida. Entonces, así dormidos, de su boca Aillen emitía una ráfaga de fuego. Fue en el solemne día de samhain que llegó todos los años, tocó su tímpano y con su música feérica, durmió a toda la población. Con su aliento hizo estallar las llama y así, durante veintitrés años hechiceros, quemó a Tara con todas sus cosas.»

Ilustración de Violet Russell y Beatrice Elvery, 1914
Los dioses de Samhain
Algunos dioses también han sido relacionados con Samhain a partir de estas historias bárdicas. Donn es el oscuro dios celta de los muertos. Probablemente es una figura mucho más antigua, pero los escritores medievales del Lebor Gabála Érenn (“Libro de las invasiones”), lo convirtieron en Eber Donn, uno de los milesios (hijos de Mil Espaine) que invadieron Irlanda y que se encontraría enterrado en Tech Duinn (“la morada de Donn”), donde lo visitan las almas de los muertos. Así recoge su historia una de las Dindshenchas métricas:
«Tech Duinn, ¿de dónde viene el nombre? No es difícil de decir. Cuando los hijos de Mil vinieron del oeste a Erin, su druida les dijo: “Si uno de ustedes sube al mástil”, dijo, “y canta encantamientos contra los Tuatha De, antes de que ellos puedan hacerlo, la batalla será ganada contra ellos y su tierra será nuestra; pero el que lance el hechizo morirá”. Echaron suertes entre ellos y la suerte recayó sobre Donn para que subiera al mástil. Así se hizo: Donn trepó al mástil y cantó encantamientos contra los Tuatha De, y luego bajó. Y dijo: “Juro por los dioses”, dijo, “que ahora no se les concederá ni derecho ni justicia”. Los Tuatha De también cantaron encantamientos contra los hijos de Mil en respuesta desde tierra. Luego, después de haber maldecido a Donn, inmediatamente entró una fiebre en el barco. Amairgen dijo: “Donn morirá”, dijo, “y no podemos conservar su cuerpo, no sea que nos contagiemos de la enfermedad. Porque si Donn es llevado a tierra, la enfermedad permanecerá en Erin para siempre”. Dijo Donn: “Que lleven mi cuerpo a una de las islas”, dijo, “y mi gente me bendecirá para siempre”. Luego, por los encantamientos de los druidas, se apoderó de ellos una tormenta y el barco en el que iba Donn se hundió. “Que su cuerpo sea llevado a esa alta roca”, dijo Amairgen: “su gente lo seguirá a este lugar”. Por eso se llama Tech Duinn: y por esta causa, según los paganos, las almas de los pecadores visitan Tech Duinn antes de irse al infierno, y le dan su bendición, antes de irse, al alma de Donn. Pero el alma justa de un penitente contempla el lugar desde lejos y no se extravía. Tal es, al menos, la creencia de los paganos. Por eso se llama así Tech Duinn.»
En el cuento Togail Bruidne Dá Derga (‘La destrucción del hostal de Dá Derga’), se narran hechos que ocurrieron en la víspera de Samhain y no solo mencionan a Donn, sino que, al parecer, sentaron algún tipo de precedente para la fiesta.
«Esto es lo que otros han contado: que fue en vísperas de samain (día de Todos los Santos) cuando se produjo la destrucción del hostal, y que esa es la señal del samain hasta hoy, y por eso se colocan piedras en el fuego de samain.»
En el cuento, el gran rey de Irlanda, Conaire Mór, es advertido de un desenlace fatal por romper varios de sus geasa (tabúes). Uno de ellos era que no podía ser precedido por tres hombres rojos a la casa de un hombre rojo. Mientras se acercaba al hostal de Dá Derga —que significa “el rojo”— lo adelantaron tres jinetes en caballos rojos. Trató de sobornarlos para que corrieran detrás de él, pero los jinetes le respondieron de esta forma:
«He aquí, hijo mío, que son grandes las nuevas. Fatigados están nuestros corceles. Montamos los corceles de Donn Tetscorach desde los montículos de los elfos. Aunque estamos vivos, hemos muerto. Grandes son las señales: destrucción de la vida; hartura de cuervos; encarnizada contienda; humedad del filo de la espada; escudos mellados al atardecer. ¡He aquí las nuevas, hijo mío!».
Finalmente, Conaire Mór muere de sed —estaba maldito con una sed mágica— porque todos los líquidos se habían utilizado para apagar el incendio del hostal. Un mensajero aparece con una copa pero es demasiado tarde.

