Alexander Suarez Méndez, la gaita irlandesa de Cuba

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Entrevista publicada por primera vez en septiembre de 2018, en el número 12 de la revista El Ciervo Blanco.


Cuba es la isla de las maravillas, siempre te sorprende. Repetir esto ya es llover sobre mojado, pero lo que se dice a continuación siempre es nuevo. En Cuba vive Alexander Suarez Méndez, su nombre puede resultar común, excepto si aparece junto a otros como Gay McKeon, PaddyKeenan o Liam O’Flynn, entonces cobra una relevancia particular. Pero no se trata de que el cubano no brille por mérito propio, se trata de que “nosotros” muchas veces no somos capaces de reconocer nuestros propios talentos; es necesario que venga alguien de “afuera” a señalarlo.

Alexander es uno de los gaiteros más prestigiosos de La Habana, más de uno lo habrá visto en algún parque dando clases del instrumento y lo habrá considerado un hobby excéntrico, sin sospechar que la seriedad de su trabajo lo llevó el año pasado a tocar en la residencia del presidente irlandés Michael D. Higgins.

En la residencia del presidente irlandés Michael D. Higgins.

Quizá porque su arte no entra dentro del catálogo de clichés de cubanías y porque no le debe su carrera musical a ninguna institución estatal, Alexander es un talentoso artista cubano que no recibe la atención que merece. Habiendo tantos cubanos que amamos y añoramos la música celta, sería injusto para nosotros y para él que su historia no pasase de otra “curiosidad” que algún día Arturo Sotto o Julio Acanda reseñarán como surrealista en un documental o programa de televisión.

Acostumbrados a pensar en pequeño y a lo que “nos toca por la libreta”, nos perdemos muchas cosas. Alexander no se conformó y de la mano de su maestro, Gay McKeon, ha causado sensación en Irlanda, pasó de recibir clases a impartirlas y el sitio http://www.irishmusicmagazine.com lo considera un «músico tradicional experimentado».

Alexander trabaja hoy en el Taller de Luthiería de la Oficina del Historiador de La Habana, pero no abandona la banda de gaitas gallegas Eduardo Lorenzo a la que pertenece desde 2004 ni deja de dar clases gratuitas a los interesados. Él y otros gaiteros aprovechan cuanta jornada cultural organizan la embajada y las sociedades españolas para lucir su arte. Según la experiencia del Ciervo Blanco, Alexander pertenece a un desperdigado, pero no reducido número de músicos (artistas) que desean defender la cultura celta, pero no creen que sea posible en Cuba o no tienen los recursos. Lo triste es que también existe un público en potencia para ellos que, mientras tanto, se pregunta con miedo y resignación ¿cuál será el próximo “éxito” de Chocolate?

El Ciervo Blanco se siente orgulloso y agradecido de haber tenido la oportunidad de entrevistar a Alexander, esta suerte de embajador de la palma y el trébol, que nos demuestra que no hace falta dejar de ser cubano para soñar con la verde Erín y con el sonido de la uilleann pipes.

“No se trata de remplazar una cultura por otra…”

¿Cómo llegó a la gaita?

Empecé en el mundo de la gaita en el 2004-2005 mediante el documental Los últimos gaiteros de La Habana; así me enteré de que aquí existía ese instrumento. Lo había escuchado, lo había visto en películas, pero no sabía que aquí existía, y empecé a caminar las sociedades a ver cuál tenía agrupación de gaita, y fui a parar a la Agrupación Artística Gallega, donde empecé a tocar la gaita gallega como tal. Hasta la fecha he estado ahí, tocando con la banda Eduardo Lorenzo, dirigida por Alejandro Gispert.

¿Tenía formación musical?

No, empecé con la gaita.

¿Cómo ha sido el proceso de aprendizaje, el paso de una gaita a otra?

El proceso es largo, todos los días se aprende algo nuevo. En abril o mayo de 2010 se hizo un festival de música celta aquí en Cuba, en La Habana, con la Oficina del Historiador, organizado por el irlandés Killian Kennedy, y vinieron músicos irlandeses, canadienses, españoles… Ya para la segunda edición, en 2011, contactó con la sociedad de gaiteros irlandeses de Dublín y habló con el jefe ejecutivo, para ver si le interesaba venir y traer algunos instrumentos para enseñar a los músicos cubanos. La idea le fascinó y desde ese momento hasta la fecha se ha mantenido en contacto; ese gaitero se llama Gay McKeon y es el profesor de todos nosotros, los que tocamos gaita irlandesa. Desde esa primera vez ha estado viniendo y apoyándonos con materiales de estudio, CDs, libros, instrumentos; son instrumentos bastante complicados de conseguir, aquí es imposible, la manufactura es muy cara… Actualmente toco las dos gaitas, estoy activo en la Sociedad Gallega e instruyendo a los muchachos nuevos que quieran conocer sobre la música irlandesa.

Clases con Gay Mckeon
Clase introductoria para niños. Día internacional de la gaita irlandesa en la Casa de la amistad, año 2011.
Fiesta de la colla en matanzas

¿Cuántas personas tocan hoy la gaita irlandesa en Cuba?

Llegamos a ser alrededor de 15, pero algunos se han ido a otros países… Ahora somos muy pocos, algunos muchachos que están aprendiendo, una muchacha de Pinar del Río que sí está un poco más avanzada, se llama Rosalia Acosta Corrales. En La Habana somos alrededor de 5 aproximadamente.

