En un grupo de WhatsApp al que me uní hace poco, uno de sus miembros compartió esta imagen como supuestos símbolos eslavos antiguos. La verdad es que son símbolos letones y los letones son un pueblo báltico, no eslavo, distinción que se realiza teniendo en cuenta la rama de la antigua lengua indoeuropea que hablaba o habla cada grupo.

El hecho es que me puse a buscar referencias serias sobre estos símbolos y encontré la página oficial de una banda de metal pagano que me sorprendió muchísimo. Como muchos proyectos musicales de su mismo corte, la banda letona SKYFORGER aboga por salvaguardar la identidad nacional y en particular, su espiritualidad precristiana. Sin embargo, a diferencia de otros, estos músicos parecen entender la compleja situación de la mitología local, perdida, distorsionada y falseada en distintos momentos de la historia de su país y NO se lanzan a inventar dioses y criaturas a troche y moche, imputándoles una antigüedad que no tienen.
Ellos reconocen que “desafortunadamente, la mitología letona no es un tema que hasta ahora se haya investigado a fondo, y no es probable que lo sea alguna vez, dejando gran parte de las creencias del pasado en el misterio”.
En un apartado especial sobre mitología en su página oficial, SKYFORGER hace un breve, pero muy útil recuento para que alguien tan lejano y tan ajeno como un cubano, pueda entender esta realidad.
Paganismo vs cristianismo
La mayoría de informes sobre el antiguo paganismo letón son posteriores al siglo XIII y a la cristianización, por lo que son consideradas fuentes secundarias y poco confiables. Estos materiales a veces son imprecisos y contienen errores, fabricaciones y distorsiones derivadas de una cosmovisión cristiana. En realidad, la mitología de los tres pueblos bálticos es muy semejante, así que letones, lituanos y prusianos casi tienen los mismos dioses con algunas variaciones de nombre, género o función. En toda la región el cristianismo se posicionó con dificultad y nunca erradicó del todo las viejas costumbres.
Un ejemplo de esta resistencia fueron los livonios de Turaida, un grupo étnico de Letonia y Estonia. En la Crónica de Enrique de Livonia, escrita a principios del siglo XIII, se cuenta que estos hombres acusaron al misionero católico Teodorico de una racha de lluvias que los había inundado, mientras él gozaba de buena cosecha. Los livonios lo maldijeron y querían sacrificarlo, pero para estar seguros de que esa era la voluntad de sus dioses, decidieron averiguarlo mediante el “caballo del destino”, un oráculo que también empleaban los eslavos adoradores de Triglav y Svantevit. Colocaron una lanza en el suelo e hicieron que un caballo pasase sobre ella; la pata derecha del animal, considerada la “pata de la vida”, fue la primera en llegar al otro lado, lo que salvaba al clérigo de la muerte. Sin embargo, el mago de los livonios, desconfiando de aquella suerte, aseguró que había un dios cristiano montado en el caballo y dirigiendo sus pasos, es decir, haciendo trampa, así que limpiaron el lomo del animal para purificarlo de aquella influencia y repitieron el proceso. El resultado fue el mismo y finalmente no hubo sacrificio. Su convicción era tanta, que incluso en 1207, cuando los letones de Imera no tuvieron más remedio que convertirse al cristianismo, antes consultaron a sus dioses paganos para que les ayudaran a escoger entre el bautismo ortodoxo ruso o el católico romano.

