La versión rusa y su supuesto origen
Este mito/cuento es compartido por varios pueblos de Europa y Asia como los ugro-fineses, los eslavos, los bálticos, los turcos y los mongoles. Como es lógico, existen muchas versiones diferentes y algunos elementos varían, como la apariencia de los dos dioses, su parentesco, su grado de ignorancia o de sabiduría, etc. Predomina el presentar a uno o a los dos con apariencia ornitomorfa, es decir, como aves, casi siempre acuáticas, que suelen ser patos, gansos, cisnes, etc.
A veces, la historia de la creación de la tierra, que será el resultado del trabajo en equipo, está precedida por la historia de la creación del Diablo, que casi siempre tiene una relación muy estrecha con Dios: proviene de su saliva, de su sombra, de su reflejo, etc. A esta trama cosmogónica (origen del mundo) suele seguirle una antropogónica (origen del ser humano) y varias leyendas etiológicas (origen de otros fenómenos naturales y culturales).
VERSIÓN RUSA (1)
Tomado de Leyendas populares rusas. A. N. Afanasyev, 1914.
“Al principio del mundo, Dios tuvo a bien crear la tierra. Llamó al Diablo y le dijo que se sumergiera en el abismo de las aguas para sacar de allí un puñado de tierra y traérsela. – Está bien, pensó Satanás, ¡también traeré tierra para mí! Se zambulló, tomó un poco de tierra en la mano y se escondió otro poco en la boca. Fue a donde Dios e hizo la entrega, pero sin pronunciar una palabra… Dondequiera que el Señor arrojaba la tierra, de repente aparecía una llanura tan suave y uniforme, que si te parabas en un extremo podías ver el otro y todo lo que estaba sucediendo en el medio. Satán vio esto… quiso decir algo, pero se atragantó. Dios le preguntó: ¿Qué te pasa? El Diablo tosió y huyó asustado. Entonces, mientras corría, lo perseguían truenos y relámpagos, y dondequiera que se escondía, aparecían colinas y montañas; donde tosía, crecía una montaña; donde saltaba, la montaña llegaba hasta el cielo. Y así, corriendo por toda la tierra, la desfiguró; hizo montículos, colinas, montañas y picos altos”.
VERSIÓN RUSA (2)
Tomado de Leyendas de Siberia Occidental sobre la creación del mundo y la lucha de los espíritus. P. A. Gorodtsov. Revista Etnográfica. 1909.
Al principio de los tiempos no había nada: ni cielo, ni tierra, ni hombre, sólo agua, agua sin fin, sin orillas y sin fondo, y encima del agua sólo había oscuridad. Y en esta agua estaba el Dios Savaoth con su barca. Un día, el Dios Savaoth escupió en el agua y, he aquí, donde cayó su saliva, apareció el mismísimo Satanás, Sataniel, con apariencia humana. Y tan pronto como apareció, entró en conversación con Dios, y le dijo a Dios:
– Soy tu hermano. Llévame contigo en la barca.
Había suficiente espacio en la barca para dos, y entonces Dios le dijo a Satanás:
– Entra.

Satanás subió a la barca con Dios y siguieron navegando. Navegaron y navegaron, y Dios le dijo a Satanás:
– Quiero crear la tierra. Sumérgete, Satanás, en el agua, y saca de ella un poco de légamo.
Satanás se convirtió en un pato y se sumergió en el agua. Pero antes de eso, no se encomendó a Dios, y por lo tanto su misión no tuvo éxito.
Varias veces Satanás se sumergió en el agua como un pato, pero nunca pudo llegar hasta el fondo y conseguir la tierra. Satanás estaba exhausto, salió a la superficie y le dijo a Dios:
– No puedo llegar hasta el fondo y por eso no he conseguido ninguna tierra.
Entonces Dios le dijo a Satanás:
– Sumérgete por segunda vez y trae la tierra del agua.
Satanás se convirtió en un somorgujo y volvió a zambullirse.
Pero esta vez tampoco bendijo a Dios, por lo que otra vez no llegó al fondo y no obtuvo la tierra, aunque se sumergió más profundamente que antes. Satanás salió del agua y le dijo a Dios:
– No pude llegar al fondo, aunque descendí mucho más.
Entonces Dios le dijo a Satanás:
– La razón por la que no puedes llegar al fondo es porque te zambulles sin bendecir mi nombre. Bendíceme, entonces llegarás al fondo y traerás la tierra. Bucea por tercera vez.
Esta vez, Satanás bendijo a Dios y luego se convirtió en un pájaro cuchara (pato de pico ancho) y se sumergió por tercera vez. Ahora Satanás llegó fácilmente al fondo, tomó la tierra con su pico, se la llevó a Dios y le dijo:
– Aquí te traje un poco de tierra.
– Dámela – dijo Dios y tomó la tierra del pico del pájaro cuchara. Pero Satanás no le dio toda la tierra a Dios y escondió una pequeña parte en su pico. Y Satanás pensó: “Dios creará una tierra para él mismo, y veré cómo lo hace, y siguiendo su ejemplo crearé mi propia tierra especial”.
Dios tomó la tierra y ordenó que aparecieran tres ballenas desde las profundidades del agua. Y entonces aparecieron tres ballenas, tan grandes que si alguien se paraba sobre sus cabezas no vería el final de sus colas. Las ballenas juntaron sus cabezas y apuntaron sus colas en diferentes direcciones. Entonces Dios tenía la tierra en la palma de su mano, y con la otra comenzó a amasar la tierra. Dios amasó y amasó la tierra, y la convirtió en algo parecido a una pequeña torta circular y completamente plana; Dios colocó esta torta de tierra sobre las cabezas de las tres ballenas, y la tierra comenzó a crecer, y creció, y creció, y cubrió a las tres ballenas, y todavía siguió creciendo. Ya no era posible para las tres ballenas sostener la tierra, y entonces Dios ordenó que cuatro ballenas más aparecieran de las profundidades del agua y sujetaran la tierra. Aparecieron cuatro ballenas, sus cabezas se unieron con las tres primeras, y sus colas se extendieron en diferentes direcciones. Desde entonces hasta el día de hoy, la tierra se apoya sobre estos siete pilares.
Cuando la tierra creció y se expandió, la tierra que estaba en la boca de Satanás también creció y se expandió, de modo que las mejillas de Satanás se hincharon mucho. Dios se dio cuenta de esto y le preguntó:
– ¿Por qué tienes las mejillas hinchadas?
Y Satanás tuvo que confesar:
– ¡Soy culpable! Perdóname, Señor: escondí un poco de tierra en mi boca.
– ¡Escupe la tierra de tu boca! – ordenó Dios.
Y Satanás comenzó a escupir la tierra. Y donde Satanás escupió, aparecieron todo tipo de lugares salvajes e inmundos: montañas y barrancos, rincones oscuros de los bosque, cuevas y pantanos. Antes de esto, el terreno era llano, limpio y hermoso en todas las direcciones. Así creó Dios la tierra y el mundo entero.
Cuando se completó la creación de la tierra, Dios quiso descansar. Sacó el bote del agua, lo puso boca abajo, se acostó junto al bote y pronto cayó en un sueño profundo. Satanás, al ver a Dios dormido, tuvo la mala idea de destruir a Dios. Satanás pensó así: “Arrojaré al Dios dormido al agua y lo ahogaré, y entonces la tierra será mía y la barca será mía”.
Satanás tomó a Dios y lo llevó a la orilla. Pero a medida que Satanás se acercaba al agua, la tierra frente a él crecía y se expandía, y el agua frente a él se alejaba. De esta forma Satanás no pudo llevar a Dios al agua. Entonces Satanás se volvió en la otra dirección y llevó a Dios al otro lado de la tierra. Pero allí se repitió la misma historia. Entonces Satanás puso a Dios en su lugar original, cerca de la barca, como si no hubiera pasado nada.
