Los hijos del Cielo y la Tierra

(KO NGA TAMA A RANGI – Tradición relacionada con el origen de la raza humana)

Traducido y adaptado de la versión de Sir George Grey publicada en 1854 en Polynesian Mythology & Ancient Traditional History Of The New Zealanders.

Los hombres solo tienen un par de antepasados ​​primitivos, surgieron del vasto cielo que existe sobre nosotros y de la tierra que yace debajo. Según las tradiciones de nuestra raza, Rangi y Papa, o Cielo y Tierra, fueron la fuente de la cual, al principio, todas las cosas se originaron. Las tinieblas se posaron sobre ellos y ambos estaban unidos, porque aún no se habían separado, y los hijos que habían engendrado pensaban cuál sería la diferencia entre la oscuridad y la luz; sabían que los seres se habían multiplicado y aumentado, pero no podían verlos porque todo estaba oscuro. Así rezan los himnos antiguos: “Hubo oscuridad desde la primera división del tiempo, hasta la décima, hasta la centésima, hasta la milésima”, es decir, durante un vasto periodo de tiempo, y estas divisiones fueron consideradas como seres, y cada una se denominó como un Po, y por su causa no brillaba la luz en el mundo.

Rangi y Papa, obra del artista tatuador Turumakina Duley

Finalmente, los seres que habían sido engendrados por el Cielo y la Tierra, cansados de la oscuridad eterna, se consultaron entre ellos y dijeron: “Ahora debemos decidir qué hacer con Rangi y Papa, si sería mejor matarlos o separarlos”. Así habló Tu-matauenga, el más feroz de los hijos del Cielo y la Tierra: “Está bien, matémoslos”.

Luego habló Tane-mahuta, el padre de los bosques y de todas las cosas que los habitan, o que se construyen a partir de árboles: “No, ese no es el modo. Es mejor separarlos y dejar que el Cielo permanezca por encima de nosotros y que la Tierra se quede bajo nuestros pies. Que el Cielo se vuelva un extraño, pero la Tierra permanezca cerca, como una madre”.

Todos los hermanos consintieron en esta propuesta, con la excepción de Tawhiri-ma-tea, el padre de los vientos y las tormentas, que, temiendo perder su poder, se afligió mucho ante la idea de separar a sus padres. Cinco de los hermanos aceptaron voluntariamente la separación, pero uno de ellos no estuvo de acuerdo.

Todo esto también aparece recogido en nuestras oraciones: “Oscuridad, oscuridad, luz, luz, la búsqueda, la búsqueda, en el caos, en el caos”; lo que se refiere a la forma en que los descendientes del Cielo y la Tierra buscaron algún modo de tratar con sus padres, para que los seres humanos pudieran vivir y crecer.

Pero finalmente sus planes fueron acordados, así que Rongo-ma-tane, el dios y padre de la comida cultivada, se levantó para separar al Cielo y la Tierra; luchó mucho, pero no lo consiguió. El siguiente fue Tangaroa, el dios y padre de los peces y los reptiles. Se levantó y también luchó, pero no separó a nadie. A continuación, fue el turno de Haumia-tikitiki, el dios y padre de la comida silvestre, se levantó y luchó, pero fue en vano. Entonces, Tu-matauenga, el dios y padre de los feroces seres humanos, se esforzó mucho, pero también fracasó. Finalmente se levantó despacio Tane-mahuta, el dios y padre de los bosques, de las aves y de los insectos. En vano se esforzó por separarlos con las manos. Entonces hizo una pausa. Plantó la cabeza firmemente en la tierra de su madre, levantó los pies y se apoyó contra los cielos de su padre, tensó la espalda y las extremidades. Por fin logró separar a Rangi y Papá, entre gritos de dolor: “¿Por qué maltratas a tus padres? ¿Por qué cometes un crimen tan terrible?”. Pero Tane-mahuta no se detuvo antes sus chillidos; lejos, muy por debajo de él, presionó a la Tierra; lejos, muy por encima, empujó al Cielo.

De ahí estos dichos de antaño: “Fue la feroz embestida de Tane lo que arrancó el Cielo de la Tierra, de modo que se soltaron, y la oscuridad se manifestó, y también la luz”.

