Cernunnos es el nombre que le dan, sobre todo los estudiosos, a un arquetipo de dios celta con cuernos. Sus representaciones del período galorromano han sido encontradas tanto en la Galia como en la península ibérica. Generalmente aparece sentado con las piernas cruzadas, usando o sosteniendo un torque y rodeado de animales entre los que destaca la serpiente cornuda.
A pesar de que se ha vuelto un símbolo muy popular entre los neopaganos, lo cierto es que no hay textos, ni historias, ni ningún tipo de certeza sobre la identidad o importancia de una deidad llamada Cernunnos. De hecho, existe una sola evidencia escrita del nombre en el Pilar de los Nautae, una columna romana erigida en Lutecia (París actual) en honor a Júpiter, por un gremio de marineros del siglo I d.C. Bernard Maier, en su Dictionary of Celtic Religion and Culture (2010), afirma que la etimología de Cernunnos no está clara, pero parece tener sus raíces en la palabra celta para “cuerno” o “asta”.
El monumento de los Nautae, descubierto en 1710 dentro de los cimientos de la catedral de Notre-Dame de Paris, contiene bajorrelieves con representaciones etiquetadas con los nombres de varias deidades romanas como Júpiter, Vulcano y Castor y Pollux, junto con deidades galas como Esus, Smertrios y Tarvos Trigaranus. El nombre Cernunnos, que se podía leer claramente hasta el siglo XVIII, hoy en día ha perdido la letra inicial. Aquí el dios aparece como un hombre mayor, calvo, barbado, con orejas animales, dos cuernos y dos sendos torques colgando de cada uno.
Además de este monumento, existen otras dos inscripciones en Luxemburgo y en Italia donde se menciona a Ceruninco y a Carnonos respectivamente, asumidos como la misma deidad.
El Caldero de Gundestrup, un recipiente ritual hallado en Himmerland, Dinamarca, en 1891, posee la que tal vez sea la imagen más famosa de Cernunnos. Fechada unos siglos antes que la columna romana, presenta al dios rodeado de animales, por lo que muchos eruditos lo han descrito como un Señor de los animales y de lo salvaje, un dios pacífico de la naturaleza y la fecundidad, quizá vinculado con el chamanismo. Otros académicos han estudiado la simbología de los animales que aparecen a ambos lados de la figura central y lo han interpretado como una suerte de mediador entre los opuestos.

El Pilar de los Nautae lo vincula con los marineros y con el comercio, lo que sugiere que también estaba asociado con la riqueza material. Otras representaciones que apoyan esta idea son los Cernunnos de Reims, en Francia, donde aparece con una enorme bolsa de granos o monedas, flanqueado por Apolo y Mercurio.

Existen muchas otras representaciones por toda Europa que se han interpretado como Cernunnos, y ello contradice o constituye una excepción a la creencia bastante común de que los celtas solo comenzaron a imaginar a sus dioses en forma humana después de la conquista romana de la Galia. El “dios cornudo” celta, aunque está bien documentado en la iconografía, resulta muy difícil de estudiar porque no aparece en las fuentes romanas, ni siquiera parece haber recibido la famosa interpretatio (asimilación de los dioses extranjeros que hacían los romanos, homologándolos con sus propios dioses), tal vez por ser demasiado distintivo. Aun así, Cernunnos ha sido comparado funcionalmente por los eruditos con figuras divinas griegas y romanas como Mercurio, Acteón, algunas formas de Júpiter y Dis Pater.
Cernunnos, el dios de las brujas
Después del gremio científico, los más interesados en Cernunnos han sido los practicantes de las nuevas religiones de los brujos y las brujas, principalmente la Wicca.