La tierra todavía descansa sobre siete ballenas en el agua. La tierra continúa creciendo hasta ahora, y cuando crezca y se vuelva tan grande que ni siquiera siete ballenas puedan sostenerla, entonces las ballenas se hundirán, la tierra se desmoronará y caerá en el abismo del agua. Entonces llegará el fin del mundo. Dicen que este momento no está lejos.
A los eruditos les llama mucho la atención el interesante dualismo que encarnan los protagonistas de estas historias, aparentemente en discordia. Digo ‘aparentemente’ porque con frecuencia han sido identificados como el Dios y el Diablo de las religiones cristianas, sin embargo, su antagonismo no es violento ni estéril, sino que hace posible la creación a través de la unidad dialéctica de los opuestos. Por lo general, el origen de este dualismo se busca en Irán, la patria de Zoroastro (funadador del zoroastrismo) y Manes (fundador del maniqueismo).
Las ideas de un mundo regido por dos principios opuestos, el Bien y el Mal, fueron adaptadas por varias corrientes heréticas del cristianismo durante toda la Edad Media. Entre los eslavos (principalmente en el actual territorio de Bulgaria), por ejemplo, prosperó el bogomilismo (s. X), que creía que Dios había tenido dos hijos al principio de los tiempos, uno bueno (Miguel / Jesús) y uno malo (Satanael). Además, entendían que el mundo material no era una creación de Dios, sino del Diablo, y por tanto practicaban un ascetismo riguroso. Se supone que, de una u otra forma, todas estas concepciones entraron en el mito dualista del que estamos hablando.
Ahora bien, algunos estudiosos creen que la influencia de los bogomilos no fue tan grande como para contaminar a todo el mundo eslavo. Aun así, en Rusia, en el siglo XIX se dieron a conocer varios manuscritos cristianos apócrifos, entre ellos se encuentran varias versiones de lo que se conoce como el “Cuento del mar de Tiberíades.” En esta historia, el mar o lago Tiberíades, también llamado mar de Galilea, en Israel, es presentado como el océano infinito primigenio.
CUENTO DEL MAR DE TIBERÍADES
Colección Barsovskaya, de un manuscrito de los siglos XVI o XVII.
Cuando no había cielo ni tierra, solo existía el Mar de Tiberíades, y no tenía costas.
Y el Señor descendió por el aire hasta el mar de Tiberíades y vio a un pato nadando en el mar. Y ese pato era Satanael.
Y el Señor le habló a Satanael sin conocerlo:
– ¿Quién eres?
Y Satanael dijo:
– Yo soy Dios.
– Entonces ¿Cómo me llamas a mí?
Y Satanael respondió:
– Tú eres Dios de Dioses y Señor de señores.
Si Satanael le hubiera respondido otra cosa al Señor, el Señor lo habría había acabado con él allí, en el mar de Tiberíades.
Y el Señor dijo:
– ¡Satanael! Sumérgete en el mar y tráeme tierra y pedernal. Satanael obedeció al Señor y se sumergió en el mar, y sacó tierra y pedernal.
Y el Señor tomó la tierra y la arena, las esparció sobre el mar de Tiberíades y dijo: “Que la tierra sobre el mar sea ancha y espesa”.
Y el Señor tomó el pedernal de Satanael y lo partió por la mitad. Guardó una parte en su mano derecha y puso la otra en la mano izquierda de Satanael.
Y el Señor tomó su bastón y comenzó a golpear el pedernal.
Y dijo: “Salid volando del pedernal, ángeles y arcángeles, a mi imagen y semejanza”.
Y las chispas de fuego comenzaron a salir volando del pedernal. Y el Señor creó los ángeles y los arcángeles y los nueve coros.
Y cuando Satanael vio lo que el Señor había hecho, comenzó a golpear el pedernal que el Señor le había puesto en la mano izquierda. Y sus ángeles, los de Satanael, comenzaron a salir volando, y había creado un gran poder para sí mismo.
Y el Señor puso un líder (Mija / Miguel) sobre todos los coros de los ángeles…
Y vio Satanael que los ángeles de Dios eran glorificados por todos, y pensó en ser igual a Dios.
Y pensó con orgullo: “Pondré mi trono sobre las nubes y seré como el Altísimo”.
Y el Señor supo su mal pensamiento, y quiso arrojarlo a la tierra con todo su maligno poder. Y el Señor envió a Mija contra Satanael.
Y Mija fue, y recibió el fuego de Satanael.
Y Mija se acercó al Señor: “Hice lo que me mandaste, y el fuego de Satanael me quemó”.
Y el Señor tonsuró a Mija como un monje, y lo llamó con el nombre Mijael (Miguel), y a Satanael lo llamó Satán.
Antes de que el Señor enviara a su ángel Miguel, le ordenó a Satanel que entregara su cetro y el Señor se lo dio a Miguel, y desde entonces fue llamado Miguel Arcángel, y Satanael, Satanás.
Y el Señor envió a Miguel contra Satán, y el trono de Satán quedó destrozado.
Y vino el Arcángel Miguel y golpeó a Satán con el cetro y lo arrojó a la tierra con todos sus ejércitos.

Y sus ejércitos cayeron durante tres días y tres noches, como gotas de lluvia.
Y al tercer día se creó un concilio de ángeles, y el Señor puso al Arcángel Miguel sobre todos los coros de los ángeles, y cerró las puertas de los cielos.
Algunos cayeron en el fuego, algunos en las montañas, algunos en los abismos, otros volaron por el aire o flotaron sin una mano o sin un pie: y donde encontraron un lugar, allí se quedaron hasta el día de hoy.
Entonces el Señor creó un paraíso en el este. Y el Señor pensó en crear al hombre primordial, Adán, y crearlo a partir de siete cosas: de tierra, el cuerpo; de piedra, los huesos; del mar, la sangre; del sol, los ojos; de las nubes, el pensamiento; del viento, la respiración; del fuego, el calor.
Y el Señor subió al cielo a buscar el alma de Adán.
Satán, sin saber cómo tratarlo, tocó el cuerpo de Adán con sus dedos.
Y el Señor vino a su creación, al cuerpo de Adán, y vio el cuerpo destrozado.
Y el Señor dijo:
– Oh, Diablo, ¿cómo te atreves a hacerle esto a mi creación?
Y el Diablo respondió:
– Señor, si esta persona piensa que está enferma, se acordará de ti.
Y el Señor volvió hacia dentro el cuerpo de Adán con las heridas.
Y a partir de ahí comenzaron la enfermedad. Las creó Satanás para que si alguno se enferma, que suspire: “Oh, oh, Señor, ten piedad”.
El Señor alabó a Adán.
Y le dio dominio sobre el paraíso, sobre todas las aves, bestias y ganado.
A continuación, les comparto un fragmento de un ensayo del filósofo e historiador rumano Mircea Eliade (1907 y 1986) titulado EL CREADOR Y SU “SOMBRA”, publicado en el volumen LOS DIOSES OCULTOS: CÍRCULO ERANOS II (Anthropos, 1997). Aquí el autor reflexiona sobre las variantes europeas del mito dualista.
