El origen común de las brujas y los hombres lobo

Hace algún tiempo escribí sobre gandr, un tipo de magia nórdica antigua de la que no hay mucho en concreto, solo especulaciones. Mi conclusión fue que se trata del vestigio de un chamanismo mucho más antiguo y que está relacionado con espíritus ayudantes, casi siempre animales que se pueden enviar para realizar tareas. Además, el mago o la bruja pueden viajar empleando gandr, a veces se transforman ellos mismos o simplemente “cabalgan” encima del animal que han invocado. En resumen, cabalgar es un acto de magia que se ha mantenido hasta hoy en el pensamiento mágico, mítico y religioso de nuestra civilización.

Así lo explica Claude Lecouteux, en su libro Hadas Brujas Y Hombres Lobo En La Edad Media (1988):

«Para designar a la maga, el normánico emplea diferentes vocablos, entre ellos túnri∂a y völva. El primero significa «la que cabalga el seto» o bien «la que cabalga en el prado cercado», lugar sagrado en el que los antiguos escandinavos celebraban su culto; el segundo está formado con völr, «bastón». Desde la alta Antigüedad, el bastón —völr, stafr o gandr— es necesario para las prácticas mágicas (sei∂r), y puede verse en él, sin riesgo de error, el antepasado de la varita mágica de las hadas. Los magos y las magas —no empleamos el término brujo/a porque tan sólo se aplica a la magia negra y maléfica— envían este bastón a ejecutar las operaciones deseadas y lo utilizan para desplazarse, o incluso toman su forma, por eso la transferencia mágica se expresa con el término gandrei∂, «la cabalgada del gan∂r» o «en el gan∂r». Pero sepamos que gan∂r también puede designar un espíritu del mismo tipo que los espíritus auxiliares de los chamanes. Estamos tentados de ver en este bastón un homólogo del Kerukeion de Hermes, de la varita de Circe y del tirso de Baco…»

Obviamente, si responsabilizamos de todo al chamanismo primitivo, que es una práctica con métodos y funciones muy específicas, debemos entender que este “cabalgar” originalmente se refiere a cierta posesión espiritual o estado de trance típico del chamán. A medida que el pensamiento civilizatorio se desarrollaba, este concepto, simple y abstracto, comenzó a dejar de tener sentido. Tal vez por eso cuando leemos las sagas o los conjuros medievales, estos pasajes nos resultan tan oscuros, sencillamente porque sus propios autores ya estaban muy lejos de las concepciones originales y no las entendían del todo.

Ilustración del siglo XVII que representa las fases del trance de un noaidi o chamán sami (lapón). A la izquierda se prepara tocando su tambor, a la derecha comienza el viaje extático con ayuda de su espíritu guardián.

Por otro lado, los espíritus auxiliares de los chamanes llegaron a confundirse posteriormente con los elementos del alma triple, es decir, «Visitado (hugr), habitado (hamr) o acompañado (fylgja)». De aquí proviene, entonces, el concepto del doble físico o espiritual. En las prácticas mágicas herederas del chamanismo, es el Doble o alter ego de la persona el que se transforma en animal y hace largos viajes mientras el cuerpo real cae en una especie de sueño cataléptico; de hecho, estaba prohibido mirar o hablar a un cuerpo en ese estado, de ahí que, en las sagas, los magos fineses contratados para estos servicios, exijan que se les deje solos en una habitación.

«Ahora, debemos encerrarnos totalmente solos en una casa y que nadie pronuncie nuestro nombre»

— Saga Vatnsdœla. Cap. 12
Fylgja. Ilustración de Cliff Nielsen

El pasado de los elementos del alma como espíritus independientes queda demostrado precisamente por su nivel de independencia. Así lo explica Lecouteux al mismo tiempo que se refiere a las personas nacidas con cofia, es decir con la membrana amniótica alrededor de la cabeza:

«…hamr no sólo designa el Doble, sino también el amnios, la membrana placentaria que envuelve al feto y tiene su forma. Del que nace con cofia se puede considerar que tiene un alter ego particularmente poderoso, que le está muy unido puesto que acompaña al individuo desde el momento de nacer. Así pues, ese otro yo será más activo en una de esas personas, predestinadas, por decirlo así. Si bien todo el mundo tiene un Doble/hamr, algunos son capaces de dominarlo y utilizarlo, y otros no pueden, puesto que posee vida propia y su independencia, conviene hacer hincapié en ello, se manifiesta durante el sueño o el trance, ya sean éstos espontáneos o inducidos mediante danzas, encantamientos, etc.»

