Un vistazo al mundo gitano

Apenas he comenzado a leer sobre magia y mitología gitana o romaní y ya me siento hechizado. Por desgracia no he encontrado mucho en español; hay verdaderas maravillas en inglés, en alemán y en lenguas eslavas: cuentos oscuros y deliciosos como la piel de este pueblo que hunde sus raíces en el misterio.

Como suele ocurrir, no es recomendable buscar un único panteón o una cronología demasiado precisa que abarque desde la creación hasta el fin del mundo. Cada tribu gitana cuenta sus propias historias o las mismas, pero a su modo. Además, su mitología está impregnada hasta la médula de las otras religiones con las que ha tenido que convivir y, como esto es parte de su génesis, es una verdadera aberración intentar separarlas. Las tradiciones gitanas son la prueba viviente de que el cristianismo –que los neopaganos desprecian tanto– no debe ser tratado como un enemigo: aunque se encuentra estancado y corrompido en extremo por los peores vicios humanos, su esencia es la misma que la de cualquier otra religión o espiritualidad.

Grabado de 1552 de una familia gitana.

El origen del pueblo gitano es, hasta el día de hoy, un misterio. Generalmente se acepta que partieron de algún lugar entre la India y Pakistán, entre los siglos VI y XI, y su entrada en Europa se cuenta a partir del siglo XV. El resto son leyendas, algunas gitanas y otras de los pueblos que los conocieron. Es imposible saber demasiado sobre este asunto.

Algunas leyendas –como la que sigue a continuación– relacionan el origen del nomadismo gitano con la Biblia:

«Cuando Yeshua ben Miriam, que el mundo llamará Jesús, fue entregado a los carceleros romanos para ser crucificado, dos soldados romanos recibieron el encargo de procurarse cuatro sólidos clavos. Los soldados recibieron ochenta kreutzers para comprar clavos en casa de un herrero; pero se detuvieron en una taberna y se gastaron la mitad del dinero en beber el vino que los griegos vendían en Jerusalén… Luego se precipitaron tambaleándose fuera de la taberna, y al llegar a la casa del primer herrero que encontraron, le dijeron con voz recia para asustarle: “Necesitamos cuatro clavos gruesos fabricados ahora mismo para crucificar a Yeshua ben Miriam”. El herrero era un viejo judío, y saliendo tras de su fragua, repuso: “No forjaré clavos para crucificar a Yeshua ben Miriam…” Entonces, los soldados le traspasaron con su lama después de haberle prendido fuego a la barba.

»Un poco más lejos se hallaba el taller de otro herrero. Los soldados fueron allí y ordenaron: “Fabrícanos cuatro clavos gruesos y te daremos cuarenta kreutzers. Aterrorizado, el judío se dirigió a su fragua y empezó su trabajo. Uno de los soldados, deseoso de ayudarle, se inclinó hacia él y le dijo: “Que Sean buenos y sólidos, judío, porque al amanecer vamos a crucificar a Yeshua ben Miriam”. Cuando oyó pronunciar este nombre, el judío se quedó inmóvil, con la mano en alto sosteniendo el martillo. Y la voz del primer herrero que los soldados habían matado, musitó débilmente, sin aliento: “Aria, no fabriques los clavos; son para un hombre de nuestra raza, un hombre inocente.” Aria tiró el martillo al lado de la fragua y dijo: “No haré los clavos”. Los soldados también estaban asustados, porque habían oído la débil voz del hombre al que habían matado. Pero estaban furiosos y borrachos y atravesaron al herrero a lanzadas…

»Si los soldados no se hubieran gastado cuarenta kreutzers en beber, hubieran podido regresar a su campamento y explicar lo que había ocurrido, salvando así la vida de Yeshua ben Miriam. Pero les faltaban cuarenta kreutzers. Por esto salieron del recinto de Jerusalén. Se encontraron con un gitano que acababa de levantar su tienda e instalar su yunque. Los soldados le ordenaron que forjara cuatro gruesos clavos y depositaron ante él los cuarenta kreutzers. El gitano, ante todo se embolsó el dinero, y luego se dispuso a trabajar. Cuando el primer clavo estuvo forjado, los soldados lo metieron en una bolsa. Cuando el segundo estuvo terminado, lo metieron también en una bolsa. Hicieron lo mismo cuando el tercero estuvo a punto. Y cuando el gitano se disponía a forjar el cuarto clavo, uno de los soldados dijo: “Gracias, gitano. Con estos clavos vamos a crucificar a Yeshua ben Miriam.” Apenas había terminado de hablar, cuando las voces trémulas de los herreros asesinados suplicaron al gitano que no terminase de fabricar los clavos. Había anochecido. Los soldados, aterrorizados, huyeron antes de que el gitano terminara el cuarto clavo.