EL CREADOR Y SU “SOMBRA”
La “semilla de la Tierra”
Según el mito cosmogónico rumano,
(…) antes de la creación del mundo sólo había una masa ilimitada de agua, sobre la que se paseaban Dios y Satán. Cuando Dios decidió formar la Tierra, mandó a Satán al fondo del mar para coger, en su nombre, semilla de Tierra y traérsela a la superficie del agua. Por dos veces bajó Satán al fondo del mar pero en lugar de coger la semilla en nombre de Dios, como se le había ordenado, la tomó en su propio nombre. Mientras ascendía a la superficie, se le escurrió toda la semilla de Tierra entre los dedos. En una tercera inmersión al fondo de las Aguas, cogió la semilla en su nombre y en el nombre de Dios. Pero de vuelta a la superficie, un poco de légamo—a saber, la cantidad que había tomado en el nombre de Dios—quedó en sus uñas; todo el resto se había deslizado entre sus dedos. Con el lodo conservado en las uñas del Diablo, formó Dios un terrón sobre el que se acostó para descansar. Creyendo que Dios estaba dormido, decidió Satán arrojarle al agua y ahogarle a fin de quedar como el único señor de la Tierra. Pero a medida que el Diablo engañaba a Dios, crecía la Tierra bajo sus pies. Y ésta se extendió hasta tal punto que ya no quedó sitio para el agua.
Este mito cosmogónico rumano se ha conservado con diversas variantes. N. Cartojan señala que el erudito búlgaro Jordan Ivanov—quien no duda del origen bogomiliano del mito—ha publicado igualmente otras leyendas populares eslavas, ilustrando con él la difusión del mito hasta en la Rusia oriental y septentrional. Cartojan advierte, sin embargo, que el erudito búlgaro ha ignorado la obra de O. Dähnhardt Natursagen. Ahora bien, en la fecha en que aparecieron los libros de Ivanov y Cartojan, los materiales reunidos por Dähnhardt en el primer tomo de su obra y, sobre todo, su intento de analizar este mito cosmogónico, así como el de trazar de nuevo su historia, constituían la contribución más importante a la solución del problema.
Cartojan resume y hace suyas las conclusiones a las que llega Dähnhardt en 1907. Como se deduce de la variante rumana, el mito comprende dos temas: 1) el tema oceánico de las Aguas primordiales, del fondo de las cuales es extraída “la semilla de la Tierra” 2) el tema dualista de la Creación del Mundo por la colaboración de los dos Seres antagónicos. El Dualismo, concluye Dähnhardt (op. cit., I, pp. 36 ss), es, sin duda alguna, de origen iranio. El tema oceánico, desconocido en Irán, resulta por el contrario abundantemente atestiguado en la India. El mito cosmogónico, tal como ha circulado por los Balcanes y por otros pueblos de Europa central y oriental, sería, pues, el producto de la fusión de dos temas diferentes: el primero indio y el otro iranio. Resumiendo las conclusiones de Dähnhardt, Cartojan concluye en estos términos: “Este tema oceánico ha emigrado de la India al Irán, donde se combinó con el tema dualista. Bajo esta forma fue luego adoptado por las sectas heréticas cristianas, que hormigueaban en el Asia Menor durante los primeros siglos de nuestra era (gnósticos, mandeístas, maniqueos).
Estas sectas han alterado la leyenda indo-irania imprimiéndole una forma cristiana y transmitiéndola luego a los bogomilos.
Más adelante discutiremos el papel de los bogomilos en la transmisión de este mito cosmogónico. Por el momento, importa más presentar lo esencial del trabajo elaborado por Dähnhardt. Utilizando y completando los materiales recogidos por Veselovskij, Dähnhardt ha publicado versiones encontradas en Europa entre los búlgaros, los cíngaros de Transilvania, los rusos, los ucranianos, los letones, y también en Bucovina. Veremos que el mismo mito ha aparecido también en otras regiones de Europa central y septentrional. Con algunas variaciones—cuya importancia valoraremos más tarde—el argumento mítico es el mismo.
La leyenda búlgara cuenta que al principio no había ni Tierra ni hombres, sino sólo Agua, y que no existían más que Dios y Satán. Un día dirigiéndose a Satán, le dijo Dios: “creemos la Tierra y a los hombres. —Pero, en ¿dónde buscaremos tierra?—preguntó Satán. —bajo el agua—respondió Dios—hay tierra. Tírate al agua y trae un poco de lodo; pero antes de zambullirte tienes que decir: ¡Con el poder de Dios y con el mío!, y llegarás hasta el fondo y encontrarás tierra”. Pero Satán dijo: “Con mi poder y con el de Dios”. Y no pudo, en consecuencia, tocar el fondo del mar. Sólo tras haber pronunciado la fórmula correcta, cuando se sumergió por tercera vez pudo alcanzar el fondo y volver con un poco de cieno entre sus uñas. Con estos residuos creó Dios la Tierra. Cuando éste se durmió, le llevó el Diablo cerca del agua e intentó ahogarle. Pero la Tierra se extendía sin cesar. De modo que el Diablo no lograba alcanzar nunca el agua. Veremos que esta extensión ilimitada de la Tierra prepara otro episodio mitológico en el que de repente la estatura de Dios parece haber disminuido extrañamente.
Entre los cíngaros de Transilvania se ha conservado esta leyenda. Al principio sólo existían las Aguas. Dios pensaba formar el mundo pero no sabía cómo hacerlo ni por qué motivo. Estaba irritado por no tener ni hermanos ni amigos. Furioso lanzó su bastón sobre las Aguas. El bastón se transformó en un gran árbol bajo el cual vio Dios al Diablo. Riendo le dijo éste: “¡Buenos días, mi buen hermano! No tienes ni amigos ni hermanos. ¡Yo seré un hermano y un amigo para ti!”. Dios se alegró y le dijo: “No serás mi hermano sino mi amigo, no debo tener hermanos”. Durante nueve días recorrieron la superficie de las Aguas, y Dios se dio cuenta de que el Diablo no le quería. Una vez, el Diablo le dijo: “Mi buen hermano, solos vivimos bastante mal. ¡Nos hace falta crear otros seres!”. “Crea, pues”, le replicó Dios. “Pero no sé, contesto el Diablo. Quisiera crear un gran mundo, ¡Pero no sé, querido hermano!”. “Bueno, dijo entonces Dios, crearé el Mundo. Sumérgete en las Grandes Aguas y tráeme arena. Con esa arena formaré el Mundo.” Sorprendido, el Diablo le preguntó: “¿Quieres hacer el mundo con arena? ¡No comprendo!”. Dios le explicó: “Digo mi nombre sobre la arena y la Tierra nacerá. ¡Ve y trae arena!”. El Diablo se zambulló. Pero también él quería formar un Mundo, y como disponía ahora de arena pronunció su propio nombre. Pero la arena le quemó y tuvo que tirarla. Dijo entonces que no había encontrado nada. Pero Dios le mandó de nuevo. Durante nueve días guardó el Diablo la arena repitiendo siempre su propio nombre, y como la arena le quemaba cada vez más se volvió del todo negro y se vio finalmente obligado a tirarla. Cuando Dios le vio, exclamó “te has vuelto negro, eres un mal amigo. Ve y trae arena, pero no vuelvas a pronunciar tu nombre, porque de lo contrario te quemarás por completo”. El Diablo se sumergió de nuevo y trajo al fin la arena. Dios formó el Mundo y el Diablo se regocijó: “Aquí bajo este gran árbol—dijo—voy a vivir, y tú, querido hermano, búscate otra morada”. Dios se enfadó. “Eres un mal amigo—exclamó—. No quiero más trato contigo. ¡Vete!.” Apareció entonces un toro muy grande que se llevó al Diablo. Y del gran árbol cayó carne sobre la tierra, y de las hojas del árbol surgieron hombres.
En Bucovina se ha conservado la leyenda siguiente: cuando sólo existían el Cielo y las Aguas, sobre éstas se paseaba Dios en barca. Encontró Dios una bola de espuma, en el interior de la cual se hallaba el Diablo. “¿Quién eres?”–preguntó Dios. Pero el Diablo no estaba dispuesto a responderle a no ser que Dios le llevase en su barca. Dios aceptó y tuvo la respuesta: “¡Soy el Diablo!”. Tras haber viajado largo tiempo en silencio, el diablo le dijo “¡Qué bueno sería que existiera la tierra firme!”. Dios le mandó entonces zambullirse y tomar arena en su nombre. Siguen los detalles familiares: los tres buceos, la Creación del Mundo con algunos granos de arena, el reposo de Dios durante la noche, el intento del Diablo de ahogarle—con las consecuencias conocidas—el despliegue de la Tierra.
