Hoy en día es cada vez más difícil disertar sobre diversidad sexual porque los tecnicismos son inagotables, cuando la premisa única y absoluta debería ser el respeto. Para no pasar por alto la celebración de la Jornada Cubana Contra la Homofobia y nuestro “día del orgullo” el pasado 17 de mayo, hoy les propongo revisar lo que sabemos sobre los māhū de Hawaii, un concepto que descubrí hace poco y me fascinó.
Es bastante conocido que, en algunas islas del Pacífico, además del masculino y el femenino, existe un tercer género cuyas características podrían confundirse con el homosexual occidental, sin embargo, se trata de un rol completamente diferente. El fa’afafine (literalmente “en la forma de mujer”) de Samoa, por ejemplo, tiene una vida sexual variada: se relaciona con otros fa’afafine, pero también con hombres y/o mujeres, llegando, incluso, a casarse con ellas. Lo físicamente sexual es solo un aspecto de la gran complejidad de estos temas, pero en nuestra cerrada y egocéntrica concepción occidental del mundo, creemos que es lo que lo define todo. En muchas de estas culturas, el rol de género está signado por la función social, por la utilidad del individuo en función de la necesidad del grupo. Nadie está de más, todos son importantes.
Después de la colonización de estos territorios, estas prácticas fueron censuradas y ocultadas al resto del mundo. Conceptos complejos y profundos como māhū y aikāne en Hawaii, fueron simplificados como “afeminado” y “amigo” respectivamente, el primero para denigrar y el segundo para ocultar la verdadera naturaleza de relaciones que no entendían o no querían entender. No se trataba de quién tenía la razón y quién no, se trataba y se trata de NO JUZGAR.
Kumu Hina
Hace poco, en un hermoso video musical reivindicativo de la cultura hawaiana vi un artista andrógino que me llamó mucho la atención. Tenía ropas de mujer, pero un rostro y una voz fuertes con una sensibilidad muy especial. Así conocí a Hinaleimoana Kwai Kong Wong-Kalu, más conocida en un su Hawaii natal como Kumu Hina. Parece una mujer transgénero moderna, pero en realidad es un māhū, miembro de un tercer género tradicional. Y precisamente continuando con las funciones que tradicionalmente se daban a estos individuos, Wong-Kalu se ha dedicado a enseñar el arte del hula y a preservar el idioma, la filosofía y las tradiciones ancestral de Kānaka Maoli, que es el verdadero nombre del pueblo hawaiano. Además de una cantante excelente, hoy en día es una líder muy querida y respetada en su comunidad y en todas las islas del Pacífico, defendiendo también los derechos de la comunidad LGBT.
Hinaleimoana forma parte de un renacimiento que ha vivido la cultura tradicional hawaiana en los últimos años. En sus entrevistas le noto un aura muy especial de humildad y tristeza, tal vez por llevar sobre sus hombros el doble estigma de nativa y género no-binario.

¿Qué es un Māhū?
En 1891, cuando el pintor Paul Gauguin llegó por primera vez a Tahití, los indígenas pensaron que era un māhū por su forma extravagante de vestir. Mario Vargas Llosa escribió para EL PAÍS en 2002:
«En su libro de fantaseadas memorias, Noa Noa, Gauguin relata una experiencia casi homosexual que habría inspirado su cuadro Pape Moe (Aguas misteriosas), en el que un joven andrógino se inclina a beber en una cascada del bosque. En verdad, las pinturas tahitianas de Gauguin serían muy distintas y parecerían mucho más arbitrarias sin la existencia tan vasta de los mahu en la sociedad indígena de la que él estuvo tan cerca.»

Paul Gauguin, 1983
Según Vargas Llosa:
«El mahu puede practicar el homosexualismo o ser casto, como una muchacha que hace voto de castidad. Lo que lo define no es cómo ni con quién hace el amor, sino, habiendo nacido con los órganos sexuales del varón, haber optado por la femineidad, generalmente desde la niñez, y, ayudado en ello por su familia y la comunidad, haberse convertido en mujer, en su manera de vestir, de andar, de hablar, de cantar, de trabajar y, a menudo también, claro está, pero no necesariamente, de amar.»