»El gitano, contento por haberse embolsado los cuarenta kreutzers antes de empezar su trabajo, terminó el cuarto clavo. Entonces aguardó a que el clavo se enfriara. Vertió agua sobre el hierro ardiente, pero el agua se evaporó y el hierro continuaba tan incandescente como cuando lo tenía puesto al fuego con sus pinzas. El gitano vertió más agua, pero el clavo permanecía ardiente como si fuera un cuerpo vivo y sangrante. Y la sangre hacia crepitar el fuego. Vertió más y más agua sobre el clavo: el agua se evaporaba y el clavo continuaba incandescente.

»En la oscuridad de la noche, una gran extensión del desierto quedaba iluminada por el fulgor del clavo. Aterrado, el gitano cargo su tienda sobre su asno y huyó. A medianoche, entre dos altas dunas de arena, el viajero solitario, rendido, montó de nuevo su tienda. Pero allí, a sus pies, brillaba el clavo que había forjado cerca de las puertas de Jerusalén. Como se hallaba cerca de un pozo, fue sacando agua toda la noche para apagar el fuego del clavo. Cuando hubo sacado la última gota, esparció arena sobre el hierro candente, pero el hierro no dejaba de brillar. Presa de pánico, el gitano huyó más lejos, adentrándose en el desierto.

»Cuando llegó cerca de un pueblo árabe, el herrero montó su tienda; pero el clavo incandescente le había seguido. Entonces ocurrió algo. Un árabe llegó y le pidió que le arreglase la llanta de una rueda. Rápidamente, el gitano cogió el clavo ardiendo y reparó la juntura de la llanta, y observó cómo se alejaba el árabe, y una vez éste hubo desaparecido, el gitano se fue sin atreverse a mirar detrás de él. Después de varios días de camino alcanzó la ciudad de Damasco, en donde instaló su fragua. Meses después, un hombre le llevó el arriaz de una espada para repararlo. El gitano encendió su fragua, y el puño de la espada se puso incandescente a causa del clavo que estaba dentro. El herrero lió su petate y huyó.

»Y el clavo aparecía siempre delante de las tiendas de los descendientes del hombre que forjó los clavos para crucificar a Yeshua ben Miriam. Y cuando aparece el clavo, los gitanos huyen. Es por esto por lo que siempre se desplazan. Y es por esto por lo que Yeshua ben Miriam fue crucificado tan sólo con tres clavos, y sus pies puestos el uno encima del otro atravesados por un solo clavo. El cuarto clavo anda errante de un extremo al otro del mundo.»

Gente romaní española por Yevgraf Sorokin, 1853

Se les ha dado muchos nombres: zíngaros, bohemios, calé. Hoy en día se procura llamarlos romaníes, o simplemente rom –que en su propia lengua significa “hombre”–, pero universalmente son conocidos como gitanos, es decir, egipcios. Ciertas historias aseguran que ellos mismo se presentaron de esa forma ante los reyes europeos medievales. La siguiente versión la recoge Jacques Collin de Plancy en su Diccionario Infernal de 1818.

«Los historiadores les han hecho venir (a los bohemios), basándose en simples conjeturas, de Asiría, de Cilicia, de Nubia, de Abisinia y de Caldea. Belon, incierto acerca de su origen, sostiene que, por lo menos, no eran egipcios, ya que encontró bohemios en El Cairo, donde se les consideraba como extranjeros al igual que en Europa. Lo más sencillo, pues, hubiera sido creer en la palabra de los propios bohemios, y decir con ellos que eran una raza de judíos que luego se mezclaron con vagabundos cristianos… Hacia la mitad del siglo XIV, Europa, y en particular Alemania y Francia, fue asolada por la peste. Se acusó a los judíos, se ignora por qué, de haber envenenado los pozos y las fuentes. Esta acusación provocó la ira pública contra ellos. Muchos judíos huyeron y se refugiaron en los bosques. Para estar más seguros, se reunieron y vivieron en enormes subterráneos. Se cree que fueron ellos quienes cavaron estas amplias cavernas que se encuentran todavía en Alemania y que los indígenas nunca se han molestado en explorar.

