Los misioneros cristianos vieron a los eslavos bañarse con vehemencia en los ríos, así que les fue fácil confundirlos hablándoles de Ivan Kupala, la traducción rusa de San Juan Bautista, quien utilizó la inmersión para sacramentar al propio Jesucristo. Pero lo cierto es que en Polonia, Rusia, Bielorrusia y Ucrania la gente llevaba siglos haciendo esta fiesta del agua. Hoy día la siguen celebrando, frecuentemente el 7 de julio del calendario gregoriano, que para ellos, que se rigen por el calendario del cristianismo ortodoxo (calendario Juliano), es 24 de junio. Como sea, es una más de las muchas formas en que los europeos recuerdan, casi sin querer, una vieja tradición de cuando el hombre entendía la naturaleza de un modo más instintivo, menos dependiente de la tecnología. La noche de Ivan Kupala está relacionada con el solsticio de verano y la noche de San Juan.

Está claro que la fiesta precristiana era propia de una población sedentaria y agrícola que observaba y por lo tanto sabía la importancia de los cambios estacionales. Ahora bien, lo que no queda claro es el origen del nombre. Existen demasiadas teorías, unas aseguran que existió un dios llamado Kupalo, al que se le rendía culto ese día; otros creen que solo se trata del verbo kupat’sia, ‘bañarse’, malinterpretado a partir del nombre de una fiesta popular.

El nombre antiguo de la fiesta sería Kupalie y Kupalo sería el dios de la alegría y la tierra fructificada, también simbolizaría la unión del fuego y el agua porque la palabra proviene de la misma raíz que “vkupe” y significa “unión”. Si ignoramos a los que piensan que Kupalo es un dios inventado, y confiamos en lo que dice la Enciclopedia de mitos y leyendas rusos y eslavos de Mike Dixon-Kennedy, se trata de un aspecto o avatar de una deidad cuádruple: Yarilo, Kostromo o Kostrubonko, Lado y Kupalo. De los tres últimos sólo hay registros en fiestas y canciones populares, pero ni un solo indicio de su adoración como dioses.
Resulta difícil apoyarse en la mitología porque la eslava desapareció como tal, se redujo a cuentos y canciones populares que conservan poco o nada de un posible paganismo primitivo. Sin embargo, el mito de Yarilo ha sido concienzudamente estudiado y restaurado por los científicos croatas Radoslav Katičić y Vítomir Belaj.

Yarilo está asociado a la luna y Morana al sol. Ambos son hijos de Perún, nacidos la noche de Año Nuevo. Sin embargo, esa misma noche Yarilo es raptado de su cuna y llevado al submundo, donde Veles lo educa como si fuera suyo. En la festividad de primavera de Yare/Yurievo/Yarilki, llena de simbología sexual y erótica, Yarilo regresa del mundo de los muertos (atravesando el mar) para traer al mundo de los vivos la primavera desde el submundo eternamente verde. Se le representaba como un joven y fogoso varón montado sobre un caballo blanco con una corona de flores en la cabeza, portando en la mano derecha un haz de trigo y en la izquierda una imitación de cabeza humana, símbolo de la muerte. El jinete recorría los campos de mies para favorecer una buena cosecha. Encuentra a su hermana Morana y la corteja, celebrándose a principios de verano su divino enlace en la fiesta de Ivan Kupala. Esta unión sagrada entre hermanos, hijos del dios supremo, trae la fertilidad y la abundancia a la tierra, asegurando una gran cosecha. Asimismo, dado que Yarilo es hijo (hijastro, más bien) de Veles y que su esposa es hija de Perun, su matrimonio trae la paz entre los dos grandes dioses. En otras palabras, así se aseguraban de que no hubiera tormenta que pudiera dañar la cosecha.
Sin embargo, tras la cosecha, Yarilo le es infiel a su esposa y ella en venganza lo mata (lo devuelve al submundo), renovando la enemistad entre Perun y Veles. Sin su marido, dios de la fertilidad y las plantas, Morana y toda la naturaleza junto con ella se marchita y se hiela ante el invierno que se avecina, convirtiéndose en la terrible, vieja y peligrosa diosa de la oscuridad y del frío, muriendo finalmente al finalizar el año. El mito se repetía por entero cada año y los cantos de sus partes principales acompañaban las fiestas más importantes del calendario eslavo. Este cuento muestra también numerosos paralelismos con las mitologías báltica e hitita.

