Vamos a revisar lo que sabemos sobre otro famoso blot, es decir, uno de los rituales de ofrenda o sacrificio que practicaban los nórdicos antiguos y algunos neopaganos de esa misma tradición. Se trata del Dísablót, una celebración protagonizada por mujeres y espíritus femeninos conocidos como dísir. Ahora bien, estos espíritus han sido interpretados de varias maneras y no está claro cuál es la correcta o si tienen un poco de cada. Siempre es arriesgado enfrentarse a este tipo de análisis, no solo porque casi todos los “expertos” tienen opiniones diferentes, sino porque parece que los autores y/o traductores de los textos originales tampoco tenían muy claro de qué se trataba.
Mientras recopilaba bibliografía encontré información muy puntual sobre las dísir y el dísablót en dos libros imprescindibles: Myth and Religion of the North de E. O. G. Turville-Petre (1964) y Norse Mythology: A Guide to the Gods, Heroes, Rituals, and Beliefs de John Lindow (2001). Las entradas de estos dos autores sobre el tema son bastante claras y abarcadoras, así que en adelante me limitaré a traducirlas del inglés y a comentar algunos fragmentos –que aparecerán en letra cursiva roja–. Nótese que entre ambos escritos hay varias décadas de diferencia.
Las Dísir (por E. O. G. Turville-Petre, 1964)
Los poetas y escritores de sagas mencionan con frecuencia deidades femeninas de un tipo llamado dísir (sing. dís), y aunque nunca las describen claramente, dan una idea de su lugar en la vida religiosa.
Un festival llamado dísablót (sacrificio a las dísir) se celebraba en su honor en otoño, o al comienzo del invierno, las ‘winter-nights’, y era la ocasión de beber en exceso.
La fiesta se celebraba a veces en una casa particular, pero en varias ocasiones se menciona un dísarsalr, ‘salón de la dís (sing.)’, en el que se realizaba el sacrificio. Poco se dice sobre la forma del ritual, pero según la romántica Heiðreks Saga, una mujer enrojeció o untó la sangre del sacrificio en el altar (hǫrgr) a altas horas de la noche.
(No he podido encontrar el texto al que se refiere. Se trata de la llamada versión U de la Saga de Hervör y Heidrek, que al parecer es la única que ofrece más detalles de esta historia. Es casi imposible hablar del dísablot sin mencionarlo.)
De acuerdo a la Viga-Glúms Saga (Cap. V), muchos se reunían en la misma casa para celebrar el festival de las dísir, pero eran amigos y parientes del dueño del lugar, y generalmente el festival parece ser más privado que público, al menos en el oeste de Escandinavia.
(Yo lo encontré en el capítulo 6: «Al comienzo del invierno se preparó una fiesta y un sacrificio a los dioses (dísablót), en cuya observancia se esperaba que todos participaran, pero Glum se quedó en su lugar y no asistió. A medida que transcurría la tarde y llegaban los invitados, no había tanta alegría, por el encuentro de los amigos y el recibimiento mutuo, como era de esperar cuando se habían reunido tantos.» Traducido dehttps://www.sagadb.org/viga-glums_saga.en)
Esto sugiere que las dísir eran diosas tutelares unidas a un vecindario, una familia, quizás incluso a un hombre. Los textos en los que se mencionan prestan algún apoyo a esta sugerencia. Un héroe habla en verso de ‘nuestra dísir‘, y una mujer, interpretando un sueño, habla del dísir de su marido como ‘tu dísir‘.
En pasajes como estos, las dísir apenas se distinguen de los fylgjur, espíritus asistentes que protegen a un individuo o un clan. De hecho, los escritores medievales a veces identificaron una con la otra, como en la historia de Thiðrandi, que se citará más adelante, donde la palabra dísir se intercambia con fylgjur; para cuando las fuentes literarias tomaron forma, la concepción de las dísir ya se había vuelto confusa. En poesía, la palabra dísir se aplica ocasionalmente a las valquirias, que se llaman Herjans dísir (dísir de Óðinn), y con epítetos similares. Arrepentidos por haber matado a su hermano, los héroes Hamðir y Sörli, dijeron: “las dísir nos incitaron a esto”. Para ellos, las dísir no pueden ser otras que las valquirias.
(Esta es la traducción de Luis Lerate de la estrofa 28 de Hamðismál.)
28 «Sin cabeza estaría si Erp viviese,
nuestro hermano el feroz que en la senda matamos
el hombre atrevido, señor inviolable.
¡Muerte le di, me urgieron las disas!»

