Grýla


Todos los que nos interesamos por el paganismo sabemos lo que es Jól o Yule, quizá la celebración más importante de los nórdicos precristianos que ha llegado hasta nuestros días, transformada en una versión de la navidad europea. Se sabe relativamente poco del Yule, incluso menos de lo que quisieran los reconstruccionistas más entusiastas.

El hecho es que, probablemente, en Islandia y algunos otros lugares de Escandinavia haya sobrevivido un elemento del Yule que hemos pasado por alto: Grýla, la terrible ogresa, esposa de Leppalúði, madre de los trece Yule Lads y dueña del Gato de Yule, que hace siglos son personajes de la navidad local, utilizados para amenazar y asustar a los niños que se portan mal.

Grýla y su familia son ogros, trolls o gigantes que en navidad bajan de las montañas islandesas para recorrer los asentamientos humanos en busca de niños y a veces, incluso, personas adultas para comer. Grýla es enorme y su apariencia es repulsiva. Los poemas más antiguos la describen como una mendiga que camina pidiendo a los padres que les entreguen a sus hijos desobedientes. Es posible frustrar sus planes dándole alguna otra cosa de comer o simplemente ahuyentándola. Originalmente vivía en una pequeña casa de campo, pero en poemas posteriores parece haber sido forzada a salir de la ciudad, relegada a una cueva lejana. Actualmente Grýla tiene la capacidad de detectar niños que se portan mal durante todo el año para luego venir a recogerlos en un saco gigante durante la época navideña. Su plato favorito es un guiso de niños traviesos.

Grýla, obra de Þrándur Þórarinsson (Akureyri, Islandia, 1978). La pintura es vívida y desgarradora. Sus tonos oscuros y su iluminación cambiante hacen aún más siniestra la acción. La expresión facial de Grýla es casi estoica, no hay culpa ni alegría en lo que hace. La madre tampoco parece estar asustada o molesta por ello, como si fuera un hecho natural.

Grýla en la mitología antigua

La mención más antigua de Grýla puede ser la que aparece en Nafnaþulur, una lista de nombres al final del Skáldskaparmál de la Edda prosaica (siglos XII-XIII), que dejó de publicarse en las ediciones modernas por considerarse una adición posterior a la obra de Snorri. Tröllkonur se titula el segmento en que aparece la estrofa número 12, sin embargo, no hay ningún indicio de su relación con Yule o con otra fiesta:

«Contaré los nombres de las brujas (mujeres troll o mujeres gigantes): Gríðr y Gnissa, Grýla, Brýja, Glumra, Geitla, Gríma y Bakrauf, Guma Gestilja, Grottintanna.»

Los poemas y rimas (jingles) sobre Grýla casi constituyen un género de la poesía popular islandesa y, aunque existen muchas versiones con más o menos detalles y algunos cambios, la esencia del mito no varía, incluso algunos versos parecen trascender en el tiempo y el espacio, encontrándose semejantes en las islas Feroe y Shetland.

La Saga Sturlunga incluye la Saga Íslendinga, donde aparece la primera descripción de Grýla en unos versos datados del siglo XIII con muchos parecidos posteriores:

Aquí viene Grýla, bajando a la granja
Quince colas, trae con ella

La estrofa la canta el jefe Loptr Pálsson cuando cabalga con un gran séquito para atacar la granja Breiðabólstaðir en 1221, describiéndose a sí mismo como parte de un grupo sobrenaturalmente poderoso. Este es un indicio bastante claro de que ya para entonces existía una rima popular sobre Grýla. De hecho, todo parece indicar que la rima sobrevivió de alguna manera y algunas fuentes modernas ofrecen variantes de los versos finales:

Y en cada cola cien bolsas,
Y en cada bolsa veinte niños.

Otra parecida dice:

Gryla entró en el patio;
Caminando sobre sus pezuñas
De su frente colgaban largos mechones;
Una bolsa llevaba contra el muslo-
Ahí van los niños, pensé yo.

E incluso otra con final feliz agrega:

Vino la pequeña Valka
Y le abrió un agujero con sus tijeras.

Una rima muy parecida a la islandesa era corriente en las Islas Feroe en la década de 1940, aunque allí grýla es un nombre genérico para un tipo de monstruo con cuerpo de cabra que camina erguido y aparece el primer lunes de Cuaresma (un festival infantil allí, y también en Islandia y Dinamarca):

Viene bajando una grýla de las colinas
Con cuarenta colas,
Bastón en mano, (o: Espada en mano,)
Viene a buscar a los niños (o: Viene a abrirles el estómago a los niños)
Que lloran por carne en la Cuaresma.