Māhū no debe confundirse con aikāne, el término que designa un tipo de relación íntima entre amigos, o entre un rey y su hombre de confianza (como el caso famoso de Kaomi y el rey Kamehameha III). Eso sí, como el māhū, el aikāne tampoco estaba estigmatizado ni implicaba algún tipo de homosexualidad o bisexualidad definitiva; era, simplemente, algo que se esperaba ocurriera entre dos amigos que se conocían desde la adolescencia y que no les impedía enamorarse de mujeres y tener sus propias familias.
En la historia precolonial de Hawaii, los māhū fueron sacerdotes y curanderos notables. Sobre todo, eran respetados maestros de la danza y el canto, que desempeñaban el rol de diosas en ciertos bailes y ciertos templos prohibidos para las mujeres. Además, eran valorados como los guardianes de la tradición y la genealogía, siendo encargados muchas veces de nombrar a los recién nacidos.
Generalmente se considera que Hawaii fue “descubierto” por el capitán James Cook en el siglo XVIII. Poco después llegaron los primeros misioneros cristianos y ya para 1850 habían logrado que se estableciera la primera ley anti-sodomía, con la consecuente estigmatización social de los māhū. En Tahití muchos sufrieron prisión y trabajos forzados, y hasta hoy son llamados rae rae, categoría que no pocos rechazan por referirse a la práctica de la prostitución. No es hasta la década de 1980 que las comunidades queer del Pacífico comenzaron a organizarse y recibir reconocimiento internacional.
Según Vargas Llosa:
«Una de las razones por que, pese a las prohibiciones de las iglesias, el mahu sobrevivió en la sociedad maorí durante el siglo XIX, fue que contó con la disimulada complicidad de los colonos europeos. Éstos buscaban mahus para contratarlos como domésticos -cocineros, niñeros, lavanderos, etcétera-, pues en esos quehaceres ‘femeninos’ el mahu era tradicionalmente competente, y, según la opinión general, ‘irremplazable’. Pero, además, en determinados bailes, cantos y espectáculos públicos, el mahu es imprescindible también, pues ciertas canciones, danzas y representaciones le son congénitas, expresiones tradicionales de ese tercer sexo podríamos decir, nítidamente diferenciadas de las de la hembra y las del varón.»
Hoy en día los māhū intentan recuperar el respeto de sus comunidades. No recurren a las hormonas ni a la cirugía de re-asignación de género, pero viven según las costumbres ancestrales de los de su condición. Son vistos como seres compasivos y talentosos, guardianes de todo lo tradicional como el hula, las canciones, el tatuaje y la unidad familiar. En situaciones en las que han sido rechazados por sus propias familias, los māhū han organizado sus propias comunidades, apoyándose mutuamente y preservando y transmitiendo sus conocimientos a los miembros más jóvenes. En el documental Kumu Hina de 2014, Hinaleimoana Wong-Kalu visita una de estas comunidades en las montañas y se encuentra con algunos de los māhū que fueron sus maestros y familia adoptiva.
La leyenda de Kapaemahu

Wong-Kalu, quien mantiene una labor entrañable con niños y jóvenes, ha incursionado también en el cine con varios cortos y documentales. En 2020 dirigió, produjo y narró en un antiquísimo dialecto hawaiano, un cortometraje animado llamado Kapahemau, la historia de cuatro māhū legendarios que trajeron las artes curativas de Tahití a Hawaii e imbuyeron de sus poderes a cuatro grandes rocas que todavía existe.

Como muchas otras cosas, el concepto de māhū llegó a Hawaii desde Tahití a través de las migraciones registradas en los viejos cantos y leyendas, y corroboradas por la lengua y otras formas de cultura correspondientes. Así, Hawaii conservó el recuerdo de los vínculos ancestrales con la tierra de sus padres, que llamaron Kahiki. La trama de muchos romances y cuentos hawaianos se basa en el reclamo de la relación con un jefe de Tahití, a través de la cual el hijo del padre más humilde tiene un linaje divino.