Según los Dindsenchas y los Anales de los Cuatro Maestros —escritos por monjes cristianos— Samhain también estaba asociado con el dios / ídolo llamado Crom Cruach.
1. Aquí solía estar un gran ídolo, que vio muchas peleas, cuyo nombre era Cromm Cruaich; por su causa todas las tribus vivían sin paz.
2. ¡Ay de su poder secreto! el valiente Gaedil solía adorarlo: no sin tributo le pedían para satisfacerse con su contribución en este duro mundo.
3. Él era su dios, el arrugado Cromm, oculto por muchas nieblas: en cuanto a la gente que creía en él, el Reino eterno más allá de todos los cielos no será para ellos.
4. Para él mataban sin gloria a un primogénito desventurado, con muchas quejas y lamentos, para derramar su sangre en torno a Cromm Cruaich.
Probablemente el culto de Crom Cruach fuera un culto de fertilidad por el que se pedía “leche y maíz a cambio de una tercera parte de toda su progenie“. El rey Tigernmas murió junto con una parte de su ejército mientras adoraban a Crom Cruach en Samhain, pero lo textos son oscuros en cuanto a la causa de muerte; al parecer se refieren a algún tipo de holocausto.
«Fue también por Tighearnmas que el oro se fundió por primera vez en Irlanda, en Foithre Airthir Liffe. Fue Uchadan, un artífice del Feara Cualann, quien lo fundió. Fue por él que las copas y los broches se cubrieron por primera vez con oro y plata en Irlanda. Fue por él que la ropa se tiñó de púrpura, azul y verde. Fue en su reinado que brotaron los tres ríos negros de Irlanda, Fubhna, Torann y Callann, sus nombres. A finales de este año murió, con las tres cuartas partes de los hombres de Irlanda a su alrededor, en la reunión de Magh Slecht, en Breifne, en la adoración de Crom Cruach, que era el principal ídolo adorado en Irlanda. Esto sucedió precisamente en la noche de Samhain. Fue a partir de las genuflexiones que los hombres de Irlanda hicieron aquí sobre Tighearnmas, que se nombró a la llanura.»

por Jim Fitzpatrick
Pero sin duda uno de los personajes más encantadores de Samhain es Cailleach Bhéara, cuya traducción del irlandés podría ser “velo o manto hostil”. En escocia la llaman Beira, reina del invierno, y creen que dio forma al paisaje dejando caer rocas de su canasta. Otros creen que usa un martillo para moldear los valles y montañas. Según el folclorista escocés Donald Alexander Mackenzie:
«La anciana Beira era terrible de ver. Tenía un solo ojo, pero su mirada era aguda y penetrante como el hielo y sagaz como un pez en el agua. Su piel era de un azul oscuro y apagado…
»Sus dientes eran rojos como el óxido y sus cabellos, que descansaban pesadamente sobre sus hombros, eran blancos como un álamo temblón cubierto de escarcha. En la cabeza llevaba un mutch (antiguo gorro femenino) moteado. Toda su ropa era gris y nunca se la vio sin su gran chal pardo ceñido sobre sus hombros.»

