Nota introductoria
Mongolia es un país al que pocas veces prestamos atención, como si Asia solo fueran China y Japón, y Corea. Estudiar la mitología mongola no es nada sencillo debido a la complejidad étnica, no solo del país, sino de toda la región. Por ejemplo, separar la mitología mongola de la turca es casi imposible o, en todo caso, innecesario para realmente entenderla y disfrutarla.
‘Mongoles’ es un término que se fue haciendo cada vez más genérico para referirse a un grupo de tribus altaicas, es decir, que habitan o habitaron la zona del macizo de Altai en Asia Central, por lo que también existen importantes etnias mongolas dentro de China (Mongolia Interior) y Rusia (las repúblicas de Buriatia, Kalmukia y Sajá). Lingüísticamente hablando, los mongoles están emparentados con los túrquicos y los manchú-tungús, constituyendo las tres ramas de la familia de lenguas altaicas.

En el año 374 los hunos derrotaron a los ostrogodos y provocaron la migración precipitada de otras tribus germánicas, a la vez que arrasaban numerosas provincias del Imperio Romano. Poco después de la muerte de Atila en 453, los hunos, divididos y desorientados, desaparecieron de la historia. Un siglo más tarde, sus descendientes formaron los primeros kanatos y kaganatos turcos y mongoles en las estepas euroasiáticas. Uno de los más famosos fue el kaganato Köktürk (552-744), una confederación de pueblos nómadas, los primeros en llamarse ‘turcos’ a sí mismos. No obstante, no hay duda de que el kaganato más representativo de todos fue el famoso Imperio Mongol de Gengis Kan, incluidos los cuatro kanatos independientes que fundaron sus descendientes (1206-1368). El turco Tamerlán (1360-1404) se consideraba descendiente de Gengis Kan y fue el último de los grandes conquistadores nómadas.
A lo largo de su historia, Asia Central y Septentrional recibieron gradualmente la influencia de religiones de origen mesopotámico, iranio, chino, indio, tibetano, maniqueo, cristiano y musulmán. Sin embargo, debajo de todas esas capas, los pueblos siberianos y centroasiáticos cuentan con el fenómeno original del chamanismo y una religión a la que podríamos llamar tengrismo, basada en Tengri, el Dios del Cielo.
El chamanismo forma parte del tengrismo o tengrianismo. A pesar de no tener una estructura y unos dogmas bien fundados, estas prácticas garantizaron la unidad de los gobiernos nómadas desde la etapa de los hunos. Incluso Gengis Kan sentía un gran respeto por los chamanes y los consultaba sobre cualquier asunto de estado o acción militar. Más tarde, durante la Dinastía Yuan, se introduce el budismo en Mongolia y Kublai Kan, nieto del gran Kan, es el primero en convertirse a la nueva religión. En el siglo XVI, concretamente en 1571, Altan Kan, otro descendiente suyo, declara el budismo religión oficial del Estado.
Como resultado del sincretismo surgió un nuevo chamanismo llamado “chamanismo amarillo” (porque es el color representativo de la escuela budista Gelug) que mezcla elementos de las dos religiones. Sin embargo, algunas tribus mongolas continuaron oponiéndose al avance del budismo y desarrollaron un “chamanismo negro” que supuestamente está libre de cualquier influencia extranjera.
De una forma u otra, incluso a pesar de su prohibición durante el período soviético, el chamanismo no ha dejado de practicarse en la región. Por su parte, el tengrismo moderno ha jugado un papel importante en las corrientes nacionalistas de varios pueblos centroasiáticos. Se desarrolló en Tartaristán en los años 90 del siglo XX y en la década de 2000 se extendió a Kirguistán, Kazajstán y, en menor medida, a Buriatia y Mongolia. Hay seguidores del tengrismo en la organización paramilitar de los Lobos Grises, el ala juvenil del Movimiento Nacionalista turco, conocido por sus ideas de ultraderecha. En sus consignas reemplazan el Allah árabe por el turco Tanri.

Cada semana podrás encontrar un capítulo nuevo en esta página, si quieres puedes considerarlo como un pequeño curso para descubrir las maravillas de estas dos culturas tan lejanas y extrañas para nosotros. Que lo disfrutes!
- COSMOVISIÓN + LAS ALMAS
- TENGRI
- DIOSES CREADORES
- MADRE TIERRA + DIOSAS DEL SOL, EL FUEGO, LA FERTILIDAD Y EL MATRIMONIO + DIOS DE LA LUNA
- LOS IYE O ESPÍRITUS TUTELARES
- BURKANOS Y ONGONS + ER-KISHI, ERLIG O ERLIK
- ALGUNAS DEIDADES DEL BUDISMO BLANCO O AMARILLO
- ESEGE MALAN Y GESIR BOGDO
- ESEGE MALAN Y LA MADRE TIERRA
- MITOS SOBRE LOS CHAMANES
- MITO ALTAI DE LA CREACIÓN
- OTROS MITOS DE LA CREACIÓN Y EL ORIGEN DE LOS TURCOS
COSMOVISIÓN
La mitología turco-mongola concibe la existencia de tres mundos: superior (celestial), medio (la tierra de los hombres) e inferior (inframundo). Estos están conectados y/o atravesados por un Árbol del Mundo, Cósmico o Universal.

Los mundos superior e inferior se dividen, a su vez, en un número de capas que puede variar según la versión del mito. En ellos habitan seres cuya existencia transcurre exactamente igual que la de los humanos, incluso tienen sus propios chamanes y espíritus de la naturaleza. A veces, estos seres visitan el mundo intermedio, pero son invisibles para la mayoría de las personas.
Según Mircea Eliade: «Los Turco-Tátaros, así como otros muchos pueblos, se imaginan el Cielo como una tienda; la Vía Láctea es la “costura”; las estrellas los “agujeros” para la luz. Según los Yakutes, las estrellas son las “ventanas del mundo”: aberturas practicadas para la ventilación de las distintas esferas del Cielo (que, por lo común, son nueve, pero en otras ocasiones doce, cinco o siete). De cuando en cuando los dioses abren la tienda para mirar hacia la Tierra, y entonces se producen los meteoros. El Cielo se concibe también como una tapadera; acontece algunas veces que no ajusta perfectamente en los bordes de la Tierra, y así los grandes vientos entran por el intersticio. También a través de este espacio tan angosto los héroes y otros seres privilegiados pueden deslizarse y entrar en el Cielo.»
El inframundo se denomina Tam en mongol y Tamag en turco.
Según Mircea Eliade: «Los pueblos del Asia septentrional conciben el otro mundo como una imagen invertida de éste. Allí, todo sucede como aquí, pero, al contrario: cuándo es de día en la Tierra, es de noche en el más allá (de ahí que las fiestas de los muertos sé efectúen tras la puesta de sol: entonces es cuando despiertan y empiezan su jornada), al verano de los vivos corresponde el invierno en el país de los muertos, si la caza o la pesca escasea en la Tierra es señal de que abunda en el otro mundo, etc. Los Beltyres ponen las riendas y la botella de vino en la mano izquierda del muerto; porque ésta corresponde a la mano derecha en la Tierra. En el Infierno los ríos corren hacia sus manantiales. Y cuanto está trastrocado en este mundo se halla en posición normal entre los muertos; por esta razón se ponen al revés los objetos que se depositan, en la tumba, para uso del difunto, a no ser que se los rompa, porque lo que está roto aquí, en la Tierra, está intacto en el otro mundo y viceversa.»

