Original de Vidos Augulytės y Juozo Masilionio
Traducido del lituano al inglés por Mirga Girniuvienė
Traducido del inglés al español por Orouri.
Se trata del cuento popular más famoso de Lituania, del que se han recogido más de 100 versiones ligeramente diferentes. Fue publicado por primera vez por M. Jasewicz en 1837.

Obra de Arvydas Algminas
En otra época, hace mucho tiempo, vivían un anciano y su esposa. Ambos tuvieron doce hijos y tres hijas. La más joven se llamaba Egle. En una cálida tarde de verano, las tres niñas decidieron ir a nadar. Después de chapotear y zambullirse, subieron a la orilla del río para vestirse y peinarse. Pero la más joven, Egle, se quedó paralizada mirando una serpiente que se había deslizado dentro de la manga de su blusa. ¿Qué podría hacer? La hermana mayor pensó agarrar la blusa, sacudirla y saltar sobre ella, cualquier cosa para deshacerse de la serpiente. Pero la serpiente se volvió hacia Egle, las más joven, y le habló con voz de hombre:
-Egle, promete ser mi novia y con gusto saldré.
Egle comenzó a llorar. ¿Cómo podría casarse con una serpiente? Y entre lágrimas respondió:
-Por favor, devuélveme mi blusa y regresa en paz de donde viniste.
Pero la serpiente no quiso escuchar:
-Promete ser mi novia y con gusto saldré.
-Adelante, promételo, pequeña Egle. ¡¿Realmente no tendrás que casarte con él?!, dijo con desdén la hermana mayor.
No había nada más que pudiera hacer, así que le prometió a la serpiente que se convertiría en su novia.
Tres días después, la familia vio que todas las serpientes de la tierra habían venido a su granja, trayendo consigo una carreta. Todos se morían de miedo mientras las serpientes se deslizaban en desbandada a su alrededor, trepando por las paredes y enroscándose en las columnas. Una de las serpientes entró en la casa para reunirse con el anciano padre de Egle y discutir los términos de la unión. Al principio, el anciano vaciló y resopló, negándose a creer que aquello pudiera estar pasando; pero cuando todas las serpientes del mundo se reúnen en la granja de alguien, no importa cómo se sienta uno, así que prometió entregar a su hija más joven y hermosa. Sin embargo, el anciano pensaba engañar a las serpientes. Les pidió que esperaran un poco, corrió tan rápido como pudo a ver a una mujer sabia que vivía cerca y le contó todo. La mujer sabia dijo:
-Es fácil engañar a una serpiente, en lugar de tu hija dale un ganso y que se largue.
El anciano hizo lo que le aconsejó la mujer sabia. Vistió un ganso blanco con la ropa de Egle, lo subieron al carro y comenzaron su viaje. Poco tiempo después escucharon un cuco desde un abedul, cantando:
-Coo-coo, coo-coo, te han engañado. En lugar de una novia, te ha dado un ganso blanco. ¡Cu-cu, cu-cu!
Las serpientes regresaron a la granja y, enojadas, arrojaron al ganso del carro y exigieron la novia. Los padres, siguiendo el consejo de la mujer sabia, disfrazaron una oveja blanca. Pero otra vez cantó el cuco:
-Coo-coo, coo-coo, te han engañado. En lugar de una novia, te ha dado una oveja blanca. ¡Cu-cu, cu-cu!
Las serpientes regresaron furiosas a la granja y nuevamente exigieron la novia. Esta vez la familia les dio una vaca blanca. El cuco les volvió a alertar sobre el engaño del padre y las serpientes regresaron por cuarta vez, completamente iracundas. Entonces amenazaron a la familia con un año de sequías, inundaciones y hambre por su falta de respeto. Dentro de la casa, Egle lloró. La vistieron de novia y la entregaron a las serpientes. Mientras llevaban a Egle con su futuro esposo, las serpientes escucharon al cuco cantar:
– ¡Apúrate, date prisa, el novio espera a la novia!
Finalmente, Egle y su compañía llegaron al mar. Allí conoció a un apuesto joven que la esperaba junto a la playa. Él le dijo que se llamaba Žilvinas y era la serpiente que se había metido en la manga de su blusa. Enseguida se mudaron a una isla cercana, y desde allí descendieron bajo tierra y bajo el mar, donde había un palacio de ámbar lujosamente decorado. Allí celebraron la boda y durante tres semanas bebieron, bailaron y festejaron.
El palacio de la serpiente estaba lleno de invitados y Egle por fin se quedó tranquila, comenzó a ser feliz y se olvidó por completo de su tierra natal.
Pasaron nueve años y Egle dio a luz a tres hijos -Azuolas, Uosis y Berzas- y una hija -Drebule- que era la menor. Un día mientras jugaban, el hijo mayor le preguntó:
-Queridísima Madre, ¿dónde viven tus padres? Vamos a visitarlos.
Fue entonces cuando Egle recordó el lugar donde había nacido. Recordó a sus padres, hermanos y hermanas. Y comenzó a preguntarse si llevarían una buena vida, si tendrían salud. Había pasado mucho tiempo y tal vez todos estaban muertos. Egle deseó desesperadamente ver su tierra natal. Su esposo, Žilvinas, ni siquiera quiso escuchar sus súplicas.
-Bien, dijo, ve de visita, pero primero tendrás que hilar este mechón de seda, y le mostró un huso.
Egle se sentó a hilar. Hilaba todo el día, hilaba toda la noche, pero el mechón de lana no se acababa de hilar. Se dio cuenta de que la habían engañado. Entonces fue a ver una bruja que vivía cerca y se lamentó con ella:
-Abuela querida, enséñame a hilar este mechón de seda.