En otros lugares, los poetas usan la palabra dísir como si significara “nornas”, o diosas del destino que asisten al nacimiento de cada niño. En los kennings escáldicos, la palabra se usa básicamente para significar “diosas”. En la poesía heroica y encomiástica se aplica ocasionalmente a las mujeres terrenales, y especialmente a las de alto rango. En este uso, los poetas probablemente fueron influenciados por el antiguo alto alemán itis o el inglés antiguo ides (‘mujer’, también ‘virgen’). Esta palabra fue considerada durante mucho tiempo como la misma que el nórdico antiguos dís, pero debido a dificultades filológicas, los eruditos posteriores han favorecido otra etimología. Incluso si no están relacionadas, las palabras ides y dís son lo suficientemente parecidas como para que el uso poético de la primera influyera en el de la segunda.

(El único uso mitológico del alto alemán itis se encuentra en los Conjuros de Merseburgo. Puedes leer más sobre ellos AQUÍ.)
Un relato bastante instructivo sobre las dísir, apócrifo como es, se da en la historia de Thiðrandi, quien, según la Njáls Saga, fue asesinado por ellas. El escenario de esta historia es el sureste de Islandia, poco antes de que el país se convirtiera al cristianismo en el año 1000 d. c.
Thorhall el Profeta (spámadr), un colono de Noruega, era amigo de Hall de Síða, quien sería uno de los primeros caciques en adoptar el cristianismo y uno de sus más fervientes protagonistas. El hijo mayor de Hall, Thiðrandi, es presentado como un noble pagano de carácter intachable, que vivía como comerciante, viajando de tierra en tierra.
Un verano, Thorhall el Profeta se estaba quedando con Hall y Thiðrandi también estaba presente. A medida que avanzaba la estación, el profeta se abatía cada vez más, preocupado por la proximidad de la fiesta de otoño que se iba a celebrar. Tuvo la premonición de que matarían a un profeta (spámadr), pero su anfitrión le tranquilizó diciéndole que había seleccionado un buey para el sacrificio, y que el buey se llamaba ‘Profeta’ (Spámadr). Sin embargo, Thorhall no temía por su propia vida, sino por otro desastre.
La fiesta se celebraba en las ‘noches de invierno’ y asistían pocos porque el clima era tempestuoso. Thorhall advirtió a la familia que no saliera durante la noche ni abriera la puerta, aunque se escuchara a alguien llamando.
Después de que los comensales se fueron a la cama, llamaron a la puerta y Thiðrandi, haciendo caso omiso de la advertencia, tomó su espada y abrió. No vio a nadie y salió a mirar alrededor; escuchó el sonido de unos caballos al galope que venían por el norte, y contempló a nueve mujeres vestidas de negro y con las espadas desenvainadas, cabalgando hacia él. Miró hacia el sur y vio otro grupo de nueve mujeres; éstas iban vestidas con ropas resplandecientes y montaban caballos blancos. Thiðrandi se volvió hacia la casa, pero las mujeres vestidas de negro lo alcanzaron. Se defendió como un hombre, pero recibió una herida mortal. Lo llevaron a casa y murió después de contar su historia a la mañana siguiente.
Entonces dejaron que Thorhall el Profeta explicara estas maravillas. ‘Es mi creencia’ dijo, ‘que estas no eran mujeres, sino los espíritus asistentes de su familia (fylgjur yðrar frænda). Después de esto, según creo, habrá un cambio de religión y vendrá una mejor a esta tierra. Creo que aquellas dísir suyas, que se han adherido a la antigua religión (pessum átrúnaði), sabían del cambio de antemano, y tomaron a Thiðrandi como su ofrenda. Las mejores dísir deseaban ayudarlo, pero no pudieron hacerlo tal como estaban las cosas…’
Esta historia se conserva en la versión combinada de la Saga de Olaf Tryggvason. Se ha dicho que fue escrita por el monje benedictino Gunnlaug Leifsson (fallecido en 1218). En todo caso, se trata de una pieza clerical, estampada con ardor misionero. Sus elementos cristianos han sido cuidadosamente tamizados por D. Strömbäck. Es una historia del conflicto entre las religiones cristiana y pagana, entre el bien y el mal. Las dísir han asumido los roles de ángeles buenos y malos, los guardianes divinos y satánicos de la leyenda medieval. Son como las huestes de ángeles que proceden del Cielo y del Infierno, luchando por el alma de un hombre en el momento de su muerte. Los mejores dísir se asemejan a los ejércitos del Apocalipsis (XIX), montados a caballo, vestidos de lino puro y blanco.