El shangrak es una cruz equilátera dentro de un círculo que representa la abertura del techo de la yurta y el tambor chamánico indistintamente. A veces incluye las runas del dios Tengri.
La yurta es una representación a escala del mundo. En el centro se encuentran el fuego y el agujero del humo, por allí pasa el eje que atraviesa los mundos y allí se coloca el chamán durante los rituales. Cualquier árbol puede ser una imagen del eje, es decir, del Árbol Universal. Durante la iniciación de los chamanes buriatos, se coloca un álamo dentro de la yurta, cuya copa sale por el agujero del humo; es el udeshi burkan, “el guardián de la puerta”, porque abre al chamán la entrada del Cielo. El toroo, la copa del árbol, se conecta con la Estrella Polar, que es el clavo que sostiene y sobre el que gira la cúpula celeste. Otra forma de representar el centro del mundo es a través de un Monte o Montaña Sagrada.

LAS ALMAS
En las tradiciones chamánicas de todo el mundo los seres humanos poseen más de un alma, al menos dos o tres. Hay muchos nombres diferentes para ellas entre los turcos y los mongoles, pero sus características y significados aún no se han investigado adecuadamente. Según la investigadora Julie Stewart, quien estudió el fenómeno en Mongolia, las tres almas del hombre serían:
- El alma sulde (Sülde ruhu), que reside en la naturaleza después de la muerte
- El alma ami (Amin ruhu), que reencarna
- El alma suns (Sünesün ruhu), que también reencarna

El alma sulde reside en la coronilla, conectando a su portador con el Padre Cielo a través del pequeño Tengri que también reside allí. Si el alma sulde abandona el cuerpo, la persona muere de inmediato. Vive en un cuerpo físico solo una vez, luego reside en la naturaleza. Después de la muerte, permanece alrededor del cuerpo por un tiempo, y algunas personas crean ongons (casas de espíritus) para que el alma se mantenga cerca, ofreciendo su ayuda y protección. Ami es el alma que anima el cuerpo. Está relacionada con la capacidad de respirar. Después de la muerte regresa al Árbol Universal, posándose en sus ramas en la forma de un pájaro. Las almas ami tienden a reencarnarse entre sus parientes. Están bajo el cuidado de la diosa del útero, Umai. Las almas suns habitan en el mundo inferior entre encarnaciones, pero pueden regresar como fantasmas para visitar a sus amigos y familiares. Erlik Kan determina cuándo y dónde volverán a nacer. Ami y suns pueden abandonar a su portador durante el sueño o por causa de algún trauma, si demoran en regresar, el cuerpo puede sufrir confusión mental o enfermedad; en estos casos es necesario acudir a un chamán que se encargue de buscarlas y traerlas de regreso.

Otra forma de imaginar el alma o a la energía vital es en forma de hii (viento) o hiimori (caballo de viento). Un ritual relacionado con esta idea consiste en quemar ramas de enebro para producir un humo denso y aromático, y en desplegar banderas en lo alto de las montañas; de hecho, las banderas también son llamadas “caballos de viento” y muchas veces tienen una imagen suya portando las tres joyas del budismo sobre su lomo (el buda, el dharma y la sangha). El hiimori también aparece en el emblema nacional de Mongolia desde 1992.
TENGRI
Tengri, o alguna de sus variantes, era el dios principal de los pueblos esteparios de Asia Central. Se escribe ᠲᠩᠷᠢ en mongol y se pronuncia Tngri. En mongol moderno es Тнгэр, Tenger.
La forma más antigua del nombre aparece en los anales chinos del siglo IV a. C. que describe las creencias de los Xiongnu, una confederación de pueblos nómadas de las estepas orientales, generalmente diseminados a lo largo del territorio de la actual Mongolia. En esos textos toma la forma 撑 犁 (Cheng-li). La forma turca Teŋri está atestiguada en las Inscripciones de Orjón del siglo VIII con las runas 𐱅𐰭𐰼𐰃. En turco moderno, Tanrı es un término genérico para Dios, cualquiera que sea, incluidos el cristiano y el musulmán. El término tángri, que significa a la vez “dios” y “cielo”, pertenece al vocabulario regular del turco y del mongol y es, sin duda, una verdadera reliquia lingüística que se ha extendido en el tiempo y el espacio a través de las civilizaciones.

Tengri es el Dios del Cielo o el Cielo mismo. Khukh Tengri significa “Cielo Azul” en mongol. Los mongoles aún rezan a Munkh Khukh Tengri (el “Eterno Cielo Azul”) y Mongolia a veces es llamada poéticamente Munkh Khukh Tengriin Oron, la “Tierra del Eterno Cielo Azul”. En la Turquía moderna, el tengrismo se conoce como Göktanrı dini (“religión del Dios del Cielo”).

Los primeros turcos lo llamaban Türük Tängrisi (“dios de los turcos”). Los kanes basaban su derecho a gobernar en una supuesta investidura con los poderes del Cielo y eran aceptados como los hijos de Tengri y sus representantes en la tierra. Sin embargo, una vez que los gobiernos centralizados desaparecían y la organización del culto volvía a depender del pueblo llano, Tengri se convertía en un deus otiosus, es decir, un dios ocioso que no participaba en la mayoría de los eventos mitológicos. En estos casos se dividía y era adorado en avatares o emanaciones suyas con funciones más específicas.
Según Mircea Eliade «Tángri no tiene templos y es dudoso que haya sido representado en forma de estatua. En su célebre discusión con el imán de Bufehara, Gengis Khan le dice: «El universo entero es la casa de Dios. ¿A qué viene señalar un lugar especial, La Meca por ejemplo, para acudir allá?». Al igual que en otros muchos ambientes, el dios celeste de los altaicos es omnisciente. Cuando prestaban juramento, los mongoles decían: «¡Sépalo el Cielo!». Los jefes militares subían a la cumbre de las montañas (imagen privilegiada del centro del mundo) para orar a Dios o se aislaban en sus tiendas antes de emprender sus campañas (a veces durante tres días, como hizo Gengis Khan), mientras que la tropa invocaba al Cielo. Tángri demostraba su desagrado mediante signos cósmicos: cometas, carestías, inundaciones. Se le dirigían plegarias y se le sacrificaban caballos, toros y carneros…»
Ahora bien, cuando Tengri se convierte en un dios ausente e inactivo y cede sus funciones a otros tengris inferiores, estos continúan siendo la mayor jerarquía de dioses o espíritus. Generalmente se habla de 99 tengris: 44 negros o maléficos del lado oriental, 55 blancos o benévolos del lado occidental, y hay tres más del lado norte, lo que hace un total de 102. Los grupos oriental y occidental se dividen según la forma en que reciben las súplicas: en ambos grupos, el mayor múltiplo de 10 (40 en el este, 50 en el oeste) se invoca a través de la oración, el resto (4 en el este, 5 en el oeste) a través del sacrificio. Los estudiosos han encontrado imposible identificar con precisión a todos los tengris.
Además, existen los dioses de los puntos cuatro cardinales. Aligan Kan es el dios de los 99 tengris del sur. El primero de ellos es Usan Kan, el dios del agua. Sogto Kan es el dios de los 77 tengris del norte. El primero de ellos es Tatay Kan, el dios del rayo y la tormenta. Qormusta, el dios del bien y la justicia, es el líder de los 55 tengris occidentales; y Atay Kan, el dios de los castigos –probablemente un aspecto de Erlik– es el jefe de los 44 orientales.
Según nos cuenta Jeremiah Curtin en su libro Un viaje al sur de Siberia, Esege Malan, el Tengri buriato, está formado por tres espíritus: del primero descienden los 55 y del segundo los 44 tengris. Todos ellos, sus esposas y sus hijos, reciben sacrificios de pieles, animales, tabaco, tarasun (una bebida alcohólica a base de leche agria), etc.
«Para los cincuenta y cinco Tengeris, cada hombre que tenga los medios debe hacer un sacrificio tres veces en su vida. Estos sacrificios son los siguientes: el primero consta de cincuenta y cinco ollas de tarasun y cinco animales, una yegua virgen, tres ovejas vírgenes y una cabra; el segundo sacrificio son cincuenta y cinco ollas de tarasun, una yegua virgen, cinco ovejas vírgenes y una cabra; el tercero, cincuenta y cinco ollas de tarasun, una yegua virgen, siete ovejas vírgenes y una cabra.
«A Qoqodai Mĕgûn Qubi`n, el mayor de los cincuenta y cinco Tengeris, se hacen sacrificios con frecuencia; los otros cincuenta y cuatro simplemente se mencionan con él.
«Qoqodai Mĕgûn Qubi`n tiene nueve hijos y nueve hijas. Su hijo mayor es Qurĕndé Buqú Qubûn; el segundo, Qugén Mergĭn; el tercero, Qorsal gái Mergĭn; el cuarto, Boroldái Buqú. Los dieciocho hijos e hijas tienen dieciocho corceles grises. En estos corceles grises corren y galopan por el cielo, y hacen el horrible trueno que escuchamos.»