en una ilustración de John Duncan, 1917
Katharine Briggs, en su maravilloso libro Quién es Quién en el Mundo Mágico dice que:
«Según la mayoría de las leyendas, Cailleach Bheur parece ser el espíritu del invierno. Tiene una varita con la que toca a los arboles a finales del otoño y las hojas se secan. Vaga durante el invierno por las colinas junto a un rebaño de ciervos salvajes que son su ganado. Las cabras montesas, los jabalíes y los lobos también estaban a su cuidado;… Al llegar la primavera, arrojaba su varita bajo un árbol de acebo y se convertía en una piedra inmóvil, hasta que volvía nuevamente a la vida en Halloween.»
Indudablemente es la reina que gobierna durante los meses invernales, entre Samhain y Beltane; opuesta de esta forma a Bride o Brigit, que preside los meses de verano. Hay quien incluso cree que es la misma diosa que se vuelve vieja y joven cíclicamente, como las dos caras de una moneda. Ya sea que se convierte en piedra o que bebe las aguas del Pozo de la Juventud en la mítica tierra de las hadas, la Cailleach está lista el primer día de invierno para asumir su rol. En Escocia la imaginan lavando su féileadh mòr (falda escocesa) en golfo de Corryvreckan, tres días antes de Samhain. Cuando termina la tela es completamente blanca y la nieve cubre la tierra. De hecho, además de moldear el paisaje, la Cailleach también moldea el clima. Son famosas, sobre todo, sus tormentas de primavera, cuando intenta alargar un poco más el invierno.
Frazer registró que en Escocia existía la costumbre de hacer una figura con las últimas mieses de la cosecha, que probablemente representaba a la Cailleach.
«En la época de la recolección había una pugna por no ser el último en quedar segando y cuando existía la labranza en común se conocen ejemplos de quedar un lomo entre los surcos sin rapar (ninguna persona lo reclamaba), porque hubiera quedado el último. Lo que se tenía en cuenta era el temor de tener que alimentar hasta la próxima recolección el ‘hambre de la alquería’ (gort a bhaile) en la forma de una vieja imaginaria (Cailleach). Mucha emulación y chacotas se derivaban del miedo a, esta vieja. . . El primero que terminaba hacía un muñeco con algunas hojas de maíz que se llamaba la ‘esposa vieja’ y lo enviaba a su vecino más próximo. Éste a su vez, lo pasaba a otro más expeditivamente todavía y así hasta que la última persona se quedaba con la ‘vieja’ todo el año”.»
Los fuegos de Samhain

Samhain es una fiesta del fuego. El encendido de fogatas funciona como una especie de magia imitativa o simpática que pretende devolverle al Sol la energía que le falta cuando más la necesita. Originalmente se encendía un “fuego de necesidad”, es decir, obtenido por medios naturales; además, se alimentaba con ciertas maderas muy señaladas, pero estas costumbres perdieron vigencia con el tiempo. El fuego también era utilizado para quemar las malas influencias y su humo se consideraba purificador y protector. A veces las ascuas eran llevadas alrededor de la casa y el ganado para limpiarlos de malos influencias, y las cenizas de la fogata también se consideraba un buen preventivo contra el mal. Para los siglos XVIII, XIX y principios del XX, la tradición de Samhain habría cambiado considerablemente, pero aún se encendían las hogueras acompañadas de otras costumbres locales. Frazer recoge lo que ocurría en Escocia:
«En los pueblos los muchachos iban por las casas pidiendo turba a cada vecino, usualmente con las palabras: “Denos turba para quemar las brujas”. Cuando habían reunido bastante turba, formaban un montón añadiéndole paja, retamas y otros materiales combustibles, y lo encendían. Después cada uno de los muchachos, uno tras otro, se tendían en el suelo lo más cerca posible del fuego sin quemarse y así tendido, dejaba eme el humo le envolviera. Los demás corrían por entre el humo y saltaban sobre su camarada tumbado. Cuando el montón se había consumido, esparcían las cenizas, compitiendo todos para ver quién esparciría más.»
(La Rama Dorada. Sir James George Frazer. Fondo de Cultura Económica 1981, 714.)
Según los textos más antiguos, como en otros festivales ígneos, en Samhain se apagaban todos los fuegos de Irlanda y se volvían a encender a partir de las llamas del fuego comunal, que según se cuenta se encontraba en Tlachtga.