Paganismo vs comunismo
Después de la Primera Guerra Mundial, Letonia se independizó de Rusia en 1918 y volvió a ser anexada, esta vez a la Unión Soviética, en 1940. Durante esas décadas de soberanía, los intelectuales letones interpretaron su mitología con un sentimiento muy romántico y patriótico, sin ocuparse demasiado de la veracidad histórica. Varias ideas y personajes que habían sido inventados por poetas del siglo XIX y más que se inventaron para la ocasión, recibieron el tratamiento de una herencia ancestral; sin contar las importaciones extranjeras. Otra poderosa fuente de distorsión producto del nacionalismo fue el movimiento “letón blanco” y la religión popular Dievturība, fundada por Ernest Brastins y Karlis Marovskis-Bregzis en 1925. El cristianismo siempre fue considerado extranjero y ello hizo posible el éxito de esta supuesta forma reconstruida de la antigua religión, que afirma que los letones de antaño eran monoteístas y que los diversos seres mitológicos son aspectos de un solo Dios.
Durante el régimen soviético, se promovió ampliamente la idea de que los letones nunca habían tenido una religión o culto pagano, que nunca habían tenido sacerdotes o lugares sagrados. Se prohibió la investigación y los que aun así continuaron estudiando, se enfocaron casi únicamente en las dainas, antiguas canciones populares que habían sobrevivido.
Ernest Brastins fue deportado a un campo de trabajo soviético en 1941 y ejecutado en 1942, y otros líderes fueron deportados a Siberia o emigraron a Occidente. No fue hasta la década de 1970 que aparecieron los modernos grupos neopaganos, panteístas, menos uniformes, menos dogmáticos, interesados en la protección de la naturaleza y el patrimonio cultural, y más abiertos a la influencia de otras tradiciones. Dievturība, que reanudó sus operaciones en Letonia justo antes de la restauración de la independencia en 1990, es la única religión pagana oficialmente reconocida en el país y tenía más de 600 seguidores a principios de 2000.
La mitología de Letonia
En este contexto nació y creció lo que se puede llamar mitología letona. Al igual que otras de la región, se trata de una mezcla de nombres y restos arqueológicos, crónicas mal contadas por los misioneros cristianos, la imaginación de intelectuales nacionalistas y fanáticos religioso y, por último, un cúmulo de canciones tradicionales y cuentos de hadas de los que no se recuerda del todo bien sus significados. A continuación, haremos un breve recorrido por los eclécticos salones del paganismo y el neopaganismo letón.
Entre los investigadores parece haber consenso en que el cielo de la mitología letona es Debeskalns (“Montaña del cielo”), Oļu kalns (“Montaña de guijarros”), Sudraba kalns (“Montaña de plata”) y Ledus kalns (“Montaña de hielo”), cuyos adjetivos probablemente se refieren a la nieve y/o las estrellas. También se ha sugerido que la deidad creadora Dievs (Dios) es un símbolo del cielo como tal. Las deidades celestes tienen “allá arriba” sus granjas y su ganado como los hombres los tienen en la tierra.
Podría hablarse de seis niveles en la estructura jerárquica de los dioses y otros seres de la mitología letona:
- Deidades cósmicas (Saule, Meness, Auseklis, Rieteklis).
- Deidades del orden, el cielo, el inframundo y el caos (Perkons, Dievs, Velns y/o el Diablo).
- Deidades del destino (Laima, Kārta, Dēkla).
- Deidades de la fertilidad, los animales, las fuentes, las flores, los campos, las llanuras y las montañas, etc. (Jānis, Māra, Ūsiņš, Cereliņš, Lauma, Jumis).
- Madres de la naturaleza (Madre del bosque, Madre del mar, Madre del viento, Madre de los muertos, Madre de la tierra, etc.).
- Fantasmas, espíritus y demonios.
En su página, SKYFORGER ofrece una lista explicada de las principales deidades.

DIEVS, DIEVIŅŠ (Dios) (Dievas en lituano)
Se dice que el nombre letón Dievs (“Dios”) originalmente significaba “Cielo”. Después de la conversión al cristianismo, este mismo teónimo fue empleado para designar al Dios de la Biblia. Dievs es el creador de todo: el universo, la Tierra, los humanos y los animales, así como de las reglas que todos deben cumplir. A menudo toma la forma de un hombre viejo y canoso que camina por el mundo observando a sus criaturas, ayudando a los buenos y castigando a los malos. Otras veces se describe como un jinete de pelo y capa gris, armado con una espada.
Dievs es visto como un deus otiosus, es decir, un dios que se retira, abandona a su creación después de terminada y se involucra poco o nada en su desenvolvimiento posterior.
La contraparte femenina del padre Dievs es Zemen mate, la Madre tierra, quien podría verse representada en una divinidad mucho más joven y polémica como Mara.
SAULE (Sol) (Saulė en lituano)
Ella es la dadora de luz y calor y la controladora del tiempo humano. El Sol es el gobernante del cielo, a menudo descrito como una mujer/madre, vestida de oro, mientras cabalga sobre el cielo en un carro tirado por dos potros amarillos. Las canciones dicen que el Sol se casa con la Luna, pero se pelean y la boda se rompe.