Sería inútil citar las demás variantes: letonas, polacas, rusas, etc. Recordemos tan sólo algunos detalles significativos. Así, por ejemplo, según una leyenda finesa, antes de la Creación del Mundo se encontraba Dios sobre una columna de oro en medio del mar. Viendo su imagen reflejada en el agua, le gritó: “¡Levántate!”. La imagen era el Diablo. Dios le preguntó cómo podría formarse el Mundo. El otro le respondió: “hay que bajar tres veces al fondo del mar”. Entonces Dios le mandó sumergirse.
Los estonios cuentan que al principio el espíritu de Dios se movía por encima de las Aguas. Dios oyó un ruido, vio subir bolas a la superficie, y escuchó una voz que le gritaba: “¡Espérame!”. Dios le aguardó “¿Quién eres?” –le preguntó –“Soy Otro” –contestó. Y Dios le mandó a buscar cieno en el fondo del mar.
Aunque forme parte de los mitos de los ugrianos—que presentaremos más abajo con las tradiciones del Asia central—recordemos también esta variante morvina: Dios (Tsam-Pas) se encontraba solo en un peñón. Pensaba formar el mundo “no tengo—se dijo—ni a un hermano ni a un compañero con quien discutir este asunto!” escupió entonces sobre las Aguas. De su escupitajo nació una montaña. Tsam-pas la golpeó con su bastón, estalló, y de ella salió el Diablo (Saitan). Tan pronto hubo aparecido, el Diablo propuso a Dios ser hermanos y crear juntos el mundo. “No seremos hermanos—le respondió Tsam-Pas—sino compañeros”. Y le mandó buscar arena en el fondo del mar. Pero en vez de pronunciar el nombre de Dios, Saitan pronunció el suyo. Entonces prendieron llamas en el fondo del mar, del que salió el Diablo todo quemado. En el tercer buceo pronunció el nombre de Dios. Logró así coger arena, aunque guardándose un poco en la boca. Pero cuando este polvo empezó a crecer y su cabeza se hizo grande como una montaña, hasta el punto de estallar, Dios tuvo piedad de él y le golpeó la cabeza. Saitan escupió con tal fuerza que un temblor sacudió toda la tierra, naciendo de él las montañas y las colinas.
Entre los rumanos, este mito tiene un desenlace de interés para nuestro tema. Dios, al despertarse, observó que la Tierra se había extendido tanto que ya no quedaba sitio para las Aguas. No sabiendo cómo remediar esta situación, envió a la abeja donde el erizo—el más sagaz de los animales—para que le aconsejara. Pero el erizo se negó a ayudarla, con el pretexto—decía—que Dios es omnisciente. La abeja sabía, empero, que el erizo tenía la costumbre de hablar a solas. En efecto pronto le oyó murmurar: “es claro que Dios no sabe que hay que hacer montañas y valles para dejar sitio a las Aguas”. Voló la abeja hasta Dios, y el erizo le maldijo y la condenó a no comer más que inmundicias. Pero Dios bendijo a la abeja: el excremento que comería se convertiría en miel.
Entre los búlgaros, el mito es todavía más drástico. La Tierra se había desarrollado de tal modo que el Sol ya no lograba cubrirla. Mandó Dios al ángel de la guerra donde Satán para preguntarle lo que debía hacerse, pero no consiguió acercarse a él. Dios creó entonces la abeja, y le mandó posarse en el hombro del Diablo para escuchar lo que éste decía. “Oh, qué tonto es Dios—murmuró el Diablo—no sabe que hay que coger un bastón, santiguarse en las cuatro direcciones y decir: ¡tanta Tierra basta!”. La abeja se apresuro a contarle a Dios la solución del enigma.
El “cansancio” de Dios
Este mito cosmogónico se distingue claramente tanto de las tradiciones bíblicas como de las mediterráneas. El Dios cuyas peripecias acabamos de referir no tiene nada que ver con el Dios creador del Antiguo Testamento, ni tampoco con los dioses creadores y soberanos de la mitología griega. Por otra parte, el paisaje mítico mismo es por completo diferente. Le falta la amplitud, la majestuosidad de las cosmogonías griega y bíblica. Ciertamente, las Grandes Aguas primordiales están ahí, pero tanto el argumento como los personajes del mito son más bien modestos: un Dios que crea a disgusto—o a sugerencia del Diablo y con su ayuda—y que no sabe cómo acabar su obra; un Diablo que a veces se muestra más inteligente que Dios, pero que usa subterfugios infantiles—ocultar un poco de barro en la boca, intentar ahogar a Dios tirándole al agua, etc. —la abeja y el erizo. Este universo mítico, humilde y modesto, no está provisto de significación. Con todo, cualquiera que sea el origen de este mito cosmogónico, parece seguro que ha circulado por los ambientes populares y que ha debido adaptarse a las audiencias más vulgares.
El mito puede resumirse en los puntos siguientes: 1) las Aguas primordiales; 2) Dios, paseándose por la superficie de las Aguas; 3) el Diablo, que aparece desde el comienzo del relato, o que Dios encuentra más tarde, o que crea involuntariamente a partir de su sombra, de su escupitajo o de su bastón; 4) la “semilla de Tierra” que yace en el fondo de las Aguas, cuya existencia sólo Dios conoce, y con la que sólo él es capaz de formar el Mundo; semilla que, por razones desconocidas, Dios mismo no quiere—o no puede—traer, y manda entonces al Diablo a buscarla; 5) el triple buceo del Diablo y su impotencia para coger cieno en su propio nombre; 6) la potencia creadora de Dios, que hace crecer prodigiosamente los granos de arena o los restos de légamo prendidos en las uñas del Diablo. Pero esta creación tiene algo de “mágico” y “automático”: la Tierra crece a partir de su semilla un poco como el “mango-trick”, el cual brota vertiginosamente de su hueso y da fruto en unos instantes; o la Tierra se dilata “automáticamente” a hurtadillas de Dios, sólo porque el Diablo ha intentado ahogarle durante su sueño; 7) lo que francamente sorprende en los relatos mitológicos es el cansancio de Dios tras haber creado el Mundo. Dios quiere o tiene necesidad de descansar; se duerme profundamente, como los campesinos tras la jornada de trabajo, de modo que ni siquiera se siente instigado por el Diablo. Es cierto que en relatos populares parecidos Dios resulta muchas veces fuertemente antropomorfizado. Con todo, en nuestro mito, el cansancio y el sueño de Dios no parecen muy justificados, ya que, en resumidas cuentas, Dios casi no ha trabajado: es el Diablo el que se ha zambullido tres veces—sin dormirse por ello—y es gracias a la “magia” que la Tierra se ha dilatado considerablemente; 8) esta nota negativa, descubierta de repente en la persona de Dios, se agrava aún más en la segunda parte del mito, cuando Dios mismo reconoce su incapacidad para resolver un pequeño problema post-cosmogónico, teniendo que ser finalmente aconsejado por el Diablo o el erizo. El cansancio físico que le había obligado a acostarse y a dormirse profundamente se acompaña ahora de un cansancio mental; de repente, Dios que parecía ser omnisciente—sabía lo esencial: el lugar donde encontrar la “semilla de Tierra” y cómo crear el mundo—, muestra ahora una inteligencia extrañamente disminuida: incluso cuando sus facultades creadoras están todavía intactas—como en la variante búlgara, donde crea los ángeles y luego la abeja—su inercia mental parece ser completa; y no sólo el Diablo conoce la solución del problema, sino también el erizo, que, aunque el relato no lo señale, es una de las criaturas de Dios.
