Thor, el martillo y la esvástica


Todos sabemos que Thor, el muy querido dios nórdico del trueno y el rayo, es un arquetipo proto-indoeuropeo. Casi cada pueblo o cultura de Europa tiene su propio Thor. Ha sido comparado con Hércules, Júpiter, Perún, Perkunas, Perkele, Ukko, Horagalles, incluso con el Dagda celta. Dumezil se refiere a él como «ese Váyu escandinavo encargado del atronador oficio de Indra». (Chiner. D. trad. 1999, p. 199) Ahora bien, como dios del rayo y la tormenta, este arquetipo puede coincidir o no con el arquetipo del dios del cielo, que suele ser la mayor autoridad del panteón. Esto puede deberse al sincretismo cultural entre pueblos invadidos e invasores. Es evidente que en el norte de Europa, Thor era más importante para los campesinos que trabajaban la tierra y necesitaban la lluvia, que Odín como señor de los ejércitos y maestro de la magia.

La herramienta del rayo

El nombre Mjölnir del famoso martillo de Thor, tiene traducciones diversas: “fabricante de rayos”, “relámpago brillante” o “moledor”. En cualquier caso, parece indiscutible que el rayo, el trueno, y por ende, el arma que lo provoca, son más antiguos que el propio dios de la tormenta. Lanzas, flechas, pero más comúnmente el hacha, el mazo o el martillo son considerados representaciones del rayo o del fuego celestial.

Hércules (con clava o garrote) y la Hidra. Pintura de Antonio del Pollaiolo, hacia 1475.

Según el historiador romano Tácito en su obra Germania, los germanos adoraban al dios Hércules, y esto puede significar dos cosas: 1 – Tácito aplicó la famosa interpretatio romana a un dios Thor que no conocía o 2 – Hércules y Thor siempre fueron la misma deidad, diferenciada por tintes locales. A simple vista, más allá de la fuerza física y un arma percutora como el garrote o el martillo, Hércules y Thor no parecen tener otra cosa en común. Sin embargo, es notable que mucho antes de que en Europa se pusieran de moda los amuletos con forma de martillo, en el mundo romano ya habían sido famosos los colgantes con forma de pequeño garrote de madera, llamados “garrotes de Hércules”.

Las mazas de Hércules de la época romana aparecen entre los siglos II y III, repartidas por todo el imperio, incluida la Gran Bretaña romana. Mayormente están hechas de oro, con forma de mazas de madera. En alemán se llaman Herkuleskeule o Donarkeule. Los ejemplares germánicos estaban hechos de asta de ciervo, hueso o madera, más raramente de bronce o metales preciosos. Se encuentran exclusivamente en tumbas femeninas y al parecer se usaban como colgantes de cinturón o de oreja.

La relación entre Thor y Hércules, al menos la más antigua, puede que sea realmente oscura e intrincada. Otros elementos son más obvios y, sobre todo, literarios. La idea de un Donar o Þonar germánico utilizando un mazo o garrote, por ejemplo, parece que nunca existió fuera de la literatura, como en esta escena evemerizada escrita por Saxo Gramático en el siglo XII, que además explica por qué el famoso mazo/martillo tenía el mango tan corto:

«Pero Tor abatía los obstáculos de los escudos con los extraordinarios movimientos de su maza, incitando tanto a sus enemigos a abalanzarse sobre él como a sus camaradas a matarlos. No había género de armadura que no cediera al que así golpeaba. Nadie podía resistir incólume al que así hería. Cualquier cosa que rechazase con sus golpes, la destrozaba. Ni los escudos ni los cascos soportaron su fuerza descargada sobre ellos. A nadie le sirvió de ayuda la grandeza de su cuerpo o de fuerzas. Por lo tanto, la victoria habría correspondido a los dioses si Hotero, corriendo velozmente junto a sus desbaratadas filas, no hubiera inutilizado el mazo cortándole la empuñadura.»