El folclorista Terry Gunnell cree que el hecho de que Loptr Pálsson de la Saga Íslendinga pensara en Grýla antes de la batalla, pudo deberse a que uno de sus oponentes se llamaba Steingrímr Skinngrýluson, es decir, hijo de Skinn-Grýla, probablemente un apodo. Esto sugeriría que en la Islandia del siglo XIII quedaban restos de costumbres navideñas paganas en las que personas disfrazadas o enmascaradas con cuernos y pieles de animales, recorrían la región tomando por asalto las granjas, exigiendo un tributo en comida, principalmente carne, como todavía se ve en algunos países del área.

El julbock, cabra o cabrón de navidad, se encuentra en el folclore de muchos países europeos, al principio consistía en un hombre disfrazado, cuya práctica puede remontarse al paganismo precristiano del que también procede Grýla. La cabra puede ser una alusión al animal del sacrifico, que eventualmente se convirtió en la portadora de regalos, hasta que la iglesia cristiana prohibió su uso, homologándola con su propio Demonio. Actualmente nos quedan los julbock hechos de paja, que son adornos tradicionales de la temporada.
Cabras de Yule

En cualquier caso, Grýla significa “susto, amenaza, peligro”, es decir, “una advertencia aterradora”. La primera parte de la Saga de Sverre, también escrita entre los siglos XII y XIII, se titula Grýla a pesar de que ella no aparece en la historia. Probablemente se haya utilizado el nombre para sugerir algo terrible y grandioso. El texto describe sueños proféticos y grandes batallas para ensalzar la figura del rey Sverre Sigurdsson de Noruega, quien obtuvo su primera gran victoria de forma casi sobrenatural.

Grýla, el monstruo navideño

Según consta en las prácticas de otras regiones que se mantuvieron muy vivas por lo menos hasta el siglo XIX, personajes similares a Grýla, entre mendigos y demonios, tenían un aditamento en su disfraz parecido a un falo de madera, con el que otorgaban una fertilidad simbólica a las mujeres. Así, Grýla pertenecería a un grupo de monstruos europeos que simbolizan lo peor de la estación invernal, el frío y el hambre que hay que mantener alejados; pero también el ciclo natural de renovación de la tierra. Los grýlur masculinos de las Islas Feroe, por ejemplo, que son bien conocidos aún hoy en día, suelen aparecer en grýlukvöld, el primer martes de Cuaresma. En las Islas Shetland existieron en algún momento los skekler y grølek, que vestidos con paja y pieles de animales también visitaban los poblados exigiendo comida y bendiciendo las bodas. Ninguno de estos personajes solía hablar, excepto, quizás, alguna rima tradicional como las que hemos visto, sino que gruñían imitando sonidos de animales. De hecho, los atributos que primaban en todos los casos eran los de la cabra. En muchos lugares de Europa el disfraz arquetípico de julbocken o cabra de Yule, consistía en un poste coronado con una cabeza de cabra con cuernos y mandíbulas batientes.

Es posible que en Islandia, las antiguas rimas sobre Grýla se convirtieran en un canto para acompañar un baile tradicional conocido como vikivaki, pero la censura religiosa prohibió este tipo de festejos en el siglo XVII y la vieja ogresa no tuvo más remedio que recluirse en las montañas, limitando sus funciones a las de un simple asustador de niños.

Grýla quedó definitivamente vinculada a la navidad en el siglo XVII gracias a poemas y jingles infantiles como el del Rev. Gudmundur Erlensson de 1670. La descripción más difundida del mito, sin embargo, debe ser la del escritor del siglo XIX Jón Árnason, autor de la primera colección de cuentos populares islandeses.

«No podemos concluir nuestras historias de trolls sin dar una descripción de Gryla, un esperpento usado para amenazar a los niños inquietos, siendo suficientemente horrible como para matarlos del susto.