«Cincuenta años después, estos proscritos o sus descendientes, teniendo motivos para creer que los que tanto les habían odiado ya estaban muertos, se arriesgaron a salir de sus madrigueras. Los cristianos estaban entonces ocupados con las guerras de religión suscitadas por la herejía de Juan Huss. Era una oportunidad favorable. Basándose en los informes de sus espías, los judíos abandonaron sus cavernas sin ningún recurso para preservarse contra la miseria. Pero durante medio siglo de aislamiento habían estudiado el arte de la adivinación, y en particular el arte de decir la buenaventura leyendo en la mano, para lo cual no se precisa ni aparatos ni instrumentos ni gasto alguno; confiaban en que la quiromancia les procuraría algún dinero.

»Ante todo, escogieron a un capitán llamado Zundel. Después, como tenían que declarar las causas que les llevaban a Alemania, quiénes eran y de dónde venían; como posiblemente se les interrogaría acerca de su religión, para no descubrirse demasiado claramente, ni tampoco renegar de ella, convinieron en declarar que sus padres vivían antaño en Egipto, lo que es cierto en los judíos, y que sus antepasados fueron expulsados de su país por no querer recibir a la Virgen María y a su hijo Jesús. De ahí proviene el nombre de “egipcios” que se les dio, y bajo el cual el emperador Segismundo les concedió el pasaporte.

»Se habían creado una jerga desfigurada, mezclada de hebreo y alemán incorrecto, que pronunciaban con acento extranjero… La multitud de palabras hebreas que han quedado en el lenguaje de los bohemios bastaría por sí sola para traicionar su origen judío…

»Cuando los nuevos egipcios vieron que no se les rechazaba, imploraron piedad de los alemanes. Para no parecerles una carga, aseguraban que, por un don especial del cielo, que los protegía castigándolos, las casas en las que eran recibidos una vez ya no podían incendiarse. También empezaron a decir la buenaventura basándose en el examen de la cara, de las marcas del cuerpo, y en particular de las líneas de las manos y de los dedos. Anunciaban cosas tan hermosas, y sus adivinadoras derrochaban tanto ingenio, que, entonces, las mujeres y las muchachas los trataron con benevolencia…

»Sin embargo, habiéndose apaciguado la ira contra los judíos, fueron admitidos de nuevo, primero en los pueblos y luego en las ciudades. Pero quedaron bandas errantes, que continuaron su vida nómada, descubriendo en todas partes el porvenir, y uniendo a esta profesión numerosas bribonadas de orden material. Aunque la nación judía constituía el núcleo de estas bandas, pronto se hizo una mezcla tal de pueblos diversos que no tardaron en carecer de una religión dominante, al igual que se habían quedado sin patria.»

En cuanto a su mitología, y aunque ya dije que no es exactamente la misma para todas las tribus, creen en una serie de dioses y cuentan historias sobre una serie de personajes a caballo entre el paganismo y el cristianismo, cuál de los dos más extremo.

  • Ó Del es Dios
  • Ó Bengh es el Diablo
  • De Develeski es la Madre Tierra

Dios no creó el mundo, es decir, a la Madre Tierra; esta ya existía desde antes. Dios y Diablo crearon juntos al hombre: el Diablo les dio forma de hombre y de mujer y Dios les insufló la vida. Los primeros mortales fueron Domo y Yehwah, es decir, Adán y Eva.

Según otra versión, el nacimiento de Adán y Eva está ligado a la presencia de dos árboles sin fruto que surgen a la orilla del agua, uno detrás del hombre, el otro detrás de la mujer, y a ambos los envuelven sus ramas. A este contacto, la tierra se convirtió en carne.

«Estos dos árboles no son todavía los del Paraíso. Son un peral y un manzano. Damo empieza por comer una pera. Entonces, la serpiente (sap) aparece «y, viendo en qué se convertía el hombre», intenta impedir que la mujer se coma una manzana. Pero, gracias a la intervención de ó Del, la serpiente se retira y Yehwah devora la fruta.

»Aquí la tradición bíblica está invertida. Sin embargo, también encontramos el simbolismo sexual de las frutas: ya que la pera ha despertado el deseo del hombre y la manzana el de la mujer. Damo y Yehwah «se conocen». A él le basta, pero ella quiere empezar de nuevo. Con la autorización de Dios, el hombre posee una segunda, luego una tercera vez a su compañera. Pero ella continúa insaciada. Desde esta época, la mujer no ha cesado de reclamar amor.»

