Esta es la representación más hermosa que conozco de Sarasvati, la diosa hindú del conocimiento, la elocuencia, la música y la poesía.
El cuadro fue pintado en 1896 por Raya Ravi Varma (1848-1906), un pintor del estado principesco de Travancore, en la actual Kerala, en el extremo suroeste de la India.

A temprana edad, Varma consiguió la ayuda económica del marajá de Travancore, que era pariente suyo, para estudiar las técnicas pictóricas de la época, incluso recibió lecciones del retratista holandés Theodor Jenson. En pleno Raj británico (1858-1947), el arte de Varma se convirtió en el exponente perfecto de la fusión de las dos culturas. Sus retratos de damas indias tienen un aire inglés no solo por la actitud de las modelos, sino también por la técnica y la composición que emplea el artista.
Sin embargo, lo que hace más relevante el trabajo de Varma es su pintura de tema mitológico. Su visión de los dioses y de las escenas épicas del Ramayana y el Mahabarata, hoy día son parte indisoluble del imaginario del pueblo hindú. Se dice que viajaba por la India en busca de temas y modelos, y que las preferidas para sus diosas eran las mujeres del sur del país, a quienes consideraba superiores en belleza.
Así de bella es Sarasvati, la única diosa adorada por los tres grandes del hinduismo: Brahama, Vishnu y Shiva. El dios Brahama, que a veces es su padre y otras es su esposo, tiene cuatro cabezas solo para poder verla desde todas las direcciones. Originalmente sería una diosa fluvial, pero después su fluir se interpretó como un proceso mental de aprendizaje, relacionado con las artes, con todo tipo de pensamientos veraces y hasta con el perdón.
Contrario a las demás diosas hindúes, Sarasvati es representada sin muchos adornos y vestida de blanco, porque representa la pureza y prefiere la sabiduría antes que cualquier posesión material. Su vahan, su vehículo, es un cisne.
Generalmente se la muestra con cuatro brazos que representan los cuatro aspectos de la inteligencia humana según el hinduismo: la mente, el intelecto, la vigilia y el ego. En cada mano sostiene un objeto: un libro, un rosario de perlas blancas (que representa el poder de la meditación y la espiritualidad), un recipiente con agua sagrada (que significa que el conocimiento es capaz de purificar los pecados) y una vīna, un instrumento musical parecido a un sitar, que representa su grado de perfección en todas las artes.
Con frecuencia hay un ave blanca llamada jansá (ánsar índico) cerca de sus pies. Los hindúes creen que, si se le ofrece una mezcla de leche y agua, el jansá es capaz de tomar sólo la leche. De esta manera, simboliza la capacidad de sacar provecho de lo malo, o de obtener sabiduría de una experiencia negativa. A veces también aparece el pavo real al lado de la diosa, pero ella solo lo monta para enseñar que la belleza externa, la arrogancia y la vanidad son cualidades inferiores.
Los hinduistas creen que las niñas que llevan su nombre serán muy afortunadas en sus estudios.