» Gryla tenía trescientas cabezas con seis ojos en cada una, además de dos ojos azules lívidos y fantasmales en la parte posterior de cada cuello. Tenía cuernos de cabra y las orejas eran tan largas que le llegaban a los hombros por un lado y por el otro a las trescientas narices. En cada frente había un mechón de cabello y en cada mentón una barba enmarañada y sucia. Sus dientes se retorcían como lava quemada. En cada muslo se había atado un saco en el que solía cargar con los niños traviesos, y tenía, además, pezuñas de caballo. Además de todo esto, tenía quince colas, y en cada una cien bolsas de piel, cada una de las cuales podía contener veinte niños.

» Gryla tenía un marido llamado Leppaludi, un espantajo, y veinte hijos. Además de estos, se mencionan otros trece (a quienes se dice que Gryla dio a luz antes de casarse con Leppaludi, (el monigote) llamados “muchachos de Navidad”, ya que se suponía que llegaban a las moradas humanas en la época navideña para llevarse a los niños traviesos.»

Grýla y Leppalúði. Leppalúði lleva el Gato de Yule, que crecerá a proporciones gigantescas para devorar a los niños que no reciban ropa nueva en Navidad.
Foto: Museo Nacional de Islandia

El propio Árnason recogió los diversos þulur o jingles sobre Grýla y su familia en el libro Íslenzkar Gátur, etc., escrito junto a Ólafur Davídsson entre 1887-1903. En uno de los más extensos, llamado Grýluþula (“Poema de Grýla”), ella es la esposa de Leppaludi y madre de veinte muchachos, aunque dos de ellos, los gemelos Sighvat y Surtla, hijos de la vejez, nacieron muertos. Ya aquí se los describe como una familia de caníbales que se reúnen en navidad para conseguir niños traviesos, a los que cocinan en una olla enorme para la cena. En otro poema titulado Grýla og bændur hennar (“Grýla y sus esposos”) se revela que ha estado casada varias veces, la primera con un tal Gustur al que mató y se comió, la segunda con un tal Boli que murió de viejo (o también mató ella) y la tercera con Leppaludi. Leppaludi es famoso por ser un viejo perezoso, lo que lo hace casi inofensivo; rara vez abandona la cueva de lava sólida en el famoso campo de Dimmuborgir, donde vive toda la familia. Sus muchos hijos, incluidos los Yule Lads, pueden ser de cualquiera de los esposos de Grýla en las distintas versiones.

Dimmuborgir, Islandia

Otro poema cuenta que Leppalúði tuvo una aventura con una chica llamada Lúpa, que trabajó como enfermera de Grýla cuando ella estuvo muy enferma y postrada en cama durante todo un año. Cuando Grýla descubrió la traición, expulsó a Lúpa de la cueva junto con el hijo bastardo que tuvo con Leppalúði. El muchacho se llamó Skröggur y se dice que no fue mejor persona que su padre, aunque consiguió casarse con Skjoda, la hija de un elfo.

Yule Lads o “los muchachos de Yule”

Al principio, el número y la representación de los “muchachos de Yule”, Yule Lads, Yuletide-lads o Yulemen, variaban con frecuencia, desde simples bromistas hasta monstruos homicidas, según la edad del público objetivo; aunque siempre fueron utilizados para asustar a los niños y obligarlos a portarse bien. Como su madre, estos personajes son espíritus oscuros de la naturaleza que se empoderan durante el invierno, cuando la gente se refugia en el interior de sus casas. Uno a uno, los muchachos de Yule bajan de las montañas, hasta que todos han invadido las granjas y pueblos en Nochebuena; sin duda es una imagen formidable de las fuerzas de la naturaleza reclamado el espacio conquistado por la civilización humana. Luego, también uno por uno, se retiran cuando los días comienzan a hacerse más largos. La mayoría de sus maldades tienen que ver con comer o con robar comida, lo que es un recordatorio del miedo al hambre y a la necesidad de cuidar los escasos alimentos durante la estación más difícil.

En el siglo XVIII, el rey Christian VI de Dinamarca promulgó un decreto real sobre la práctica religiosa y la disciplina doméstica que prohibía a los padres amenazar a sus hijos con personajes de terror como los muchachos de Yule.

Yule Lads

A finales de ese mismo siglo, la cantidad de ellos se limitó a 13 y en 1932, el poeta islandés Jóhannes úr Kötlum publica “Yule Lads” (Jólasveinarnir) en su popular libro Christmas is Coming, estableciendo el canon actual de nombres y personalidades que todo buen islandés conoce de memoria.

“Yule Lads” (Jólasveinarnir)

Permítanme contarles la historia
de unos muchachos de pocos encantos,
quienes hace tiempo
solían visitar nuestras granjas.