La magia o la brujería tradicional europea, que comenzó a definirse durante la Edad Media bajo el paraguas de la religión cristiana, ignoró toda la lógica interna del folclore anterior. Por eso, por ejemplo, aunque en las actas de los juicios realizados a supuestos hombres-lobos, estos siempre mencionan un “cambio de piel” y “unas ropas guardadas”, la imagen que nos ha llegado es la de la transformación física más vulgar. Es decir, el pensamiento cristiano occidental, con su concepción de un cuerpo y un alma indisolubles, obvió el hecho de que la magia NO actúa sobre el cuerpo real, sino sobre su Doble o alter ego espiritual. Lecouteux demuestra que la ropa escondida es, en realidad, un símbolo del cuerpo dormido, cataléptico; y, por ende, el lobo es el alter ego en libertad. Por ese lado, las antiguas sagas islandesas suelen ser mucho más claras.

El concepto de “cabalgar”

En el mundo nórdico, el trance chamánico original se convirtió en un sueño clarividente y cuasi profético. La función fundamental del chamán de visitar los mundos superior e inferior para llevar o traer las almas, parece haber desaparecido. Son más importantes sus habilidades para encontrar objetos perdidos, espiar y hacer daño a los enemigos lejanos.

Poco a poco, primero en las sagas y después en los cuentos populares, comenzaron a darse los dos fenómenos: algunos personajes hacen el gandreið, viaje o cabalgata en sueños, de forma espiritual; otros realmente cabalgan sobre animales, casi siempre un lobo, incluso sobre otras personas.

En la Saga Fóstbrœðra o Saga de los hermanos jurados, que relata acontecimientos del siglo XI. Bódvar dirige a su madre Thordis estas palabras: «Has tenido un sueño agitado, madre, ¿se te ha aparecido algo?». A lo que ella responde: «Esta noche he dado una cabalgada de bruja por muchos lugares, y me he enterado con exactitud de cosas que antes ignoraba».

En el capítulo dieciséis de la Saga Eyrbyggja o Saga de los habitantes de Eyrr se cuenta que:

«Gunnlaugr no volvió a casa esa noche y se habló de buscarlo, pero no se hizo nada de eso. Durante la noche, Þorbjorn se asomó y vio a su hijo Gunnlaugr junto a la puerta; yacía allí y estaba inconsciente. Luego lo llevaron adentro y le quitaron la ropa. Tenía arañazos en todos los hombros y la carne había sido desgarrada hasta el hueso. Sus heridas lo mantuvieron en cama por el resto del invierno y se habló mucho de su enfermedad. Entonces Oddr Kotluson dijo que Geirríðr debía haberlo montado, porque esa noche se había separado muy bruscamente de ella, y la mayoría de la gente estuvo de acuerdo en que era eso lo que debía haber sucedido.»

Hyrrokkin, por un artista desconocido

De las Eddas siempre se toma el ejemplo de Hyrrokkin, la giganta que llegó al funeral de Balder montada en un lobo y de un topetazo echó el barco funerario al agua. Evidentemente esto tiene un simbolismo chamánico. Los estudiosos, como Neil Price, han analizado ciertos términos como kaldriða (“jinete del frío”), praðriða (“jinete del hilo”), kveldriða (“jinete nocturno”), trollriða (“jinete de magia”), myrkriða (“jinete de la oscuridad”), munnriða (“jinete de la boca”). Algunos son nombres de gigantas, es decir, brujas; otros aparecen en el contexto de acusaciones y castigos por practicar este tipo de hechicería. En la Saga Eyrbyggja, que vimos antes, la hechicera Katla es ejecutada cuando confiesa haber sido quien ‘montó’ a Gunnlaugr. Existe, además, otro término que arroja mucha luz sobre la que debió ser la naturaleza original de estos “jinetes”. Se trata de túnriður, que aparece en la estrofa 155 de Havamal. Generalmente se traduce como bruja, pero evidentemente el concepto es más complejo:

El décimo sé, si túnriður veo
que arriba están por los aires:
de manera yo hago que locas huyen
y no dan con sus cuerpos
y no dan con sus mentes.

Resulta claro que otra vez se trata del Doble, del alter ego haciendo de las suyas. Cuando las brujas “cabalgan”, no lo hacen ellas, sino sus Dobles.

