El Diablo del Capitolio habanero

Nos enteramos de que nuestro Capitolio de La Habana tenía una estatua del ángel caído desde mucho antes de los sucesos de Oklahoma, Detroit y Arkansas en Estados Unidos. Es vergonzoso, pero la verdad es que, durante mucho tiempo, los habaneros consideramos nuestro Capitolio como el destino por excelencia de los viajeros del interior, cariñosamente llamados “guajiros”; en tanto que resultaba obvio y hasta aburrido para los que lo teníamos más cerca. Construido en 1929 bajo la dirección del arquitecto Eugenio Raynieri Piedra, por encargo del entonces presidente, Gerardo Machado, alberga en uno de sus patios interiores, una de las figuras más oscuras y controversiales de la historia de la humanidad: el Diablo.

El Eterno Rebelde del Capitolio habanero

La Biblia permite inferir que es una criatura espiritual de la familia Angélica de Yahvé Dios: «Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Stanás.» (Job 1:6) Y Milton, en su Paraíso perdido lo hace proferir estas palabras después de ser arrojado del cielo por su padre:

«¡Qué importa la pérdida del campo de batalla! Aún no está perdido todo. Conservando todavía una voluntad inflexible, una sed insaciable de venganza, un odio inmortal y un valor que no cederá ni se someterá jamás, ¿puede decirse que estamos subyugados? Ni su cólera ni su poder jamás podrán arrebatarme esta gloria; no me humillaré, no doblaré la rodilla para implorar su perdón, ni acataré un poder cuyo imperio acaba de poner en duda mi terrible brazo. ¡Eso sería una bajeza, eso sería una vergüenza y una ignominia más humillantes aún que nuestra caída! …»

En esta escena parece haberlo sorprendido el artista Salvatore Buemi (1867-1916), un italiano que se especializó en la producción de esculturas de bronce de personajes famosos y héroes de guerra, principalmente bustos. Buemi también es el autor de la estatua de José Martí que se erige en el Parque de la Libertad de Matanzas, y de la del Mayor General Ignacio Agramonte, en la plaza camagüeyana del mismo nombre.

En otras ciudades del mundo hay monumentos dedicados al Gran Enemigo de Dios, el Tentador, el Príncipe de las Tinieblas, el Malo, Lucifer, Satanás, Belcebú, Mefistófeles; pero en todas, como en el Parque del Buen Retiro de Madrid, aparece derrotado y humillado. Con un tamaño menor al de la media humana, el nuestro es el único representado en actitud desafiante y prepotente, de hecho, se conoce como el Ángel Rebelde, un símbolo de la controversia y la discordia. Su brazo derecho se levanta hacia el cielo y tiene el puño cerrado en señal de desafío al Creador. Con su mano izquierda se señala a sí mismo, como atribuyéndose el derecho de suplantar el lugar de Dios —nada, que no podía ser más cubano—.

La fuente del Ángel Caído o monumento del Ángel Caído se encuentra en el parque del Retiro de la villa de Madrid, España. Es una obra de Ricardo Bellver (escultura principal) y Francisco Jareño (pedestal).
La estatua después de la restauración.

A raíz de la más reciente restauración general del Capitolio, se ha vuelto a hablar de su Diablo, y sobre sus orígenes y llegada a La Habana, es muy confiable el artículo del historiador Ciro Bianchi Ross, que publicara Juventud Rebelde en enero de 2017.

«No ha podido el escribidor hallar mucha información sobre ella (la estatua), y algunos de los datos disponibles resultan contradictorios. Se dice que Buemi, en 1910, obsequió su obra a Orestes Ferrara, que presidía entonces la Cámara de Representantes, en aquella época situada en la calle Oficios esquina a Churruca, donde después estuvo el Ministerio de Educación, que permaneció allí hasta después de 1959, y ahora se halla el Salón de la Ciudad. La pieza se emplazaría en el Capitolio en 1931, dos años después de su inauguración y cuando el avieso político de origen italiano, que había ganado en la Guerra de Independencia las estrellas de Coronel, era embajador de la dictadura de Gerardo Machado en Washington.

«Lamentablemente, nada dice Ferrara acerca de Buemi en sus acuciosas y prolijas memorias —más de 500 páginas—, publicadas en Madrid a mediados de los años 70 del siglo pasado.

«¿Dónde estuvo El ángel caído, de Buemi, durante los 21 años que median desde que Ferrara lo recibe en obsequio y su ubicación en el Capitolio? Misterio. No hay constancia de que hubiera estado emplazado en el edificio de la vieja Cámara de Representantes, y algunas fuentes le atribuyen un largo y no confirmado peregrinar por instituciones públicas que no demoraban en rechazarlo.

«Quizá Ferrara conservara la escultura en su domicilio de entonces, en la calle 27 esquina a M, en el Vedado —frente a la residencia de Machado— donde vivió antes de que hiciera edificar el espléndido palacete de San Miguel y Ronda, al costado de la Universidad habanera. Se desconoce igualmente si Ferrara recibió el regalo en Italia o en La Habana.

«De cualquier manera, El ángel caído es la escultura menos mentada y menos vista de todas las que se erigen en el Palacio de las Leyes.»

La guía que dirigió nuestra visita por el ala norte del capitolio, única que se puede recorrer hasta este momento de su restauración, nos comentó que, durante la República, se consideraba supersticiosamente a la estatua de Mefistófeles o el Ángel Rebelde, responsable de los males que asolaban al país.

Antes de la restauración

Al parecer, luego del triunfo revolucionario, el demonio quedó en el olvido, el bronce se puso verde y pocas personas reparaban en su existencia, confundiéndolo, tal vez, con un ángel común y corriente. Ni siquiera llamaba la atención la inscripción «Ribelle Eterno» (“Rebelde Eterno”) que tiene en su base. Ahora, pulido el bronce, removidas las plantas que lo ocultaban y rodeado de paredes blancas, la inquietante figura del Diablo habanero se yergue más atrevido y desafiante que el Baphomet de los satanistas norteamericanos. Hasta el momento el público no tiene acceso directo al patio donde se encuentra, solo se puede observar de lejos, por los ventanales, pero el Ciervo se las ingenió para acercarse y tomar fotografías… ¿qué le vamos hacer?, a nosotros, lo de transgresores, nos cayó del cielo.

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