No se puede hablar de Samhain sin hacer referencia a Tlachtga. Originalmente era la hija de Mug Ruith, un druida ciego —o algún tipo de dios solar— con tanto poder como misterio, pues aparece en las más extraordinarias historias: ya sea decapitando a San Juan Bautista o conduciendo una máquina voladora llamada roth rámach. Precisamente quien le ayudó a construir la máquina y le enseñó sus habilidades mágicas fue Simón el Mago, el personaje bíblico. Ahora bien, mientras Mug Ruith repasaba sus lecciones, Simón violaba a su hija Tlachtga, quien dio a luz a trillizos y murió durante el parto en la colina que desde entonces llevó su nombre. Tlachtga también era una druidesa terrible y sus hijos Doirb, Cumma y Muach, se convirtieron en los reyes de las provincias de Munster, Leinster y Connaught.

El escritor del siglo XVII Geoffrey Keating escribió sobre una importante tradición que tenía lugar en la colina de Tlachtga durante la víspera de Samhain:
«Ahora, cuando Tuathal reunió estas cuatro partes y las convirtió en un territorio llamado Meath, construyó allí cuatro fortalezas principales, es decir, una fortaleza en cada una de las partes. En consecuencia, construyó Tlachtgha en la parte de Munster que va con Meath; y fue allí donde se instituyó el Fuego de Tlachtgha, en el que tenían la costumbre de convocar y reunir a los druidas de Irlanda en la víspera de Samhain para ofrecer sacrificios a todos los dioses. Fue en ese fuego donde solían quemar a sus víctimas; y era obligatorio, bajo pena de multa, apagar los fuegos de Irlanda esa noche, y los hombres de Irlanda tenían prohibido encender fuegos excepto desde ese fuego; y por cada fuego que se encendía con él en Irlanda, el rey de Munster recibía un impuesto de una screaball o tres peniques, ya que la tierra en la que se encuentra Tlachtgha pertenece a la parte de Munster que se le dio a Meath.»
La colina mitológica de Tachtga se ha identificado con la colina de Ward, que se encuentra en el condado de Meath. En el lugar existen los restos de uno de los conocidos ringfort o fortalezas circulares de la Edad del Hierro. La colina de Tara también tiene este tipo de construcciones, además de varias tumbas; de hecho, al parecer fue costumbre en distintas etapas reutilizar las colinas con viejas estructuras funerarias para establecer nuevos asentamientos y lugares de reunión.
Otras costumbres de Samhain
Existen muchas costumbres de Samhain, algunas más y otras menos populares. Algunas de las menos conocidas las puedes consultar aquí:
En Samhain las fronteras entre los mundos se desdibujan y tanto los espíritus de los muertos como las hadas e incluso los viejos dioses paganos se encontrarían más cerca de nosotros. En Irlanda los llaman aos sí o aes sídhe, la “gente de los montículos”. Un viejo cuento irlandés dice:
«…porque los montículos de hadas de Irlanda siempre estaban abiertos en torno a Hallowe’en; porque en Hallowe’en nada podría esconderse en los montículos de las hadas.»
En esta fecha los seres invisibles necesitaban ser apaciguados u honrados con ofrendas, por eso se les dejaba comida fuera de la casa o una parte de la cosecha en el campo. En algún momento las personas comenzaron a disfrazarse y a visitar las casas reclamando la comida de los espíritus, sobre todo niños y mendigos. Durante la Edad Media, en Irlanda y Gran Bretaña se horneaban ‘pasteles de almas’ con la señal de la cruz, que se entregaban como limosna.