DIOSES CREADORES
Kaira Kan
Kaira Kan (el “protector” o el “guardián”) es el dios creador de la mitología turca y su dios supremo, categoría que hereda por la inactividad de su padre, la deidad del cielo (Kök Tanrı, Gök Tanrı, Tengri).

Según Mircea Eliade: «En el cielo más alto habita Tengere Kaira Kân, “El Emperador misericordioso Cielo”, en las tres regiones inferiores se hallan los tres principales dioses producidos, mediante una especie de emanación, por aquel: Bai Ulgän vive en el decimosexto, en un trono de oro que hay sobre la cumbre de una montaña áurea; Kysûgan Tengere, “El Muy Fuerte”, en el noveno (no se proporciona ningún informe acerca de los habitantes del décimoquinto al décimo cielo); Mergen Tengere, “el Omnisciente”, vive en el séptimo, donde se encuentra también el Sol. En los demás pisos inferiores residen el resto de los dioses y gran número de otros seres semidivinos.»
Al parecer Ulgan es una manifestación de la bondad del dios; Kysugan es su aspecto cruel y vengativo; y Mergen representa su sabiduría. Además, Kaira también puede aparecer como el padre del Sol, de la Luna y de Umay.
Bai Ülgen o Ulgän
Bai Ülgen o Ulgän (del turco antiguo bai, “rico”, y ülgen, “magnífico”) es una emanación o un hijo de Kaira Kan y la deidad más poderosa después de él. Tiene el pelo largo, un gran escudo y un arco con el que lanza rayos. Cada lugar que golpea con sus flechas/rayos se convierte en sagrado. Vive en el decimosexto piso del cielo en una casa dorada sobre las estrellas, el sol y la luna. Los simples mortales nunca pueden alcanzarlo, excepto los chamanes o kams, que poseen poderes especiales. Su cabalgadura es un buey llamado Kelke.

