Thor VS Hrúngnir

Tomado de la Edda Menor de Snorri Sturluson, traducida y editada por Luis Lerate, © Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1984.


Ahora vamos a contar una historia de donde han salido algunos kenningar que ya hemos escrito, pero que aún no se han explicado, y es una que Bragi le refirió a Ægir, de cuando Tor se había ido al este a matar gigantes, y entonces Odín montó sobre Sléipnir y marchó al Jotunheim, y llegó a donde un gigante que se llamaba Hrúngnir. Hrúngnir pregunta quién es ese hombre con yelmo de oro que cabalga por el aire y sobre las aguas, y dice que es muy bueno el caballo que trae. Odín le dijo que se apostaba la cabeza a que no había otro caballo tan bueno en todo el Jotunheim. Hrúngnir dice que el caballo es bueno, pero que él tiene un caballo llamado Gullfaxi, que corre aún más. A Hrúngnir le entra rabia y salta sobre su caballo y echa a correr tras él dispuesto a hacerle pagar su fanfarronería. Odín iba tan rápido, que todo el tiempo le llevaba ventaja, y en las cuestas se le perdía de vista, pero Hrúngnir estaba tan poseído de su furia de gigante, que cuando se dio cuenta, ya había cruzado la cerca del Ásgard. Cuando llegó ante la puerta de la casa, los ases le invitaron a que entrara a beber.

Entró en la casa y mandó que le trajeran de beber. Se le sacaron entonces las copas que solía usar Tor, y Hrúngnir se las bebió todas. Cuando estuvo borracho, no dejó de haber malas palabras, y dijo que iba a coger el Valhalla y a llevárselo al Jotunheim, y que arrasaría el Ásgard y mataría a todos los dioses, y quería llevarse a Freya y a Síf con él a su casa, y que ahora tenía que ser Freya quien le sirviera, y dijo que iba a beberse toda la cerveza que tuvieran los ases. Pero cuando los ases se hartaron de sus baladronadas, pronunciaron el nombre de Tor. Tor llegó inmediatamente a la sala, y traía el martillo en alto y estaba furioso, y preguntó quién había permitido que hubiera sabios gigantes bebiendo allá, y quién le había dado licencia a Hrúngnir para estar en el Valhalla, y por qué estaba sirviéndole Freya, como en los convites de los ases. Entonces respondió Hrúngnir mirando a Tor de forma poco amistosa, y le dijo que Odín le había invitado a beber y que él le había dado licencia. Tor dice entonces que Hrúngnir va a lamentar aquella invitación antes de irse. Hrúngnir dice que es poca gloría para Asa-Tor matarlo cuando está sin armas, y que daría prueba de mayor valor, si se atreviera a luchar con él allá en el borde del mundo, en sus tierras de Griotun. «Y ha sido una gran locura —dijo— dejarme en casa mi escudo y mi piedra de afilar, pero si yo tuviera aquí mis armas, ahora iríamos a ver en un desafío, pero en otro caso, yo te llamo cobarde, si me matas estando desarmado.» De ninguna manera quiso Tor dejar de aceptar aquel duelo, ahora que lo habían desafiado, pues nunca lo había hecho nadie antes.

Hrúngnir se marchó entonces y cabalgó lo más aprisa que pudo hasta llegar al Jotunheim, y de aquella salida suya hablaron mucho los gigantes, y también del duelo que iba a tener con Tor. Los gigantes se daban cuenta de que les iba mucho en que ganara uno u otro; malo era lo que les cabía esperar de Tor, si era Hrúngnir el que caía, pues éste era el más fuerte de ellos. Los gigantes hicieron entonces en Griotun un hombre de barro, y medía nueve leguas de alto y tres de ancho bajo los brazos, y no encontraron un corazón que le viniera bien, hasta que cogieron el de una yegua, y éste se puso a palpitarle mucho cuando llegó Tor. En cuanto a Hrúngnir, él tenía un corazón que es muy conocido; era de piedra dura y con tres puntas, tal corno lo representa en las inscripciones el signo llamado «corazón de Hrúngnir». De piedra era también su cabeza y también de piedra era su escudo, grande y grueso, y se cubrió por delante con su escudo, cuando se puso allá en Griotun a esperar a Tor, y como arma tenía su piedra de afilar, que blandía sobre el hombro, y era poco pacífico su aspecto. A su lado estaba el gigante de barro, que se llama Mokkurkalfi, y tenía muchísimo miedo; cuentan que se orinó cuando vio a Tor.

