Casi es Navidad y la iglesia católica volverá a celebrar el cumpleaños de Jesucristo el 25 de diciembre, sin embargo, la fecha exacta del Nacimiento no consta en ningún documento histórico. Algunos eruditos lo calculan en otoño, entre septiembre y octubre, teniendo en cuenta que las Escrituras se refieren los pastores que cuidaban los rebaños al aire libre, lo que difícilmente podría haber ocurrido en pleno invierno.
Resulta probable y hasta entendible que los primeros cristianos adoptaran intencionalmente el 25 de diciembre para celebrar la Navidad, con el objetivo de opacar y/o suplantar festividades paganas como las Saturnales (del 17 al 23) y el Dies Natalis Solis Invicti (del 22 al 25), que en ese momento del año celebraban el solsticio de invierno con sus largas noches previas y sus largos días posteriores.
Ahora bien, el solsticio es más antiguo que cualquier fiesta y es común para todo el hemisferio norte, así que, desde mucho antes, los germanos precristianos también dedicaban estas fechas para descansar y pedir a los dioses por buenas cosecha en la próxima temporada. El adormecimiento de la tierra bajo las capas de nieve y el progresivo rejuvenecimiento del sol fueron aspectos que no escaparon al ojo nórdico. Todo ello fue correspondientemente traducido a sus prácticas religiosas en la forma de sacrificios y rituales vinculados con la muerte y la fertilidad. Para cuando comenzó la cristianización de Escandinavia en el siglo VIII, los primeros misioneros debieron encontrar tradiciones muy bien organizadas bajo el nombre de Jól (Yule).
En las fuentes
Precisamente en el siglo VIII aparece una de las primeras constancias del término Yule en el tratado De temporum ratione, del monje benedictino Beda el Venerable, donde recoge los nombres de los meses anglosajones precristianos. Ærra Jéola (Antes de Yule) corresponde a diciembre y Æftera Jéola (En honor a Yule) a enero. En nórdico antiguo este debió ser el tiempo conocido como Jól (Yule) que, en concreto, sería el festival comprendido entre esos días.
El término Jól o Yule y todos sus cognados en gótico y en las lenguas nórdicas (noruego, sueco, islandés, feroés y danés) derivan de un término en germánico común o protogermánico, sin embargo, la raíz etimológica de la palabra sigue siendo incierta.