Más que el “dualismo”, son estos elementos negativos —el cansancio de Dios, su sueño profundo, el declive de su inteligencia— los que contribuyen a dar un carácter absolutamente distinto a los mitos cosmogónicos rumano y del sureste de Europa. Pues, como veremos más adelante, el “cansancio” o la “decadencia” de Dios no son partes integrantes de este mito tal y como se conoce en el Asia central y septentrional.
Cualquiera que sea el origen de este tema mitológico, una cosa nos parece clara: que el carácter dramático de los últimos relatos que acabamos de analizar se debe menos al antagonismo del Diablo que a la pasividad de Dios y a su incomprensible decadencia. Resulta inútil repetir que este Dios no tiene nada que ver con el Dios creador y cosmócrata del judeo-cristianismo. Y aunque la vida religiosa de todos estos pueblos de la Europa suroriental esté inspirada y organizada por la Iglesia y encuentre su fuente en la creencia en un Dios trinitario, en las leyendas cosmogónicas que nos ocupan—así como en algunos otros temas folklóricos—, nos hallamos ante otro tipo de Dios: un Dios padeciendo su propia soledad y sintiendo la necesidad de tener un compañero para formar el Mundo; un Dios distraído, cansado y que, en resumidas cuentas, se muestra incapaz de rematar la Creación por sus propios medios.
Puede compararse este Dios con el deus otiosus de tantas religiones “primitivas” en las que, tras haber creado el Mundo y a los hombres, se desinteresa por la suerte de su Creación y se retira al Cielo, confiando el cumplimiento de su obra a un Ser sobrenatural o a un demiurgo. No queremos decir con esto que el deus otiosus de las sociedades arcaicas— tal y como se encuentra, por ejemplo, en los Selk’nam, los bambuti y en tantas otras poblaciones africanas— sobreviva en las creencias de las poblaciones del sureste de Europa. No se trata necesariamente de una supervivencia de los tiempos más remotos, sino de un proceso que ha podido darse mucho más tarde. En otras palabras: los caracteres negativos descubiertos en nuestros mitos cosmogónicos pueden ser interpretados como la expresión popular y, en suma, reciente de un deus otiosus, de un Dios que se aleja tras haber creado el mundo y que por eso no está en el centro mismo del culto. Añadamos que el tema del “Dios lejano” desempeña un papel capital en el folklore religioso rumano, y que resulta también abundantemente confirmado en los demás pueblos de la Europa suroriental. Según estas creencias, al principio, Dios bajaba de vez en cuando a pasear por la Tierra en compañía de San Pedro; pero, a causa de los pecados de los hombres, terminó por renunciar a estas visitas y se aisló definitivamente en el Cielo. El alejamiento de Dios encuentra su inmediata justificación en la depravación de la humanidad. Dios se retira al Cielo porque lo hombres han elegido el mal y el pecado. Es una expresión mítica de la desolidarización con el mal y con la humanidad pecadora; más adelante tendremos ocasión de señalar otras expresiones. Pero es evidente que este Dios que se retira y se aleja no es el del judeo-cristianismo.

Chernobog y Belobog


Los científicos han intentado identificar cuáles serían los dioses eslavos antiguos que terminaron siendo identificados con el Dios y el Diablo cristiano en estas historias. Algunos han sugerido que se trata de Perún y su archienemigo Veles, pero la opinión más popular prefiere llamarlos Chernobog (dios negro) y Belobog (dios blanco). Ahora bien, sobre estos dos últimos existe un debate aparte, relacionado con su autenticidad dentro del paganismo eslavo.
Chernobog es un supuesto dios de los eslavos occidentales (checos, polacos, etc.) que aparece atestiguado en la Chronica Slavorum del sacerdote e historiador sajón Helmoldo de Bosau, que la escribió en el siglo XII.
Tienen también los eslavos un error particular; que en sus fiestas y borracheras pasan un platón sobre el cual dicen ciertas palabras, no diría yo de consagración sino de execración, en nombre de sus dioses, tanto de los buenos como de los malos, profesando que toda buena fortuna es otorgada por el buen dios y la adversa por el malo. De donde que en su lengua al dios malo se le llama Diablo o Zcerneboch, esto es, el Dios Negro.
Belobog, en cambio, no es mencionado en ninguna fuente verdaderamente antigua y es considerado un dios reconstruido o una “deidad de gabinete”.
Es cierto que ambos se mencionan en varios documentos de los siglo XVI y XVII, pero estos no se consideran confiables, entre otras cosas porque los dos nombres se volvieron arquetípicos y pueden servir para referirse a otros dioses o conceptos, incluso cristianos. De hecho, algunos investigadores sugieren que tanto Belobog como Chernobog son pseudo-deidades originadas de conceptos más genéricos como “buena suerte” o “mala suerte”, que en algún momento pasaron a ser epítetos de Dios y el Diablo. En cualquier caso, más allá de la dudosa referencia de Helmoldo, no existe ningún mito u otra evidencia de culto a Chernobog; mucho menos a Belobog, que a todas luces fue inventado por los cronistas en contraposición del primero.
El origen del hombre y del perro
Como ya mencioné, el mito cosmogónico suele estar acompañado de pequeñas referencias etiológicas, es decir, historias de por qué las cosas son como son hoy en día; y le sigue un mito antropogónico sobre el origen de la humanidad.
ORIGEN DEL HOMBRE
Crónica de Nestor (Relato de los años pasados), siglo XII.
«Y [los magos] dijeron: “Nosotros sabemos cómo fue creado el hombre”. Y él [un noble ruso] preguntó: “¿Cómo?” Ellos dos dijeron: “Dios se estaba lavando en una casa de baños, y empezó a sudar, y se enjugó con un paño de hierbas, y lo tiró del cielo a la tierra. Y Satán empezó a disputar con Dios quién crearía de él (del paño) al hombre. Y el diablo creó al hombre, pero Dios puso el alma en él. Por eso, cuando muere un hombre, el cuerpo va a la tierra, y el alma a Dios”.»
ORIGEN DEL HOMBRE Y DEL PERRO
Dobrovolsky V. N. Colección etnográfica Smolensk. Parte 1. (Notas de la Sociedad Geográfica Rusa sobre el Departamento de Etnografía. 1891.)
El Señor pensó: “Ya he creado el cielo y la tierra; ¡necesito crear personas!”
Dios creó a Adán y se fue a buscar más materia para terminarlo. Temiendo que el ángel (Satanás) contaminara lo que ya estaba hecho, el Señor creó un guardián y lo dejó vigilando:
– ¡No dejes que nadie se acerque a este hombre hasta que yo regrese!
El ángel:
– ¡Guardián, déjame ir hacia Adán!
El guardián ladró.
– ¡Déjame ir, de lo contrario te congelaré!
El Diablo hizo que el guardián sintiera mucho frío, y como estaba desnudo, se encogió y empezó a temblar.
– Déjame ir y te regalaré un abrigo de piel.
El guardián permitió que el Diablo llegara hasta el hombre, y por eso el Diablo lo cubrió de pelo.
(Debido a que el guardián desobedeció la orden de Dios, no se le permite entrar a la Iglesia, mientras que el gato a menudo es encerrado allí para cazar ratones. Desde entonces, el guardián ya no se llama “guardián”, sino “perro”).
Y Satanás fue y tosió, escupió y defecó sobre el hombre.
El Señor regresó.
– ¿Has pecado, guardián? ¿De dónde sacaste ese pelaje?
– Señor, soy culpable ante Ti: Satanás me confundió.
El Diablo estaba cerca.
