Helhest y Valravn: dos criaturas del folclore danés

Este artículo va dedicado a mi amigo el ratón.

Hace muy poco encontré en Facebook una publicación sobre el helhest, que afirma que es el caballo de la diosa escandinava de los muertos, Hel. El nombre, de hecho, significa “caballo de Hel” en danés. Se trata de una criatura del folclore de Dinamarca con la apariencia de un caballo de tres patas, por lo que el ruido de sus cascos es fácilmente identificable. Como otras creaciones populares del mismo tipo, la aparición del helhest es un presagio de muerte o enfermedad.

Aunque comprendo que la mitología es un ente viviente que no tiene una forma definida, sino que se alimenta de nuevas interpretaciones y creencias, creo que es nuestra responsabilidad no dejarnos llevar por la sed de espiritualidad y fantasía. Sobre todo tratándose de una cultura y una tradición que no son en las que nacimos, si elegimos el camino nórdico como fe, debemos ser respetuosos a la hora de estudiarlo y acudir siempre a la mayor cantidad de fuentes que podamos.

El hecho es que, a raíz de esto, decidí investigar sobre algunos temas que no estaban entre mis preferidos, tal vez por ser de los más saturados en el ambiente pagano, como es el caso de las valquirias y todo lo que ocurre con los muertos según la mitología nórdica.

El helhest fue el punto de partida que me hizo reflexionar sobre una cosa en particular. Muchos de los elementos, incluidos algunos dioses, que damos por generalizados en todo el mundo nórdico, en realidad fueron fenómenos de países específicos, es decir, eran muy conocidos en algunos lugares y completamente desconocidos en otros. Esto redunda en que esa homogeneidad cultural que le atribuimos a la sociedad de los vikingos, no es del todo así, incluso a pesar de tener un tronco común. Por otro lado, a día de hoy se utilizan las teorías de los antropólogos, etnólogos y recolectores de mitos de los siglos XVIII y XIX como si fueran verdades absolutas, y lo cierto es que sus métodos de investigación hace mucho que fueron criticados y superados.

Helhest

Grimm y Thorpe

Fue el lingüista y mitólogo alemán Jacob Grimm (de los hermanos Grimm) quien en su monumental obra Mitología Teutónica de 1835, expuso su teoría de que helhest, el caballo de tres patas del folclor danés, era el mismo que antiguamente montaba la diosa Hel.

«Tanto Hel como su mensajero, al igual que otros dioses, tenían sin duda un caballo a su servicio; esto lo confirman ciertas frases y fantasías que perduran aquí y allá entre la gente del pueblo. De quien haya pasado por una enfermedad grave se dirá: ‘jeg gav Döden en skiäppe havre’ (Thiele 1, 138), ha apaciguado a la Muerte sacrificándole un celemín de avena para su caballo’… De uno que se equivoca estrepitosamente, dicen en Dinamarca como antes: ‘han gaaer som en helhest’, va como un helhest, Dansk ordb. 2, 545. Se cuentan más cosas sobre este hel-hest: da la vuelta al cementerio con sus tres patas, buscando a la Muerte. Un cuento popular dice que en cada cementerio, antes de recibir cuerpos humanos, se entierra un caballo vivo, y este es el que se convierte en el caballo muerto andante (Thiele 1, 137); originalmente no era otra cosa que la diosa de la Muerte cabalgando. Arnkiel 1, 55 cita la superstición de Schleswig, de que en tiempos de plaga ‘Hell cabalga sobre un caballo de tres patas, destruyendo a los hombres’; si en ese momento los perros ladran y aúllan en la noche (porque los perros son videntes), dicen: ‘Hell está con los perros’; cuando cesa la plaga, ‘Hell ha sido ahuyentado’; si un hombre al borde de la muerte se recupera, ‘ha llegado a un acuerdo con Hell’.»