John Duncan, 1911
Los rostros enmascarados, velados, pintados o ennegrecidos con las cenizas de la hoguera, podían servir para imitar a los espíritus, pero también para protegerse de ellos. Las procesiones a veces incluían lo que los folcloristas llaman un ‘hobby horse‘, es decir, una persona disfrazada con una tela blanca hasta el suelo y una calavera de caballo en una estaca. Se denomina Láir Bhán (“yegua blanca”) y no existen referencias a ello en la Edad Media tardía, por lo que parece ser un producto de la moda de los siglos XVI y XVII. Sus paralelos en otros países están vinculados a actividades de fin de año. Los actores de estas escenas costumbristas eran conocidos como mummers o guisers, que además de cantar las canciones tradicionales, solían hacer todo tipo de travesuras.

La forma tradicional de alumbrarse por los caminos, y tal vez de decorar las viviendas, era con nabos o remolachas ahuecados para actuar como linternas y a menudo tallados con caras grotescas. En la actualidad se conocen como jack-o’lantern por una famosa leyenda irlandesa y se fabrican con calabaza. Existen muchas especulaciones sobre los orígenes de esta práctica, como la que sugiere que los vegetales tallados sustituyeron las cabezas cortadas que los antiguos celtas exhibían en los cruces de caminos; pero más comúnmente se cree que estos adornos sirven para espantar a los espíritus que rondan durante la noche de Samhain. Sin embargo, lo cierto es que la talla de vegetales parece ser una costumbre extendida por toda Europa y que solo tardíamente se volvió casi exclusiva del Halloween.

Frazer cree que la gran cantidad de juegos y métodos de adivinación que se ponen en práctica durante el Samhain, son otra prueba de su condición de Año Nuevo celta:
«Otra confirmación de la hipótesis según la cual los celtas fechaban el año a partir del 1° de noviembre constituyen las múltiples formas de adivinación a que recurrían corrientemente los pueblos celtas en la víspera de Todos los Santos, para averiguar su sino, especialmente su fortuna en el año entrante; pues ¿cuándo poner en práctica mejor estos medios de otear el futuro que al comienzo del año? Como época de presagios y augurios, creemos que la víspera de Todos los Santos sobrepasó con mucho a Beltane en la imaginación celta, por lo que podemos deducir con alguna probabilidad que computaban su año desde entonces mejor que desde Beltane.»
Ahora bien, estas costumbres que he mencionado fueron registradas de forma bastante tardía, sobre todo en los siglos XVIII y XIX. No hay indicios de que existieran durante los primeros siglos de la tradición de Samhain.
Samhain y Halloween

Al parecer, la idea de la iglesia católica de dedicar un día a «todos los mártires» es muy antigua En 609, el Papa Bonifacio IV aprobó el 13 de mayo con ese propósito —y para suplantar la Lemuralia, fiesta pagana de los muertos en Roma—, pero en algún momento algunas iglesias de Europa comenzaron a celebrarlo el 1 de noviembre, probablemente por iniciativa de algún clérigo deseoso de combatir las tradiciones paganas de ese día. El hecho es que en 835, a instancias del Papa Gregorio IV, el 1 de noviembre fue adoptado oficialmente en el Imperio carolingio. Más tarde, en el siglo XI, el 2 de noviembre se estableció como el Día de los Difuntos. Esto creó la observancia de tres días conocida como Allhallowtide: All Hallows ‘Eve (31 de octubre), All Hallows’ Day (1 de noviembre) y All Souls ‘Day (2 de noviembre). Halloween o Hallowe’en es la versión moderna del primero de esos tres días.
En 1840 la festividad llegó a Estados Unidos y Canadá de la mano de inmigrantes irlandeses, pero no fue hasta 1921 que comenzó a celebrarse masivamente. Ese año se celebró el primer desfile de Halloween en Minnesota y luego le siguieron otros estados. La fiesta adquirió una progresiva popularidad en las siguientes décadas.
La internacionalización de Halloween se produjo a finales de los años 1970 y principios de los 1980 gracias al cine y a las series de televisión. En 1979, se estrenaba en Estados Unidos y en el mundo entero Halloween, de John Carpenter; una película ambientada en la víspera de Todos los Santos que supuso una referencia para el cine de terror de serie B; con innumerables secuelas e imitaciones.
En otros lugares de Europa, como la península ibérica, parecen haber sobrevivido de forma disimulada muchas costumbres de origen celta. Hay registros y huellas de la celebración de algo parecido al Halloween moderno mucho antes de que se popularizara. El gallego Rafael López Loureiro es el autor de polémicos estudios sobre el Samaín, la versión gallega de la fiesta, y el uso de calabazas talladas en España. En cualquier caso, sus esfuerzos han hecho posible que varias comunidades celebren la víspera de Todos los Santos con renovadas energías.
Samhain y Wicca