Pero a pesar de todo el colorido cristiano, la historia contiene elementos que no pueden explicarse a partir de la leyenda cristiana, y da una idea de la concepción pagana de las dísir.
Aprendemos, en primer lugar, que las dísir están unidas a una sola familia. Ya se ha visto que pueden asistir a un solo hombre, y no es difícil comprender por qué los apologistas cristianos las equiparan con los ángeles de la guarda, buenos y malos, que todos tenemos. También nos enteramos de que Thiðrandi fue tomado en las “noches de invierno”, el momento en que se celebraba una fiesta y era costumbre ofrecer sacrificios a las dísir. Aunque pocos estuvieron presentes, la fiesta de la temporada se llevó a cabo en esta ocasión, pero no se dice que se pagara ningún tributo. Aunque siguen siendo paganos, los que participan en esta historia son todos descritos como hombres rectos y buenos, aventajando a sus contemporáneos islandeses. Incluso antes de que el cristianismo llegara a Islandia, Hall era el amigo de confianza de Olaf Tryggvason. Thiðrandi había viajado últimamente por tierras extranjeras y el autor de la historia lo ve como un hombre inspirado por la caridad cristiana, “sencillo y servicial con todo el mundo”. Thorhall el Profeta demostró que estaba esperando una religión mejor, despreciando aquella en la que había sido educado.
(Que Hall fuera amigo de confianza de Olaf dice mucho, porque Olaf Tryggvason, u Olaf I de Noruega, fue el gran conversor del pueblo nórdico.)
La tropa de mujeres vestidas de negro representa así el paganismo tradicional, y el autor crea una contraparte, las dísir vestidas de blanco, que no tenían poder para rescatar a su favorito en una tierra pagana. Las dísir vestidas de negro sabían muy bien que una nueva religión estaba en camino, pero no estaban preparadas para ser descuidadas o perder el tributo que estaban acostumbradas a recibir en las noches de invierno. Estafadas con sangre de buey, tomaron como su ofrenda al hijo mayor y más prometedor de la casa.
Como he señalado, las dísir se nombran una vez como fylgjur en la historia de Thiðrandi. Tanto las dísir como los fyljgur se describen a menudo como espíritus tutelares femeninos y, aunque a veces son difíciles de distinguir, ciertas diferencias fundamentales son evidentes.
A diferencia de los fylgjur, las dísir eran objeto de culto y recibían sacrificios en momentos regulares. La temporada de su festival eran las noches de invierno, pero no eran las únicas deidades que aceptaban sacrificios en ese momento. Se dice en la Gísla Saga (X):
“Ahora pasó el verano y llegó el tiempo de las noches de invierno. Entonces era costumbre de muchos saludar el invierno, celebrando fiestas y un sacrificio de winter-night. Gisli había renunciado al sacrificio desde que estuvo en Viborg en Dinamarca, pero mantuvo sus fiestas y toda su munificencia como antes.”
En un capítulo posterior de la misma saga (XV), aprendemos algo sobre el propósito de la celebración de la noche de invierno:
“Thorgrim Freysgoði (Sacerdote de Freyr) tenía la intención de celebrar una fiesta de otoño, para saludar al invierno y ofrecer sacrificios a Freyr.”
Era costumbre ofrecer sacrificios a Freyr por una cosecha fructífera y por la paz (til árs ok friðar), así como con motivo de algún matrimonio. Era el itifálico Freyr quien gobernaba la paz y otorgaba el placer sensual.
Tales consideraciones nos llevan a sospechar que las dísir eran, por un lado, diosas de la fertilidad. Esta sospecha se hace más fuerte cuando recordamos que la diosa de la fertilidad, Freyja, se llama Vanadís (dís de los Vanir); ella es la dís suprema, cuya ayuda debe buscarse en el amor.
Las dísir a veces están estrechamente relacionadas con las mujeres. Una mujer, según la Heiðreks Saga, jugó un papel principal en su adoración, manchando el altar con sangre, y otra mujer nombrada en la misma saga, se ahorcó en el salón de la dís (dísarsalr). No es extravagante suponer que una de las funciones de las dísir fuera apoyar al clan fomentando la fertilidad de sus mujeres.
Como se muestra en la historia de Thiðrandi, las dísir pueden volverse contra su protegido y retirarles su apoyo. Antes de que el rey Geirrøð cayera sobre su espada, Óðinn le dijo: ‘las dísir están enojadas’.