Trece en total,
estos caballeros al principio
no querían molestar a todos
a la vez.

De las montañas venían,
Tantos como ustedes saben,
en una sola y larga fila
a las granjas de aquí abajo.

Avanzando sigilosos,
abrían la puerta.
La cocina y la despensa
venían a buscar.

Grýla era su madre –
Ella su leche les dio –
y el padre Leppalúdi;
es de una clase repugnante.

Se escondían donde podían,
astutos y burlones,
listos para sus bromas
cuando la gente se ausentaba.

Eran los muchachos de la Navidad
Y en Navidad siempre venían
Siempre de uno en uno,
nunca de dos en dos.

E incluso cuando eran vistos,
no dejaban de vagar
y de sus trucos hacer,
perturbando la paz del hogar.

El primero de ellos era Sheep-Cote Clod.
rígido como la madera,
para rezar por las ovejas
de la granja cuanto pudiera.

Quería mamar de las ovejas,
pero no por accidente
tenía las rodillas tiesas,
lo que en verdad no era muy conveniente.

El segundo era Gully Gawk,
con la cabeza y el semblante gris.
Se colaba en el establo de las vacas
desde su barranco escarpado.

Escondido en los rincones,
la leche se robaba,
mientras la lechera le daba al pastor
una sonrisa atrevida.

Stubby se llamaba el tercero,
un hombrecillo atrofiado,
que buscaba cada oportunidad
para lamer una sartén.

Y escabulléndose con él,
La costra le raspaba
que se pegaba en el fondo
y en los bordes, sus favoritos.

El cuarto era Spoon Licker;
Delgado como un huso.
Se sentía muy a gusto
cuando no estaba el cocinero.

Luego se acercaba y agarraba
la cuchara de agitar con regocijo,
con ambas manos la sostenía
porque estaba muy resbalosa.

Pot Scraper, el quinto,
era un tipo divertido.
Cuando les daban raspaduras a los niños,
él venía a la puerta y tocaba.

Se apresuraban a ver
si realmente había un invitado.
Mientras él corría a las ollas
y se daba un festín.

Bowl Licker, el sexto,
era sorprendentemente mal educado.
De debajo de los somieres
asomaba su fea cabeza.

Y cuando los cuencos eran dejados
Para que lamieran perros y gatos
Él mismo se los arrebataba.
¡Era bueno haciendo eso!

El séptimo era Door Slammer,
tipo vulgar y lamentable:
cuando la gente en el crepúsculo
tomaba una pequeña siesta,

era feliz como una alondra
por los estragos que podía causar,
azotando cada puerta
las bisagras haciendo chirriar.

Skyr Gobbler, el octavo,
era terriblemente estúpido.
Contra el recipiente del yogurt arremetía
Y la tapa dejaba rota.

Allí se quedaba engullendo
—su codicia era bien conocida—
hasta que, a punto de estallar,
balaba, aullaba y gemía.

El noveno era Sausage Swiper,
un ladrón más bien furtivo.
A las vigas se subía
y la comida se escaqueaba.

Sentado en una viga
Envuelto en humo y hollín,
se alimentaba de las salchichas
recién ahumadas.

El décimo era Window Peeper,
un pequeño idiota extraño,
que se acercaba a la ventana
para echar un buen vistazo.

Y lo que sea que allá adentro
atrajera su atención,
más tarde intentaría
tomarlo sin dilación.

El undécimo era Door Sniffer,
muchacho tonto y asqueroso.
Nunca se resfriaba,
Aunque su nariz era enorme y sensible.

El aroma del pan de encaje
captaba estando a muchas leguas
y hacia él corría ingrávido
como el viento sobre valles y colinas.

Meat Hook, el duodécimo,
su talento mostraría
tan pronto como llegara
el día de San Thorlak.

Un bocado se comía
de carne de cualquier tipo,
aunque su anzuelo se quedaba
a veces un poco corto.

El decimotercero era Candle Beggar.
Siempre hacía frío, creo
si no era el último en llegar
de todos en Nochebuena.

Seguía a los pequeños
que, como duendes felices,
corrían por la granja
con sus finas luces de sebo.

Y en la noche misma de Navidad,
según escribe un sabio,
los muchachos se limitaban
a las luces observar.

Luego, uno a uno, al trote se marchaban
a la nieve y a la escarcha.
En la noche duodécima
el último de ellos solía irse.