Mural tallado en madera por el artista maorí Cliff Whiting, representando (de izquierda a derecha) a Tangaroa, dios del mar; Haumia, dios de los alimentos silvestres; Rongo, dios de los alimentos cultivados; Tūmatauenga, dios de la guerra y el hombre; Tāne, dios del bosque y Tāwhirimātea, dios del viento. Estos atua (dioses) son todos hijos de Ranginui (padre Cielo) y Papatūānuku (madre Tierra). Tāne está de cabeza separando a Rangi y Papa.

Tan pronto como el Cielo fue separado de la Tierra, se descubrió la multitud de seres humanos a quienes habían engendrado, y que hasta ese momento habían estado ocultos entre los cuerpos de Rangi y Papa.

Sin embargo, en el pecho de Tawhiri-ma-tea, el dios y padre de los vientos y las tormentas, surgió un deseo feroz de hacer la guerra contra sus hermanos, porque habían separado a sus padres. Desde el principio él se había negado a consentir esta separación y solo sus hermanos la deseaban, y deseaban que solo Papa-tu-a-nuku, la Tierra, se quedara con ellos.

El dios de los huracanes y las tormentas también temió que el mundo se volviera demasiado hermoso, por eso se levantó, siguió a su padre al reino de arriba y se escondió en los rincones protegidos de los cielos sin límites; acurrucado en estos lugares consultó durante mucho tiempo con su padre, y mientras el vasto Cielo escuchaba las sugerencias de Tawhiri-ma-tea, comprendieron lo que debían hacer. Ellos engendraron una numerosa prole que aumentó y creció rápidamente. Tawhiri-ma-tea envió uno de ellos hacia el oeste, y uno hacia el sur, y uno hacia el este, y uno hacia el norte, y así los nombró como los poderosos vientos, sus hijos.

Luego envió feroces lluvias, torbellinos, nubes densas, nubes masivas, nubes oscuras, nubes espesas y sombrías, nubes ardientes, nubes que preceden a los huracanes, nubes de fuego negro, nubes con una luz roja brillante, nubes que se desplazan violentamente desde todos los rincones y estallan de forma salvaje. En medio de todo esto, el mismo Tawhiri-ma-tea pasó arrasando. Tane-mahuta y sus gigantescos bosques estaban erguidos, inconscientes y desprevenidos, hasta que la explosión de aliento de Tawhiri-ma-tea los golpeó. Los enormes árboles se partieron por la mitad y cayeron al suelo con las ramas desgarradas y esparcidas. Allí en la tierra fueron comidos por los insectos o se convirtieron en algo podrido.

Tāwhirimātea provocando el caos. Mural del maestro tallador Cliff Whiting.

De los bosques y sus habitantes, Tawhiri-ma-tea se precipitó sobre los mares y los azotó. Levantó olas empinadas que se estrellaban contra los acantilados. Tangaroa, el dios del océano y padre de todos los que allí habitan, nadaba asustado a través de sus mares; pero antes de huir, sus hijos consultaron entre ellos cómo ponerse a salvo, porque Tangaroa había engendrado a Punga, y este había engendrado dos hijos, Ika-tere, el padre de los peces, y Tu-te-wehiwehi, o Tu-te- wanawana, el padre de los reptiles.

Cuando Tangaroa huyó hacia la seguridad del océano, Tu-te-wehiwehi e Ika-tere, y sus hijos, discutieron sobre lo que debían hacer para escapar de las tormentas, y Tu-te-wehiwehi y su grupo gritaron en voz alta: “Huyamos tierra adentro”; pero Ika-tere y su grupo gritaron en voz alta: “Huyamos hacia el mar”. Algunos no querían obedecer una orden, otros no querían obedecer la otra, y escaparon en dos bandos: la parte de Tu-te-wehiwehi, o los reptiles, se escondieron en tierra; la parte de Punga se precipitó al mar. Esto es lo que, en nuestros antiguos ritos, se llama la separación de Tawhiri-ma-tea.

Así se han transmitido estas tradiciones: «Ika-tere, el padre de las cosas que habitan en el agua, gritó en voz alta a Tu-te-wehiwehi: “¡Oh, oh, escapemos todos al mar!”.

» Pero Tu-te-wehiwehi gritó en respuesta: “¡No, no, déjanos huir tierra adentro!”.

» Entonces Ika-tere le advirtió, diciendo: “Huye tierra adentro, entonces; y tu destino y el de tu raza será que, cuando te atrapen, antes de cocinarte, quemarán tus escamas sobre un manojo seco de helecho”.