Ülgen creó la tierra, el cielo y todos los seres vivos. Simboliza la bondad, el bienestar y la abundancia. Enseñó a la gente cómo hacer fuego con dos piedras que les envió con el pájaro Korbolko. Controla los eventos atmosféricos y los movimientos de las estrellas. Constantemente se opone a Erlik, que es el dios del mal y la oscuridad, soberano del inframundo. El abedul, considerado el eje cósmico que une las tres capas del mundo, es sagrado para Ülgen, igual que el caballo. Es considerado el dios patrón de los chamanes y la fuente de todo su conocimiento. Una vez cada tercer, sexto, noveno o duodécimo año, un chamán sacrifica un caballo blanco como primer paso para llegar a Ülgen. Luego debe montar su alma y penetrar a través de todas las capas del cielo. En primer lugar, el kam (chamán) se encuentra con Yayık, el sirviente de Ülgen. Esta entidad le informa si la ofrenda ha sido aceptada o no. Si el rito de sacrificio ha tenido éxito, el chamán puede aprender del omnisciente Ülgen cómo evitar peligros inminentes como las malas cosechas.
Ülgen tiene siete hijos llamados colectivamente Akoğlanlar (“muchachos blancos”) o Kıyatlar.
- Karshyt Han o Karşıt: dios de la pureza y la higiene.
- Pura Han o Bura: dios de los caballos (relacionados con las monturas de los chamanes).
- Burcha Han o Burça Kan: dios de la paz y la prosperidad.
- Yashyl Han o Yaşıl Kan: dios de la naturaleza.
- Karakush Han o Karakuş: dios de los pájaros (relacionados con los espíritus asistentes de los chamanes).
- Kanym Han o Er Kanım: dios del honor y la nobleza.
- Bakhty Han o Baktı Kan: dios de las bendiciones.
También tiene nueve hijas llamadas Akkızlar o Kıyanlar, pero nadie sabe sus nombres. Ellas sirven como fuente de inspiración a los chamanes. Existen otros dos hijos que están sentados en el tercer piso del cielo, May-Ana y May-Ata, la diosa y el dios de la existencia, protectores de la humanidad, identificados por el budismo con Maitreya.
Ülgen ha sido identificado con el Ormuz o Ahura Mazda del zoroastrismo, por eso también se le llama Qormusta en la mitología mongol y Kurbystan en la mitología turca.
Qormusta Tengri
Qormusta Tengri (“Rey de los Dioses”), Kurbystan para los turcos, es el líder mongol de los 99 tengris y de los 33 dioses (budistas). Su entrada en el panteón mongol es relativamente reciente. Proviene del zurvanismo y el mazdeísmo iranio y también se le ha identificado con Indra, el dios del cielo hindú. Los sogdianos, budistas que hablaban una lengua irania, llamaban Xurmuzt o Hürmüz al dios persa Ahura Mazda. Ellos tuvieron contacto con pueblos turcos como los uigures y estos lo pasaron a los mongoles, que lo convirtieron en Qormusta. En un texto se le presenta como el padre de la figura de culto del siglo XVII Sagang Sechen, quien es, al mismo tiempo, una encarnación de Vaiśravaṇa, uno de los Cuatro Reyes Celestiales del budismo, guardianes de los puntos cardinales. También se ha identificado a Qormusta con Sakra, el gobernante del paraíso trāyastriṃśa de la cosmología budista, localizado en la cima del monte Meru, imaginado como el centro polar del mundo físico, alrededor del cual orbitan el Sol y la Luna. Para los turcos, Qormusta es igual al antiguo dios Kürmez Han o Kormos Han, un señor de los ángeles o espíritus errantes.
En el chamanismo, Qormusta es igual o ligeramente inferior a Tengri, como lo son Kaira Kan y Ülgen, y está muy relacionado con el fuego. “Buda encendió la luz y Qormusta Tengri calentó el fuego”, se suele decir.
Esege Malan o Sagán Burkan
Esege Malan o Sagán Burkan es el dios principal de los mongoles buriatos. Su nombre se puede traducir como “Padre calvo”; ser calvo es un indicativo de poder entre los turco-mongoles. Según Jeremiah Curtin en su libro Un viaje al sur de Siberia:
«Delquen Sagán Burkan, Dios Blanco del Mundo, es la existencia más elevada del universo. También se llama Esege Malan. En él hay tres espíritus: Baronyé Tabin Tabung Tengeri, Zúm Dishín Dirlún Tengeri y Sagadé Ulgulgun.
«Del primer espíritu vinieron los cincuenta y cinco Tengeris, del segundo los cuarenta y cuatro Tengeris; el tercero tiene siete hijos y siete hijas. De los siete hijos, el mayor es Golói Qûn Shara Qúbun. La hija mayor es Golói Qûn Shara Basagán.
«Se ofrecen oraciones y se hacen sacrificios a todos los burkanos celestiales, así como a la más alta existencia. Al Burkan Blanco del Mundo la gente le pide ganado, pasto y salud. A los otros tres espíritus, especialmente a Sagadé Ulgulgun, le piden lluvia, buenas cosechas e hijos.
«Cuando les piden hijos a los dioses, les ofrecen a Sagadé Ulgulgun veinte ollas de tarasun; rezan en la yurta, atan una cuerda de pelo alrededor de los cuatro postes y cuelgan sonajeros de madera (juguetes) sobre ellos. Estos juguetes son para persuadir al niño a venir. Traen del bosque y colocan en medio de la yurta un abedul alto, cuya parte superior sale a través del agujero de humo. En las raíces del árbol ponen tres tepes de tierra tomados de un pantano. Se supone que las oraciones deben llegar a los burkanos celestiales a través de la copa del abedul. Después de la ofrenda y las oraciones, se hace una cuna y todas sus pertenencias se preparan para la llegada del nuevo niño.
«Nunca se hacen imágenes del Ser Superior, o del primer y segundo espíritu. Las imágenes están hechas del tercer espíritu, Sagadé Ulgulgun, de su esposa, Sanqali`n Qatĕ`n, de su hijo mayor, Golói Qûn Shara Qúbun, y de su hija mayor, Goloi Qûn Shara Basagán.»
Esege Malan es el creador en varios mitos que veremos después. Tiene un hijo llamado Solobung Yubin, que es Venus (Tsolmon), la estrella de la mañana, identificada con Erlik.
MADRE TIERRA
Existen muchas figuras identificables con la Madre Tierra entre los pueblos de Siberia y Asia Central. Yer Tanrı para los turcos parece ser la personificación de la tierra como Madre Patria. En principio es una deidad ambigua, pero se suele imaginar como una mujer de pelo blanco. Durante sus sacrificios se enterraba la cabeza de los animales y las mujeres estériles le rezaban debajo de un árbol sagrado. En los cuentos de hadas, la Madre Tierra amamanta a los héroes una vez de su pecho derecho y dos de su pecho izquierdo. En las epopeyas heroicas, los niños débiles, rechazados por sus padres, son enterrados en el suelo, de donde salen increíblemente fuertes y hermosos. Se creía que el estado de ánimo de Yer Tanrı y Yer-sub (espíritus de la naturaleza y/o otra forma de llamar al mundo visible o tierra nativa) se podía saber observando la salud de los árboles. Como hija de Gök Tanrı, el dios supremo, Yer Tanrı es hermana y esposa de Kaira Kan, el creador.
Entonces, Yer Tanrı es igual a Etügen Eke o Itügen. Los buriatos la llaman Ehé Tazar. La consideran una virgen perpetua que existe en medio del universo. Al parecer el destino de los hombres es una potestad de Gök Tanrı, pero las fuerzas naturales obedecen a Etügen. Los turcos la describen como una mujer voluptuosa, patrona de la Patria y la naturaleza. Los mongoles la ven como una mujer joven montada en un toro gris.
A veces, por orden de Tengri, Etugen castiga a las personas por sus pecados. Pero generalmente se la considera una diosa benévola. Para apaciguarla se realizan sacrificios cada primavera, antes de la temporada de pastoreo, antes de sembrar los cultivos y en otoño, después de la cosecha. Se llevan a cabo cerca de un río o en la orilla de un lago, y se sacrifica un caballo alazán (rojizo) por la abundancia y el bienestar general. En la época de los kagantos, estos sacrificios tenían un carácter nacional.
Ötüken, es otro nombre de la diosa, pero también de la montaña en el centro del mundo o montaña sagrada de los antiguos turcos. Se creía que una fuerza llamada qut emanaba de esta montaña, otorgando al potentado local el derecho divino de gobernar a todas las tribus turcas. Aunque nunca se identificó con precisión, Ötüken probablemente se extendió desde las montañas Jangai de Mongolia hasta los montes Sayanes, incluido el Valle de Orjón, que durante siglos fue considerado como la sede del poder imperial de las estepas. Como diosa, el esposo de Otuken es Natigay, el guardián de las familias y los productos de la tierra. Cada casa tiene una imagen de Natigay con su esposa e hijo y nadie se atreve a comer hasta que ellos han sido servidos y sus bocas debidamente engrasadas.
Ak Ana, Ağ Ana o Ak Ene, la “Madre Blanca”, es la diosa del agua primordial del pueblo turco y los pueblos janty (antiguos ostiakos) y mansi de Siberia. En ella se encontraba el germen de la vida y de la tierra y fue ella quien instó a Kaira para que iniciara la creación en el mito altai, que podrás leer más adelante.
DIOSAS DEL SOL, EL FUEGO, LA FERTILIDAD Y EL MATRIMONIO