A veces se dice que las dísir están muertas y, por lo tanto, no pueden ayudar. Cuando el héroe noruego, Útsteinn, se jactó de que las dísir de su banda habían venido a Dinamarca, su enemigo respondió: “Para ti, todas las dísir están muertas”. Un pasaje más esclarecedor se encuentra en la Balada de Atli de Groenlandia. Antes de que el héroe Gunnar emprendiera su peligroso viaje hacia Atli, su esposa le contó un sueño premonitorio:
Muertas mujeres veía
que aquí en la noche vinieron;
mal atavío era el suyo,
te querían consigo llevar,
que pronto a sus salas con ellas fueras.
¡Tus disas, te digo, ya no te ayudan más!
En este último pasaje, las dísir son mujeres muertas llamando al héroe a unirse con ellas en el mundo de los muertos; probablemente sean ancestros femeninos difuntos. En otros textos se describe cómo los muertos llaman a los hombres condenados a unirse con ellos, y el poeta Björn Hítdœlakappi parece hablar de un dís que lo llama a casa. Como se muestra en muchas otras fuentes, los cultos a la fertilidad no siempre pueden desvincularse del culto a los muertos.
La palabra dís no es un elemento poco común en los nombres de lugares. Aquí y allá, en el noroeste de Islandia, las rocas se llaman Landdísasteinar (piedras de la tierra-dísir). Hasta hace poco estaba prohibido segar, o que los niños jugaran a su alrededor. En tales casos, parece como si las dísir estuvieran identificadas con los landvættir, los espíritus protectores de la tierra.
El nombre Disahrøys (hrøys, pila de piedras) también está registrado en Noruega. Otro nombre, Disin, probablemente de Dísavin (prado de las dísir), se aplica a no menos de cinco lugares en el sureste de Noruega. Algunos de estos se encuentran cerca de lugares cuyos nombres contienen el elemento Þór, Ull- (Ullinn-), dioses con los que quizás se asociaron las dísir. El elemento vin, en los nombres de lugares, parece datar del período prehistórico y se aplicó a menudo a locaciones de culto público. Esto sugiere que el culto a las dísir es bastante antiguo, al menos en el sureste de Noruega. La asociación con el dios Ullr (o Ullinn), casi una figura prehistórica, apoya esta sugerencia. Los nombres Diseberg (roca de las dísir) y Disevi (templo, santuario de las dísir) también están registrados en Östergötland (Suecia).
Los últimos nombres mencionados pueden implicar que, en las regiones orientales, el culto a las dísir era más público que en occidente. Las fuentes literarias dan fuerte evidencia de esto. El dísablot, celebrado en la casa del rey, según la Heiðreks Saga, fue en Álfheimar, que se dice que se encuentra en el extremo este de Noruega. El dísarsalr donde, según la misma saga, la reina se ahorcó, estaba en Reiðgotaland, que puede ser Jutlandia pero está, en cualquier caso, al este. Las tradiciones que subyacen en la Heiðreks Saga son vagas y poco confiables, pero se puede confiar más en aquellas que subyacen en Ynglinga Tal, Ynglinga Saga e Historia Norvegiae.
Según la Ynglinga Saga (Cap. XXIX): ‘Aðils (rey de los suecos) estuvo presente en un sacrificio a las dísir (dísablot) y, mientras cabalgaba alrededor del salón de la dís (dísarsalr), el caballo tropezó, y el rey cayó hacia delante, golpeándose la cabeza con una piedra. Su cráneo se rompió y los sesos del rey quedaron en la piedra’.
La misma historia se da, aunque con menos detalles, en Historia Norvegiae, donde el salón de la dís se llama Ædes Dianæ.
Como cuenta Snorri en la Saga Ynglinga, la historia se basa en gran medida en el poema Ynglinga Tal de finales del siglo IX. En el poema, las circunstancias de la muerte del Rey son sustancialmente las mismas que en las sagas, pero es causada por una ‘bruja’ (vitta véttr), quien debe identificarse con la dís o con la diosa Diana de Historia. Sea o no la repentina muerte del rey un sacrificio real, parece claro que el término dís se aplica aquí a una sola diosa. Esta diosa, como las dísir muertas del Atlamál, habría llamado al Rey para que se uniera a ella. Si ella misma no está muerta, es la diosa de la muerte. Dado que Uppsala fue ciertamente el escenario de la muerte del rey Aðils, y este fue el centro del culto de los Vanir, no es temerario suponer que aquí está implicada la Vanadís, Freyja, y que el sacrificio en el que el rey encontró su final fue un sacrificio de fertilidad.