– ¿Cómo te atreves, Diablo, a mancillar al hombre?
– No te preocupes, Señor: lo que hice es bueno.
– ¿Cómo es eso?
– Quita la inmundicia de este hombre y vuélvelo del revés. Si se enferma debido a las impurezas externas, cuando tosa, pensará en ti primero y te recordará: “¡Oh, Señor, qué terrible tos!” Y luego pensará en mí: “¡Uf, los espíritus malignos se han ensañado conmigo!” Como el Diablo aconsejó, así lo hizo Dios.
En algunos mitos, Dios y el Diablo no sólo compiten construyendo cielos cada uno más alto que el otro, también se turnan para crear plantas, animales y bienes culturales. Dios crea todo lo que es bueno y útil para el hombre, y el Diablo crea todo lo que es inútil o dañino. A menudo las creaciones del Diablo resultan sin alma o sin valor, y Dios tiene que darles vida o completarlas. Otras veces las creaciones del Diablo no le obedecen: las cabras (imitación de las ovejas) se dispersan, el lobo (imitación del perro) en vez de atacar a Dios ataca al mismo Diablo, etc.
El mito altái de la creación
Según Mircea Eliade, las versiones rusas y las centroasiáticas tienen en común la introducción de la apariencia ornitomorfa de uno o los dos personajes principales.
La versión que vas a leer ahora es turca y se conoce como el “mito altai de la creación”. Como su nombre indica, se desarrolló entre los pueblos que habitaron o habitan el macizo de Altái y sus alrededores, una cordillera de Asia central que ocupa territorios de Rusia, China, Mongolia y Kazajistán. El material original de esta historia está en verso y es una compilación de Vasili Radlov (1837-1918), conocido como el padre de la turcología.
MITO ALTÁI DE LA CREACIÓN
Traducido del libro Turkse Mythologie de Ingrid Klerk (2011).
Antes de que existiera el mundo, todo era agua. La tierra no existía, la bóveda del cielo no existía, el sol y la luna no existían. Dios y su doble volaban como dos gansos. Dios estaba sereno, sin pensar en nada. Su doble despertó al viento y el viento agitó el agua y el agua salpicó el rostro de Dios. El doble pensó exaltarse por encima de Dios, pero se cayó y terminó en el agua. Cuando estaba a punto de ahogarse, clamó: – ¡Oh Dios, sálvame!

Dios habló: – ¡Oh doble, levántate del agua! Y el doble salió del agua.
Dios dijo: – ¡Que se forme una roca! Y del mar se elevó una masa sólida. Allí se sentó el doble y vivió con Dios.
Dios dijo al doble: – ¡Baja al fondo del mar, consigue granos de tierra y tráemelos! El doble descendió, buscó tierra y le dio un puñado a Dios. Dios arrojó la tierra sobre la superficie del mar, diciendo: – ¡Crece! Y surgió la tierra.
Entonces Dios le volvió a pedir al doble que bajara y obtuviera más materia. El doble pensó para sí mismo: – Esta vez también traeré un poco de tierra para mí.
Descendió al fondo del mar y obtuvo dos puñados; uno se lo dio a Dios y otro se lo puso en la boca: secretamente quería hacer tierra para sí mismo.
Dios arrojó la materia y la tierra continuó expandiéndose y solidificándose. El puñado de tierra que el doble se había puesto en la boca también se expandió, de modo que casi se ahoga. Se escabulló para que Dios no lo viera, pero cuando miró hacia atrás: Dios todavía estaba a su lado. Cuando estuvo a punto de ahogarse, le dijo: – ¡Oh Dios verdadero, sálvame!
Dios habló: – ¿Qué estabas planeando?
El doble dijo: – Me escondí esta materia en la boca para hacer mi propia tierra.
Dios habló: – ¡Escúpela! Cuando el doble escupió la materia, de ella se formó el suelo húmedo y pantanoso.
Dios habló: – ¡Has cometido un pecado, oh mi doble! Has hecho el mal, y las personas que te seguirán serán tan perversas como tú. Las personas que me sigan serán santas y llenas de ideas puras. Verán el sol, verán la luz y para ellas yo seré fuente de vida. ¡Ahora tu nombre será Erlik! El hombre que oculte sus pecados será tuyo. El hombre que se arrepienta será mío.
Entonces brotó un árbol sin copa. Dios miró el árbol y pensó: – Un árbol sin ramas está un poco desnudo y no es agradable a la vista.
Dios habló: – ¡Que surjan las ramas! Y nueve ramas brotaron del tronco.
Dios habló: – ¡De las nueve ramas nacerán nueve personas, de las nueve personas descenderán nueve naciones!
Erlik pasó por allí y escuchó el ruido de muchas cosas nuevas. Erlik le habló a Dios: – ¿De dónde vienen estos sonidos?
Dios habló: – Eres un Señor, pero yo también soy un Señor. ¡He aquí, este es mi pueblo!
Erlik habló: – ¡Ay, dame un poco de gente!
Dios respondió: – No te daré nada. ¡Gánalo! Entonces Erlik pensó para sí mismo: – Quiero echar un vistazo a ese pueblo de Dios.
Erlik fue y vio todo: personas, animales y todas las criaturas posibles. Se preguntó: – ¿Cómo hizo Dios todo esto? Entonces resolvió quitarle aquellas cosas a Dios. Erlik vio que la gente comía de un lado del árbol y del otro no.
Le preguntó a una de las personas: – ¿Por qué solo comes de este lado?
El hombre le dijo: – Esta es nuestra comida, así lo designó Dios. Dios nos ha dicho: – ¡No comas el alimento de estas cuatro ramas! Hay cinco ramas en el lado del amanecer, ¡come de ellas! Después de que Dios nos dijo eso, ascendió al cielo. Al pie del árbol, Dios ha puesto un perro de guardia con la orden: – ¡Cuando venga el Maligno, muérdelo! Además, puso allí una serpiente de guardia y le dijo: – Si alguien viene a comer la comida de las cinco ramas en el lado de la salida del sol, ¡que lo haga!; pero si alguien quiere comer de las otras cuatro, ¡ciérrale el camino! Por lo tanto, esta es nuestra comida.
Cuando el enojado Erlik escuchó esto, se acercó al árbol y vio a un hombre llamado Töröngöy. Erlik se dirigió a él: – Si Dios te dijo: – Puedes comer de estas cinco ramas, pero no de las otras cuatro, ¡entonces te dijo mentira! Precisamente son estas cinco de las que no debes comer.
Habiendo dicho así, la serpiente se quedó dormida. El Maligno se metió en la serpiente y le dijo: – ¡Sube al árbol! La serpiente subió al árbol y comió la comida que Dios le había prohibido a su pueblo.
Junto a Töröngöy vivía un ser femenino llamado Edji. La serpiente les dijo a los dos: – Töröngöy, Edji, ¡comed de esto!
Töröngöy respondió: – ¡No, no comeré de eso! Después de todo, Dios ha dicho: ¡No comáis de esto! Y por eso no lo comemos.
Entonces la serpiente le ofreció la comida a Edji. Ella comió, y mientras comía le supo muy dulce. Sin embargo, cuando Töröngöy siguió negándose, la propia Edji tomó una fruta del árbol y se la puso en la boca. En ese momento se les cayó el cabello del cuerpo (al parecer eran hombres-bestias) y se sintieron avergonzados. Uno se escondió detrás de un árbol, el otro se escondió detrás de otro árbol. Cuando vino Dios, todas las personas se escondieron de él. Dios los llamó: – ¡Töröngöy, Töröngöy! ¡Edji, Edji! ¿Dónde están?
Ellos respondieron: – ¡Nos escondemos detrás de los árboles, no queremos mostrarnos!
Dios habló: – ¿Qué te pasa Töröngöy?