Otra forma bastante peculiar en la que el Samhain conservó o recuperó su aspecto más mágico y tradicional, es como parte de las fiestas rituales de varias religiones neopaganas como la Wicca, desarrollada en Inglaterra durante la primera mitad del siglo XX. Los wiccanos adoran a la Diosa Triple de la Luna y al Dios Astado del Sol, dos antiguos arquetipos que se pueden reconocer en la mayoría de religiones. Precisamente durante el Samhain, conmemoran la muerte del dios y su viaje al Otro Mundo, mientras la diosa le llora, representando el eterno ciclo de muerte y renovación que ocurre en la naturaleza.
Muchos autores wiccanos escriben, en mi opinión, con demasiada ligereza y poca profundidad sobre el tema. Llaman a las ocho fiestas de su Rueda del Año, sabbats mayores y menores; Samhain es uno de los mayores. Así lo refiere Scot Cunnigham:
«Muchos practicantes comienzan su año con el Sambain (octubre 31). En esa noche ellos veneran a sus seres queridos y amigos que han pasado a la otra vida. Aún cuando en Wicca se acepta la reencarnación, éste no es un festival de pena y dolor pero sí un reconocimiento del inevitable destino de la vida. Muchos de los miembros de la Wicca marcan la muerte simbólica de dios en esa noche. El Samhain está asociado con la llegada del invierno y con los antiguos rituales de cacería.»
Samhain y Ásatrú
Ásatrú es la nueva tradición pagana del norte, inspirada en la cultura de los antiguos pueblos germanos. En esta tradición no existe Samhain, pero algunas ramas de la Wicca, como la Seax-Wica o Wicca sajona, sí emplean muchos de sus símbolos y dioses. Raymond Buckland, por ejemplo, en su Libro de la Brujería Sajona, incluye la siguiente oración dentro de la liturgia recomendada para Samhain: “Así como la Diosa-Verano va a concluir/Así comienzan los meses oscuros del Dios-Invierno. Toda alabanza sea para Freya, y para Woden su Consorte.“
No obstante, los paganos de tradición nórdica tienen sus propias costumbres para este día. El primer intento de proporcionar una versión germánica de la Rueda del Año de la Wicca lo hizo el norteamericano Stephen McNallen, fundador de Asatru Folk Assembly, en documentos publicados entre 1975 y 1976. McNallen hizo coincidir Samhain con su Winter Nights o Vetrnætr, uno de los tres sacrificios que se mencionan en la Saga de los Ynglings:
«Se debían realizar sacrificios por un año próspero hacia el invierno, a mitad del invierno se debía sacrificar por la fertilidad, y el tercero, en verano, era el sacrificio por la victoria.»
Que hacen referencia a las llamadas celebraciones mayores:
- Vetrnætr (octubre/otoño-invierno)
- Yule (diciembre/invierno)
- Sigrblot (marzo/primavera-verano)
Al parecer, las Noches de Invierno también eran tres, como los días de Allhallowtide, e incluían ritos de paso del otoño al invierno. Entre estos ritos se encontraban los famosos álfablóts, o blóts (“sacrificios”) a los elfos. A diferencia de los grandes blóts públicos, estos eran celebrados en las granjas y administrados principalmente por la señora del lugar. No se conocen detalles de la tradición porque estaban rodeados de un gran secretismo y los extraños no eran bienvenidos. Sin embargo, dado que los elfos eran poderes colectivos con una estrecha conexión con los antepasados y la fertilidad, es posible que el álfablót fuera una especie de culto a los antepasados y a la fuerza vital de la familia. También parece que el dios Odín estaba implícito y que el señor de la casa se llamaba Ölvir cuando administraba los ritos. El primer elemento de la palabra Ölvir significa “cerveza”, que nunca faltaba en los sacrificios paganos nórdicos en general.