Lo que no se discute es la naturaleza precristiana del término, principalmente en nórdico antiguo. Entre los nombres del dios Odín estaban Jólfaðr (‘padre de Yule’) y Jólnir (‘el de Yule’). En Ágrip af Nóregskonungasögum, o simplemente Ágrip, uno de los escritos sinópticos noruegos, que data del siglo XII, se afirma explícitamente la razón del nombre de Yule:
«Aquí es apropiado dilucidar un problema planteado por los hombres cristianos sobre lo que los paganos sabían sobre Yule, porque nuestro Yule tiene su origen en el nacimiento de Nuestro Señor. Los paganos tuvieron una fiesta celebrada en honor a Óðinn y Óðinn es llamado por muchos nombres: es llamado Viðrir y es llamado Hár y Þriði y Jólnir; y es por Jólnir que Yule es nombrado.»
El plural ‘jólnar’ (‘los de Yule’) puede referirse a los dioses nórdicos en general y en particular ‘jól’, es utilizado en el lenguaje poético como sinónimo de ‘fiesta’ o ‘banquete’, como en el kenning hugins jól (‘banquete de cuervos’). En el Skáldskaparmál de la Edda en prosa, cuando se pregunta “¿Cómo se puede llamar a los dioses?”, una de las respuestas es:
Jólnar, como cantaba Eyvindr:
Nosotros hemos formado
El banquete de los Jólnar,
La canción de alabanza del príncipe
Fuerte como un puente de piedra.
La Hákonar saga góða o Saga de Hakon el Bueno, contenida en la Heimskringla, también conocida como Crónica de los reyes nórdicos, escrita por el escaldo e historiador islandés Snorri Sturluson alrededor del año 1225, nos revela que fue el rey Haakon I de Noruega, apodado el Bueno (que se había educado en Inglaterra como parte de un acuerdo de paz entre su padre, el rey Harald I, y el rey inglés Athelstan), quien homologó y reprogramó oficialmente el Yule pagano con la Navidad cristiana durante su reinado entre 934 y 961.
«El rey Hakon era un buen cristiano cuando llegó a Noruega, pero como todo el país era pagano, con muchos sacrificios paganos, y como había que conciliar con muchas personas importantes y lograr el favor de la gente común, resolvió practicar su cristianismo en privado. Pero guardaba los domingos y los ayunos de los viernes, y alguna señal de los días festivos más importantes. Hizo una ley para que la fiesta de Yule comenzara al mismo tiempo que la celebrada por los cristianos, y que todo hombre, bajo pena, debía preparar cerveza de malta y con eso guardar la santidad de Yule mientras durara. Antes de él, el comienzo de Yule o noche de la matanza era la noche de mediados de invierno (14 de diciembre) y se mantenía durante tres días después de eso…»
No obstante, es sabido que los intentos del rey Haakon no rindieron los frutos que esperaba, incluso hay rumores de su regreso al paganismo, real o fingido; la cristianización de Escandinavia requirió más tiempo que en el resto de Europa, entre 150 y 200 años. Un poco más adelante, en la propia Saga de Hakon, se nos describe el que podría ser un perfecto ritual de Yule:
«Sigurd, conde de Hlader, hacía los más grandes sacrificios, y también su padre Hakon; y Sigurd siempre presidió por cuenta del rey en todas las fiestas sacrificiales del país de Throndheim. Era una vieja costumbre que cuando había que sacrificar, todos los granjeros debían venir al lugar donde estaba el templo y traer con ellos todo lo que necesitarían mientras durara la fiesta. A este festival todos los hombres traían cerveza y se sacrificaba toda clase de ganado, incluso caballos, y toda la sangre que provenía de ellos se llamaba hlaut, y los vasos en los que se recogía se llamaban vasos de hlaut. Se hicieron ramas de hlaut, como cepillos de rociar, con los cuales se salpicaban todos los altares y los muros del templo, tanto por fuera como por dentro, y también se rociaba al pueblo con la sangre; pero la carne se cocinaba para los presentes. El fuego estaba en medio del piso del templo, y sobre él colgaban las teteras, y las copas llenas se pasaban de un lado al otro del fuego; y el que hacía el banquete, que era el jefe, bendecía las copas llenas y toda la comida del sacrificio. Y primero la copa de Odín fue vaciada por la victoria y el poder de su rey; después, las copas de Niord y Freyja por la paz y una buena temporada. Entonces era costumbre de muchos vaciar la copa de brage (sobre la que se hacían juramentos); y luego los invitados vaciaron una copa a la memoria de los amigos fallecidos, llamada copa del recuerdo. Sigurd, el conde, era un hombre generoso, que hacía lo que más gustaba a su pueblo, es decir, un gran festival de sacrificios en Hlader del cual pagaba todos los gastos.»
A estas costumbres se les podrían asociar otras semejantes a las que Beda el Venerable menciona en su De temporum ratione que poseían los paganos anglosajones. El monje británico asegura que «esa misma noche, que consideramos tan sagrada», refiriéndose al 25 de diciembre, «la llamaban con la palabra pagana Modranicht, esto es, “noche de la madre”, por las (sospechamos) ceremonias que realizaron durante toda esa noche.»
Según los estudiosos, estas madres pueden estar relacionadas con el culto a las matronas germanas como espíritus de antepasados femeninos, es decir, el culto a los muertos; pero también a las disir, una colectividad de seres divinos también femeninos de quienes poco se sabe con certeza, excepto que están relacionadas con la muerte y se han identificado con las nornas y las valquirias. Al mismo tiempo, dicho culto tendría un importante carácter propiciatorio de la fertilidad para asegurar la cosecha del año próximo.
Yule también ha sido relacionado con el mito de la Cacería Salvaje, una procesión fantasmal que avanza por el cielo y que dirige el propio Odín, así como con una mayor actividad sobrenatural en general. No obstante, el elemento más llamativo y, sobre todo, el que ha perdurado, es el banquete con abundante bebida y comida. Como hemos visto, se comía la carne del sacrificio y se preparaba un hidromiel especial, probablemente se cantaba, bailaba y jugaba en compañía de familiares y amigos. Muchos aspectos de esta fiesta fueron sometidos a la eventual reformulación cristiana de Yule en Christmastide (‘tiempo de la misa de Cristo’). A día de hoy, en la mayoría de países del norte de Europa es imposible distinguir entre Jól y Navidad; son, a la vez, sinónimos y antónimos.
Yule Log, el tronco de Yule
Muchas costumbres y tradiciones de Navidad, como el tronco, la cabra, el jabalí, los cantos, etc. provienen de tradiciones paganas de Yule.
La tradición del leño de navidad, conocido como Yule Log en las islas británicas, consistía en encender un gran tronco, que debía arder toda la noche. Geroge Frazer dice en La Rama Dorada:
«Que el leño de Pascua fuera solamente un duplicado, contrahaz o envés de la hoguera del solsticio estival, encendido puertas adentro y no al aire libre en consideración a la inclemencia del tiempo frío de la estación del año, fue señalado hace tiempo por el arqueólogo inglés John Brand y la idea está apoyada por muchas supersticiones extrañas agregadas al leño pascual, supersticiones que no tienen conexión aparente con el cristianismo, pero en cambio llevan evidente el sello de un origen pagano.»