Umay (“placenta”) es la diosa de la fertilidad en la mitología turca y como tal está relacionada con las mujeres, las madres y los niños. Es hija de Kaira y Yer Tanrı. En las famosas inscripciones de Orjón aparece la evidencia más antigua de esta diosa como madre y guía. Los kaganes representaban a Gök Tanrı y sus esposas eran consideradas imágenes de Umay; con su ayuda tenían hijos que eran la supervivencia del imperio. Cuando las mujeres adoraban a Umay, tenían bebés varones. Casi siempre se representa como una mujer de mediana edad con el cabello plateado, pero también puede tomar la apariencia de un cisne o un caballo. Umay llega cuando nace un niño y pone una gota del Lago de Leche (que existe en el reino celestial) en sus labios, otorgándole así un alma. Luego se queda protegiendo a la madre y al niño durante tres días. Si se separa del niño por mucho tiempo, este puede enfermar; entonces los chamanes deben llamarla de vuelta. La sonrisa de un bebé dormido significa que Umay está cerca y su llanto significa que Umay está lejos. También la llaman Eje o Ece, que significa “madre” en mongol y en turco respectivamente.
El Lago de Leche que se encuentra en el tercer piso del cielo se conoce como Sütgöl o Sütköl entre los turcos y Hünnür entre los mongoles. La tarea de llevar la gota de leche o el alma a los recién nacidos también la cumplen otros personajes como Kübey Hanım, una diosa del nacimiento, y Ayzit Hanım, la diosa de la belleza; además de Yayık, el sirviente de Ülgen, siguiendo sus órdenes.
Umay se encuentra a medio camino entre una diosa de la tierra y una diosa del fuego o del sol. Uno de sus títulos es Sarı Kız (“Doncella Amarilla”), y se cree que alguna vez no fue muy diferente de Od Ana.
Gun Ana es otra deidad solar turca, la diosa de la vida y la fertilidad, el calor y la salud. Es la patrona de los desafortunados, especialmente de los huérfanos. Gun Ana y Ay Ata (la Luna) eran esposa y esposo y vivían en el séptimo piso del cielo. Gök Tanrı creó la tierra con rayos de luz solar, por lo tanto, Gun Ana participó en la creación. Los rayos solares se consideran “cadenas” entre el sol y los espíritus de las plantas, los animales y los hombres. Los turcos que adoran a Gun Ana se vuelven hacia el amanecer cuando rezan. Se la representa con la piel amarilla. Según las tradiciones turcas, la fiesta de Gun Ana se celebra durante el solsticio de verano en el hemisferio norte, cada 21 de junio.
Koyash también es un dios solar turco idéntico a Gun Ana, pero masculino, es decir, Gun Ata. A menudo se le representa como un pájaro de fuego, como un caballo alado o como un guerrero. Como las diosas anteriores, está vinculado a los nacimientos; varias leyendas hablan de madres que concibieron cuando un rayo de Sol entró en su yurta.
Ot (para los mongoles)u Od Ana (para los turcos) es un espíritu/deidad del fuego y del matrimonio que comparte muchos atributos con los dioses anteriores, pero de ella hablaremos en el apartado de los Iye o espíritus tutelares.
DIOS DE LA LUNA Y DEL INVIERNO
Ay Ata, “Padre Luna”; Ay Dede, “Abuelo Luna” o Ay Tanrı, “Dios de la Luna”, es el frío compañero de la cálida Gun Ana (el Sol) en el sexto piso del cielo, según la mitología turca. Es muy popular en los cuentos infantiles, donde suele ser el padre o el protector del personaje principal. Aisar o Aysar es el término para referirse a la magia lunar. Ai Naazy, la luna nueva, es representada como un niño pequeño y puro; Ai Toly, la luna llena, es un padre maduro y bondadoso; y Ai Karty, la luna vieja, es un anciano sabio, pero también pendenciero y malicioso. Para complacer al Dios de la Luna, los nacidos durante la luna llena reciben nombres como Aisylu (Aysulu), Aituly (Aytulu), Ainir (Aynur), Aizirek (Ayzerek) y Ainaz (Aynaz).

Ayaz Ata es el dios del invierno para los turcos y para muchos otros pueblos centro asiáticos. También es el equivalente al Papá Noel occidental y al Ded Moroz eslavo. Al parecer la creencia consiste en que el frio es enviado por el dios o el kan de la luna durante las noches de cielo despejado.
LOS IYE O ESPÍRITUS TUTELARES
Iye es el espíritu guardián, amo o dueño de un lugar, animal, persona, linaje, nación, etc. en la mitología turca, pero no está necesariamente sujeto a adoración. Es equivalente al Ezen (espíritu familiar) de los mongoles. El mito popular dice que cuando Erlik fue expulsado del Cielo, los espíritus que lo seguían cayeron en la tierra en forma de gotas de lluvia, quedando ligados cada uno al elemento con el que hizo contacto. Entre ellos se encuentran:
- Od iyesi: espíritu del fuego.
- Su iyesi: espíritu del agua.
- Yel iyesi: espíritu del viento.
- Yer iyesi: espíritu de la tierra.
- Ev iyesi: espíritu del hogar.
- Dağ iyesi: espíritu de las montañas.
- Orman iyesi: espíritu del bosque.
- Irmak iyesi: espíritu del río.
- Abzar iyesi: espíritu del patio.
Od Iyesi es un espíritu o deidad del fuego; od (u ot) significa “fuego”, e iye significa “maestro” o “poseedor”. Od, también Ot Ana, es la diosa turca y mongol del fuego y del matrimonio, una especie de Od iyesi femenina. Se la conoce como Od Ene, “madre del fuego”. A su vez, Od Ata es la forma masculina. Od Ede significa “padre del fuego”. También se le conoce como Od Kan (u Odqan), el “rey del fuego” y es muy importante en la tradición chamánica. Por lo general se lo describe como un humanoide de color rojo montando una cabra marrón.

Alaz Kan o Alas-Batyr, otro dios turco del fuego, se confunde con Od Ata y puede que sean la misma persona. Alaz Kan es representado como un anciano con una antorcha. Vive en Ulugh Od, el “Gran Fuego”, y va vestido de llamas. Los hogares y estufas están bajo su gobierno. Si se enfada, puede provocar incendios. En la tradición oral turca y mongola, abundan las historias de personas que fueron irrespetuosas con el fuego y recibieron un castigo. El fuego es sagrado y existen muchos tabúes para con él, uno de los más importantes es no apagarlo echándole agua o basura. Alaz parece ser una personificación del propio fuego y estar relacionado con su cualidad destructora y purificadora.

Su Iyesi es un espíritu del agua, una entidad incorpórea e intangible. Cuando se enoja, rompe represas y ahoga personas y animales. A veces atrae a sus víctimas a su vivienda submarina y las convierte en esclavos. Su Dedesi es un Su Iye poderoso que causa la “enfermedad del agua”, que se manifiesta como burbujas en el cuerpo humano; para curarla se debe arrojar sal al río o a las fuentes. Su Ana, la “madre del agua” es la principal forma femenina de Su Iyesi. Aparece como una mujer joven, desnuda, con cola de pez, ojos ardientes y largo cabello rubio. Usa un tronco medio hundido para cabalgar y salpicar en la corriente del río. Le gustan mucho las costas y dar paseos fuera del agua. Su esposo es Su Ata, el “padre del agua”, la forma masculina principal. Aparece como un anciano con cara de rana, barba verdosa y el cuerpo cubierto de algas y lodo. Tiene patas palmeadas en lugar de manos. Para complacerlo se debe arrojar un pan entero al agua.
Yel Iyesi es un espíritu del viento. Los Yel İye son espíritus femeninos que viven en el desierto y, a veces, en las nubes. Se creía que eran los espíritus de mujeres que habían sido frívolas en sus vidas pasadas y que ahora flotaban entre el mundo físico y el más allá. Suelen aparecer como hermosas doncellas, desnudas o lujosamente vestidas. Las voces de los Yel İye no solo son muy bellas, sino que también pueden formar grandes ráfagas de viento, capaces de elevar las casas en el aire. A pesar de sus encantos femeninos, los Yel İye son guerreros feroces. Se dice que la tierra tiembla cuando luchan. Tienen poderes curativos y proféticos y a veces están dispuestos a ayudar a los seres humanos. Un humano puede obtener el control de un Yel İyesi robándole un mechón de cabello. Si el cabello se quema, el Yel İyesi desaparecerá. Yel Ana es la principal forma femenina de Yel iyesi y la diosa turca del viento. En el folklore húngaro su nombre es Szel Anya y es una mujer muy sabia. Yel Ata es la principal forma masculina; para los húngaros es el dios del viento y la lluvia. Sus armas y armadura están hechas de plata. En el folklore turco el viento está asociado al carácter travieso, a veces violento, de las personas irreflexivas. De los caballos se dice que han “nacido del viento”. Un golpe de viento es considerado como una agresión y como un contacto con el otro mundo, que puede arrebatarte el alma y, por tanto, provocar enfermedades. La “posesión del viento” es un don de algunos kams (chamanes) fuertes, en cuyos rituales giran sobre sus propios pies para provocar una ligera corriente que agrada a los espíritus.