— Ibáñez Lluch, S. trad. 1999. Historia Danesa, p. 124
Donar-Þórr, pintura de Max Friedrich Koch, 1905

Pero si realmente hay alguna relación de origen entre el martillo y la maza -o más correctamente, la clava o garrote- hay que incluir en este análisis al hacha. Porque en algún momento de la Edad de Piedra el garrote de madera o de hueso fue complementado con una cabeza de piedra pulida, y en muchas ocasiones los arqueólogos encuentran difícil distinguir entre lo que fue un mazo/martillo o un hacha lítica.

En este punto cobra importancia el concepto de “cielo de piedra” o “piedras del rayo”. El carro de Thor hace ruido cuando corre sobre las piedras del cielo, y esas piedras a veces se convierten en proyectiles que Perún le lanza a su enemigo Veles, cuando se oculta de él. Las batallas de Thor contra los gigantes, o de Perún contra Veles, que probablemente formaron parte de sistemas de mitos y ritos estacionales más antiguos, eventualmente se convirtieron en la persecución cotidiana de todas las criaturas antinaturales, enemigas del hombre, encabezadas por el Diablo, una vez llegado el cristianismo. Durante mucho tiempo -y en algunos lugares, hasta hoy- se creyó que los restos de aquellas armas prehistóricas, que a primera vista sólo eran piedras singulares, habían caído del cielo durante una tormenta eléctrica. Así se extendió la costumbre de guardarlos en el hogar como amuletos de protección contra los rayos y los incendios.

Además de los restos de antiguas armas líticas, otras rocas o restos arqueológicos como la fulgurita (básicamente, arena fulminada por un rayo) o los belemnitidos (fósiles de un cefalópodo de la era mesozoica) también se conocen como “piedras del cielo”, “del rayo” o, incluso, “dedos de Dios” o “de la Virgen”.

Existen muchas supersticiones alrededor de estas piedras y la académica inglesa Hilda Ellis Davidson menciona muchas de ellas en su artículo Thor’s Hammer de 1965, sin embargo, aquí citaré las palabras de un cubano que también las conoce, Francisco Ramírez Rojas, Panchito, el mentado último cacique taíno, que vive en un pueblito olvidado de nuestra sierra guantanamera.

Francisco Ramírez Rojas, Panchito, el último cacique taíno de Cuba

«Otra cosa que se hace aquí, se respeta la piedra de rayo. Yo en mi templo tengo una y la cargo también en el bolsillo (…), pero bueno, eso de más allá, provino de la naturaleza y yo la tengo como una ofrenda, como un platillo, y se la dedico al templo mío ahí, porque una piedra de rayo, vaya, proviene de la atmósfera y entiendo que de la atmósfera proviene también el agua…

»Es una piedrecita negra así, larguita que donde cae un rayo, después, al poco tiempo, uno va y ve esa piedrecita porque sale, y uno la recoge. Una piedra de rayo tú la coges y le amarras hilo, un hilo de coser te sirve, y la puedes tirar en medio de un fogón que no se le quema el hilo…

»Eso se utiliza para atraer la lluvia y para otras cosas. Cuando uno se siente enfermo, yo le paso esa piedra a la gente y esa piedra transmite fuerza…

»Dicen que la piedra esa, dicen los viejos de antes, que esa piedra sale cada siete años, buscando un rayo, un trueno, cae, una piedrecita entra ahí y después sale pa’arriba…»

— Barreiro, J. 2001. Panchito. Cacique de montaña, pp. 86-87

Panchito se refiere a la creencia de que el rayo entierra la piedra muy profundo y ella tarda siete años en volver a la superficie. También se creía que la piedra regresaba al cielo llevada por el viento.