Se han sacado conclusiones de largo alcance de un pasaje anterior del Ynglinga Tal (estrofa 7) en el que el poeta, hablando de un mítico rey Dyggvi, que murió en su cama, dice:
Kveðkat dul, nema Dyggva hrør
Glitnis Gná at gamni hefr;
þvít jódís Ulfs ok Nara
konungmann kjósa skyldi;
ok allvald Yngva þjoðar
Loka mær at leikum (?) hefr.
Estas líneas podrían traducirse tentativamente: ‘No digo ningún secreto, la diosa del caballo se ha llevado el cadáver de Dyggvi para su deleite; porque el jódís de Ulf y Nari eligió al rey; y la hija de Loki tiene al gobernante del pueblo de Yngvi como su juguete.’
El jódís de Ulf y Nari se identifica aquí con la ‘diosa’ del caballo’ (Glitnis Gná), y con la hija de Loki, es decir, la diosa de la muerte, Hel. Formalmente, jódís podría significar ‘caballo’ y así lo han interpretado muchos comentaristas.
(Dado que Ynglinga tal está fechado en el siglo IX, esta es la referencia más antigua que conozco que podría relacionar a la diosa Hell con la figura del caballo y darle alguna veracidad a la teoría de que Helhest, el caballo de tres patas del folclor danés, está realmente inspirado en la mitología original. No obstante, esta podría ser una mala interpretación de Turville-Petre. Si quieres leer más sobre Helhest, puedes hacerlo AQUÍ.)
Freyja es el dís supremo; ella es la diosa de la fertilidad y hermana de Freyr, que es el dios principal de lo mismo. El caballo es símbolo de Freyr y de su fertilidad y, al mismo tiempo, símbolo de la muerte, y esto explica por qué Hel es la “diosa del caballo”. En la historia de Thiðrandi, las dísir angelicales de la muerte llegan montadas, al igual que muchas otras apariciones que presagiaban el final de la vida de alguien.
Sería interesante saber si en la Alemania continental e Inglaterra se veneraron deidades femeninas comparables a las dísir. Como se ha señalado, los filólogos dudan de que la palabra dís deba equipararse con las palabras del inglés antiguo y el alto alemán antiguo ides e itis (mujer). En consecuencia, las itisi, las mujeres que, según el primer encantamiento de Merseburgo, lanzan hechizos que inhiben a los guerreros, no tienen por qué ser las mismas que las dísir.
Hay, sin embargo, razones más poderosas para asociar las dísir con las matres y matronae, cuyo culto se practicaba ampliamente en las áreas celta y germánica. Matres y matronae, talladas en relieve, están representadas sobre piedras votivas de estilo romano, algunas de ellas fechadas en el siglo I de nuestra era. Estas piedras son más numerosas en la margen izquierda del Bajo Rin, pero también se encuentran ejemplos en la Galia, el norte de Italia e Inglaterra. Comúnmente son tres figuras femeninas sosteniendo canastas de frutas y ocasionalmente dando de mamar a un niño.
Algunas de las matres aparecen en las inscripciones adjuntas a nombres locales o tribales, por ejemplo, matres Suebiae, matres Frisiavae paternae, y a veces tienen nombres más funcionales, como Alagabiae, Afliae.
Beda, en su lista de nombres con los que los ingleses antiguos llamaban a sus meses, menciona un festival que los paganos ingleses solían celebrar en la temporada navideña. Llamaron a este festival modranect, es decir, matrum noctem. Beda, sin duda, se refiere a la fiesta de las matres, de quienes se puede pensar que eran ancestros difuntos que aseguraban el bienestar y la prosperidad de sus descendientes. Las dísir también fueron descritas como ‘mujeres muertas’; las deidades de la muerte y la fertilidad a menudo están vinculadas e incluso identificadas unas con otras.
DÍSIR (por John Lindow, 2001)
Colectivo de espíritus femeninos.
En las fuentes mitológicas propiamente dichas apenas se encuentran las dísir. Su única aparición segura está en el poema édico Grímnismál, estrofa 53. Odín está a punto de revelar su identidad al condenado Geirröd:
Cadáver sacrificado
tendrá Ygg [Odín] ahora,
Sé que tu vida ha seguido su curso;
enojadas están las dísir—
ahora puedes ver a Odín,
acércate a mí, si puedes!