A finales del siglo XIX, marcado por el nacimiento de la teosofía y el espiritismo, probablemente haya sido Charles Godfrey Leland con su “Aradia, el Evangelio de las Brujas” (1899), quien dio inicio a un nuevo boom: el de redescubrir la antigua religión de las brujas. Leland ya había presentado al arquetipo de la Diosa en Aradia, pero había dicho poco o nada del Dios. Era el turno de Gerald Gardner, el genio que mezcló la tradición femenina de la brujería con un poco de la magia ceremonial, preminentemente masculina, que venían practicando ordenes masonas y rosacruces como la Hermetic Order of the Golden Dawn (1888). Para introducir al Dios, Gardner echó mano de la obra de la egiptóloga, arqueóloga, antropóloga, historiadora y folklorista Margaret Alice Murray, que se movía en el campo de la ciencia. Según su teoría, notablemente feminista, las brujas que perseguía la iglesia eran en realidad practicantes de una antiquísima religión que adoraba a un dios cornudo, el “dios de las brujas”. Murray asegura que ha existido un culto ininterrumpido a este ser desde el paleolítico hasta la actualidad y toma como punto de partida para sus deducciones la famosa pintura rupestre conocida como el “Hechicero”, que se encuentra en la gruta Trois Frères, en Francia. Sus conclusiones no se basaron en la pintura real sino en la popular reproducción del sacerdote católico Henri Breuil, que muchos consideran inexacta. El resto de argumentos de Murray son igual de endebles y han sido rebatidos por la ciencia moderna.

Sobre Cernunnos, Murray escribe en su libro El Dios de las Brujas (1931):
«Sólo cuando Roma inició su carrera de conquista se hicieron registros escritos de los dioses de la Europa occidental, y estos registros muestran que una deidad cornuda, a la que los romanos llamaron Cernunnos, fue uno de los más grandes dioses, tal vez la suprema deidad de las Galias, y su nombre significa sencillamente: “el cornudo”.
» En el norte de las Galias su importancia se manifiesta en el altar descubierto debajo de la catedral de Notre Dame, en París. La fecha del altar es indudablemente de la era cristiana; en tres lados pueden verse figuras de dioses menores representados como pequeños seres, y en el cuarto lado se encuentra la cabeza de Cernunnos, que es de proporciones enormes si se lo compara con las otras figuras. Tiene cabeza de hombre y, como la figura de Ariége, lleva astas de ciervo decoradas con anillos; éstos pueden ser aros de mimbre o anillos de bronce, que servían de monedas. Como su prototipo paleolítico, es barbado.
» Este altar muestra que, de acuerdo con las ideas artísticas romanas, el hombre divino no iba enmascarado; lleva los cuernos y sus apéndices fijos en la cabeza. El altar parece haber sido dedicado en un templo tan sacro que el sitio fue reutilizado como templo principal de la nueva fe. Hay testimonios escritos de Cernunnos, y se le puede ver en esculturas del sur de las Galias, en la parte misma en que ha sobrevivido en una pintura paleolítica. Es sumamente improbable que el culto al dios cornudo hubiese muerto en el sudoeste de Europa en tiempos neolíticos y que permaneciera desconocido durante las edades del Bronce y del Hierro, sólo para revivir antes de la llegada de los romanos. Más lógico parece suponer que el culto continuara durante aquellos siglos no registrados y siguiera siendo uno de los cultos galos principales hasta ya entrada la época cristiana.»
Ahora bien, Murray era seguidora de George Frazer (La Rama Dorada, 1890) y su mito omnipresente del dios que muere y resucita. Según Frazer, muchos de los ritos y costumbres que perviven en la Europa decimonónica se basan en la muerte o resurrección de un dios o espíritu de la vegetación.
Los rusos Toporov, Ivanov y Meletinski dicen lo siguiente en su diccionario Árbol del Mundo, en la entrada para “Dios que muere y resucita”:
«Como personaje principal de mitos … aparece en hostilidad con el dragón, el demonio ctónico o la deidad que personifica las fuerzas destructivas de la naturaleza …, o bien algún error voluntario o involuntario provoca la ira de la diosa-madre o de su pareja divina … Como resultado del conflicto, el dios héroe del mito perece …, desaparece …, sufre una derrota temporal, pierde algún órgano vitalmente importante … En busca del dios (o en su ayuda) parte la hermana, la madre, la esposa, más raramente el hijo u otro pariente. Ellos hablan al dios, lo devuelven a su morada o lo resucitan; al mismo tiempo el dios, solo en compañía de estos, da muerte a su adversario demoníaco …
» Por lo regular, es propia de los dioses que mueren … y resucitan … una semántica natural, agrícola …»
En resumen, lo que está mal con la teoría de una religión brujeril sobreviviente no son los elementos que la conforman, sino la forma arbitraria y seudocientífica en que han pretendido relacionarlos. Incluso el mago y escritor ocultista francés Eliphas Lévi, fue más certero al crear su Baphomet como una alegoría de la sabiduría negada y perseguida por la iglesia, en lugar de apresurar argumentos antropológicos mal documentados. Es cierto que hay dioses antiguos y religiones olvidadas detrás de cada símbolo y de cada canto, pero no todos tienen que relacionarse entre sí y es muy poco probable que hayan llegado intactos a nuestros días.