Ev iyesi es un espíritu del hogar, una deidad doméstica. En Anatolia se le conoce como Sahab o Kimsene. Es masculino, típicamente pequeño y barbudo. Asume la apariencia de los propietarios actuales o anteriores de la casa. No hace mal a menos que se enoje por la pobreza de la familia, el uso de lenguaje vulgar o la negligencia. A veces ayuda con las tareas domésticas y el trabajo en el campo. Mantiene la paz y el orden y premia a los hogares bien organizados. Algunos los tratan como parte de la familia y les dejan regalos de leche en la cocina durante la noche. Se cree que su lugar favorito es el umbral, debajo de la puerta, debajo de la estufa o en el sótano.
BURKANOS Y ONGONS
El término ‘burkan’ es una forma turquificada de ‘buda’, es decir, un producto del sincretismo. Para los mongoles los burkanos son espíritus de alto rango; los tengris son considerados burkanos de un orden superior. Son extremadamente poderosos y solo chamanes muy experimentados pueden tener tratos con ellos. A veces están ligados a lugares importantes, como Burkhan Khaldun, la famosa montaña que se considera cuna y tumba de Gengis Kan. El Gran Kan se refugió allí después de ser derrotado por la tribu de los Merkit y, en agradecimiento, les rindió honores a los espíritus del lugar. A principios del siglo XX surgió en la República de Altai, Rusia, un movimiento religioso conocido como burkanismo o burjanismo, que fue reprimido por la Unión Soviética. Los burkanistas no eran ni chamanes ni budistas; adoraban a Kurbystan, el Ahura Mazda turco, y sus avatares; entre ellos estaba Ak-Burkan, el Burkan Blanco.

La palabra ongon se utiliza indistintamente para referirse a cierta clase de espíritus y a los contenedores o “casas” creadas especialmente para ellos. Existen ongons personales y ongons de toda la comunidad. Si son tratados con respeto y se les rinden los honores necesarios, pueden ofrecer todo tipo de bendiciones. Tienen muchas formas y están hechos de materiales muy variados: pueden estar tallados en madera, pintados en cuero, montados en un aro de metal, y decorados con fieltro, rocas, plumas, papel, etc. Algunos ongons son abstractos y otros parecen muñecas. La mayoría están ocupados por espíritus de ancestros o de animales, pero algunos contienen espíritus de la naturaleza muy poderosos.
Algunos ongons se encuentran en el interior de la yurta o de la casa, otros se colocan sobre pilares al aire libre.

Fotografías de Jeremiah Curtin
Por lo general, los chamanes tienen muchos ongons que son sus espíritus ayudantes; algunos forman parte de su indumentaria. Ongons especiales pueden ser creados para ceremonias de curación y recuperación de almas. A veces se hacen ongons temporales de madera o hierba para contener a un espíritu de la enfermedad que luego se libera en la naturaleza. Los ongons se transmiten de generación en generación porque el espíritu continuará viviendo en ellos y su descuido puede hacer que se vuelva hostil.
ER-KISHI, ERLIG O ERLIK

Erlig o Erlik Kan es el dios de la muerte y el soberano de Tam (mongol) o Tamag (turco), el inframundo. Se trata de un personaje muy singular, el demiurgo, la primera creación o emanación del dios principal, que juega un papel importante en el resto del mito cosmogónico. En algún momento, las acciones de Erlik crean fricción y se convierte en el enemigo por antonomasia, el maestro del pecado, el Diablo. En las oraciones de los chamanes es descrito como un monstruo de cuerpo humano, pero con la cara y los dientes de un cerdo. Erlik Kan se representa montando un toro o un buey en el antiguo arte uigur. Tiene espíritus a su disposición que causan desgracias, enfermedad y muerte a los hombres. Además, tiene nueve hijos e hijas que lo ayudan en sus labores. Las hijas de Erlik son las Karakızlar (“niñas negras”), pero sus nombres particulares se desconocen. Ellas se encargan de tentar al chamán para que no alcance el final de su viaje extático, que es encontrarse con Ulgan. Los nueve hijos se llaman Karaoghlanlar (“niños negros”) y son:
- Karash Han: dios de la oscuridad
- Matyr Han: dios del coraje y la valentía
- Shyngay Han: dios del caos y la confusión
- Komur Han: dios del mal
- Badysh Han: dios del desastre y la enfermedad
- Yabash Han: dios de la derrota
- Temir Han: dios del hierro y la minería
- Uchar Han: dios de los espías y de las malas noticias
- Kerey Han: dios de la discordia
No todos los hijos de Erlik son igual de negativos, algunos protegen a las personas de los malos espíritus; otros se encargan de poner en contacto a los chamanes que hacen magia negra con su padre. Erlik y sus hijos prefieren que les sacrifiquen animales débiles o enfermos.
Los dolganes, un pueblo túrquico del norte de Siberia, cuentan que Erlik tomó a los mamuts de la tierra y los llevó al reino subterráneo, donde están obligados a servirle. Si alguno escapa y trata de llegar a la superficie, muere congelado.
Existe otro dios llamado Erkliği Han que se supone es el dios del espacio en la mitología turca y altaica, responsable de las estrellas, meteoritos y otros objetos celestes. Yo me inclino a pensar que sí se trata del mismo dios y me resulta interesante la idea del hijo rebelde con nombre de lucero (Venus, Tsolmon) que termina convirtiéndose en Diablo. Todo esto, por supuesto, tiene una gran influencia indo-irania. Después veremos el mito correspondiente.

ALGUNAS DEIDADES DEL BUDISMO BLANCO O AMARILLO
Sülde Tengri es un dios ecuestre de la guerra, por lo que es representado como un guerrero armado y a caballo. El sülde es una de las tres almas que supuestamente tienen todos los hombres, pero, en este caso, parece que se trata del sülde deificado de Gengis Kan; principalmente su aspecto marcial. La divinización del Gran Kan fue perfectamente asimilada por el budismo. Del mismo modo, muchos otros tengris o dioses del chamanismo local fueron convertidos en guardianes del budismo mongol. Como dios de la guerra, la función principal de Sülde Tengri es proteger a sus devotos de sus enemigos y ayudarlos en la batalla. Dayisud Tengri es otro dios guerrero muy importante con función protectora que se suele confundir con Sulde Tengri.