No fue hasta mucho después del nacimiento de Damo y de Yehwah que ó Del hizo salir de la tierra a ó Cham, el Sol, y ó Shion, la Luna. Algunos explican que el primer hombre y la primera mujer irradiaban luz propia antes del pecado. Cuando después de su caída perdieron su luminosidad, fue preciso crear dos luminarias, el Sol y la Luna. Ó Tchalai, la estrella, también es de género masculino, y representa a los hijos de Damo y Yehwah. Cada hombre tiene una estrella. Cuando una estrella “cae”, significa la muerte de un hombre. Muchos gitanos veneran especialmente a Sara Kali o Sara la negra, el resultado final de una larga degeneración del culto primitivo a la Diosa Madre. La figura actual es una mezcla de dos personajes del cristianismo más popular:

  • la Sara sirvienta de las tres Marías, María-Salomé, María de Santiago y María Magdalena, que habría venido con sus amas, expulsadas de Tierra Santa, y así habría desembarcado en el pueblo de Saintes-Maries-de-la-Mer. Esta Sara no mereció la canonización, fue proscrita y relegada a una cripta.
  • La Sara gitana que vivía a orillas del Ródano con su tribu y que acogió a las tres Marías cuando desembarcaron:

«Una de las nuestras que recibió primero la Revelación fue Sarala-Kâli. Era de raza noble y mandaba en su tribu de la orilla del Ródano. Conocía los secretos que le habían sido transmitidos. Cerca del Ródano, las tribus trabajaban los metales y comerciaban con ellos. Los rom, en esta época, practicaban una religión politeísta y, una vez al año, paseaban la estatua de Ishtari (Astarté) sobre los hombros, y entraban en el mar para extender su bendición. Un día, Sara tuvo unas visiones que la informaron de que las Santas que habían asistido a la muerte de Jesús vendrían, y que ella debería socorrerlas. Sara las vio llegar en una barca. Había mala mar; la embarcación corría peligro de naufragar. Sara tiró su traje sobre las olas, y, utilizándolo como una balsa, navegó hacia las Santas y las ayudó a tomar tierra. Las Santas bautizaron a Sara y predicaron el Evangelio entre los gaché y los rom.»

Sara Kali

Cada 24-25 de mayo los gitanos van de peregrinación hasta Saintes-Maries-de-la-Mer, en el sur de Francia, para honrar a su virgen negra.

Otros aspectos del imaginario gitano son mucho más oscuros. Véase, por ejemplo, el siguiente mito.

«En una época muy remota, relatan los gitanos de Transilvania, la reina de las Buenas Hadas, las keshalyi, era una bella muchacha que vivía en su rocoso palacio de la alta montaña. Se llamaba Ana. Pero en las profundidades de la tierra vivía el pueblo de los demonios, los loçolico, espíritus terrestres que al principio habían sido hombres, pero que el diablo había transformado en horribles demonios. Su rey estaba loco de amor por la bella y pura Ana. Cuando se presentó a ella, la princesa, aterrada por su aspecto, lo rechazó horrorizada. Entonces, los loçolico atacaron de improviso a las keshalyi, devoraron a muchas, y se disponían a exterminarlas, cuando la princesa Ana, para salvarlas, consintió en casarse con el horrible monstruo, su rey.

»Pero la princesa sentía un asco tal hacia su esposo que le era imposible entregarse a él. Desesperado, éste erraba a la ventura cuando encontró a un sapo dorado… El sapo dorado aconsejó al rey que hiciera comer a su esposa los sesos de una urraca. Inmediatamente, la reina caería en un profundo sueño, y entonces él podría hacer de ella lo que quisiera. El rey siguió este consejo, y así pudo amar a Ana durante su sueño.

»Entonces la reina dio a luz a un demonio, Melalo, que tenía la apariencia de un pájaro con dos cabezas y las plumas de un gris sucio. (Melalo es el demonio más temido por los gitanos.) Con sus garras afiladas desgarra los corazones y lacera los cuerpos; de un aletazo aturde a su víctima, y cuando ésta despierta de su desmayo ha perdido la razón. Fomenta el furor, el crimen y la violación. Como es lógico, debiendo su nacimiento a los sesos de una urraca, aquellos a quienes hiere de demencia, desbarran en sus razonamientos como la urraca.

Demonios

»Después del nacimiento de Melalo, Ana continuó rechazando a su marido. Pero cuando Melalo creció, exigió también que se le entregara una mujer. Por esto aconsejó a su padre que hiciera cocer un pescado con leche de burra durante el sueño de su mujer, le pusiera unas gotas de este filtro en el órgano sexual y luego la poseyese.