Si eres cubano y no sientes ese asco absurdo por todo lo nuestro, a estas alturas tal vez te estés preguntando si el oshé, el hacha doble de Shangó, tiene algo que ver con todo esto. Pues sí, Shangó también es una deidad (orisha) del rayo y el fuego, que arroja piedras sobre la tierra, y su hacha debe tener el mismo origen y significado antropológico, basado en la observación de fenómenos naturales como la caída de un rayo o incluso de un meteorito. Así lo expresa un interesante ensayo cubano de 1930:

«El hacha doble de los altares de Changó en los templos de la brujería cubana ha tenido también sus representantes en las épocas pre-helénicas, y se le ha relacionado con el culto de Changó por los lucumíes, atendiendo a una razón muy lógica en las mentalidades de sus antepasados africanos, que fueron los transmisores de la creencia. Si en los brujos actuales el hacha es de madera, es indudable que entre sus abuelos sería de sílex, de piedra dura, igual a la meteórica-piedra imán-de sus ofrendas actuales.»

— Martin. J. L. 1930 Ecué, Changó y Yemaya, p. 155

Y continúa el mismo ensayo citando al historiador francés Gustave Glotz:

«En los tiempos más remotos, las hachas de piedra pasaban por piedras de trueno caídas del cielo, señales visibles de una potencia divina. Los germanos les daban el nombre de Donnerkeile, los griegos las llamaban, según la época, keraunia o astropelekia. Esta virtud sobrenatural se transmite al hacha de bronce, sobre todo al hacha doble, labrys. “Símbolo del trueno que hiende los arboles de la selva” (Cumont), la bipena, el hacha doble, es antes que nada un instrumento de muerte… En el hacha se resume, pues, todo lo que hay de divino en la tempestad, en la sangre humana y en las victimas inmoladas.»

— Glotz, G. 1923 La Civilisation égéenne, citado por Martin. J. L. 1930. Ecué, Changó y Yemaya, p. 155
Shangó según el arte conceptual del videojuego online SMITE

Volviendo a las tradiciones de Europa del norte, también parece haber alguna conexión de tipo chamánica entre un dios atmosférico y un dios herrero. Quizá el ejemplo más conocido es el finlandés Ilmarinen, un antiguo dios del viento, forjador de la bóveda celeste, que en los cuentos posteriores no pasa de ser un simple herrero con talento para su trabajo. Algo parecido ocurre con el lituano Teliavelis, que forjó el Sol y lo lanzó al espacio, pero luego sólo se menciona cuando forja las armas de Perkunas. La herrería tiene profundas implicaciones chamánicas, como explica muy bien Mircea Eliade en su magnífico libro El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis. Ahora bien, me parece que el herrero místico de las canciones tradicionales bálticas y eslavas, que casi siempre es un ser gigantesco, no se puede identificar con el arquetipo de dios del rayo. Los usos del martillo como arma y como herramienta en la fragua podrían ser jurisdicciones separadas, al menos nominalmente.

El herrero que forja los destinos en la bylina del gigante Sviatogor. Ilustración del ukraniano Andrej Klimenko

Por el contrario, la investigadora inglesa Hilda Ellis Davidson, muy conocida y apreciada entre los neopaganos, sugiere que podría haber un componente chamánico en el uso de ciertos martillos que se encontraban en un templo de Thor (aquí llamado Júpiter) en Suecia, y que fueron robados en 1125 por Magnus el Fuerte, según el siguiente fragmento de la Gesta Danorum:

«Se preocupó de traer a casa ciertos martillos de peso inusual, que llaman de Júpiter, utilizados por los hombres de la isla en su fe singular. Porque los hombres de la antigüedad, queriendo comprender las causas de los truenos y relámpagos por la semejanza de las cosas, tomaron martillos grandes y macizos de bronce, con los que creían que se podía producir el estallido del cielo, pensando que aquel ruido grande y violento bien podría ser imitado por el trabajo del herrero, por así decirlo. Pero Magnus, en su celo por las enseñanzas cristianas y su aversión por el paganismo, decidió despojar al templo de su equipamiento y a Júpiter de sus símbolos en el lugar de su santidad. E incluso ahora los suecos lo consideran culpable de sacrilegio y ladrón del botín del dios.»