Este respondió: – Edji me ha metido comida prohibida en la boca.
Entonces Dios habló: – Edji, ¿por qué hiciste eso?
Ella respondió: – La serpiente me dijo: – ¡Come!
Dios habló: – Serpiente, ¿qué ha pasado?
La serpiente respondió: – El Maligno se ha metido en mí y ha hablado por mí.
Dios preguntó: – Pero, ¿cómo se coló el Maligno en tu cuerpo?
La serpiente respondió: – Me había quedado dormida y entonces el Maligno aprovechó.
Dios habló: – Perro, ¿qué ha pasado?
El perro respondió: – No vi nada. El Maligno era invisible para mí.
Ahora Dios le habló a la serpiente: – ¡Oh serpiente! Ahora tú te has convertido en el Maligno y el hombre será tu enemigo. ¡Él te pisará y golpeará hasta la muerte!
Entonces Dios le habló a Edji: – Has comido la comida prohibida obedeciendo el consejo del Maligno. ¡Ahora tendrás hijos, sufrirás dolores de parto y la muerte sabrá dónde encontrarte!
Entonces Dios le habló a Töröngöy: – Has probado la comida prohibida. Me has desobedecido. El hombre que sigue al Maligno, pertenece a su reino. El hombre que no hace caso a mis palabras no verá mi luz y no recibirá mi bendición. Vivirá en la oscuridad. ¡Ahora el Maligno es mi adversario y, a través de él, Töröngöy, te has vuelto hostil y extraño para mí! Si no hubieras comido la comida del Maligno, y si hubieras recibido mi bendición, alguna vez hubieras llegado a ser como yo. Ahora habéis recibido la bendición del Maligno. Nueve hijos y nueve hijas te nacerán. ¡Ya no crearé seres humanos, de ahora en adelante el hombre surgirá de sí mismo!
Entonces Dios habló al Maligno: – ¿Por qué engañaste a mi pueblo?
Erlik respondió: – Cuando te lo pedí, no me diste nada. Ahora te he robado y engañado. Si la gente monta sus caballos, los haré tropezar. Si beben juntos con alegría, causaré conflictos. Haré que la gente pelee y se pegue en las orejas. Si se meten al agua. ¡Haré que se hundan! Si se suben a un árbol. ¡Los derribaré!
Ahora Dios habló: – Debajo de tres capas de tierra se encuentra la oscuridad. Allí no brillan ni el sol ni la luna. ¡Allí te destierro!

Y al pueblo le habló Dios: – A partir de ahora no te daré más comida. Asegúrate de encontrarla por tu cuenta. Tampoco volveré a conversar contigo. Sin embargo, te enviaré a Maitere. Él te enseñará a construir herramientas y a trabajar.
Maitere vino y enseñó a la gente todo tipo de cosas: les mostró el grano – la cebada – y el tubérculo – el rábano silvestre – y el vegetal – la cebolla – y les mostró cómo cultivarlos.
El Maligno se acercó a Maitere y le dijo: – Ah Maitere, háblale a Dios por mí y dile que me gustaría mucho volver a estar allá arriba, a su lado.
Maitere se inclinó ante Dios durante sesenta y dos años, y finalmente Dios respondió: – ¡De acuerdo entonces! Si no hace nada en mi contra y si no hace daño a la gente, ¡Puede venir!
Entonces Erlik ascendió al cielo, allí se inclinó ante Dios y dijo: – Concédeme tu bendición para que perfeccione la cúpula celeste.
Dios lo bendijo y habló: – Está bien.
Con la bendición de Dios, Erlik creó un nuevo cielo y lo llenó con sus propias criaturas. Una de esas criaturas era un hombre piadoso llamado Mandishir. Y este pensó para sí mismo: – He aquí que el pueblo de Dios vive en la tierra, mientras que el pueblo de Erlik vive en el cielo. Eso no puede ser bueno. ¡Algo está mal! Entonces Mandishir se sintió decepcionado y decidió luchar contra Erlik.
Erlik y Mandishir se enfrentaron en una batalla. Mandishir fue derrotado con fuego y perseguido por Erlik. Entonces fue a refugiarse en el cielo de Dios.
Dios le preguntó: – Mandishir, ¿de dónde vienes?
Y Mandishir le dijo a Dios: – Las criaturas de Erlik pueblan el reino celestial, mientras que la gente de la tierra trabaja duramente. ¡Creo que algo no está bien! Pienso derrotar a Erlik, pero mi fuerza no es suficiente, no pude hacerlo caer.
Dios habló: – Nadie es más fuerte y poderoso que yo. Pero Erlik es más fuerte que tú y aún no ha llegado su momento. Pero cuando llegue, te lo haré saber. Te diré: – ¡Ve ahora! Y si vas, ¡entonces tú serás más poderoso!
Durante mucho tiempo todos vivieron en paz. Al cabo Mandishir pensó: – Hoy debe ser el día.
Dios se dirigió a Mandishir: – ¡Hoy lo expulsarás, hoy lograrás lo que tienes en mente! Serás fuerte, muy fuerte. ¡Mi poderosa bendición caerá sobre ti!
Mandishir se regocijó y habló: – No tengo arco ni flecha, ni lanza ni espada. Solo tengo mis manos desnudas. ¿Cómo, pues, iré a la batalla?
Dios habló: – ¿Qué te gustaría llevar contigo?
Mandishir respondió: – ¡Aunque no lleve nada, lo pisaré con mis pies y lo arrojaré del cielo con la fuerza de mis brazos!
Dios habló: – ¡Toma esta lanza!
Mandishir tomó la lanza que Dios le entregó, corrió al cielo de Erlik y lo derrotó. Lo venció y lo expulsó. El cielo de Erlik se hizo añicos. La lanza destrozó todo lo que había allí y los pedazos cayeron a la tierra.

Antes de que esto sucediera, no había piedra dura, ni roca, ni montaña, ni bosque. Cuando los fragmentos del reino celeste de Erlik cayeron a la tierra, surgieron cadenas montañosas, grandes piedras y bosques enteros. El paisaje ancho y limpio creado por Dios se volvió áspero y desigual. Mandishir también derribó a los súbditos de Erlik. Algunos cayeron al agua y murieron. Otros cayeron sobre las piedras y murieron. Otros cayeron sobre los árboles y murieron. Otros cayeron sobre el ganado y murieron. Otros cayeron sobre otras personas y murieron.
Ahora Erlik le rogó a Dios por un pedazo de tierra: – Destruiste mi cielo, ahora no tengo donde vivir. ¡Ay, dame un pedazo de tierra!
Dios habló: – ¡Nada te daré!
Erlik continuó suplicando: – ¡Dame al menos cinco brazas!
Pero Dios tampoco le dio cinco brazas. Entonces Erlik clavó el palo que sostenía en su mano en el suelo y dijo: – Oh Dios, entonces dame tanta tierra como cubra la punta de este palo.
Dios sonrió y habló: – Puedes obtener tanta tierra como haya debajo de la punta de ese palo.
Enseguida Erlik comenzó a construir su reino en aquel espacio.
Dios habló: – ¡Abajo! Construye tu imperio bajo tierra y vive allí de ahora en adelante. ¡En el fondo, bajo muchas capas de tierra, estará tu morada! Allí arderá un fuego inextinguible y nunca más verás la luz del sol o la luna. Algún día al final de los tiempos te juzgaré y si te portas bien te devolveré a la luz. Si te portas mal, te quedarás en la oscuridad. ¡Que así sea!
Erlik habló: – ¡Tengo la intención de llevarme a todos los muertos!
Dios habló: – ¡Ciertamente no lo permitiré!
Erlik se lamentó: – Entonces no tengo nada que hacer. ¿A qué se supone que debo dedicarme?
Dios habló: – ¡Crea!