El mito de Yarilo y Morana, con sus respectivas variantes lingüísticas en los nombres, debió ser el precursor de los ritos que existieron en algún momento y de las fiestas que se celebran a día de hoy. Sólo así todos los elementos desperdigados relacionados con una pareja de hermanos/novios cobran sentido. Por ejemplo, Kostromo, Lado y Kupalo, y sus contrapartes femeninas/hermanas/esposas (Kostroma, Lada y Kupala) aparecen indistintamente en las canciones y las fiestas populares por la misma fecha y siempre es importante el concepto de la unión de los opuestos, el fuego y el agua, la luz y la oscuridad… De acuerdo a ciertas fuentes históricas, la fiesta de Kupala se celebraba en forma similar a una gran boda, seguida por una orgía general.
Ciertamente el cristianismo intentó ahogar el pasado pagano de estos países en sus propias aguas y a manos de San Juan Bautista, aprovechando la semejanza entre los baños rituales y el bautismo por inmersión, pero Kupalo, Yarilo o como quiera que se llamara, no se dio por vencido.
Tradiciones viejas y nuevas
Las tradiciones de la noche de Ivan Kupala que conocemos se diferencian poco de las demás fiestas estivales: el fuego, el agua y las yerbas mágicas se roban el show.
«En la víspera de San Juan (solsticio estival) hacen la figura de Kupalo de paja, y “la visten con ropas femeninas, una gargantilla o collar y una corona floral. Después derriban un árbol que decoran con cintas y le hincan erguido en algún lugar a propósito. Cerca de este árbol, al que dan el nombre de Marena [invierno o muerte], colocan la figura de paja y a su lado también una mesa en la que hay viandas y aguardientes. Encienden una hoguera y los jóvenes y doncellas saltan en parejas sobre el fuego, llevando con ellos al muñeco de paja. Al día siguiente quitan sus adornos al árbol y a la figura y tiran a los dos al río”. El día de San Pedro, 29 de junio, o en el siguiente domingo, celebran en Rusia el “funeral de Kostroma” o de Lada o de Yarilo.»
Estas muertes rituales, Frazer las interpreta como la muerte de un espíritu vegetal, el mismo que se quema o se quemaba en las hogueras de Litha o noche de San Juan en otros lugares de Europa. El fuego y el agua suelen ser las herramientas de la muerte «…en la víspera de San Juan, los mozos y mozas saltan en parejas sobre una hoguera llevando en sus brazos una efigie de Kupalo hecha de paja. En otras partes de Rusia queman o tiran al río la efigie de Kupalo en la noche de San Juan…». El fuego y el agua tienen sus propiedades purificadoras exacerbadas esta noche. Las madres echan al fuego las ropas de los niños enfermos para que se queme con ellas la enfermedad.


Pero es frecuente que estos fuegos no se encuentren lejos del agua. Para esta fecha, la temperatura de las fuentes y los ríos es perfecta para bañarse, y los eslavos siempre lo han sabido. Los baños, además de ser purificadores, servían para atraer la lluvia. Es posible que se creyera que los demonios y criaturas maléficas del agua habría salido de ella para hacer sus travesuras, y por ello la gente aprovechaba para nadar sin miedo. El ritual era tan importante que, si al lado del pueblo no había agua abierta, la gente calentaba banyas (“saunas”) en las que lavaban el cuerpo limpiándolo de influencias negativas. Por otra parte, se evita dormir en toda la noche para no ser secuestrados por Vodianoy, el genio superior de las aguas, y las rusalkas, espíritus femeninos encantadores y traviesos. Algunos piensan que, de hecho, en la antigüedad se prohibían los baños por temor al Vodianoy, que ese día celebraba su cumpleaños y ahogaba a los atrevidos.