Ahora bien, con frecuencia la cabalgadura es un lobo. De hecho, varios kenningar traducen gandr como lobo: hallar gandr (“lobo de la sala”) para referirse al fuego, selju gandr (“lobo del sauce”) y storðar gandr (“lobo del matorral”), ambos para referirse al viento. El lobo y la serpiente suelen ser los animales cuya apariencia adopta el espíritu ayudante de la bruja, que es una parte de su propio espíritu si lo consideramos como su hamr: Hyrrokin utiliza serpientes como bridas para manejar al lobo.

El hecho es que la bruja y el lobo estuvieron juntos durante mucho tiempo, incluso cuando su relación ya no se entendía.

Y empezaron los juicios

A finales de la Edad Media, en países de Centro Europa coincidieron elementos de varias épocas y lugares.

  • Por un lado, la imagen de la bruja nórdica que cabalgaba o volaba en varas, animales o personas, y enviaba espíritus / lobos para hacer el mal. En 1407, en Suiza, se registró el siguiente hechizo en un juicio por brujería: «Miro hacia ti y envío hacia ti nueve hombres lobo, tres para morderte, tres para cortarte, tres para lamer y chupar la sangre de tu corazón.»
  • Por otro lado, en países bálticos y eslavos como la Livonia medieval (hoy Estonia y Letonia) al parecer sobrevivió una especie de culto a la fertilidad en comunidades campesinas con un fuerte componente chamánico. Entre ellos se encuentran los călușari de Rumania, los kresnik de Eslovenia y Croacia, los zduhać de Serbia, los hombres dragón de Bulgaria y Macedonia; pero sin duda los más famosos son los Benandantis del Friuli italiano. Estas comunidades de personas creían firmemente que ciertos días del año podían abandonar sus cuerpos y participar en sendas batallas contra brujos y brujas perniciosas por el bien de sus cosechas. Los relatos son muy detallados y, aunque algunos estudiosos lo niegan, otros, como Mircea Eliade, gran estudioso del chamanismo, confirma que tienen muchos elementos de este. Un caso particular es el de los hombres lobo de Livonia o “perros de Dios”, muy bien ilustrado en las actas del juicio de Thiess de Kaltenbrun, quien aseguraba que se convertía en hombre lobo para viajar al infierno y recuperar las semillas que las brujas se habían robado y entregado al Diablo.
  • Por otro lado, la cultura clásica, que tenía sus propias brujas y hombres lobo y que había permeado desde hacía mucho el pensamiento europeo occidental. Un ejemplo de ello es la diosa Diana, Erodias, Abundia, combinada con personajes germanos como Holda y Perchta, que supuestamente participaban y dirigían las actividades sobrenaturales tanto de las brujas, como de los campesinos-guerreros sobrenaturales. De hecho, la presencia de esta diosa en los relatos es lo que hace desconfiar a los estudiosos sobre el origen chamánico ancestral de fenómenos como los Benandantis.
  • El cristianismo es otro elemento por derecho propio, pues ya contaba con sus infalibles dogmas, como las definiciones de Bien y Mal, Dios y Diablo, Cielo e Infierno, etc. Siglos atrás la Iglesia ya había combatido grandes herejías como la de los cátaros y definitivamente no había superado el trauma. Finalmente, después de los juicios de Valais, en la Suiza del siglo XV, la cacería de brujas quedó completamente sistematizada en Europa.
  • Por último, es necesario recordar que todos estos procesos y fenómenos se dieron de forma paralela e interrelacionada, además de que pueden haber influido todo tipo de otros elementos locales.
Grabado del siglo XVI sobre los benandantis italianos. Cuatro veces al año combatían simbólicamente contra las brujas, que con su granizo arruinaban las cosechas. Para ello entraban en un estado catatónico que los llevaba a imaginarse a sí mismos armados con tallos de hinojo y montados sobre gatos, chivos y caballos, o transformados en animales –generalmente, lobos– para batallar contra legiones de brujas, armadas con espadas de sorgo.

Todo lo anterior dio lugar a los llamados juicios combinados de brujas y hombres lobo, que comenzaron en Suiza a principios del siglo XV. Estos ejemplos los da Jorge Fondebrider en su libro Licantropía, historias de hombres lobo en occidente (2004):

«En 1407, por ejemplo, hubo unas vagas acusaciones de licantropía en un juicio que tuvo lugar en Basilea.