Sus huellas en las tierras altas
se han borrado hace mucho tiempo,
en imágenes y canciones,
los recuerdos se han convertido.

Los Yule Lads llegan durante las últimas 13 noches antes de Navidad, a partir del 12 de diciembre, y parten después de Navidad, uno por día, en el mismo orden en que llegaron, de modo que todos permanecen 13 días haciendo travesuras.

Nombre islandésTraducciónDescripciónLlegadaSalida
StekkjarstaurMechón-de- lanaAcosa a las ovejas, pero sus rígidas patas de palo le dificultan inclinarse.12 de diciembre25 de diciembre
GiljagaurZoquete-de- barrancoSe esconde en barrancos, esperando una oportunidad para colarse en el establo y robar leche.13 de diciembre26 de diciembre
StúfurAchaparradoAnormalmente pequeño. Roba sartenes para comerse la costra que les queda.14 de diciembre27 de diciembre
ÞvörusleikirLame-cucharasRoba y lame cucharas de madera. Es extremadamente delgado debido a la desnutrición.15 de diciembre28 de diciembre
PottaskefillRaspa-ollasRoba las sobras de las ollas.16 de diciembre29 de diciembre
AskasleikirLimpia-cuencosSe esconde debajo de las camas esperando que alguien deje abandonado su “askur” (una especie de cuenco con tapa que se usa en lugar de platos).17 de diciembre30 de diciembre
HurðaskellirToca-puertasLe gusta dar portazos, especialmente durante la noche, despertando a la gente.18 de diciembre31 de diciembre
SkyrgámurCome-yogurtTiene una gran afinidad por el skyr (similar al yogur).19 de diciembreEnero 1
BjúgnakrækirRoba-salchichasSe esconde en las vigas del techo y se roba las salchichas que se están ahumando.20 de diciembre2 de enero
GluggagægirMirón-de- ventanaUn fisgón que mira por las ventanas en busca de cosas para robar.21 de diciembre3 de enero
GáttaþefurNariz-de- puertaTiene una nariz anormalmente grande y un sentido del olfato agudo que utiliza para localizar el pan de hoja (laufabrauð).22 de diciembre4 de enero
KetkrókurGancho-carniceroUtiliza un anzuelo para robar carne.23 de diciembre5 de enero
KertasníkirRoba-velasSigue a los niños para robar sus velas (que alguna vez fueron hechas de sebo y por lo tanto eran comestibles).24 de diciembre6 de enero
Un muchacho de Yule con atuendo tradicional. Desde la década de 1980, el Museo Nacional invita a los niños en edad preescolar a conocer a los muchachos de Yule tradicionales, ayudando así a eliminar la ropa roja de estilo americano.

Los muchachos de Yule aparecen en muchas historias antiguas y cuentos populares, pero a diferencia de su madre, ellos han ido dulcificando sus prácticas y su apariencia. En el siglo XIX los comerciantes ricos comenzaron a organizar bailes públicos e invitaron a los muchachos de Yule, ahora ancianos adorables que traían golosinas. Esta transformación comenzó en las ciudades y pueblos más grandes, mientras que sus características malvadas sobrevivieron más tiempo en el campo. Sin embargo, para la década de 1930 los muchachos de Yule habían comenzado hacer visitas regulares a las escuelas y a aparecer en la radio contando historias infantiles y cantando canciones navideñas. De una población original de 82 chicos monstruosos, quedaron los trece más inofensivos.

Hoy en día se visten con ropa tradicional islandesa, pero durante la mayor parte del siglo XX vistieron de rojo, como el Papá Noel estadounidense. El cambio comenzó en diciembre de 1988, cuando el Museo Nacional de Islandia invitó a niños de las escuelas y preescolares de Reykjavík para aprender sobre historia y tradiciones islandesas. Aun así, los muchachos de Yule han adoptado la función de traer regalos. Los niños dejan zapatos en los alféizares de las ventanas, y los muchachos les esconden regalos dentro si se han portado bien, o una patata si han sido desobedientes, de modo que Islandia tiene trece Papás Noel en lugar de uno solo.