Tarjeta realizada para el juego de mesa Monumental

Begtsé, del mongol begder, literalmente “cota de malla”, también llamado Sakhiosan en buriato, es un dharmapala, es decir, una deidad protectora del budismo tántrico y un dios de la guerra en el budismo tibetano. Existen varias teorías sobre su origen. Para algunos, como el tibetólogo checo René de Nebesky-Wojkowitz, Begtse es un dios de la guerra mongol pre-budista, del cual Gesar sería una encarnación. Habría sido adaptado al budismo tibetano de la escuela Gelug por Sonam Gyatso, 3er Dalai Lama, primero en recibir ese título en vida de parte de su protector, el emperador mongol Altan Kan. Mientras, otros como Françoise Pommaret, le dan un origen indio, etc. Se dice que Begtse y sus compañeros trataron de evitar la propagación del budismo impidiendo la entrada al país del 3er Dalai Lama en 1577. Sin embargo, el monje tomó la forma del bodhisattva Avalokiteśvara y las pezuñas de su caballo imprimieron en el suelo el mantra Om mani padme hum (“Oh, la joya del loto”). Derrotado de esta forma, Begtse se convirtió en protector del budismo, particularmente del linaje de Sonam Gyatso a petición de Padmasambhava. Begtse lleva un arco, flechas y blande una espada de cobre en llamas sobre su cabeza. La espada tiene el mango en forma de escorpión. Acompañado por su hermana, Okin Tengri, “el espíritu de la visión interior”, vive en su palacio construido en la cima de una montaña, donde camina sobre los cadáveres de hombres y caballos. El general Begtse es el Maestro de la Vida Roja, que entra en batalla montando un lobo y se hace acompañar de ocho asesinos con sus espadas, que devoran la carne, la sangre y el aliento vital de sus enemigos.

Dayan Deerh es una de las divinidades más importantes en las prácticas chamánicas, tanto en el chamanismo amarillo como en el negro, aunque los chamanes negros alrededor del lago Khövsgöl, en Mongolia, a menudo lo rechazan. Esto se debe a que creen que Dayan Deerh los traicionó yéndose al lado budista. Como dios de la fertilidad, otorga ganado e hijos. Según alguna leyenda, comenzó siendo un chamán que trabajaba para Gengis Kan, con cuya esposa o hija se escapó. Dayan solo podía morir por asfixia (el fuego y el metal no lo lastimaban) y para salvarse de la amenaza del Kan, se convirtió en su protector y de su pueblo. La misma táctica utiliza con el Dalai Lama, con quien tiene cierta rivalidad, y aun así funge como guardián del chamanismo amarillo. Sin duda un gran ejemplo de sincretismo. A menudo se representa ecuestre, con un casco guerrero o una corona de chamán con plumas, uno o varios espejos para contrarrestar los malos espíritus y un collar de cuentas budista.
Tsagaan Ubgen, el “Viejo Blanco”, es el guardián mongol de la vida, la fertilidad, la longevidad y la riqueza. Es una deidad budista del llamado chamanismo blanco o chamanismo amarillo de los buriatos, muy sincretizado. En algunas versiones mitológicas Tsagaan Ubgen es el compañero de Itügen, la Madre Tierra. A su historia precedente en el chamanismo, se adicionaron muchas otras relatando su conversión. Una de ellas narra que logró impresionar tanto a Buda con su sabiduría, que fue nombrado santo. Otra historia cuenta que Tsagaan Ubgen y Hara Ubgen eran dos cazadores que se encontraron con Milarepa, uno de los más famosos yogis y poetas del Tíbet, y este los convenció de pasarse al budismo. Tsagaan Ubgen a menudo se representa de manera similar a la deidad tibetana Gyalpo Pehar o al dios chino conocido como Viejo del Polo Sur, que comparten su patronazgo. Su aspecto convencional es el de un viejo calvo con barba blanca, un bastón con cabeza de dragón y el libro del destino; cerca de él siempre están un ciervo y un melocotonero. Es una figura recurrente en la danza Cham, donde aparece con otros personajes enmascarados que representan a otros dioses budistas sincréticos como Begtse. Ubgen es uno de los pocos personajes que pueden hablar durante la actuación. Del Cham mongol, pasó al Cham tibetano en el siglo XX, por un sueño que tuvo el 13er Dalai Lama durante su exilio en Mongolia. Durante las ceremonias de año nuevo, Tsagaan Ubgen es el personaje principal en la Danza del Tigre, que simboliza la transición de un tiempo a otro. Aquí aparece vestido de blanco con una botella en la cintura. Entra en escena débil y tambaleante, o incluso siendo llevado. Después de matar simbólicamente a un tigre golpeando su piel con un palo, su fuerza se renueva. A veces pasa entre la audiencia buscando donaciones de dinero y a cambio ofrece un trago de su botella. Otras veces solo bebe y baila hasta caer.

Esege Malan y Gesir Bogdo
Jeremiah Curtin en su libro Un viaje al sur de Siberia, recogió una gran cantidad de mitos sobre Gesir Bogdo. Todos son diferentes versiones de la misma historia y este Gesir no es más que el famoso rey Gesar de la epopeya tibetana. Los buriatos tienen su propio ciclo de historias sobre este personaje, pero a diferencia de las versiones tibetanas y otras con una estructura más compleja, el ciclo mongol solo contiene nueve ramas o episodios cantados (uliger), cada uno dedicado a contar cómo Gesir derrota a un enemigo.
Esta es una gran historia que ocurrió en el cielo, la historia de Gesir Bogdo. Hay, como saben, personas que viven en el cielo y personas que viven aquí (en la tierra). Ellos existieron mucho antes que nosotros, nadie sabe cuánto tiempo. El mayor y el jefe de los habitantes del cielo es Esege Malan.
Esege Malan tuvo nueve hijos. Los cuatro hijos mayores dijeron: “Vamos a suceder a nuestro padre en el trono”. Los cuatro más jóvenes dijeron: “No, lo sucederemos nosotros”. El quinto hijo, el del medio, era un héroe muy poderoso y estaba del lado de los cuatro hermanos menores. Se llamaba Mahai Danjin.
Los cuatro hermanos mayores y los cuatro más jóvenes comenzaron una disputa, y nadie sabe cuánto tiempo podría haber durado si Mahai Danjin no hubiera interferido y enviado a los cuatro hermanos mayores a la tierra, a algún lugar más allá del Océano Congelado (Ártico), donde crearon criaturas malvadas, Mangathais, y serpientes, algunas de las cuales podían volar y tragarse a las personas. También hicieron perros inmensos y salvajes que lo destruían todo. Todo esto lo hicieron para molestar a sus hermanos que gobernaban en el cielo. No permitirían que nadie se acercara a ellos, y hasta el día de hoy ningún hombre ha podido llegar a su morada.
Como resultado de la acción de estos cuatro hermanos, la tierra se llenó de maldad y reinó el caos, y continuó así durante miles de años, nadie sabe cuánto tiempo exactamente.
Mientras tanto, Esege Malan, después de haber dejado de gobernar, se había construido una gran y espléndida fortaleza alrededor del cielo. Un día, mientras caminaba y miraba la fortaleza, encontró un pedazo roto. Inmediatamente convocó una reunión para descubrir quién estaba tratando de destruir su trabajo.
En los cielos hay noventa y nueve provincias, y a esta reunión vino un Tengeri de cada una. Discutieron mucho, pero no pudieron descubrir quién o qué había hecho la brecha en el muro de la fortaleza. Finalmente, Esege Malan envió por Zarya Azergesha, Esh, el erizo, que era un hombre muy sabio, pero no tenía pies. Se negó a asistir a la reunión porque, al no tener pies, tenía miedo de que se rieran de él. Entonces Esege Malan envió dos Shalmos (espíritus invisibles), para escuchar lo que Zarya Azergesha hablaba consigo mismo.
Lo encontraron sentado en su casa y hablando solo, pensando que nadie podía escucharlo.
“Esege Malan”, dijo, “no entiende. Tiene noventa y nueve Tengeris y aun así no pudo controlar a sus cuatro hijos, y bajaron a la tierra y están causando tantos problemas allí, que las lágrimas de la gente han subido al cielo y están debilitando los muros de su fortaleza. La gente ha rezado y hecho libaciones, ha esparcido su propia sangre hacia el cielo, y cuando eso no sirvió, esparció sus lágrimas. ¿Cómo es que Esege Malan no sabe esto? ¿Por qué me llama a mí para darle esta información? Todos estos problemas son a causa de sus cuatro hijos. Ellos tienen la culpa de las lágrimas y las almenas rotas”.