Las supersticiones alrededor del leño de navidad tienen que ver con el carácter protector del fuego. Se supone que espanta a los malos espíritus, alumbraba toda la velada de reunión y las cenizas se esparcían por los campos con la creencia de que así se harían fértiles y darían buenas cosechas el próximo año. Otros guardaban las cenizas o una porción de madera durante todo el año para proteger la casa de los rayos.

En el siglo XIX, el uso cada vez más extendido de las estufas en lugar de las chimeneas hizo que se modificara la tradición y se sustituyera el tronco de leña por un postre muy similar estéticamente a un brazo de gitano de chocolate. Sin embargo, todavía algunas personas traen un pequeño tronco dentro de la casa y lo decoran con velas y vegetación típica de la estación.

Yule Goat, la cabra de Yule
Julbocken, Yule Goat o Cabra de Yule es uno de los símbolos escandinavos de la Navidad por excelencia. Hoy en día se decoran las casas con monigotes con forma de cabra hechos de paja trenzada que obviamente tienen sus orígenes en época pagana, mucho antes incluso de los vikingos. El macho cabrío puede ser un símbolo de la ofrenda o el sacrificio ritual. Tal vez por eso se le consideró más recientemente como el que trae los regalos de Navidad.
Es común todavía hoy la existencia de personajes disfrazados de cabra en estas fiestas. En algunos lugares el disfraz se parece más a un demonio que pide comida de puerta en puerta y castiga a los niños mal portados, pero en este caso la criatura suele ir atada a una cuerda y conducida por San Nicolás, lo que es un evidente aporte del cristianismo.

Algunos entusiastas no han resistido la tentación de vincular a la cabra de Yule con el dios Thor, que muchos sólo asocian a la guerra o a las batallas, pero que también era el protector de los hombres, con influencia en el clima, las cosechas y la justicia. Thor viajaba en un carro tirado por dos machos cabríos mágicos llamados Tanngrisnir y Tanngjóstr, que tenían la peculiaridad de que su dueño podía cocinarlos para alimentarse y luego revivirlos cubriendo los huesos con la piel y utilizando el poder regenerador de su martillo.
Sin embargo, tal vez haya algo de cierto en esto. Según Frazer en La Rama Dorada, la cabra es una de las formas que adopta el espíritu del grano, con el que interactúan los campesinos supersticiosos durante la siega. Hacer una figura de cabra con la última gavilla cortada era una tradición bastante extendida. Lo interesante es que en algunos lugares de Europa «El espíritu del grano se representaba como cojo por haber sido mutilado al cortar la mies. Algunas veces la anciana que trae a casa la última gavilla debe ir “a la pata coja”». Si esto tiene, o no, una conexión con la cojera de una de las cabras míticas en cierta leyenda, solo se puede especular.