¿Cuáles son los objetivos o las metas con esta gaita?

Por ahora enseñarla y en un futuro llegar a crear algo grande. Este es un instrumento que cuesta trabajo, tanto conseguirlo como esparcir su cultura, y no es la cultura a la que está acostumbrado el cubano… es más exótico y nuevo que, incluso, lo español. El interés por la música tradicional irlandesa, que no es la que conocemos por Riverdance, se dio a partir de los festivales de 2010-2011. Y esa es la música tradicional de verdad, como la tocan en el campo, con una gaita, un redoblante, un bombo y una pandereta… o en un bar, con un violín, un acordeón, una guitarra…

Entonces, ¿en algún momento habrá un grupo de gaita irlandesa?

Esperemos. Cuesta mucho trabajo. Hay algunos que llegan y otros que se decepcionan y buscan otra cosa.

¿Dónde ha tocado la gaita irlandesa aquí en Cuba?

Se han hecho algunas actividades, pero nos cuesta trabajo llegar a los lugares por el tema de que uno no es músico profesional, sin un título es difícil. Hemos trabajado con la Oficina del Historiador, la Galería Barcelona-La Habana, el día de San Patricio con el Hotel O’Farrill…

¿Ha viajado a Irlanda a recibir cursos? ¿Cómo fue la experiencia?

En dos ocasiones, en el 2014 y en el 2017. Este año más bien fue por el tema de la fabricación de gaitas, y ya no como estudiante sino como profesor. Una muy extraña experiencia que un cubano vaya a dar clases de gaita irlandesa a Irlanda. Irlanda es preciosa, muy verde, con una cultura tradicional muy fuerte. Aquí en Cuba hemos perdido el amor por lo tradicional, allá, pensarías que quien toca este tipo de música son gente veterana, de la tercera edad, que no tienen nada que hacer, pero no, te puedes encontrar niños de 5, 6, 7, 10, 15 años defendiendo la música tradicional. En vacaciones, muchas personas se la pasan de un festival a otro…

¿Cree que el interés por la música celta pueda ir en detrimento del sentido de pertenencia hacia lo cubano?

Pienso que no. Uno siempre tiene que tener presente donde nació, de donde salió, esa cultura la tiene que defender. Yo soy fanático a mi música cubana, no dejo de escuchar un disco de los Van Van, de Irakere, de Pupi, que es la música que escuchamos desde que nacemos… No se trata de remplazar una cultura por otra… Lo que sí veo mal es que le demos la espalda a nuestra idiosincrasia para aparentar lo que no somos…

¿Cuáles son las mayores satisfacciones que le ha dado tocar la gaita, además de conocer Irlanda?

Conocer a muchas personas, músicos importantes que de otra forma solo hubiese visto en un video. Que esos músicos de experiencia se sentaran a tocar conmigo como si fuera un irlandés más. Y, bueno, principalmente, conocer a mi esposa; la conocí en un festival y gracias a eso hice mi familia. Conocer a mi gran maestro Gay McKeon, que hasta ahora siempre me ha respondido… La posibilidad de tocar en casa del presidente de Irlanda… Son cosas que uno no se imagina, el otro día estaba sentado en el portal de mi casa y hoy estoy tocando para el presidente de Irlanda. Es algo que no ocurre siempre, ni siquiera allá…

En el festival Willie Clancy Summer School, durante el concierto de los gaiteros.

Ya me lo ha ido diciendo, pero ¿cuáles son las dificultades más concretas que tiene ser gaitero en La Habana?

Los instrumentos. Muchas veces nosotros mismo hemos tenido que hacerlos. La gaita gallega que tengo la hicimos Juan Carlos Prado y yo. Con la gaita gallega tengo planes, en un futuro, gracias a Gay McKeon que nos ha dado todos los planos y los detalles del instrumento, de empezar su fabricación aquí, para abastecernos nosotros mismos. Y el que venga a estudiar, que se sacrifique como lo hemos hecho todos.

¿Cree realmente que exista un público para esta música en Cuba?

Pienso que sí. He estado en algunas peñas y se ve que hay gente que le gusta.

¿Cuáles son sus referentes dentro del género?

Son muchos. La música tradicional con la que me nutro son gaiteros viejos, la base. Este tipo de música no se aprende en la escuela, se aprende de oído: el señor mayor, sentado en un bar o en su casa, enseñándole a su hijo o a su nieto. Por eso son músicos que mayormente se conocen dentro del mundo de la música tradicional. Mi maestro no puede faltar; Liam O’Flynn, recientemente fallecido, con quien tuve la oportunidad de tocar en concierto; Leo Rowsome; WillieClancy…

¿Por qué recomendaría escuchar este tipo de música?

Es relajante. A mí me libera. No es lo mismo escucharla que interpretarla, …cuando la escuchas te saca del planeta, pero cuando la estás tocando, mucho más… Te transporta a esas tierras de Irlanda, que son preciosas.


La escritora Gina Picart escribió en 2011, a raíz de la segunda edición del CeltFestCuba:

«…la formación académica no es imprescindible para un músico, y no impide ser músico a quien carezca de ella. Se nace músico, y quien no tenga ese gen, que es como un regalo de los dioses, podrá arrastrarse la vida entera por las mejores academias del mundo, pero nunca será un verdadero artista. Lo único que impide a un músico serlo es la carencia de un instrumento.»

En la actualidad Alexander forma parte de la excelente banda cubana de metal melódico y folk, Saloma.

Saloma

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