Cuando los Shalmos escucharon esto, no esperaron más y fueron rápidamente a Esege Malan y le contaron lo que Zarya Azergesha había dicho. Entonces Esege envió a la tierra a su nieto, Gesir Bogdo, el hijo del héroe Mahai Danjin. Lo envió como un pájaro y voló sobre la tierra tres años, incapaz de descender, debido al terrible olor de los cadáveres de todo tipo que cubrían la tierra.
Finalmente, Esege Malan envió moscas que crearon gusanos, y los gusanos se comieron la carne muerta y purificaron la tierra, de modo que quedó dulce y limpia nuevamente. Luego el pájaro se posó en una amplia estepa llamada Urundashéi, se convirtió en un toro azul y rugió en voz alta lanzando su desafío. Los cuatro hermanos lo escucharon en su casa más allá del Mar Congelado y dijeron: “¡Esa es la voz de uno de nuestros parientes, uno de nuestra propia raza!”
Entonces uno de los cuatro se convirtió en un toro de varios colores y se fue a la estepa. Los dos toros lucharon hasta que el de varios colores atrapó al azul con sus cuernos y lo lanzó por los aires con tanta fuerza que cayó al otro lado de las montañas de Altai. El toro de varios colores corrió tras el toro azul para rematarlo, pero el toro azul se convirtió en piedra y se paró en su camino. El toro de varios colores envistió al toro de piedra y se rompió uno de sus cuernos. Luego, al descubrir que no podía hacerle más daño al toro azul, rugió:
“¡Me has engañado! ¡De ahora en adelante seré el enemigo de todo el ganado con cuernos!” Y, derrotado, volvió con sus hermanos.
El toro de piedra todavía se encuentra más allá de las montañas de Altai, pero Gesir Bogdo, su espíritu, regresó con Esege Malan y creó héroes para luchar contra los Mangathais, los animales malignos y las serpientes del Norte. Gesir Bogdo tuvo un hijo llamado Buqú Noyon. Buqú Noyon tuvo siete hijos y una hija, cuyo nombre era Irgi Súban. Irgi Súban se casó con Shandu Buqú Besbesh, el nieto de Irlik Nomun, el mayor de los cuatro hermanos del norte, y así la familia de Esege Malan quedó finalmente pacificada.
Solobung Yubún, la estrella de la mañana, es el hijo favorito de Esege Malan. Si los buriatos quieren muchas reses, sacrifican un carnero al amanecer, rezan a Solobung Yubun y durante tres noches sucesivas bailan hasta que sale el sol.
ESEGE MALAN Y LA MADRE TIERRA
Después de que Esege Malan resolvió todo, Ehé Tazar, la Madre Tierra, fue a visitarlo y pasaron varios días muy placenteramente. Cuando terminó la visita de Ehé Tazar y ella estaba lista para irse, le pidió a Esege Malan que le diera el sol y la luna, y él se los dio alegremente; pero pronto descubrió que era muy difícil conseguirlos para ella. Llamó a un millar de burkanos y les preguntó cómo iba a lograr la hazaña, y aunque estudiaron mucho y seriamente sobre la cuestión, no pudieron decirle. Entonces Esege Malan envió a buscar a Esh (el erizo), y Esh subió al cielo, a la vivienda de Esege Malan.
Esege Malan tenía tres hijas que a menudo bajaban a la tierra, se quitaban la ropa, se convertían en cisnes y se divertían en el mar. Sucedió que las tres estaban en casa cuando llegó Esh.
Esege le había dicho a sus hijas que Esh era un tipo extraño, que era cojo y peludo, pero que era muy sabio y que no debían reírse de él. A pesar de esto, cuando Esh entró, las hijas de Esege lo miraron de reojo; no pudieron evitarlo, era tan gracioso. Las vio reír y se dijo a sí mismo: “¡Esege Malan me ha llamado aquí para que sus hijas se rían y se burlen!” Estaba terriblemente enojado y se fue tan rápido que Esege no tuvo tiempo de decir una palabra. Esh sabía, sin embargo, lo que Esege quería, porque el mensajero le había dicho. Bajó del cielo muy rápido, pero dos Shalmos (espíritus invisibles) lo siguieron, enviados por Esege Malan para escuchar lo que hablaba para sí mismo.
Lo primero que vio Esh cuando vino a la tierra fue un rebaño de vacas y toros. Cuando los animales lo vieron a él, se asustaron, levantaron la cola y corrieron; Esh, más enojado aun, los maldijo:
“¡Que tu nariz siempre tenga una soga y que el yugo nunca abandone tu cuello!” Y así ha sido.
Fue más allá y llegó a una manada de caballos. También se asustaron, levantaron la cola y huyeron. Zarya, terriblemente enojado, los maldijo:
“¡Que tu boca nunca pare de morder y que la silla nunca abandone tu espalda!” Y así ha sido.
Los dos Shalmos lo seguían y escuchaban todo. Después de un tiempo, Esh comenzó a hablar sobre Esege Malan. “¿Qué clase de gobernante es ese Esege Malan?” se preguntaba. “¿Qué clase de señor del mundo? Él maneja todo, arregla todo. ¡Ha regalado el sol y la luna, pero no sabe cómo conseguirlos! Si es tan sabio, ¿por qué no viene a visitar a la Madre Tierra?, así cuando termine la visita y esté listo para irse, puede pedirle el aire caliente del verano y el eco de las montañas, habra yirligin y darbon. Ella se los daría con gusto, pero ¿cómo podría conseguirlos?”
Cuando los Shalmos escucharon esto, se fueron al cielo y le contaron a Esege Malan todo lo que Esh había dicho.
Esege esperó hasta que hubiera pasado tiempo suficiente, luego vino a devolver la visita a la Madre Tierra y mientras caminaban dijo: “Cuando viniste a visitarme, te di el sol y la luna, ahora pido un regalo. Dame el aire caliente del verano y el eco de las montañas.” Ella se los dio, pero, aunque lo intentara, no podría atraparlos para él.
Cuando descubrió que era imposible obtenerlos, Esege dijo:
“¡Que el sol y la luna se queden donde están y que el aire caliente del verano y el eco de las montañas se queden aquí!” Y así, aunque el sol y la luna pertenecen a la tierra, están en el cielo, y aunque el aire caliente y el eco de las montañas pertenecen a Esege Malan, permanecen con la Madre Tierra.