Jólakotturinn, el “gato de Yule”

El gato de Yule aparece por primera vez en registros escritos en el siglo XIX, en el segundo volumen de la antología de cuentos populares recogidos por el bibliotecario y museólogo islandés Jón Árnason. Su existencia parece estar ligada a la tradición de regalar ropa y de terminar las labores, principalmente de tejido, antes de fin de año, con el objetivo de resistir las bajas temperaturas. Para apresurar el trabajo, los granjeros de antaño amenazarían a sus peones con no recibir la acostumbrada prenda y, consecuentemente, ser devorados por el gato de Yule.

El gato de Yule

Jólakotturinn, el poema más conocido del gato de Yule, también fue escrito por el poeta Jóhannes úr Kötlum en 1932.

Todos conocen al gato de Yule
que era realmente enorme.
Nunca se supo de donde vino
Ni tampoco a dónde se fue.

Abría sus ojos deslumbrantes,
Los dos brillando intensamente.
Se necesitaba ser muy valiente
Para mirarlos sin pestañear.

Sus bigotes, afilados como cerdas,
Su espalda arqueada hacia arriba.
Y las uñas de sus peludas garras
Eran un espectáculo horrible.

Con un movimiento de su cola,
Saltaba, arañaba y siseaba.
A veces en el valle
A veces en la orilla.

Mucho vagaba, hambriento y malvado
En la fría nieve de Yule.
En todos los hogares
La gente se estremecía con su nombre.

Si alguien escuchaba un maullido lastimero
Algo maligno estaba por suceder.
Todo el mundo sabía que cazaba hombres
Y no hacía caso de los ratones.

Acechaba a los más pobres
Que no tenían nuevas prendas
Para Yule – se afanaban
Y vivía en extrema necesidad.

De un golpe les robaba
Toda su cena de Yule
Para comerse él solo
Cuanto pudiera.

De ahí que las mujeres
Se sentaban en sus ruecas
A hilar hilos de colores
Para un vestido o un calcetín.

No se debía permitir que el gato
Agarrara a los niños pequeños.
Algo nuevo para ponerse debían recibir
Cada año de sus adultos.

Cuando en vísperas de Navidad
El gato se asomaba,
Los niños estaban rosados y orgullosos
Vestidos con ropa nueva.

Algunos habían recibido un delantal
Algunos un par de zapatos
O algo que antes les faltaba.
Con esto era suficiente.

Todos con algo nuevo
Estaban a salvo del gato.
Siseaba terriblemente,
pero seguía su camino.

Si todavía existe, no lo sé.
Pero su visita será en vano
Si la próxima vez todos
Tenemos algo nuevo que ponernos.

Si estás pensando en ayudar
A los más necesitados.
Quizás encuentres algunos niños
Que no tienen nada en absoluto.

Quizás si los buscas
Viviendo en un mundo sin luz
Tendrás un día feliz
Y un Feliz, muy Feliz Yule.

Grýla, su esposo, sus hijos y su gato han perdido el verdadero poder de asustar y hoy en día solo son un divertimento para los niños. Como en muchas partes de Europa (y del mundo), son los personajes locales que acompañan al Santa Claus universal en fechas señaladas con juegos y regalos. Una canción infantil islandesa de los años 70 dice:

Ahora Grýla está muerta / Dejó de mecerse en los patios de recreo. / Nadie quiso darle pan / y se quedó sola / en el basurero.

Grýla y su esposo delante de un comercio en Reykjavik

Durante la navidad islandesa, muchos comercios e instituciones utilizan las imágenes de estos personajes para atraer clientes, sobre todo turistas, y las viejas canciones que todos conocen se escuchan una y otra vez. En internet existen dos grabaciones de la cantante de fama internacional Björk interpretando algunas de estas canciones. La primera es una musicalización del poema del gato de Yule, de Jóhannes úr Kötlum, y la segunda, de 1995, habla sobre los Yule Lads y se refiere a Grýla, aunque no menciona su nombre.

Definitivamente Grýla no ha muerto, o al menos su persistente espíritu se aferra a no abandonar el folclore islandés, a pesar de que hace mucho perdió sus más grandes poderes relacionados con Yule, o eso parece. Podría pensarse que su transformación de un espíritu torturador e inevitable que había que contentar con ofrendas de comida, a un personaje de cuentos para entretener a los niños, es denigrante; sin embargo, es muy probable que Grýla y el tipo de monstruos que ella representa siempre haya tenido un carácter alegre y transgresor, como parte de los festejos y rituales de invierno que paralizaban el trabajo y permitían el intercambio social, el disfrute de las artes y la adoración de la naturaleza en su aspecto más aterrador.

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