— Teutonic Mythology, Vol II (1883: 844)

Más adelante el propio Grimm reconoce y trata de justificar que en estas últimas frases la palabra Hell está en masculino, es decir, que la traducción más correcta sería “el Infierno cabalga”, en una especie de metáfora cristiana. Es cierto que las dos palabras están muy relacionadas y son prácticamente lo mismo, pero también es cierto que no es muy probable que la diosa fuera tan vívidamente recordada en el siglo XIX. Unos años después de Grimm, el erudito inglés Benjamin Thorpe también escribió sobre el helhest, repitió casi los mismos datos y volvió a sugerir que esta personificación de la Muerte y del Inframundo, era la misma diosa que adoraban los daneses precristianos.

«En todos los cementerios de la antigüedad, antes de que se enterrara un cuerpo humano en él, se enterraba un caballo vivo. Este caballo reaparece y es conocido con el nombre de ‘Hel-horse’. Tiene solo tres patas, y si alguien lo encuentra, presagia su muerte. De aquí deriva lo que se dice cuando alguien ha sobrevivido a una enfermedad peligrosa: “Le dio a la muerte un montón de avena” (como ofrenda o soborno).

»En el patio de la catedral de Aarhuus hay un Hel-horse que a veces aparece. Un hombre, cuyas ventanas daban al patio de la catedral, exclamó una noche mientras estaba sentado en su casa: “¿Qué caballo es ese allá afuera?” “Tal vez sea el Hel-horse”, le respondió uno que estaba sentado a su lado. “¡Déjame ver!” dijo el hombre. Mientras miraba por la ventana se puso pálido como un cadáver; pero nunca mencionó lo que había visto. Poco después se enfermó y murió.

»Hel es idéntica a la Muerte, y en tiempos de pestilencia cabalga sobre un caballo de tres patas, torturando a las personas; cuando una enfermedad hace estragos en algún lugar, se dice que “Hel está pasando por allí”; cuando en la noche los perros ladran y aúllan, “Hel, está entre los perros”; cuando la enfermedad comienza en un lugar, “Hel ha llegado”; cuando cesa, “Hel se ha ido”. Hel puede ser conducida de un lugar a otro; se han narrado casos y se han nombrado personas que han logrado expulsar a Hel de este pueblo o de aquella aldea. Cuando alguien yace enfermo de muerte, se dice: “Tiene su Helsot” (enfermedad mortal); si se recupera, se dice: “Ha arreglado sus asuntos con Hel”. Cuando alguien se demora demasiado tiempo para hacer un recado, la gente hasta el día de hoy dice: “Eres bueno para mandar a buscar a Hel”.»

— Northern mythology, Vol II (1851: 209)
Hermod ruega por Balder delante de Hel.
Ilustración de J. C. Dollman

Hel, la diosa de los muertos

Lo cierto es que en los textos mitológicos que nos han llegado (Eddas, sagas y poemas) se mencionan varios caballos importantes con origen o funciones divinas, pero ninguno con la función de transportar a la diosa Hel, que reina en Helheim, el inframundo. La descripción más completa de Hel la da Snorri Sturluson en la Edda Menor, y hace una lista de todas sus posesiones, pero aquí tampoco aparece el caballo.