— Citado por Ellis Davidson, H. en Thor’s Hammer, 1965

Davidson cree que imitar el sonido del trueno era parte de algún tipo de ceremonia y que el pequeño “martillo” que utilizaban los samis para tocar el tambor chamánico tenía el mismo propósito. Sin embargo, esto último es bastante dudoso y es más probable que el martillo sami tuviera esa forma porque estaba hecho con el cuerno curvo de un reno. Davidson conocía este argumento, pero insistía en la teoría del trueno. No es que el sonido del tambor no tuviera una función importante para alcanzar el trance chamánico, pero aunque los elementos se parezcan, no tienen que tener necesariamente la misma explicación.

Hilda Ellis Davidson

Davidson, quien falleció en 2006, goza de un gran prestigio y sin duda hizo grandes aportes al estudio de la mitología nórdica, pero creo que a veces se dejaba llevar por el entusiasmo e intentaba probar teorías bastante arriesgadas, como que el evento de atletismo conocido como lanzamiento del martillo y el mazo o martillo utilizado durante los juicios y las subastas, estaban todos inspirados en el martillo de Thor. (Ellis Davidson, H. Thor’s Hammer, 1965) En el caso del lanzamiento, sin embargo, es cierto que el relato mitológico del martillo que regresa a las manos de su dueño, pudo originarse en la costumbre de lanzarlo y traerlo de vuelta utilizando una cuerda amarrada.

Thor y su martillo como símbolos de protección

No cabe duda de que el martillo se convirtió en un amuleto poderoso. De ser el símbolo de algo temido, como el rayo, pasó a proteger contra él. Thor es el único dios invocado con frecuencia para expulsar la enfermedad, bendecir y santificar lugares y personas. El amuleto de Kvinneby, por ejemplo, encontrado en Öland, Suecia, data del siglo XI e invoca protección para alguien llamado Bofi:

Aquí tallé para ti (runas de) ayuda, Bofi.
¡Ayúdame! El conocimiento (?) es seguro para ti.
Y que el rayo aleje todo mal de Bofi.
Que Thor lo proteja con su martillo que salió del mar.
¡Huye del mal! (?) No obtiene nada de Bofi.
Los dioses están bajo él y sobre él.

Varias son las piedras rúnicas que invocan a Thor con la consabida frase ‘þur:uiki’ (Thor santifica). Otras no contienen el nombre, pero sí representaciones del martillo, como la piedra rúnica de Stenkvista (Sö 111).

Piedra rúnica de Stenkvista (Sö 111)

Las representaciones epigráficas del martillo tuvieron un auge considerable a partir del siglo X. La mayoría de investigadores cree que tuvo como objetivo competir contra las representaciones cada vez más numerosas de la cruz cristiana. Lo mismo parece haber ocurrido con los amuletos en forma de martillo utilizados en colgantes y cinturones. Algunos son siluetas de metal recortado o fundido, otros son piezas mucho más complejas con abundante decoración. Se han encontrado varios moldes de piedra donde eran fabricados los martillos paganos y las cruces cristianas, el uno al lado de la otra. Los hallazgos han tenido lugar en antiguos centros urbanos, tumbas y tesoros. A los investigadores les ha llamado la atención que la mayoría de tumbas donde han aparecido amuletos de martillo son tumbas de mujeres. Igualmente llamativos han sido los anillos o argollas con manojos de símbolos engarzados, entre ellos varios martillos.

Las representaciones del martillo eran más escasas en Islandia donde, sin embargo, fue hallada la famosa estatua de Eyrarland, del siglo XI, que supuestamente representa a Thor sentado y sosteniendo la versión islandesa del Mjölnir. En realidad, este estilo islandés, conocido popularmente como cruz-lobo, por el ejemplar de los siglos X u XI encontrado en Foss, no queda claro si es pagano, cristiano o un híbrido de los dos.