Austrfararvísur es un poema escáldico del siglo XI compuesto por Sigvat Tordarson, un bardo de la corte del rey Olaf II de Noruega que fue enviado en misión diplomática con una delegación a la corte del rey Olof Skötkonung de Suecia. El poema narra en tono humorístico los contratiempos del viaje. Uno de ellos fue llegar a tierra justo cuando en las granjas de la región se celebraba lo que parece ser el álfablót.
«Decidí enrumbar hacia Hof; la puerta estaba cerrada, pero hice averiguaciones desde afuera. Resuelto, metí mi nariz jorobada. Recibí muy poca respuesta de la gente, pero dijeron [que el lugar era] santo y los paganos me echaron. Les pedí a los trolls que se encargaran de ellos.
»”No entres más, desgraciado”, dijo la mujer, “temo la ira de Óðinn; somos paganos”. Sin dudarlo, la desagradable mujer me echó como un lobo; dijo que estaban llevando a cabo un sacrificio para los elfos dentro de su granja.
»Ahora me han echado tres con el mismo nombre, ellos me han vuelto la espalda; de ninguna manera los hombres con espadas son dignos de alabanza. Sin embargo, lo que más temo es que todo marinero que se llame Ǫlvir ahuyentará a los extraños en lo sucesivo.»
Samhain en Cuba

La prensa cubana, tanto digital como impresa, sobre todo los foros virtuales donde los internautas pueden expresarse libremente, se vuelven epicentros de acalorados debates a finales de noviembre por causa de la tendencia creciente de nuestra juventud a celebrar Halloween. Mientras que unos lo apoyan y lo consideran inofensivo, otros lo tildan de peligrosamente extranjerizante; sin embargo, la mayoría parece coincidir en que de toda la tradición, el aspecto que más ha calado entre los nuestros es el de los disfraces, denotando el desconocimiento y la frivolidad de la práctica.
No obstante, de una forma o de otra, Samhain llegó para quedarse. Puede cambiar de nombre, pueden incluso condenarlo, pero su simbolismo, su significado, es el pretexto perfecto para que el hombre siga haciendo lo que mejor sabe, imaginar; que es, a la larga, seguir creando. Por eso cuando hace unos años mis alumnos de primaria llegaron al aula hablando de Halloween, no me asusté, sino que me pareció el momento ideal para hablarles de los celtas, pero también de Samuel Feijoo y de la mitología cubana. Muchos se espantan con razón de que tradiciones foráneas puedan suplantar a las autóctonas, pero es que la penetración cultural solo se combate con más cultura: cuando San Patricio derribaba los ídolos celtas, más terrible que la violencia de la destrucción física era la supremacía de su cultura sustentada en la fe de sus seguidores. En Cuba quizá debemos revertir el proceso y no temerle a la magnificencia y colorido innegable de una tradición como Halloween, sino enfrentarla con conocimiento de causa porque ya sabíamos que existía, porque quizá ya estaba aquí desde hace tiempo y porque tenemos suficientes monstruos como para hacer nuestro propio desfile de miedo.