Yule Boar, el jamón de Yule
Yule Boar, o el jamón de Navidad, también es una tradición perdurable, tal vez basada en un sacrificio pagano. El jabalí es un símbolo de renovación solar por su costumbre de aparearse en invierno y dar a luz en primavera. En la mitología nórdica está ligado al dios Freyr, el dios de la cosecha y la fertilidad, que monta un jabalí de cerdas doradas llamado Gullinbursti. En varias sagas islandesas se describe cómo el animal era llevado ante el rey y los hombres realizaban juramentos solemnes –sobre cosas que harían en el futuro- tocando las cerdas del jabalí sagrado.
«El rey Heithrek adoraba a Frey y solía darle a Frey el jabalí más grande que pudiera conseguir. Lo consideraban tan sagrado que en todos los casos importantes solían prestar juramento sobre sus cerdas. Era costumbre sacrificar este jabalí en el sónarblóti (sacrificio del líder o el principal de la piara). En la víspera de Navidad, el principal de la piara fue conducido al salón ante el rey. Entonces los hombres pusieron sus manos sobre sus cerdas e hicieron votos solemnes.»
Después de los juramentos el jabalí era sacrificado y servido en el banquete. Por lo general se escogía el sonargöltr, es decir, el jabalí líder de su piara, o se criaba uno con mucho esmero hasta que alcanzaba un gran tamaño. La costumbre del heitstrenging o “jurar votos solemnes”, podía combinar el uso del jabalí y de la famosa bragafull o bragarfull (“copa del jefe” o “copa de Bragi”) que todos utilizaban para brindar por turnos.
Frazer cree que el jabalí o el cerdo de Navidad también es una encarnación del espíritu del grano:
«Mas la idea de la encarnación en forma porcina del espíritu del grano en ningún lugar está más claramente expresada que en la costumbre escandinava del Verraco de Navidad. En Suecia y Dinamarca es costumbre de navidad hornear una hogaza que tiene forma de cerdo, la llaman el cerdo de pascuas. Suele usarse para ello la harina sacada de la última gavilla de mies. Durante toda la pascua queda sobre la mesa este cerdo pascual y muchas veces lo conservan hasta la siembra de primavera, en la que una parte de la hogaza es mezclada con la semilla y otra parte se da al labrador que ara y a los caballos o bueyes que arrastran el arado, en la esperanza de obtener una buena cosecha.»
Como se ve, la costumbre de tener un jabalí o un cerdo en las fiestas nunca desapareció del todo. En algunas iglesias y universidades de Estados Unidos e Inglaterra todavía se sirve y se lleva en procesión la famosa cabeza de cerdo con una manzana en la boca. En muchos países todavía se come el “jamón de Navidad”.
Lejos de condenar el jamón por su origen pagano, la iglesia decidió aprovecharlo convirtiéndolo en una auténtica prueba de fe: los judíos que se habían convertido falsamente para huir del castigo lo habrían rechazado como ordenan sus preceptos, mientras que los verdaderos conversos lo habrían comido sin problema.

Actualmente, Yule es una de las celebraciones más importantes observadas por los grupos neopaganos de tradición germánica, basándose en los tres sacrificios mencionados en la Saga de los Ynglings:
«Se debían realizar sacrificios por un año próspero hacia el invierno, a mitad del invierno se debía sacrificar por la fertilidad, y el tercero, en verano, era el sacrificio por la victoria.»
Muchos neopaganos afirman categóricamente que la Navidad moderna es una corrupción del Yule antiguo, pero esto es cierto en la misma medida en que no lo es. La Navidad no tiene un único origen, sino que es la mezcla sincrética resultante de muchos elementos, algunos más universales, y otros puramente locales. Lo que no tiene discusión es que el interés por celebrar dicha fecha, trasciende los tiempos y las culturas. El cristianismo no tiene ningún tipo de exclusividad al respecto. Tampoco es posible negar que los pueblos nórdicos tuvieron sus propias fiestas y rituales para celebrar y combatir el invierno, pues entendían que era parte de un ciclo necesario, organizado y dirigido por sus dioses, en oposición a las fuerzas más caóticas de la naturaleza.