«Pero Loki tenía más hijos. Angrboda se llamaba una giganta del Jotunheim; Loki tuvo tres hijos con ella. Uno fue el lobo Fénrir, otra Jormungand, que es la serpiente del Mídgard; la tercera es Hel. Pero cuando los dioses se enteraron de que se estaban criando estos hermanos allá en el Jotunheim, entonces los dioses acudieron a sus artes adivinatorias y vieron que aquellos hermanos les acarrearían mucha desgracia, y todos opinaban que sólo maldad cabía esperar de ellos, primero por parte de la madre, y aún peor por la del padre. El Padre Universal envió entonces a los dioses a que le trajeran aquellos críos. Cuando volvieron, arrojó a la serpiente al profundo mar que circunda todas las tierras, y aquella serpiente creció tanto, que afuera está en el mar rodeando todas las tierras y se muerde la cola. A Hel la arrojó al Niflheim y le entregó el gobierno de los nueve mundos de allá para que distribuyese todas aquellas estancias entre los que a ella se le envían, y éstos son los que mueren de dolencia o mueren de vejez. Extensos son sus dominios, y tiene una cerca muy alta y de grandes verjas. Su mansión se llama La Aguanosa, Hambre su plato, Penuria su cuchillo, Remolón su criado y Remolona la sierva, Tropezón el umbral de su entrada, Moridero su lecho y Brillante Infortunio el cortinaje de su cama. Su cuerpo es la mitad oscuro, la mitad color carne, es por lo tanto fácil reconocerla, y tiene una cara lúgubre y maligna.»

Los hios de Loki.
Ilustración de Lorenz Frølich

De hecho, prestigiosos investigadores del siglo XX como el americano John Lindow y el austriaco Rudolf Simek, creen que Hel, la diosa, es una personificación tardía de Hel, el lugar, que originalmente se refería a la ‘tumba’. Del mismo modo creen que la descripción que da Snorri del inframundo está fuertemente influenciada por el cristianismo. Pero incluso si Hel tuviera alguna conexión con la vieja deidad germana conocida como Holla, Holda o Perchta —como también sugiere Grimm—, en este caso tampoco tendría nexos con algún caballo.

No existen pruebas de un posible culto a la diosa Hel y todo parece indicar que es una creación puramente literaria, por tanto, aun si las frases danesas se refieren a ella, es muy posible que la consideren una mera alegoría, mezclada con ideas cristianas y sin toda la carga mitológica del personaje éddico. El filólogo de la Universidad Complutense de Madrid, Enrique Bernárdez, uno de los autores que más han escrito en español sobre la mitología y la religión nórdica precristiana, dice:

«Hel, haliō, significa «lugar oculto», y los muertos, ciertamente, están ocultos a los ojos de los vivos de tal modo que no podemos ver lo que hacen o cómo viven en su nueva morada. En los tiempos más antiguos seguramente ese mundo no estaba regido por diosa alguna; la personificación que encontramos en las fuentes nórdicas es una simple copia de modelos romanos, y aun es probable que estos modelos fueran sólo literarios.»

— Los mitos germánicos (2002, 86)

Para relacionar al helhest con la antigua mitología, también se ha utilizado el argumento de las valquirias, que supuestamente cargan sus caballos con las almas de los caídos en combate, pero esta imagen también es falsa, en ninguna parte se dice que ellas hagan tal cosa, solo que “Odín las envía a cada batalla, y ellas eligen a los que han de morir y son las que deciden la victoria.”

El caballo del arroyo

Näcken
por el pintor sueco Owe Zerge (1894-1983)

Si aun así nos empeñamos en encontrarle un lugar al helhest en el antiguo paganismo nórdico, podríamos pensar también en un género de criaturas que en alemán se llaman Nix, pero en danés se pronuncia Nøkke y en noruego Nokk. Se trata de espíritus masculinos del agua que hacen música con su violín para atraer a mujeres y niños y ahogarlos. Sin embargo, no siempre son malvados, a veces incluso es posible sobornarlos para que enseñen sus maravillosas técnicas musicales. Es difícil describir su apariencia porque generalmente aparecen transformados en otras personas o animales. En la actualidad muchos prefieren imaginarlo como un joven hermoso y desnudo tocando el violín junto a un cuerpo de agua, pero en los cuentos originales aparecía elegantemente vestido. Como animal suele verse transformado en un caballo, y en este caso el término para referirse a él en la Escandinavia continental es bäckahäst o bækhest y nykur en feroés; todos significan “caballo de río”.