El martillo y la cruz

El martillo y la cruz se confundieron desde que comenzó el proceso de cristianización y, como es natural, ambos símbolos se influyeron mutuamente. Sin embargo, algunos investigadores ansiosos por reivindicar al martillo, han sugerido interpretaciones poco serias sobre ciertos elementos epigráficos y pasajes literarios. Jacob Grimm en el siglo XIX y más tarde Hilda Ellis Davidson en el XX, defendieron la hipótesis de que la llamada “señal del martillo” fuera una práctica común, al menos en ciertas ceremonias. Su único argumento de valor es un fragmento de la Hákonar saga góða (Saga de Hakon el Bueno):

«Ahora bien, cuando se llenó la primera copa, el Conde Sigurd pronunció algunas palabras sobre ella, la bendijo en nombre de Odín y bebió del cuerno por el rey; entonces el rey lo tomó e hizo sobre él la señal de la cruz. Entonces dijo Kar de Gryting: “¿Qué quiere decir el rey con esto? ¿No hará sacrificios?” El conde Sigurd responde: “El rey está haciendo lo que hacen todos ustedes, que confían en su poder y su fuerza. Está bendiciendo la copa llena en el nombre de Thor, haciendo la señal de su martillo sobre ella antes de beberla”. Sobre esto se quedaron tranquilos el resto de la noche.»

— Heimskringla. Hakon the Good’s Saga

El rey Hakon se había criado como cristiano en Inglaterra y en esta escena, obviamente, se recurre al parecido físico de la cruz y el martillo para despistar a la concurrencia que lo había visto hacer la señal de la cruz. Si hubiese existido una señal del martillo, no hubiese habido desconfianza por parte de los presentes; simplemente se trató de una salida ingeniosa o cómica, basada en una semejanza/rivalidad que todos conocían muy bien.

Haakon el Bueno. Pintura de Peter Nicolai Arbo, 1860

El martillo y la esvástica

Por otro lado, se ha generalizado la creencia de que la esvástica es un símbolo del martillo o del propio Thor. Es cierto que la esvástica se repite con frecuencia en artefactos desde la Edad del Hierro germánica hasta el periodo vikingo, pero todos los investigadores concuerdan en que para entonces conservaba su simbología indo-irania de carácter ígneo, pero ígneo solar, en el sentido de ciclo, rueda o renovación.

Detalle de la hebilla de Værløse (Dinamarca, s. III) con la inscripción ᚨᛚᚢᚷᛟᛞ – ALUGOD, que probablemente se puede traducir como “dedicado al gran dios”
La Piedra de Snoldelev (DR 248), Dinamarca, siglo IX

El arqueólogo islandés Finnur Magnússon (1781-1847) planteó la hipótesis de que la esvástica era una forma de representar a Thor y a su martillo. No es extraño que la idea naciera en Islandia, pues los grimorios que se produjeron allí a partir del siglo XVI contenían un misterioso símbolo descrito como Þórshamar, que luego se hizo popular como “la esvástica islandesa”. Ahora bien, aquella brujería estaba más desconectada de la antigua mitología nórdica de lo que se puede pensar y Þórshamar formaba parte de un hechizo para descubrir a un ladrón. En cuanto al símbolo, se diferencia ligeramente de la esvástica y es probable que haya sido copiado de los tambores chamánicos del pueblo sami, en particular de una de las formas de representar al dios Horagalles, utilizando dos martillos cruzados. Yo, sin embargo, me atrevo a lanzar otra teoría: resulta que el hechizo para encontrar al ladrón es casi idéntico a un hechizo que aparece en los papiros mágicos griegos, donde el símbolo en cuestión es un ojo egipcio; creo que la llamada esvástica islandesa es en realidad un intento de copiar o adaptar el jeroglífico.