La asociación con la muerte inminente parece ser un lugar común en el uso del término “dísir” en la poesía édica. En Reginsmál, estrofa 24, Hnikar le dice a Sigurd que existe un gran peligro si tropieza al ir a la batalla: “Maliciosas dísir / se paran a ambos lados de ti / y desean verte herido”. En Hamdismál, estrofa 28, Hamdir, lamentando haber asesinado a su medio hermano con sus propias manos, le dice a Sörli que las dísir lo habían incitado. A veces, las dísir parecen valquirias, como en Atlamál, estrofa 28, donde Glaumvör le cuenta a su esposo Gunnar un sueño inquietante:
Muertas mujeres veía
que aquí en la noche vinieron;
mal atavío era el suyo,
te querían consigo llevar,
que pronto a sus salas con ellas fueras.
¡Tus disas, te digo, ya no te ayudan más!
Estas dísir que elegirían a un guerrero condenado y lo invitarían a sus bancos parecen valquirias, las que eligen a los muertos y las doncellas que los sirven en Valhöll. Y, de hecho, la expresión “Dísir de Herjann [Odín]”, que se encuentra en Gudrúnarkvida I, estrofa 19, parece un kenning para las valquirias, las doncellas de Odín, pero dado que el sustantivo dís también puede significar simplemente “dama”, puede que esa estrofa no nos diga nada sobre las dísir.

Snorri usa la forma singular, dís, para referirse a dos figuras en Gylfaginning. Después de contar la historia del matrimonio fallido entre Njörd y Skadi, Snorri dice que Skadi se mudó a las montañas y vivió en Thrymhrim, “y anda mucho con esquís y con un arco y dispara a los animales; se la llama ‘diosa de las raquetas de nieve’ o ‘dís de las raquetas de nieve’”. Snorri dice más tarde en Gylfaginning que Freyja “también se llama Vanadís”, es decir, dís de los vanir.
El texto en el que dísir juega el papel más importante es Thidranda tháttr ok Thórhalls, que se encuentra en los manuscritos de finales del siglo XIV de la Gran Saga de Olaf Tryggvason, pero algunos observadores creen que se incluyó a finales del siglo XII en la Biografía Latina de Olaf Tryggvason, ahora perdida, por el monje islandés Gunnlaug Leifsson. Está ambientado antes de la conversión de Islandia al cristianismo en la granja de Sídu-Hall, un jefe principal que más tarde estaría entre los que promovieron la causa de la conversión. El profeta Thorhall ha previsto que un profeta va a morir en el sacrificio de las noches de invierno, pero Sídu-Hall hace sacrificar un toro llamado Profeta. Luego Thorhall decreta que nadie debe salir de la casa por la noche, sin embargo, cuando se escuchan tres poderosos golpes en la puerta, el hijo de Sídu-Hall, Thidrandi, abre y sale. Es atacado por nueve mujeres de negro que cabalgan desde el norte, mientras que nueve mujeres de blanco cabalgan desde el sur. Más tarde Thorhall adivina que habrá un cambio de religión para mejor. Las mujeres eran fylgjur (mensajeras) de la familia de Sídu-Hall. Las nueve mujeres de negro eran dísir que querían su parte antes de ser separadas para siempre de la familia, mientras que las nueve de blanco eran dísir que llegaron demasiado tarde para ayudar.
Se han avanzado muchas interpretaciones de estas extrañas mujeres y los eventos en los que figuran. Algunos eruditos argumentan que Sídu-Hall enfureció a las dísir al no realizar el dísablót (sacrificio a las dísir), pero no hay evidencia de eso en el texto. Lo que el texto nos dice inequívocamente es que en algún momento entre finales del siglo XII y finales del XIV, un autor erudito vio poca diferencia entre fylgjur y dísir y no tuvo dificultad para representar con ellos la oposición entre la antigua fe y la nueva, utilizando el simbolismo de los colores. La naturaleza destructiva y benigna de los dos grupos nos recuerda aún más los buenos y malos destinos repartidos por las valquirias. Otra vez se desdibujan las diferencias entre estos grupos de espíritus femeninos.
Otra conexión con la conversión es el apodo del poeta Thorbjörn dísarskáld (escaldo de la dís), uno de los dos poetas que dejaron fragmentos de poesía directamente dirigidos a Thor.
Los topónimos sugieren un culto a las dísir, y las fuentes escritas hablan de un sacrificio a las dísir, el dísablót.
DÍSABLOT (por John Lindow, 2001)

Sacrificio a las dísir.