Nøkke, el caballo del arroyo.
Ilustración de Theodor Kittelsen

El bäckahäst se describía a menudo como un majestuoso caballo blanco que aparecía cerca de los ríos, especialmente cuando había niebla. Cualquiera que se subiera a su espalda no podría volver a bajar. Entonces el caballo saltaría al río, ahogando al jinete. En un cuento del libro “Me gustaría decirte…..”, de AnneMarie Hellström (1985), se lee lo siguiente:

«Hace mucho tiempo, había una chica que no solo era bonita sino también grande y fuerte. Trabajaba como empleada doméstica en una granja junto al lago Hjärtasjön en el sur de Nerike (Närke, Suecia). Estaba arando con el caballo de la granja en uno de los campos junto al lago. Era primavera y hacía buen tiempo. Los pájaros cantaban y las lavanderas revoloteaban tras las huellas de la niña y el caballo para recoger gusanos. De repente, un caballo apareció en la orilla del lago. Era grande y hermoso, blanco brillante y con grandes manchas en los costados. Tenía una hermosa crin que se agitaba con el viento y una cola que se arrastraba por el suelo. El caballo se encabritó hacia la niña para mostrarle lo hermoso que era. Ella, sin embargo, sabía que era el ‘caballo del arroyo’ y lo ignoró. Entonces el caballo se acercó más y más y finalmente estuvo tan cerca que pudo morder al caballo de la granja en la crin. La niña lo golpeó con la brida y gritó: “Desaparece, sinvergüenza, o tendrás que arar para que nunca lo olvides”. Tan pronto como dijo esto, el caballo del arroyo tomó el lugar del caballo de la granja y comenzó a arar el campo a tanta velocidad, que la tierra y las piedras se arremolinaban a su paso y la niña colgaba como un guante del arado. Antes de que el gallo cantara siete veces, el caballo del arroyo terminó de arar y se dirigió al agua, llevándose con él el arado y a la niña también. Pero la chica tenía un pedazo de hierro en el bolsillo e hizo la señal de la cruz. Inmediatamente cayó al suelo y vio al caballo del arroyo desaparecer en el lago con el arado. Luego escuchó un relincho frustrado cuando el caballo mágico comprendió que su truco había salido mal. Hasta el día de hoy se pueden ver las marcas profundas en aquel campo.»

Cabalgando en el caballo del arroyo.
Ilustración de Theodor Kittelsen

Si nos acercamos más al sur, a Escocia e Irlanda, nos encontramos con el Kelpie y el Ceffyl Dŵr respectivamente, que también son caballos que pueden cambiar de forma.

Ahora bien, estos caballos del agua podrían estar relacionados con el otro mundo o mundo de los muertos. El caballo por su condición de medio de transporte capaz de recorrer grandes distancias en poco tiempo, es un símbolo del ‘viaje’, del ‘vehículo’ y del ‘cruce de fronteras’. El agua, por su lado, es la ‘frontera’ misma, la entrada al más allá. Esto es así en la mayoría de culturas del Mediterráneo, pero no estoy seguro de que existiera la misma filosofía en el norte.

El níðstang

Sabemos que los nórdicos sacrificaban caballos. Así nos describe el cronista árabe del siglo X, Ibn Fadlan, el funeral de un jefe escandinavo, probablemente sueco:

«Vinieron con pan, carne y cebollas y los arrojaron frente a él. Trajeron un perro, lo cortaron en dos y lo arrojaron al bote. Luego trajeron todas sus armas y las pusieron a su lado. Luego tomaron dos caballos, los hicieron correr hasta que empezaron a sudar, luego los cortaron con la espada y arrojaron su carne al barco.»

