CB/Reino Unido/Congo — Un hombre que fue acusado de brujería cuando era niño da la bienvenida a la ONU que condena el abuso.
Mardoche Yembi fue acusado de estar poseído por espíritus malignos y causar la muerte de su propia madre cuando era un niño que crecía en el Congo.
Un hombre que presenció que los niños acusados de brujería eran quemados vivos en asesinatos rituales en el Congo, ha hablado de su esperanza para las generaciones futuras tras una resolución histórica de las Naciones Unidas que condena las prácticas nocivas.
Mardoche Yembi, ahora de 29 años, tenía solo ocho cuando un pastor lo acusó de haber causado la muerte de su propia madre por ser brujo. Su tía y su tío, con quienes lo habían enviado a vivir en el Reino Unido para tener una vida mejor, lo culparon de todo lo malo que sucedió y aseguraron que una noche lo habían visto “volar”.


Yembi, que vive en el norte de Londres, estaba aterrorizado cuando sus familiares quisieron enviarlo de regreso al Congo para que lo exorcizaran, ya que había visto el destino de otros niños acusados de brujería, siendo “golpeados brutalmente, colocados en un neumático de automóvil, rociados con gasolina y quemados vivos”. Por suerte no fue su caso y lo rescataron a tiempo gracias a que su escuela alertó a los servicios sociales sobre el plan de sus tíos.
Según Gary Foxcroft, director de una red de información sobre Brujería y Derechos Humanos: “…en la última década ha habido al menos 20 000 víctimas de estas prácticas nocivas en 50 países y seis continentes“.
Foxcroft, junto con un equipo que incluye a la profesora Charlotte Baker, académica de la Universidad de Lancaster, ha dado los primeros pasos cruciales para erradicar las atrocidades de las políticas de brujería en todo el mundo, incluidos los asesinatos rituales, con la aceptación exitosa de una resolución de las Naciones Unidas.
La resolución, que lleva varios años en preparación, fue aprobada después de que Kenia la presentara al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, con el apoyo del grupo africano, compuesto por 54 estados miembros del continente.
Afirma que la ONU “condena enfáticamente las prácticas nocivas relacionadas con acusaciones de brujería y ataques rituales que resultan en violaciones de derechos humanos“.
En todo el mundo, las mujeres, los niños, las personas mayores y las personas con discapacidades se encuentran entre los que son blanco de quienes abusan de ellos debido a las creencias en la brujería, el vudú y la posesión demoníaca.

Los sobrevivientes del horrendo abuso han dicho que la resolución de la ONU les ha dado nuevas esperanzas para el futuro después de años de campaña por el reconocimiento. De hecho, la resolución llega después de seis años de intensa labor de promoción por parte de una coalición de sobrevivientes, organizaciones sin fines de lucro, académicos y abogados.
Los abusos relacionados con las acusaciones de brujería incluyen asesinatos, mutilaciones, explotación, venta de órganos y partes del cuerpo, quemaduras y torturas.
El Sr. Yembi, que ahora es pintor y decorador, dijo que su propia experiencia lo afectó profundamente y ha hecho que sea difícil para él confiar en los demás, pero también dijo que la noticia de la resolución de la ONU se sentía como “un progreso real” y que “la gente debe estar alerta y vigilante y alertar a la policía y las autoridades si sospechan que un niño o alguien vulnerable está siendo objeto de abuso”.
Si quieres ver más de cerca esta realidad y sensibilizarte con estas personas acusadas de brujería, te recomendamos ver la película de 2017

Shula (Maggie Mulubwa) es acusada de brujería y, como si fuese algo de lo más normal, es llevada a un campamento de brujas donde las mujeres están atadas con cintas para que no salgan volando, obligadas a hacer lo que se les manda si no quieren acabar convertidas en cabras.

Es una historia muy dura, pero la directora (Rungano Nyoni, zambiana de nacimiento criada en Gales) no usa el efecto drama para hablarnos de Shula, la niña bruja. Más bien todo el film está contado en un tono sarcástico que nos muestra la hipocresía de la sociedad, así como la convivencia del mundo moderno con las tradiciones más absurdas y machistas.
I Am Not a Witch sirve para dar visibilidad a temas que no tienen cabida dentro del cine más comercial, que mucha gente piensa que “sólo sirve para entretener”. Es una historia que da peso a mujeres racializadas, que tienen que aguantar diariamente injusticias como ser acusadas de brujas y tener que dejar sus vidas para acabar en un campo de trabajo.
En los momentos que bajes la guardia, la película te sorprenderá con planos maravillosamente bien cuidados y una música que pone los pelos de punta. Sobre todo destaca cuando cantan las mujeres del campamento; escenas llenas de poder que te sumergen de lleno en la historia.
Maggie Mulubwa en el papel de Shula juega más con lo que transmite una mirada que con las propias palabras. Shula casi no habla, pero Maggie consigue decirnos en todo momento lo que ronda por la cabeza de su joven personaje.
I Am Not a Witch es una película nada convencional, perfecta si quieren desconectar de lo que nos ofrece Hollywood. Un film que visibiliza muchos temas que pasamos por alto, y que es importante que se muestren en la gran pantalla.
La película se estrenó en CANNES 2017. Es una coproducción entre la británica Soda Pictures, la francesa Clandestine Films y la alemana unafilm.