» En 1450, Else de Meerburg fue acusada de brujería y juzgada en Lucerna por cabalgar sobre un lobo. También en 1494 y 1495 sendos juicios involucraron a presuntas hechiceras, vistas cuando cabalgaban sobre lobos, costumbre que aparentemente sólo habría existido entre las brujas suizo-alemanas.

» En 1580, una tal Guyetta Bugnon, de Val de Travers –uno de los valles del lado suizo del macizo de Jura–, confesó que, bajo la forma de loba, había secuestrado a dos niños para llevarlos al sabbat, donde fueron comidos.

» Diez años después, el 22 de junio de 1590, Michel Jacques, el llamado «hombre lobo de Val de Travers», confesó haberse transformado en lobo varias veces, luego de untarse con un ungüento que le había proporcionado el diablo. Según parece, no pudo comerse a ningún chico, aunque lo intentó repetidamente.»

No obstante, poco a poco la licantropía dejó de ser cosa de mujeres. En 1589 tuvo lugar uno de los juicios más espeluznantes de la historia, el de Peter Stumpp, “el hombre lobo de Colonia”. Así era el título de un panfleto alemán que llegó a Inglaterra y describía los hechos: “Un discurso verdadero que da cuenta de la deplorable vida y muerte de un tal Stubbe Peeter, el más perverso de los hechiceros, quien, bajo la apariencia de lobo, cometió muchos crímenes, continuando con su práctica diabólica por 25 años, matando y devorando a hombres, mujeres y niños; quien por los mismos hechos fue encarcelado y ejecutado el 31 de octubre pasado en la ciudad de Bedbur, cerca de la ciudad de Colonia, en Alemania”.

El panfleto contaba que: «El Diablo le dio un cinturón que, al ser puesto alrededor de su cintura, lo hacía verse semejante a un lobo ávido y carnicero, fuerte y poderoso, con grandes ojos, que en la noche refulgían como tizones; una boca grande y amplia, con los dientes más crueles y afilados; un cuerpo enorme y poderosas zarpas. Y apenas se sacaba el mismo cinturón, aparecía inmediatamente bajo su forma anterior, según las proporciones humanas, como si jamás hubiese cambiado.»

Finalmente «…fue condenado a que su cuerpo yaciera sobre una rueda y a que, con tenazas al rojo vivo, se le arrancara la piel de los huesos en diez lugares distintos; luego de eso, sus brazos y piernas le serían rotos con un hacha de madera, después de lo cual le arrancarían la cabeza del cuerpo y quemarían el esqueleto hasta convertirlo en cenizas.» Su cabeza fue expuesta sobre una rueda con la figura de un lobo encima de una pica.

Grabado en madera sobre la ejecución de Peter Stumpp en 1589

También es cierto que desde el siglo XIV al XIX, Europa sufrió lo que los científicos llaman Pequeña Edad de Hielo con tres períodos particularmente fríos, uno de ellos durante casi todo el siglo XVII (el Mínimo de Maunder). Durante ese tiempo hubo un incremento atestiguado de los ataques de lobos a seres humanos, motivados por la escasez de alimento en sus hábitats naturales. No es casual entonces que en toda la zona de habla alemana se volviesen tan populares los Wolfssegen, un tipo de encantamiento contra los lobos, opuesto a los malvados Wolfbann, que servían para atraerlos. Muchos vendedores de estos segen (encantamientos) eran estafadores y no pocos terminaron siendo juzgados por brujería y/o licantropía.

Ahora bien, los casos en los que los licántropos utilizan ungüentos y cinturones, sobre todo cuando realizan su “metamorfosis” de forma desinhibida delante de otras personas, no son los que más nos interesan, pues han perdido su nexo con la brujería chamánica. Uno de los lugares donde el fenómeno conservó por más tiempos sus características originales fue en Livonia. En 1555 Olaus Magnus publicó su Historia de gentibus septentrionalibus. Nótese en el siguiente fragmento la conducta del hombre lobo a la hora de cambiar de aspecto:

«No hallaron casa alguna donde pudieran alojarse esa noche y además estaban muertos de hambre. Entonces, uno de los campesinos dijo que, si todos eran capaces de guardar en secreto lo que él podía hacer, les traería una oveja de un rebaño distante.

» Inmediatamente, se retiró a las profundidades del bosque y cambió su forma por la de un lobo; cayó sobre un rebaño y les trajo una oveja en la boca a sus compañeros. Estos la recibieron con gratitud. Luego, se retiró otra vez a los matorrales y se transformó nuevamente, volviendo a su forma humana.»