Más tarde, el filólogo inglés George Stephens (1813-1895) retomó la teoría de Magnússon y afirmó que la esvástica era utilizada en ciertas inscripciones rúnicas para sustituir la sílaba þur. Por ejemplo, tradujo la deteriorada inscripción de la espada de Sæbø como oh卍muþ, es decir “oh Þurmuþ” (Thurmuth, es dueño de [mí]). La esvástica aparece en muchos otros objetos, incluida la piedra rúnica de Snöldelev (DR 248), donde también se encuentra el famoso símbolo de los tres cuernos. Algunos estudiosos, entre ellos -¿cómo no?- Hilda Ellis Davidson, aseguran que el símbolo sustituye el nombre de Thor o la figura del martillo, pero cumple la misma función de bendecir y consagrar. Por ejemplo: las esvásticas que se encuentran en las urnas funerarias y otros objetos hallados en enterramientos anglosajones, deben cumplir la misma función santificadora que el martillo de Thor cuando revive a sus cabras, o cuando bendice la pira funeraria de Balder. Davidson considera que la protección de Thor a través del símbolo es integral, abarca todos los aspectos de la vida y también de la muerte. Si nos guiamos por Hilda, prácticamente no hace falta ningún otro dios.

«Puede haber sido debido a la asociación de Thor con el rayo que este signo se utilizó como alternativa al martillo, ya que se encuentra en piedras conmemorativas en Escandinavia junto a inscripciones de Thor. Cuando lo encontramos colocado en el pomo de la espada de un guerrero y en su cinturón, se supone que el guerrero se estaba poniendo bajo la protección del Dios del Trueno.»

— Ellis Davidson, H. 1965. Thor’s Hammer

La idea de que un símbolo originalmente solar se convirtiera en un símbolo del rayo podría tener algún fundamento puesto que ambos significados se pueden traducir como “fuego del cielo” y en los relatos tradicionales se describe que Thor incendiaba el cielo cuando viajaba en su carro. Según Mindy MacLeod y Bernard Mees, la esvástica es un símbolo pre-rúnico, es decir, anterior a la escritura, y tiene connotación de divino o sagrado. La presencia del símbolo en lanzas, espadas y demás indumentaria guerrera podría haber tenido la función de intimidar al enemigo. Sin embargo, estos autores también observan que la esvástica comenzó a ser llamada “martillo de Thor” en Islandia, a inicios de la época moderna, al mismo tiempo que muchos otros símbolos fueron rebautizados con nombres y significados mitológicos que nunca antes habían tenido, como el famoso “yelmo del terror”. (MacLeod, M. y Mees, B. 2006. Runic Amulets and Magic Objects)

Lo cierto es que si realmente hubo relación entre la esvástica y el martillo de Thor, esta no es para nada evidente en ningún resto arqueológico y se necesitan más investigaciones para probarlo. Lo demás es puro romanticismo.

A veces, cuando leo a los autores que se consideran serios y autorizados, me sorprende su evidente obcecación por un tema que los apasiona. Considero que esto es un rasgo muy humano con el que tenemos que lidiar, pero en realidad entorpece bastante la investigación. Creo que, en parte, esto es lo que ocurre con el martillo de Thor y con la esvástica: son tan atractivos y, sobre todo, son tan víctimas del cristianismo, que algunas personas no reparan en obstáculos para reivindicarlos y extraerles todo su misterioso jugo, el que tienen en verdad y todo el otro que se le pueda agregar por el camino. Creo que una posible solución para los investigadores imparciales es consultar bibliografía relacionada indirectamente con el tema, pues es común que el mismo fenómenos haya ocurrido en otros escenarios, a veces tan distantes como el nórdico y el africano. Otra moraleja muy útil es tener cuidado con los parecidos más evidentes, porque es el oro de los tontos y perezosos.

Thor con una esvástica en el cinturón, detalle de la espectacular obra del pintor Mårten Eskil Winge, 1872

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