Thor vs Hrúngnir, ilustrados por Giovanni Caselli

Tor acudió a la cita, y con él iba Tialfi. Tialfi se adelantó corriendo a donde estaba Hrúngnir, y le dijo: «Mal te guardas, gigante; te cubres con el escudo por delante, pero Tor te ha visto y viene para acá por bajo tierra, y va a atacarte desde abajo». Hrúngnir tiró entonces el escudo a sus pies y se puso sobre él, y agarró su piedra de afilar con las dos manos. Luego vio relámpagos y oyó grandes truenos, y entonces vio a Tor lleno de su furia de as, que venía a toda prisa en su carro blandiendo su martillo, y desde lejos lo lanzó contra Hrúngnir. Hrúngnir levanta su piedra de afilar y se la arroja, y ésta choca en el aire con el martillo y la piedra se parte; la mitad cae al suelo, y de ahí se han formado todos los pedernales; la otra mitad se clavó en la cabeza de Tor, y lo hizo caer a tierra, pero el martillo Mióllnir le dio a Hrúngnir en toda la cabeza y le partió el cráneo en trocitos chicos, y entonces cayó sobre Tor de tal modo, que una pierna suya quedó sobre el cuello de Tor. Tialfi luchó con Mokkurkalfi, y lo venció sin dificultad.

Tialfi se fue luego para Tor a quitarle de encima la pierna de Hrúngnir, pero no pudo conseguirlo; después fueron allá todos los ases, cuando supieron que Tor había caído, y trataron de liberarlo de aquella pierna, pero fue inútil. Entonces llegó Magni, el hijo de Tor y Jarnsaxa —tres días tenía entonces—, y en un momento le quitó a Tor la pierna de encima, y dijo: «¡Lástima, padre, que yo no haya venido antes! A este gigante creo que, si lo hubiera cogido yo, lo habría destrozado de un puñetazo». Entonces se levantó Tor y se puso muy contento con su hijo, y le dijo que llegaría a ser un gran hombre. «Y quiero darte —le dijo— el caballo Gullfaxi, que Hrúngnir tenía.» Entonces habló Odín, y dijo que Tor hacía mal dándole un caballo tan bueno al hijo de una giganta, y no a su padre.

Ilustrado por Emil Doepler

Tor volvió a su casa, a Trudvángar, y la piedra seguía en su cabeza. Entonces le llegó una hechicera que se llamaba Groa, esposa de Aurvándil el atrevido, y estuvo cantándole sus ensalmos a Tor, hasta que la piedra quedó suelta. Pero cuando Tor lo notó y ya creyó que conseguiría sacarse la piedra, entonces quiso agradecerle a Groa su curación y darle una alegría, y le contó que él acababa de regresar del norte vadeando los Elivágar, y que se había traído consigo del Jotunheim a Aurvándil en una cesta a la espalda, y en prueba de esto le refirió que un dedo del pie lo trajo fuera de la cesta y se le heló, y entonces Tor se lo partió y lo lanzó al cielo e hizo con él la estrella llamada «dedo de Aurvándil». Tor le dijo que Aurvándil no podía tardar ya mucho en regresar a casa, y Groa se puso tan contenta, que ya no se acordó de ningún ensalmo, y la piedra no salió más y está todavía en la cabeza de Tor. Es por esto por lo que no debe tirarse una piedra de afilar dentro de una casa, porque entonces se le mueve la piedra a Tor en la cabeza.

Toda la secuencia final de la historia está en esta maravillosa página ilustrada por Lorenz Frølich en 1885. Es una pena que la imagen no tenga méjor calidad.

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