Sin embargo, no tengo constancia de que el simbolismo del caballo fuera particularmente nefasto en la tradición nórdica más antigua. Incluso si consideramos el famoso níðstang, la maldición islandesa que incluye una cabeza de caballo, nos arriesgaríamos demasiado al afirmar que está relacionada con el helhest. El níðstang más conocido es el de Elgi Skalla-grimson y tal vez por eso se ha asumido que este acto siempre tenía connotaciones mágicas, pero no es así:

«Cogió en la mano una rama de avellano y fue a un promontorio rocoso que había delante de la costa; cogió una cabeza de caballo y la puso encima del palo. Luego hizo un conjuro, diciendo: «Planto aquí un poste de agravio, y dirijo el insulto al rey Eirík y a la reina Gunnhild -dirigió la cabeza del caballo hacia tierra-. Dirijo el insulto a los espíritus protectores del país, que habitan estas tierras, para que vaguen perdidos hasta que expulsen del país al rey Eirík y a Gunnhild.»

— Saga De Egil Skalla-Grimsson (edición de Enrique Bernárdez)
Níðstang

El término ‘níð’ se refiere más que nada a una ofensa, un agravio, una burla, sobre todo de carácter sexual. En el caso de los hombres, suele implicar la acusación de haber sido pasivo en una relación sexual con otro hombre. Las antiguas leyes del Gulaþing noruego prohíben el uso de ‘palabras níð’ como ‘perra’, ‘yegua’ o ‘puta’. En la Saga Vatnsdæla, Finbogi no se presenta a un duelo y Jökul levanta un pilar en su contra por su cobardía. Talla una cabeza humana y varias runas mágicas en un pilar de madera, mata a una yegua y le coloca el poste en el pecho, con la cabeza mirando hacia la casa de Finbogi. Como se ve, cualquier nexo con la muerte se desvanece a medida que se profundiza en el tema, muy a pesar de los que se empeñan en hablar de “la energía canalizada por la cabeza del caballo” y otras patrañas new age.

Níðstang

El caballo y la muerte

Los que realmente odiaban al caballo, precisamente por representar a los vikingos que los hostigaban, eran los sami y los fineses. En el chamanismo sami existe un personaje llamado Ruto que es la personificación de la plaga y la enfermedad, y en los tambores chamánicos es representado por un caballo con o sin jinete. Los finlandeses tienen al caballo de Hiisi, es decir, el caballo del Diablo, una criatura gigantesca hecha de roca y hierro, que incluso tiene un lago en su parte trasera. Se cree que es el encargado de transportar los dolores, las enfermedades, las epidemias y hasta las maldiciones de los brujos. Ambos casos se consideran importaciones del sur, porque ni los sami ni los fineses solían usar caballos. En mi opinión, el helhest puede ser el resultado de una influencia cruzada: la figura del caballo habría viajado al mundo sami y luego regresado con una nueva carga semántica negativa. No sería el primero ni el último caso de este tipo.

Ruto, la plaga

El Diccionario de símbolos y mitos de J. A. Pérez Rioja en su entrada para ‘caballo’, nos recuerda su condición de “emblema solar”; el caballo transporta al astro de este mundo al otro.

«El papel místico del caballo -dice Schneider- se concentra en la zona de la muerte y de la resurrección, hasta tal punto que, según cierta creencia nórdica, hay que enterrar vivo a un caballo en todo cementerio antes de sepultar el primer cadáver humano. Es, consiguientemente, el caballo un animal lunar y solar que lleva las almas hacia el otro mundo, hacia las altas regiones del trueno y de los relámpagos.»

— Diccionario de símbolos y mitos. J. A. Pérez Rioja
Helhest

Nadie pone en duda las potencialidades del caballo como psicopompo, pero de ahí a vincularlo de forma irresoluta a la mitología de la diosa Hel, va un trecho largo porque no existen evidencias suficientes. Las frases danesas registradas por Grimm y Thorpe deben ser rezagos de un pasado mal recordado y aprovechado por el cristianismo triunfante. No creo probable que el helhest perteneciera a la mitología nórdica antigua, primero porque de ser tan importante, no debió quedar fuera de los textos principales, y segundo porque su presencia no parece necesaria: el propio Sleipnir, el caballo de Odín, entra y sale del Inframundo a cada rato y se dice claramente que los muertos son ‘enviados’ a Hel, no que ella deba venir a buscarlos. La idea de la Muerte personificada recogiendo almas en el mundo de los vivos, parece más propia de otras culturas.