Entonces Erlik se inclinó ante Dios y habló con reverencia: – ¡Si me bendices, entonces crearé!
Dios le dio su bendición y Erlik hizo fuelles y tenazas. Golpeó una vez con el martillo y salió una rana. Golpeó de nuevo y salió una serpiente retorciéndose. Golpeó de nuevo y salió un oso que se fue corriendo. Golpeó otra vez y salió un jabalí. Con el siguiente golpe apareció un troll peludo, y con el siguiente un duende malvado. Volvió a golpear y allí estaba un camello…

Entonces Dios intervino. Arrojó al fuego el fuelle, las tenazas y el martillo de Erlik. Del fuelle nació una mujer, de las tenazas nació un hombre. Dios tomó a la mujer, escupió sobre ella y se convirtió en una garza. Su carne nunca se come y sus plumas nunca se usan para emplumar flechas; hasta el perro la rechaza, su cadáver se pudre en el pantano. Dios tomó al hombre, lo escupió y lo convirtió en una rata gigante, un animal inmundo que roe las suelas de los zapatos viejos.
Entonces Dios habló al pueblo: – Ahora os he quitado al Maligno. Si vuelve a vuestra casa, ofrecedle comida, ¡pero nunca comáis de la suya! Si aceptáis comida del Maligno, ¡os convertiréis en sus súbditos! ¡No olvidéis mis palabras! Mientras os acordéis de mí y me llaméis en la necesidad, el borde de mi túnica será vuestro asiento. A partir de hoy estaré oculto a vuestros ojos, pero, aunque me iré por mucho tiempo, vendré otra vez y juzgaré vuestras buenas y malas acciones. He aquí que he creado el ganado para vosotros. Hermosa agua clara fluye sobre la tierra, ¡podéis beberla! Shalyime, Mandishir, Podosünkü, Maitere y Yapkara son mis ayudantes y estarán a vuestro lado. ¡Haced el bien por mí!
Dios le habló a Shalyime: – Shalyime, te encargarás de vigilar a los hombres. Tú has bebido de la fuente de los secretos y serás la guardiana de mi pueblo. Vela por los niños, los potros, los corderos y los terneros. ¡Salva a todos los jóvenes! Acoge al hombre que haya vivido con bondad. Pero al que se traspase a sí mismo con una flecha y se suicide, ¡repúdialo y recházalo! Al que muera en batalla, ¡llévalo a mi reino! Al que roba y es hostil con su prójimo, ¡deséchalo! Al que muera por mí o por su kan, ¡tráelo ante mi presencia! No desprecies a nadie por suposiciones. ¡Se imparcial! Si no te agrada un gobernante, no condenes a sus súbditos con él. Si el gobernante te gusta, no tengas piedad con sus malos súbditos. ¡Cuida de los vivos y de los muertos!
Dios le habló a Podosünkü: – ¡Pon el sol y la luna en órbitas fijas!
Dios le habló a Mandishir: – ¡Asegúrate de mantener los malos espíritus en el mundo subterráneo! Y cuando aparezcan, ¡lucha contra ellos! ¡Lucha e invócame cuando te fallen las fuerzas! ¡Cuida del cielo y de la tierra!
Dios le habló a Maitere: – ¡Mantén el Mal lejos del Bien! Enseña a la gente en todo lo que es bueno. Enséñalos a pescar con caña y con red. Enséñalos a cazar con arco y con flecha. Enséñalos a cuidar y a pastar el ganado. ¡Conduce a la gente hacia el bien y hacia a mí!
Dios le habló a Yapkara: – ¡Cuidado! Si Erlik intenta secuestrar a los muertos, avisa a Mandishir, porque él es fuerte y puede enfrentarlo.
Cuando Dios hubo hablado así, desapareció ante los ojos de todos.
Maitere se quedó con la gente y les dio la caña y la red de pescar hecha con cuerda de cáñamo. Trenzó la red, construyó la barca y se fue a pescar con ellos. Les dio el arco y la flecha y se fue a cazar con ellos. De esta manera fue un ejemplo para el pueblo en todo lo que es bueno según la palabra de Dios. Guio y enseñó a la gente en todo.
Un día Maitere le habló a la gente: – ¡Hoy el viento me llevará!
Vino un torbellino y se llevó a Maitere lejos de la gente.
Yapkara habló a la gente: – Maitere ha sido llevado por Dios. ¡No lo busquéis! ¡No aparecerá! Yo también soy un mensajero de Dios y me iré cuando él me lo mande. No olvidéis nada de lo que os hemos enseñado. ¡Estos son los dones de Dios!
Dijo y se desvaneció ante sus ojos.
Conclusión
A los científicos no deja de sorprenderles la enorme cantidad de variantes que tiene este mito y la gran diversidad de pueblos que lo acogieron. Las investigaciones y los debates están lejos de acabar.
En mi opinión, creo que se trata de una idea de base muy primitiva, incluso anterior a cualquier manifestación de dualismo, que evolucionó adaptándose a cada tiempo y lugar. Obviamente, fue influenciado por sistemas de creencias posteriores, mucho más complejos; sin embargo, es significativo pensar que su mayor desarrollo ocurrió en las capas más populares de la sociedad, nunca llegó a formar parte oficial o exclusiva de algún dogma. Los dos dioses han recibido muchos nombres, pero ninguno parece ser definitivo. Estamos ante un cuento mutante que rehuye cualquier intento de definición o encasillamiento filosófico.
Me agrada particularmente la hipótesis que expone el historiador y escritor de fantasía ucraniano Dmitry Mikhailovich Dudko en el recopilatorio “Libro de la paloma, cosmogonía eslava” (Editorial Eksmo, 2008):
«Los mitos sobre los hermanos gemelos que crearon u organizaron el mundo tienen sus raíces en el propio sistema tribal. Esto lo demostró brillantemente el etnógrafo soviético A. M. Zolotarev, quien murió trágicamente en 1943. Su libro “El sistema de clanes y la mitología primitiva” se publicó, y aun así no en su totalidad, sólo dos décadas después. Pero sus principales conclusiones no están desactualizadas hasta el día de hoy. Que nuestro mundo está estructurado dialécticamente lo entendieron mucho antes que Hegel los pueblos del Paleolítico superior. En aquellos días, la gente vivía en clanes y tribus. Cada tribu estaba formada por al menos dos clanes o fratrías (uniones de clanes). Sus ancestros tótems eran considerados gemelos, hermanos o hermanas. Inicialmente, estos ni siquiera eran dioses como Ohrmazd y Ahriman, sino dioses-bestias, animales y personas al mismo tiempo. Y la gente imaginaba el mundo entero nada más que dividido en dos fratrías dirigidas por tales dioses. De acuerdo con ellos se distribuyeron todos los pares de opuestos que eran comprensibles para los ancianos y chamanes más sabios. Por ejemplo, la fratría del Caballo incluía la luz, el día, el sol, etc., y la fratría del Toro incluía la oscuridad, la noche, la luna, etc. Inicialmente no se hablaba del bien y del mal. Ambos gemelos eran amigables e igualmente venerados como antepasados y héroes culturales, ambos a veces realizaban hazañas y, a veces, bromas divertidas y no siempre plausibles. Todavía no habían creado el mundo, sólo lo habían organizado. Con el tiempo, los hermanos parecían cada vez menos animales y más dioses humanoides, distantes y poderosos. Ahora no sólo crearon el mundo, sino que también lo gobernaron, todavía divididos en dos fratrías. Los gemelos comenzaron a oponerse. Primero como sabio, hábil y estúpido, inepto (Prometeo y Epimeteo). Después, como el bien y el mal. El primero solía permanecer en el mundo superior, rodeado de luz; el segundo, en el mundo inferior, en medio de la oscuridad.»