En esta y en muchas otras historias, el campesino se esconde porque su “ropa” es tabú, del mismo modo que en las sagas islandesas al cuerpo en trance no se le debía mirar ni dirigir la palabra. Durante el juicio de Thiess de Kaltenbrun, conocido como “el hombre lobo de Livonia”, este confiesa ser un licántropo y que le avergüenza que lo vean tomando la piel de lobo. Como ya he dicho, el caso de Thiess es el que mejor ilustra la naturaleza de los vilkacis. Puedes leer más sobre él AQUÍ.

La confesión de Thiess desorientó a los jueces, quienes, como era de rigor, creían que los hombres lobo eran criaturas del demonio. El anciano, sin embargo, desmintió tal punto de vista, afirmando que, en realidad, los hombres lobo eran los «sabuesos de Dios», que ayudaban a la humanidad, impidiendo que el diablo se llevase consigo la abundancia de la tierra. Una y otra vez Thiess negó haber realizado pacto alguno con el demonio. No obstante, se negó a hablar con el sacerdote que le enviaron, sosteniendo que él era mejor servidor de Dios que todos los religiosos que pudieran enviarle. Entre otras cosas reveló que había recibido su piel de lobo de un tal Alüksne, quien, a su vez, la había obtenido en Riga; que para hacer que otro se convirtiese en hombre lobo le bastaba con soplar una copa de cerveza diciendo: Lai tev notiek kä man («Que te ocurra como a mí»). En la acción de soplar o escupir, como también ocurre en las sagas nórdicas, podemos ver el acto simbólico de expulsar el espíritu, el alter ego, el Doble de la persona.

La brida de bruja

Como se ve, eventualmente la bruja y el hombre lobo se separaron. No obstante, la bruja conservó su capacidad de cabalgar, no solo sobre un palo de escoba. La lógica del pensamiento popular llegó a inducir que las brujas podían cabalgar sobre cualquier cosa, y para ello le crearon una herramienta adicional: la brida de bruja, muy conocida en Islandia e Inglaterra. Así describe la práctica Jacqueline Simpson en su libro Icelandic Folktales and Legends (1972), traduciendo del islandés a Jón Árnason (1819-1888).

«Quien quiera poder cabalgar por el aire y por el agua debe tener una brida de bruja. Para hacerla, uno debe desenterrar un cadáver enterrado con lágrimas y arrancar una tira de piel de toda la longitud de la columna vertebral; esto serán las riendas. A continuación, hay que despellejar el cuero cabelludo del muerto y utilizarlo para la cabeza de la brida; los huesos hioides se utilizarán como bocado y los huesos de la cadera como carrilleras. También es necesario cantar hechizos sobre la brida, y luego estará lista; no falta más que ponerle las riendas a cualquier hombre o bestia, ganado o piedra, y se elevará por los aires con quien esté sentado sobre él y volará más veloz que el relámpago a donde quiera ir. En ese momento algunos hombres creerán escuchar un fuerte silbido en el aire, e incluso el traqueteo de la propia brida.»

Tomado de Galdraskræða Skugga, un grimorio islandés.
El que quiera cabalgar por los aires como una bruja, inscribirá este sello en el cráneo blanqueado de un caballo con dos tipos de sangre: del hombre mismo así como de un caballo, combinándolas en tercios, siendo dos partes la sangre del caballo, de debajo de la rana [cojín o almohadilla natural] de la pezuña de la pata delantera derecha, y la tercera parte de debajo del dedo gordo del pie izquierdo del hombre. El pentagrama debe ser dibujado con una pluma de pollo, y el que tenga una brida de bruja será entonces capaz de cabalgar a través del aire y el agua, dondequiera que le apetezca ir.

La tradición de la brida de bruja llegó incluso a Nueva Inglaterra y fue mencionada durante los juicios de brujas de Salem de 1692. La sirvienta Mary Warren afirmó que Martha Emerson «cabalgó a un hombre con una brida encantada». Bajo presión, Martha confesó que, efectivamente, había montado a su vecino Matthew Herriman. A su vez, Matthew confirmó que se había despertado una mañana de verano sintiéndose mal y como si hubiera tenido una brida en la boca toda la noche.

En este punto, las historias tienen poco del chamanismo original, pero podemos comprobar cómo funcionan las mentes de las comunidades humanas que tuvieron que enfrentarse a él.

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