»Nueve días después de esta posesión, Ana dio a luz un demonio hembra, Lilyi, la Viscosa. Fue la esposa de Melalo. Su cuerpo es el de un pez con una cabeza de hombre, de cuyos lados cuelgan nueve barbas o hilos pegajosos. Cuando estos hilos penetran en el cuerpo de un hombre, éste contrae inmediatamente una afección catarral.

»El rey sólo podía amar a su mujer cuando Melalo la había dormido con sus vapores. Y Melalo tuvo muchos hijos, y el rey estaba envidioso. Melalo, el enemigo de los hombres, quería impedir que éstos se multiplicasen. Aceptó, pues, adormecer a su madre, con la esperanza de que daría a luz nuevos demonios, lo bastante numerosos y fuertes para destruir toda la raza humana. Por consejo de Melalo, el rey, pues, comió un escarabajo y un cangrejo. Entonces, Melalo adormeció a Ana, que dio a luz al demonio Tçulo.

Demonios

»Tçulo, el Espeso, el Barrigudo, tiene la apariencia de una bolita erizada de pinchos. Se insinúa en el cuerpo humano, rodando en su interior, y provoca violentos dolores en el bajo vientre. Atormenta en particular a las mujeres embarazadas. Tçulo persiguió a su propia hermana Lilyi.

»Para librarse de este inoportuno, Melalo aconsejó a su padre que procrease una hembra, que sería su esposa. Y así fue como nació Tçasridyi, la Ardiente. Tiene el cuerpo de un gusano pequeño cubierto de pelos. Tçulo y su mujer atormentan mucho a los enfermos, pero raramente les causan la muerte.

»A instancias de Melalo, el rey hizo cocer un ratón sobre el que había escupido y preparó una sopa que dio a su mujer. Ésta cayó enferma, y, al beber agua, un ratoncito blanco se escapó de su boca. Era Schilalyi, la Fría. Tiene gran número de pequeños pies y provoca la fiebre fría. Pero cuando Schilalyi empezó a molestar a sus hermanos y hermanas, Melalo inspiró a su padre la idea de comer un ajo sobre el cual había orinado antes; luego el rey visitó a su mujer. Ésta dio a luz a Bitoso, que fue el esposo de Schilalyi. Bitoso, el Ayunador, es un pequeño gusano con varias cabezas que provoca dolores de cabeza y de estómago; también causa la falta de apetito. Sus numerosos hijos provocan los cólicos, zumbidos de oídos, dolores de muelas y calambres.

»Ana tuvo una erupción cutánea. Melalo le aconsejó que se hiciera lamer por ratones; es lo que ella hizo, pero uno de los ratones penetró en su vientre. Dio a luz a Lolmischo, el ratón rojo. Cuando Lolmischo corre sobre la piel de un hombre dormido, éste pronto queda cubierto de eccema.

»Ana se sentía profundamente desdichada por haber dado al mundo tantos monstruos. Preguntó a Melalo qué podía hacer para quedar estéril. Él le propuso que se hiciera enterrar dentro de un montón de estiércol. Ella accedió, pero un escarabajo se deslizó dentro de su cuerpo. Dio a luz a Minceskro, que provoca enfermedades de la sangre. Minceskro es un demonio hembra. Se casó con su hermano Lolmischo. Tuvieron muchos hijos. Éstos son los que causan la viruela, la escarlatina, el sarampión, etc.

«Finalmente, las Keshalyi hicieron comer a Ana, desesperada, un pastel en el que habían mezclado pelos de un perro de los infiernos (?), polvos de serpiente y pelos de gato. Y cuando el rey la visitó, dio a luz a Poreskoro, el más terrible de todos los demonios. Era un hermafrodita; puede fecundarse a sí mismo. Tiene cuatro cabezas de gato y cuatro cabezas de perro; su cola es una serpiente con la lengua hendida. Él y sus hijos son los que provocan las peores epidemias: la peste, el cólera, etc., así como las más funestas epizootias.»Tanto se asustó el rey de esta espantosa descendencia, que devolvió la libertad a Ana con la condición de que cada mujer de las Keshalyi que alcanzase la edad de 999 años fuese entregada a sus loçolico. Desde entonces, Ana vive sola en un castillo inaccesible en medio de las rocas. No se deja ver más que muy raramente y sólo bajo la forma del sapo dorado.»