» Pero Tu-te-wehiwehi le respondió, diciendo: “Busca seguridad, entonces, en el mar; y el futuro destino de tu raza será que cuando las personas sirvan pequeñas canastas de vegetales cocidos, a ti te acostarán encima para darle sabor”.

» Entonces estas dos razas se separaron. Los peces huyeron confundidos hacia el mar, los reptiles buscaron seguridad en los bosques y matorrales.»

Tangaroa, enfurecido con sus hijos que lo abandonaron y que fueron protegidos por el dios de los bosques en tierra firme, desde entonces ha librado una guerra contra su hermano Tane, quien, a cambio, también ha librado una guerra contra él.

De ahí que Tane suministre a los descendientes de su hermano Tu-matauenga, canoas, lanzas y anzuelos hechos de sus árboles, y redes tejidas de sus plantas fibrosas, para que puedan destruir a los descendientes de Tangaroa; mientras, Tangaroa, se traga a la descendencia de Tane hundiendo las canoas con las olas de su mar, arrastrando las tierras, los árboles y las casas durante las inundaciones, y lamiendo las costas que lo confinan para tratar de llevarse a los gigantes de los bosques a su océano sin límites y tragarse los insectos, los pichones y los otros animales que los habitan.

Después, Tawhiri-ma-tea se apresuró a atacar a sus hermanos Rongo-ma-tane y Haumia-tikitiki, los dioses y progenitores de los alimentos cultivados y no cultivados; pero Papa, para guardarlos para sus otros hijos, los atrapó y los escondió en un lugar seguro; tan bien los ocultó la madre Tierra, que Tawhiri-ma-tea los buscó en vano.

Después de vencer a sus otros hermanos, Tawhiri-ma-tea se enfrentó a Tu-matauenga para probar su fuerza contra la suya; ejerció todo su poder contra él, pero no pudo sacudirlo ni doblegarlo. ¿Qué le importaba a Tu-matauenga la ira de su hermano? Él era el único de todo el grupo que había estado de acuerdo en destruir a sus padres y se había mostrado valiente y feroz en la guerra. Sus hermanos habían cedido de inmediato ante los tremendos asaltos de Tawhiri-ma-tea y su progenie: Tane-mahuta y su descendencia se habían roto y esparcido en pedazos, Tangaroa y sus hijos habían huido a las profundidades del océano o los recovecos de la orilla (Rongo-ma-tane y Haumia-tikitiki se habían escondido en la tierra), pero Tu-matauenga, el hombre, todavía estaba erguido e inquebrantable sobre el pecho de su madre; y ahora, por fin, los corazones del Cielo y del dios de las tormentas se tranquilizaron y sus pasiones fueron apaciguadas.

Tu-matauenga, el hombre feroz, habiendo resistido con éxito a su hermano, el dios de los huracanes y las tormentas, pensó cómo podría volverse contra sus hermanos y matarlos, porque no lo habían ayudado y no habían luchado valientemente contra la venganza de Tawhiri-ma-tea. Hasta este momento la muerte no tenía poder sobre el hombre. No fue hasta el nacimiento de los hijos de Taranga y de Makea-tu-tara, de Maui-taha, de Maui-roto, de Maui-pae, de Maui-waho, y de Maui-tikitiki-o-Taranga, el semidiós que intentó engañar a Hine-nui-te-po, que la muerte obtuvo su poder sobre la humanidad y llegó a todos los rincones de la tierra.

Tu-matauenga continuó reflexionando sobre la manera cobarde en que habían actuado sus hermanos, dejándolo solo para que mostrara su coraje, y primero buscó algún modo de herir a Tane-mahuta, que tenía una progenie numerosa, que aumentaba rápidamente. Entonces comenzó a recolectar hojas del árbol whanake y las torció en nudos, y cuando terminó fue al bosque a poner sus trampas. ¡Ah! Los hijos de Tane cayeron ante él, ninguno volvió a volar o a moverse con seguridad.

Luego determinó vengarse de su hermano Tangaroa, quien también lo había abandonado en el combate; entonces buscó a su descendencia y la encontró saltando o nadando en el agua. Cortó muchas plantas de lino, hizo redes con ellas, las arrojó y arrastró a tierra a los hijos de Tangaroa.

Después decidió vengarse de sus hermanos Rongo-ma-tane y Haumia-tikitiki. Pronto los encontró por sus hojas peculiares, construyó una azada de madera, trenzó una canasta y cavó en la tierra y arrancó todo tipo de plantas con raíces comestibles, y las plantas que habían sido excavadas se marchitaron bajo el sol.