La anciana le dijo qué hacer y qué necesitaba para la tarea:
-Tíralo al fuego la próxima vez que lo enciendas, de lo contrario no podrás hilar la seda.
Llegando a casa, Egle arrojó la seda en un horno de pan recién encendido. La seda se quemó y en el centro del horno quedó un sapo que producía seda infinita de su cuerpo. Así Egle descubrió el engaño e hiló la seda suficiente. Luego regresó con su esposo, rogándole que le permitiera ir por unos días a visitar a sus padres. Ahora Žilvinas sacó de debajo de su banco un par de botas de metal:
-Cuando los desgastes, entonces viajarás.
Egle se puso las botas y con ellas caminó, saltó, pisoteó, incluso las arrastró por el suelo de piedra, pero las botas eran gruesas, duras y no se gastaban. Caminara o no caminara, los zapatos durarían para siempre. Y volvió con la bruja por más ayuda. La anciana le dijo:
-Llévalas a un herrero y pídele que las desgaste en su horno.
Egle hizo lo que se le indicó. Las botas se calentaron bien y en tres días, Egle las había desgastado.
Desgastadas las botas, se acercó una vez más a su marido para que le permitiera visitar su tierra natal.
-Bien, dijo Žilvinas, pero al menos debes hornearles un pastel de conejo ¿qué otra cosa les darás a tus hermanos y a los hijos de tus hermanos y a tus otros parientes como regalo?
Mientras tanto, el rey de las serpientes ordenó que escondieran todos los utensilios de cocina, para que Egle no pudiese hacer el pastel. Entonces Egle se puso a pensar cómo podría traer agua sin un balde y hacer la masa sin un tazón. Una vez más, fue con la anciana para pedirle consejo. Ella le dijo:
-Extiende la levadura en el colador, sumerge el colador en el agua y mezcla adentro la masa.
Egle lo hizo todo de aquel modo; mezcló, horneó y el pastel quedó listo. Después se despidió de su esposo y partió con los niños hacia su tierra natal. Žilvinas los acompañó parte del camino, los ayudó a cruzar el mar y le advirtió a Egle que debían regresar después de nueve días.
-Cuando regresen, vengan solo tú y los niños, y cuando te acerques a la playa, llámame de esta manera:
Žilvinas, querido Žilvinėlis,
Si vivo, que el mar espumee leche
Si muerto, que el mar espumee sangre.
-Si ves venir hacia ti espuma de leche, entonces sabrás que sigo vivo; pero si viene sangre, habrá llegado a mi final. Mientras vosotros, hijos míos, no digáis a nadie el secreto, no digáis a nadie cómo llamarme.
Dicho esto, se despidió de su familia y les deseó un pronto regreso.
Al llegar a su antigua casa, Egle sintió una gran alegría. Todos los parientes y vecinos se reunieron a su alrededor. Uno tras otro hacían muchas preguntas. Querían saber cómo era vivir con la serpiente y la muchacha les describió todos los aspectos de su vida. La hospitalidad fue buena, comieron y hablaron mucho. De hecho, Egle estaba tan animada, que ni siquiera sintió pasar los nueve días.
Cuando se acercó el momento de regresar, los padres, hermanos y hermanas de Egle comenzaron a preguntarse qué hacer para que ella y los niños no se fueran. Fue así que decidieron obligar a los más pequeños a decirles la manera en que su madre llamaría a su esposo. Así ellos podrían llamarlo primero y matarlo cuando llegase a la orilla.
Entonces llevaron al bosque al hijo mayor de Eglė, Ąžuolas. Lo rodearon y comenzaron a interrogarlo, pero él fingió no saber nada. Lo golpearon con varas, pero fue en vano. Cuando lo dejaron ir, le advirtieron que no dijera nada a su madre. El segundo día llevaron a Uosis, luego a Beržas, pero no pudieron obtener ninguna información de ellos. Finalmente, llevaron a la hija más joven, Drebulė. Al principio ella también dijo que no sabía nada, pero cuando vio las varas que sobresalían de debajo de sus abrigos, les contó todo.
Entonces los doce hermanos tomaron sus guadañas y se dirigieron al mar. De pie en la orilla, llamaron:
Žilvinas, querido Žilvinėlis,
Si vivo, que el mar espumee leche
Si muerto, que el mar espumee sangre.
En cuanto la serpiente llegó nadando, los doce hermanos la atacaron y la hicieron pedazos. Luego, al regresar a casa, no le dijeron nada a Egle de lo que había ocurrido.
Se cumplieron los nueve días. Egle, se despidió de su familia y amigos, se fue al mar y llamó a su serpiente.
El mar tembló desde las profundidades y Eglė vio venir hacia ella, agitadas, ola tras ola coronada de espuma sangrienta. Entonces escuchó la voz de su esposo:
“¡Tus doce hermanos me hicieron pedazos con sus guadañas! Drebulė, nuestra hijita más querida, les contó cómo llamarme.”
Con gran tristeza y llena de ira, Egle se volvió hacia sus hijos y le dijo a Drebule:
¡Que te conviertas en álamo,
que te estremezcas día y noche,
que la lluvia te limpie la boca,
que el viento te peine el cabello!
Y a sus hijos:
Queridos hijos, quedaos a mi lado como árboles fuertes.
¡Yo, su pobre madre, seré un abeto oscuro y triste entre ustedes!
Tal como ella lo ordenó, así fue. Ahora el roble, el fresno y el abedul son los más fuertes entre todos nuestros árboles, mientras que el álamo tiembla al menor soplo de viento. Ella tiembla porque tembló ante sus tíos, traicionando a sus verdaderos padre y madre.