Desde el punto de vista de la mitología, la referencia más interesante al dísablót se encuentra en una versión de Hervarar saga ok Heidreks konungs (La saga de Hervör y el rey Heidrek), que los eruditos suelen fechar hacia finales del siglo XIII, aunque la datación es difícil. Esta versión de la saga se abre con un relato prehistórico y habla de Starkad Áludreng. Starkad secuestra a Álfhild, la hija del rey Álf de Álfheimar, después de que ella enrojeciera el altar (hörgr) con sangre en un gran dísablót de otoño. El prefijo Álf- significa “elfo”, y aunque no hay otra evidencia que conecte a los elfos con los dísablót, a primera vista el texto ofrece un modelo mitológico para el comportamiento humano. La ceremonia se lleva a cabo en la casa de un rey, está presidida por una mujer (de hecho, una de linaje real) e implica el derramamiento de sangre, presumiblemente de un animal que fue sacrificado. Enojado por el secuestro de su hija, el rey Álf invoca a Thor, quien posteriormente mata a Starkad y le devuelve a Álfhild a su padre. Es al menos concebible que el autor de la saga pensara que Thor se inclinaba a intervenir porque el dísablót se había llevado a cabo con éxito, en otras palabras, que a los ojos de este autor, el dísablót podría haber estado dirigido a los æsir.
(Antes vimos cómo Turville-Petre relaciona el culto a las dísir con el culto a Freyr por celebrarse ambos en invierno para una mayor prosperidad. De hecho, Freyr es el señor de Álfheimr, el país de los elfos. Puede que las dísir estén más relacionadas con estos seres de lo que parece, pero no hay suficiente información.)
Esta ceremonia también se menciona en fuentes islandesas del siglo XIII de carácter más histórico. Dos la ambientan en la época vikinga de Noruega y la otra, la saga Ynglinga de Snorri, capítulo 29, en Uppsala. Snorri dice que en el dísablót, el rey Adils cabalgaba alrededor del dísarsal, “salón de la dís”, cuando su caballo tropezó y lo tiró. La cabeza del rey golpeó una roca de tal manera que su cráneo se partió y su cerebro se derramó sobre la roca, encontrando la muerte. Luego Snorri cita el Ynglinga tal de Thjódólf de Hvin, que no menciona el dísablót, pero dice que una “criatura mágica” o una bruja, iba a privar a Adils de su vida; el valiente descendiente de Frey se caería de su caballo y su cerebro se mezclaría con arena mojada. Al parecer, Snorri entendió a la criatura mágica como una bruja, y también pudo haber pensado que el dísablót implicaba montar a caballo alrededor de un edificio sagrado o reservado temporalmente para una de las dísir. Aquí se haría eco de la conexión de las dísir con la muerte. La historia se cuenta con menos detalles en Historia Norvegiae.
Los otros dos relatos provienen de las Sagas de los islandeses. Ambos ambientan el dísablót en un banquete o fiesta a mediados del siglo X en Noruega. La saga de Egils, que es de principios del siglo XIII – tal vez, según algunos, de la pluma de Snorri Sturluson– dice que se preparó un banquete en una granja propiedad del rey Eirík Bloodax y la reina Gunnhild y que una noche cuando el rey y la reina recién llegaban, “había un dísablót allí”. El relato en detalle del procedimiento tiene que ver casi exclusivamente con beber enormes jarras de cerveza, pero incluye una estrofa escáldica de Egil aludiendo al dísablót. La saga de Víga-Glúms, que fue compuesta un poco más tarde que la saga de Egils y quizás con ella en mente, dice que Víga-Glúm llegó a Voss, en el oeste de Noruega, y que se preparó una fiesta en las “noches de invierno” (el inicio del invierno a finales de octubre) y se realizó el dísablót.
Así, el dísablót parece haber tenido una conexión con el otoño y haber sido un evento relativamente público, en la medida en que contó con la participación de la realeza. Más allá de eso sabemos poco. Un dísathing (asamblea de o para las dísir) se llevó a cabo en Uppsala a principios de febrero, y hay muchos nombres de lugares que atestiguan la adoración de las dísir.
El disting
El Disting (en sueco antiguo: Disæþing o Disaþing) es un mercado anual que se lleva a cabo en Uppsala, Suecia, desde hace siglos e históricamente se celebraba junto con el þing (asamblea) de todos los suecos y con el dísablót. Esto ocurría a finales de febrero o principios de marzo.
El cronista y geógrafo alemán Adán de Bremen escribió en el siglo XI su Gesta Hammaburgensis ecclesiae pontificum. Allí se refiere a hechos religiosos de índole pagana que ocurrían en Uppsala y en los que participaban todos los suecos.