El valravn

Si nos dedicáramos a buscarles un lugar en el corpus principal de la mitología a todos los monstruos y otros personajes del folclore menor —por así decirlo—, estaríamos concibiendo una versión muy deformada de la vida espiritual de los nórdicos antiguos. Creo que lo más recomendable es respetarle a cada cual su lugar y su tiempo.

Valravn

Tomemos el caso del valravn como ejemplo, se trata de otro producto folclórico puramente danés. Es un cuervo —a veces mitad lobo— que se alimenta de los cadáveres del campo de batalla. La primera parte de la palabra, ‘val’, proviene del nórdico ‘valr’, que significa “el caído”. Se trata, pues, del cuervo de los caídos. La forma también se encuentra en la palabra valquiria, pero sería un desatino vincularlo directamente con ellas solo por esta razón.

Según canciones folclóricas recogidas en Dinamarca en el siglo XIX, cuando un rey o jefe importante muere en la batalla y no encuentran su cadáver, es porque los cuervos vinieron y se lo comieron. Estos cuervos se convierten entonces en valravne; en particular lo que se comen el corazón adquieren una conciencia humana y poderes sobrenaturales, y son capaces de cometer actos terribles.

En otro relato, el valravn es descrito como un alma en pena en busca de redención. Vuela de noche, nunca de día, y solo puede recuperar su apariencia humana bebiendo la sangre de un niño. Una canción recogida de la tradición oral por el sacerdote e historiador danés Anders Sørensen Vedel en el siglo XVI, cuenta cómo después de rechazar ofertas de riquezas, el valravn llega a un acuerdo con una doncella para llevarla con su prometido a cambio de que le entregue a su primogénito. Cuando el niño nace, el valravn viene a reclamar su recompensa, le desgarra el pecho y bebe la sangre de su corazón. Como resultado, el cuervo se transforma en un caballero. Esta canción en particular fue reinterpretada por la banda pionera del electro-folk Sorten Muld y se convirtió en un éxito en 1997, con el título de Ravnen. Esta es la letra adaptada —las dos versiones originales que se conservan son mucho más extensas—.

El cuervo vuela de noche
Durante el día no puede
Mala fortuna tendrá
Nada bueno se merece
- Pero el cuervo vuela de noche -

"Escúchame, escúchame, oh, salvaje valravn
Ven a volar para mí
Te daré plata pura
Si me vienes a ayudar.

Mi madrastra ha desterrado a mi amor
A una tierra lejana y extranjera
Oro rojo te daré
Si puedes llevarme con él".

"Plata, oro y piedras preciosas
No quiero de ti
Pero el primer hijo que des a luz
Será mi regalo".

Irmelin puso sus manos blancas
Con fuerza en las garras del cuervo
Y antes de que pasaran tres días
Estaba delante de su amor.

Fue en un brillante día de verano
Acostados en su cama de luna de miel
Y antes de que pasaran nueve meses
Irmelin dio a luz a un niño.

El cuervo vuela de noche
Rondando sobre Irmelin
"Recuerda que tu felicidad no es cierta
Recuerda que el niño es mío"
- Pero el cuervo vuela de noche –

Según Jacob Grimm, el valravn de las canciones danesas cumple la misma función que el troll, es decir, está asociado al Diablo.

Creo que el helhest y el valravn son descendientes de una forma muy antigua de comprender el mundo, pero aunque los hijos suelen parecerse a sus padres, no son exactamente lo mismo.

Valravn
Arte del videojuego Hellblade Senua s Sacrifice

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