La historia de las cuatro piedras se transmitió, como muchas otras, gracias a la bien arraigada tradición oral de los hawaianos. El primer relato escrito se atribuye a James Harbottle Boyd, fue publicado en 1907 y reimpreso en 1923 con el título “Las piedras mágicas de Ka-Pae-Mahu” en el libro More Hawaiian Folk Tales. He aquí una traducción propia de este último:
«Estas islas en medio del Pacífico tienen leyendas para cada lugar; montañas, ríos, lagos y otros, cuentan con sus propios duendes y sus propias historias de épocas pasadas.
» En Hawái hay muchos lugares que ofrecen prueba ocular de los cuentos sobrenaturales sobre seres míticos a los que se les atribuye una personalidad en la tradición, tal como ocurría en la mitología griega, y los hechos de los temidos dioses han sido contados por el pueblo generación tras generación.
» Los hechos de cuatro hechiceros, que tienen prestigio entre los cantantes de mele y narradores de la antigua tradición hawaiana, fueron revividos hace unos años con el descubrimiento de unos monumentos ocultos durante mucho tiempo en las instalaciones de la princesa Kaiulani, en la playa de Waikiki. Estas reliquias han sacado a relucir la tradición de su existencia, con el siguiente efecto:
» De la tierra de Moaulanuiakea (Tahití), llegaron a Hawai mucho antes del reinado de Kakuihewa, cuatro adivinos de la corte del rey de Tahití. Sus nombres eran: Kapaemahu, Kahaloa, Kapuni y Kinohi. Fueron recibidos como correspondía a su posición, y su alta estatura, cortesía y buenos modales hicieron que pronto los amaran los hawaianos. El atractivo delicado de su físico y su comportamiento amable, junto con su hablar bajo y cadencioso, los hizo queridos por todos los que tenían contacto con ellos. No tenían sexo por naturaleza y sus hábitos coincidían con su apariencia femenina, aunque eran varoniles en estatura y porte general. Después de un largo recorrido por las islas, estos cuatro favoritos de los dioses se establecieron en Ulukou, Waikiki, cerca del actual Moana Hotel.
» Los magos o adivinos demostraron ser diestros en la ciencia de la curación y se dice que realizaron muchas curaciones maravillosas mediante la imposición de manos, de modo que su fama se extendió por toda la isla (Oahu), como dicen los antiguos, “de cabo a rabo”, y su sabiduría y habilidad quedaron demostradas por muchos actos que les dieron prestigio entre la gente.
» Con el paso del tiempo, sabiendo que los días entre sus amigos hawaianos estaban llegando a su fin, quisieron que sus servicios fueran recordados de alguna forma tangible, de modo que los que vinieran después pudieran ver el aprecio que sentían por todos los socorridos y aliviados del dolor y el sufrimiento durante su estancia.
» Como recordatorio duradero, los magos acordaron entre ellos pedir a la gente que erigiera cuatro monumentos de piedra, dos en el suelo cerca de la vivienda y dos en el lugar del mar donde habitualmente se bañaban. Transmitieron su decisión como una orden de los dioses e instruyeron que las piedras fueran extraídas de “bell rock”, cerca de Kaimuki.
» La noche de Kane fue el momento indicado para la transportación y miles acudieron a ayudar. Cuatro grandes cantos rodados, que pesaban varias toneladas cada uno, fueron llevados a una parte de la playa en Ulukou, Waikiki. Dos de ellos fueron colocados en el lugar donde estaba la vivienda y los otros dos en su lugar para bañarse en el mar. Kapaemahu, jefe de los magos, hizo que su piedra se llamara igual, y transfirió sus poderes mágicos a ella con encantamientos y ceremonias, incluida la ofrenda de un sacrificio que, según dicen, fue la vida de una joven y virtuosa jefa, cuyo cuerpo colocaron debajo de la piedra. Los ídolos que indicaban la naturaleza sin sexo de los magos también se colocaron debajo de cada piedra y la tradición dice que los encantamientos, ayunos y oraciones duraron una luna llena. La tradición establece, además, según los antiguos mele de ese período, que después de las ceremonias durante las cuales cada mago transfirió sus poderes a una piedra, ellos mismos desaparecieron y no se les volvió a ver. Ahora, las rocas que han sido descubiertas recientemente fueron exhumadas de su lecho de arena y colocadas en otro lugar de la localidad como evidencia tangible de este cuento hawaiano.»