El hecho es que para 1954 todo estaba listo para que Gerald Gardner presentara su Wicca al mundo. La Diosa y el Dios por fin se habían encontrado, ella era Aradia, él era Cernunnos, pero tenían muchos otros nombres.

En la Wicca, el Dios Cornudo representa la parte masculina de un sistema teológico duoteísta, es el consorte de la diosa Triple femenina de la Luna u otra forma de la diosa Madre. Se le asocia con la naturaleza, lo salvaje, la sexualidad, la caza y el ciclo de la vida. Puede ser representado de muchas formas: como Dios Sol; como Dios Sacrificado; como Espíritu de la Vegetación, también conocido como Hombre Verde; incluso como Líder de la Cacería Salvaje. Ha recibido nombres tan variopintos como Janicot, Karnayna, Atho, Tubal-Caín, Bran, Wailand, Herne, Diano, Fauno, Cern, Acteon y Pashupati. Según Doreen Valiente, quien fuera alta sacerdotisa de Gardner, el Dios Cornudo también lleva las almas de los muertos al inframundo.
El ciclo de las estaciones o Rueda del Año observada por los wiccanos narra la relación entre el Dios Cornudo y la Diosa Triple. Generalmente se considera que el Dios nace de la Diosa en Yule, crece en poder en el equinoccio de primavera y la Diosa regresa a su aspecto de Doncella. En Beltane, el Dios corteja y fecunda a la Diosa. En Lughnassadh, el Dios comienza a menguar su poder e influencia y muere o entra al inframundo en Samhain, para renacer nuevamente de la Diosa en Yule, cuando ella pasa de madre a anciana.
El Libro de las Sombras de Gerald Gardner y Doreen Valiente recoge la siguiente invocación:
Gran Dios Cernunnos desciende a la tierra entre nosotros
Responde a mi llamada y muéstrate ante todos.
Pastor de los cabríos por senderos montañosos
Conduce tu rebaño del anochecer al día luminoso.
Olvidados han sido los senderos del sueño y la noche
El hombre los busca más con ojos de murciélago.
Abre la puerta sin llaves ni cerradura
El onírico portal que a Ti conduce.
Oh! Pastor de los cabríos yo te lo ruego respóndeme.
Akhera goiti-akhera beiti!
Scott Cunningham recomienda en su Guía Para la Práctica Individual de la Wicca de 1981:
«Al levantarse por la mañana, no importa cuán tarde sea, quédese de pie ante el Sol (a través de una ventana si es necesario, o al aire libre si es posible) y báñese en su energía. Piense en el Dios. Visualícelo como quiera. Puede ser un poderoso guerrero musculoso, irguiendo una lanza en una de las manos mientras que en la otra lleva a un niño o un racimo de uvas cubierto de rocío.
» Puede desear entonar nombres del Dios, como Cernunnos, Osiris, Apolo, así como hacía con la Diosa.»
Conclusiones
De esta manera ha llegado a nuestros días el Dios Cornudo, con muchas caras y nombres. Cada cual es libre de adoptarlo con las características que prefiera, él siempre nos complacerá. La recomendación es no engañar y no engañarse creyendo que nuestra fe es exactamente la misma que la de hombres y mujeres de hace siglos, como si esa fuera la única manera de validarnos, como si no nos mereciéramos un Cernunnos propio.