Siempre se ha creído que las hierbas que se recogen durante la noche de Iván Kupala tienen una fuerza superior. Se usaban tanto para curar enfermedades, como para practicar encantamientos. Además, se empleaban para asustar a las fuerzas malignas y durante las tormentas las arrojaban a las estufas encendidas para proteger la casa de rayos y granizos. Una de las tradiciones de las jóvenes solteras era recoger hojas de llantén durante la fiesta y ponerlas debajo de la almohada para poder ver a su futuro esposo en sueños. Igualmente, debajo de la almohada se colocaba un ramito de doce hierbas y flores de especies diferentes para tener felicidad, salud y amor.

La mañana de la gran fiesta hay que buscar la planuke-trava (“hierba de las lágrimas”), cuya raíz doma a los espíritus impuros. Durante el día se recoge la razria-trava (“hierba que quiebra”), que tiene la mágica propiedad de quebrar el hierro, el oro, la plata y el cobre, reduciéndolos a láminas o trocitos pequeños por simple contacto. Otra hierba que carece de nombre, tiene otro poder misterioso: el hombre que la lleva con él adivina el pensamiento de los demás. Pero la verdadera hierba sagrada de Kupala es el helecho, que según las leyendas no da más que una flor al año, y ello durante esta mágica noche. De esta flor se dice que tiene un poder ilimitado. Ante quien tiene la suerte de hallarla se inclinan los mismos reyes, puede dominar a los demonios, saber dónde están los tesoros y tener acceso a todas partes. Pero la planta es celosamente guardada por los espíritus del bosque. Para conseguirla es preciso adentrarse en la foresta antes de la medianoche, que es cuando hace su aparición. El botón madura en unos instantes y a la hora indicada se rompe con estrépito convirtiéndose en una flor de fuego, tan brillante que los ojos no pueden soportar su resplandor. Es preciso protegerse de los espíritus, tal vez trazando un círculo mágico y no saliendo de él por muchas cosas extrañas que se vean. Una vez obtenida todo volverá a la normalidad y se comprenderá el misterioso lenguaje de los árboles.

El helecho es el protagonista indiscutible y una de las mayores atracciones para los jóvenes entusiasmados, así que miles de ellos invaden parques, jardines, prados y bosques en su búsqueda. La verdad es que los helechos nunca florecen, se reproducen por esporas, pero el sueño de encontrar la flor maravillosa continúa. Se trata sin duda de un ritual de fertilidad, un pretexto para que muchachos y muchachas se conozcan y traben relaciones. Nueve meses después de la noche de Ivan Kupala, en marzo, solía darse un gran baby boom en toda Rusia.
Podría decirse que la tradición que corona al resto es en la que se combinan los tres elementos: fuego, agua y hierbas. Las chicas solteras se esconden de los ojos ajenos y depositan candelas encendidas en coronas de flores que han hecho a mano. Luego, dejan flotar las coronas en la corriente del río con la intención de adivinar su suerte. Si la guirnalda tarda poco en hundirse, predice desgracia y mala suerte, soltería, traición o enfermedad. Pero la joven cuya candela permanezca encendida más tiempo, será más longeva. Y aquella, cuya corona logre viajar más lejos por el río, será muy feliz en su matrimonio. Mientras tanto, los muchachos intentan recoger las coronas corriente abajo.

Hoy en día Ivan Kupala es un imán para el turismo y muchas personas que lo celebran no tienen una idea exacta de lo que significa, en internet las explicaciones son cada vez más extrañas e incoherentes. Son los movimientos neopaganos los que, para bien o para mal, y ante el deteriorado estado de la mitología eslava, intentan devolver a estas fiestas y a estos dioses su antiguo estatus de sagrados.