Los gitanos también han sido relacionados con el mito de las hadas. De hecho, ellas aparecen en muchos de sus cuentos. En una versión que cuenta el origen del violín, Matuja o Matuyá, la reina de las hadas, le regala una caja y un arco a un niño preso. Además le entrega algunos de sus cabellos como cuerdas y le enseña a frotarlos para sacarles música, mientras ella ríe y llora en el instrumento. Gracias a esto, el niño obtiene el favor del rey y la mano de la princesa –muy parecido a lo que ocurre con nuestro Meñique.

Para terminar les sugiero otra versión más conocida –porque se ha publicado en español– sobre el origen del violín.

Niño gitano violinista por György Vastagh

Había una vez un matrimonio que tenía cinco hijos. La mayor era una chica; de tan gran belleza, que era célebre en los pueblos de alrededor. Tenía más de veinte años y nunca había tenido ningún pretendiente. Unos decían que era muy orgullosa; otros, que era demasiado coqueta. Lo cierto es que no se sabía por qué, siendo tan hermosa, ningún hombre se dirigía a ella.

Un día que iba al bosque por leña, se le apareció el diablo. La muchacha no se asustó. Por el contrario, se mostró con él muy amable y le preguntó por qué ningún muchacho quería hacerla su esposa.

El diablo se echó a reír y contestó:

—Yo sé de un hombre que anda enamorado de ti. Si sigues mis consejos, tendrás pronto un buen novio.

La doncella contestó que estaba dispuesta a hacer todo lo que se le mandase.

Lo primero que le impuso el diablo fue que matara a su padre. Al principio la joven dudó, pues le parecía una condición demasiado cruel; pero al fin, cegada por sus deseos, consintió en darle muerte.

Un día que volvía a casa con su padre por la orilla del río, fingió tropezar con unos troncos de árbol y empujó a su padre, logrando que cayera al agua. El padre murió ahogado. En seguida se le apareció el demonio.

—Está bien —dijo—; ahora haré con tu padre un precioso instrumento de música, que te ayudará para conseguir un novio.

Y haciéndolo como lo decía, convirtió a su padre en una caja de violín.

—Tendrás que matar a tu madre, para hacer de ella el arco —dijo el demonio.

Aquella condición le pareció imposible de cumplir. Pero un día que su madre estaba junto al fuego, haciendo la comida, el diablo tentó de nuevo a la muchacha, exigiéndole el sacrificio de la madre para conseguir su deseo. Ésta no pudo resistir la tentación y empujó a su madre hacia el fuego. Se hizo unas quemaduras tan graves, que pronto murió.

En seguida se le apareció el demonio.

—Está bien —dijo —. Con tu madre haré el arco para el violín; pero de nada te servirá tener esto si el violín no tiene sus cuatro cuerdas. Para conseguirlas tendrás que sacrificar a tus cuatro hermanos.

Una noche, mientras dormían, decidió matarlos, y así lo hizo. Al momento se le apareció el diablo, que transformó a los cuatro niños en cuatro cuerdas de violín, pudiendo de esta manera completar este maravilloso instrumento.

—Ahora tócalo —dijo a la doncella—, y verás cómo en seguida un hermoso joven te quiere hacer su esposa.

Tan pronto tuvo el violín en las manos, empezó a tocarlo. Era tan maravillosa y tan dulce su música, que un hombre que pasaba se detuvo a escuchar. Al ver a la linda muchacha que tocaba aquel extraño instrumento, se enamoró de ella. Ésta le correspondió, pues el pretendiente era un hermoso joven.

La joven se sentía feliz; no se acordaba para nada de sus padres y hermanos, y decidió casarse enseguida.

La víspera de su boda iba con su novio por el bosque, tocando el violín que le diera el diablo, cuando de repente se le apareció éste. La joven, asustada, le preguntó qué deseaba.

—Vengo por ti y por tu novio —contestó— . Te di lo que querías, y ya lo tienes; ahora ven a pagar tus crímenes.

Y cogiéndolos por el brazo, se precipitó con ellos en el infierno.

Al poco rato pasó por allí un gitano y vio en el suelo un extraño instrumento de música. Era el violín que hiciera el diablo. Empezó a tocarlo, y fue tan maravillosa su música, que en poco tiempo se hizo célebre en todo el mundo.

Los gitanos lo tocan con verdadera pasión y creen a pies juntillas que sólo el diablo pudo ser el inventor de su querido violín.

Fuente: Antología de leyendas de la literatura universal de V. Garcia de Diego

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