Así Tu-matauenga devoró a todos sus hermanos, en venganza por haberlo abandonado para que luchara solo contra Tawhiri-ma-tea y Rangi.

Cuando Tu superó a todos sus hermanos asumió varios nombres, a saber, Tu-ka-riri, Tu-ka-nguha, Tu-ka-taua, Tu-whaka-heke-tan-gata, Tu-mata-wha-iti y Tu-matauenga; asumió un nombre por cada uno de los atributos mostrados en sus victorias. Cuatro de sus hermanos fueron completamente derrotados por él y se convirtieron en su alimento, pero uno de ellos, Tawhiri-ma-tea, no podía ser vencido o comido, por lo que se convirtió en el enemigo del hombre, que de vez en cuando lo ataca en tormentas y huracanes, tratando de destruirlo tanto en el mar y como en la tierra.

Tūmatauenga en un dibujo de Te Haunui Tuna, 2015.

Ahora bien, los significados de los nombres de los hijos del Cielo y la Tierra son los siguientes:

Tangaroa significa peces de todo tipo; Rongo-ma-tane representa la batata y todas las verduras cultivadas como alimento; Haumia-tikitiki es la raíz del helecho y todo tipo de alimentos que crecen silvestres; Tane-mahuta son los bosques, pájaros e insectos que los habitan, y todas las cosas hechas de madera; Tawhiri-ma-tea significa vientos y tormentas; y Tu-matauenga es el hombre.

Cuatro de los hermanos, como se dijo antes, se volvieron objetos comunes o alimento, por eso Tu-matauenga les asignó encantamientos adecuados, para que pudieran ser abundantes y se obtuvieran con facilidad.

Algunos encantamientos eran propios de Tane-mahuta y se llamaban Tane.

Algunos encantamientos eran para Tangaroa y se llamaban Tangaroa.

Algunos eran para Rongo-ma-tane y se llamaban Rongo-ma-tane.

Algunos eran para Haumia-tikitiki y se llamaban Haumia.

También hubo encantamientos para que Tawhiri-ma-tea causara vientos favorables, y oraciones al vasto Cielo para que hiciera buen tiempo, y a la madre Tierra para que produjera de todo en abundancia.

También hubo muchas oraciones y encantamientos compuestos para el hombre, adecuados para cada momento y circunstancia de su vida: oraciones para el bautizo de un bebé; oraciones para la abundancia de la comida, para la riqueza; oraciones para la enfermedad; para los espíritus y para muchas otras cosas.

El estallido de la furia de Tawhiri-ma-tea contra sus hermanos fue la causa de la desaparición de gran parte de la tierra seca. Los nombres de aquellos seres de la antigüedad que sumergieron una porción tan grande de la madre Tierra fueron: Lluvia-terrible, Lluvia-abundante-y-continua, Feroz-Tormenta-de-granizos; y su progenie: Niebla, Rocío-pesado y Rocío-ligero.

Después de todo esto, la luz aumentó y todos los seres que estaban ocultos entre Rangi y Papa se multiplicaron sobre la tierra. Los primeros seres engendrados por el Cielo y la Tierra no eran seres humanos, pero Tu-matauenga se parecía mucho a un hombre, al igual que todos sus hermanos, al igual que un Po, un Ao, un Kore, te Kimihanga y Runuku, y así continuó hasta los tiempos de Ngainui y su generación, y de Whiro-te-tupua y su generación, y de Tiki-tawhito-ariki y su generación, y así ha continuado hasta nuestros días.

Los hijos de Tu-matauenga fueron engendrados en esta tierra, y aumentaron y continuaron multiplicándose, hasta que finalmente llegamos a la generación de Maui-taha, y de sus hermanos Maui-roto, Maui-waho, Maui-pae, y Maui-tikitiki-o-Taranga.

Hasta hoy, el vasto Cielo aún permanece separado de su esposa, la Tierra. Sin embargo, su amor continúa: los suaves y cálidos suspiros del amoroso pecho de ella, se elevan hacia él desde las montañas y los valles boscosos, y los hombres pueden ver esto en forma de nieblas; mientras, el vasto cielo llora en las largas noches separado de su amada y con frecuencia deja caer lágrimas sobre su seno, y los hombres que las ven las llaman gotas de rocío.

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