«Y así todos sus dioses tienen asignados sacerdotes que ofrecen los sacrificios del pueblo. Si amenaza la peste y el hambre, se liba al ídolo Thor, si la guerra, a Wodan, si han de celebrarse nupcias, a Fricco. Suele celebrarse en Upsala también cada nueve años una solemnidad común de todas las provincias de Suecia. Reyes y pueblo, todos y cada uno transportan sus donaciones a Upsala, y lo que es más cruel que toda pena, aquellos que ya adoptaron la cristiandad se rescatan de ello con ceremonias. El sacrificio es así. De todo ser animado que sea masculino se ofrecen nueve cabezas, de los que es ley que la sangre de ellos aplaca al dios. Los cuerpos son suspendidos en el bosque sagrado que está próximo al templo. Tan sagrado es este bosque para los gentiles, que cada uno de los árboles de él por la muerte o putrefacción de los inmolados se cree divino. Allí también perros y caballos cuelgan con hombres, de los que en el montón de cuerpos suspendidos uno me contó haber visto setenta y dos cristianos. De las demás exequias que se hacen de ese modo con el rito de la libación, variadas y deshonestas, por lo mismo es mejor que se callen.»
Y en una nota agrega:
«Nueve días de procesiones y los sacrificios se celebran de este modo; cada día ofrendan un hombre con los demás animales, así, a lo largo de nueve días son setenta y dos los animales que se ofrendan. Este sacrificio se hace cerca del equinoccio de primavera.»

Es difícil saber si esta es la descripción de un dísablot, pero particularmente no me lo parece.
Por su parte, el historiador islandés Snorri Sturluson visitó el país en el siglo XIII y escribió en su Heimskringla lo que se sabía para entonces:
«En Svithjod existía la antigua costumbre, mientras prevaleció el paganismo, de que el sacrificio principal tenía lugar en el mes de Goe en Upsala. Entonces se sacrificaba por la paz y la victoria del rey; y allí venía gente de todas partes de Svithjod. El Thing de todos los suecos también se celebraba entonces, y los mercados y encuentros para comprar, que continuaban durante una semana: y después de que el cristianismo se introdujo en Svithjod, el Thing y las ferias se siguieron celebraron allí como antes. Cuando el cristianismo echó raíces en Svithjod, y los reyes ya no habitaban en Upsala, el tiempo del mercado se trasladó a la Candelaria, y desde entonces ha sido así, y dura solo tres días.»
Como vimos, en las fuentes el dísablót tenía lugar entre el final del otoño y las primeras noches de invierno, casi al mismo tiempo que el alfablót (sacrificio a los elfos), lo que tiene sentido si consideramos ambos blóts entre los que tenían lugar con mayor o menor intimidad. Sin embargo, otros textos más cercanos en el tiempo, principalmente los que tienen que ver con la tradición sueca, sitúan el dísablót entre febrero y marzo y lo describen con una actividad eminentemente pública.
Muchos ásatrúar y otros neopaganos seguidores de la tradición nórdica, se rigen por las enseñanzas de Edred Thorsson –que es uno de los pseudónimos de Stephen Edred Flowers–, quizás el autor más cotizado de “manuales religiosos” en occidente desde la década de 1970. –Sí, no lo puedo evitar, tengo criticarlo cada vez que aparece una oportunidad–. Los libros de “hágalo usted mismo” de Thorsson son básicos y aparatosos, ideales para millennials y adoradores de Naruto. A pesar de que su investigación de base no es mala, a la hora de crear rituales y hechizos, este autor es profundamente comercial, mezclando sin ninguna creatividad todo tipo de artificios que ha ido encontrando en su larga carrera profesional dentro del ocultismo en su sentido más amplio.
En su “A Book of Troth” de 2003, Thorsson establece los pasos a seguir para realizar una “Bendición de las Dises” entre el 13 y el 15 de octubre. Luego, el 20 de diciembre, para dar inicio a la temporada de Yule, sugiere celebrar la Noche de la Madre de la que hablaba el monje nortumbrio Beda. Y para sacarle todo el jugo posible a la cuestión, recomienda realizar el disting alrededor del 14 de febrero. Su razonamiento es el de un niño pequeño que no quiere dejar ni un solo color dentro de la caja; ¿para qué tomar una postura si puedo probarlas todas?
Un ritual legítimo, generalmente, es la escenificación de un mito. Detrás de los rituales de Thorsson no hay nada, ni siquiera sus propias investigaciones; son pésimas obras de teatro que más parecen salidas de una logia decimonónica que de un clan pagano de la Edad Media. Mi sugerencia es que si deseas celebrar un dísablót en estos días, indagues, investigues y, basándote en lo que dicen las fuentes, incluso en alguna historia en particular, elabores tu propio ritual para honrar a las dísir.