La historia de las piedras
Se cree que las piedras estuvieron en la misma posición desde antes del siglo XVI, sirviendo como lugar de curación y marcador de una sección peligrosa del arrecife. En 1905, un artículo aparecido en The Pacific Commercial Advertiser, cuenta que Archibold Scott Cleghorn, un hombre de negocios de origen escocés que se casó con la princesa Likelike y engendró a la famosa princesa Kaiulani, había notado durante dos décadas un afloramiento rocoso en su propiedad de la playa que pensó que podría tener un significado religioso. Las piedras estaban ubicadas cerca del lugar de baño habitual de Likelike, y ella y su hija colocaban collares de algas antes de entrar en el océano. Mientras realizaba trabajos de construcción, Cleghorn hizo excavar las cuatro grandes piedras, dos de ellas de 8 y 10 toneladas respectivamente, que se encontraban en línea recta y que no parecían del mismo tipo que abundaba en la playa. Fueron desenterradas y colocadas juntas en el patio delantero de la propiedad. Según el artículo, durante la excavación se descubrieron los restos de un esqueleto humano y algunos ídolos de piedra debajo de la roca más grande.

Cuando Cleghorn falleció en 1910, su testamento estipulaba que las piedras no debían ser desfiguradas ni retiradas de aquel lugar. Sin embargo, en 1941 se decidió que serían removidas para construir una moderna bolera con aire acondicionado llamada Waikiki Bowls. Ante las protestas de los nativos, el constructor de la bolera prometió colocar las piedras en un lugar privilegiado, esto resultó ser: los cimientos del nuevo edificio, donde permanecieron sepultadas durante veinte años.
En 1958, cuando la playa volvió a ser pública y se demolió la bolera, las piedras fueron re-identificadas y colocadas en la arena con una placa conmemorativa, pero continuaban estorbando y solo eran útiles como toalleros y refugio contra el sol para los bañistas. Finalmente, en 1997 fueron levantadas de la arena y colocadas en una plataforma de piedra en Kuhio Beach Park, ciudad y condado de Honolulu, cerca de su hogar original, en la sección de Waikiki conocida como Ulukou. El nuevo asentamiento fue construido bajo la supervisión de un comité encabezado por el curandero tradicional Papa Henry Auwae, quien realizó las ceremonias y rituales necesarios para devolverles el estatus de wahi pana o lugar sagrado. Hoy en día se conocen como “Las piedras de la vida” y los turistas suelen confundirlas con algún tipo de instalación escultórica.
El significado de Kapaemahu es “una fila de māhū”, haciendo referencia directa al tercer género tradicional, pero en inglés las piedras son llamadas “Wizard Stones”, en todo caso cambiando wizard por kahuna (“sabio, sacerdote, curandero”) en hawaiano. El hecho es que la identidad sexual de aquellos magos se ha omitido a través de los años para adecuar la leyenda a los nuevos tiempos. Cuando fueron reinauguradas después de 1958, en pleno período de discriminación legal de los māhū, se extendió una versión de la historia según la cual las cuatro piedras representaban a dos hombres y dos mujeres. Incluso durante la restauración de 1997, el historiador hawaiano George Kanahele afirmó que Kapae significaba “dejar de lado” y māhū “deseo homosexual”, pero esta interpretación de Kapaemahu como “las piedras anti-homosexuales” es inconsistente con el uso correcto de la lengua hawaiana y no es aceptada por otros hablantes y eruditos nativos.
El corto animado de Hinaleimoana Wong-Kalu pretende, precisamente, devolver los valores tradicionales originales a la historia y al monumento, rescatando el papel del māhū dentro de la cultura a la que pertenece y que, sin él, ya no sería la misma.