Asegura la fertilidad de la tierra y es guardiana de los desafortunados, especialmente de los huérfanos y los pastores jóvenes. Su camino la lleva a través de la montaña del cielo hacia el mar, que a veces se interpreta como una extensión del cielo o del océano cósmico.
El mar y otros cuerpos de agua, incluidos los ríos, parecen marcar el límite entre los mundos. Las palabras lituana y letona para “el mundo” (pasaulis y pasaule) se traducen como “un lugar bajo el sol”; así, el mundo de los vivos se conoce como “este sol” y el de los muertos como “ese sol”. Parece que Saule está estrechamente relacionada con el concepto de la muerte y es quien lleva las almas hacia el otro mundo.
Existen varias prohibiciones o tabués asociados con el Sol, por ejemplo, si alguien trabaja después del atardecer, entonces no tendrá bendiciones. Los juicios y las disputas debían resolverse antes de la puesta del Sol.
Saule se menciona en la Chronographia de Juan Malalas, del siglo XIII.
MĒNESS (Luna) (Mėnuo en lituano)
La Luna es el dios de la noche, originalmente también el dios de la guerra. De manera similar al Sol, la Luna controla el tiempo humano.
A menudo se muestra como un guerrero majestuoso en un caballo blanco, vestido con una capa cubierta de estrellas, a su lado una poderosa espada. Es el jinete del cielo nocturno.
A veces Meness le es infiel a Saule, su esposa, cortejando a la hija de ella. Después de algunas advertencias, Saule o Perkons, según la versión, lo parte en dos con una espada, dando origen, tal vez, a las fases de la luna. Este se considera el “mito fundamental” de la mitología letona y báltica en general.
PĒRKONS (Trueno) (Perkūns o Perkūnas en lituano)
Es equivalente al Perkunas lituano, Perun eslavo, Perkele finés y Thor nórdico. Dios de la justicia, la fertilidad y la guerra, el gran enemigo del Diablo. Castiga el mal, envía lluvia a los cultivos y ayuda a los soldados en batalla. Tradicionalmente se le muestra como un hombre barbudo y sombrío en un semental negro o dorado. Entre sus armas se mencionan el hacha de guerra, la espada, el cuchillo, la clava y el látigo.
A menudo se le llama “herrero celestial” (de ahí SKYFORGER), cuando hace que los relámpagos llenen el cielo y los truenos sacudan la tierra. Sus hijos simbolizaban varios aspectos de las tormentas eléctricas y sus hijas varios tipos de lluvia. Fue él quien hizo al sol y también es el encargado de hacer espadas para los hijos de Dios y coronas para las hijas de Saule.
Se le ofrecían sacrificios de terneros negros, cabras y gallos, especialmente durante las sequías. Todos acudían a estos eventos para comer y beber juntos, tras verter cerveza en el suelo o en el fuego en su honor. Para prevenir las tormentas y dispersar las nubes le ofrendaban alimentos cocinados antes de cada comida y se colocaban panales en las hogueras.
La información sobre Perkons la podemos obtener casi exclusivamente de las dainas tradicionales, aunque existen testimonios del culto a su homólogo Perkūnas en la Crónica de Juan Malalas (1261) y en la Crónica Rimada de Livonia (alrededor de 1290) entre otros.

VELS, VELLS, VELNS, VELINS (Diablo) (Velnias en lituano)
El dios de la oscuridad, los muertos y todo lo que hay debajo del suelo. Más tarde, bajo la influencia del cristianismo, se convirtió en el Diablo. Probablemente también se le conociera como protector del ganado.
En el folclore letón el Diablo (también llamado Jodo y Jupi) es crédulo y fácil de engañar, no solo por Dios, sino por cualquier persona. En los cuentos de hadas y las canciones populares trata de engañar a la gente, pero siempre es él quien resulta burlado. El Diablo simboliza el desorden de la vida material; Dios es la vida espiritual, la sabiduría, el orden y la creatividad. El Diablo letón tiene cola de vaca, patas de cabra y cuernos de carnero. Las leyendas también mencionan que participó en la creación de la tierra y en la formación del hombre.
A veces se identifica a Vels con Peckols y Patollo, que son uno o dos dioses prusianos, el dios del infierno y la oscuridad y el espíritu o demonio del aire respectivamente, según el Libro Sudoviano (1520), de donde se ha extraído gran parte de la mitología prusiana.
LAIMA (Laima en lituano)
Laima es la diosa del destino, formando un trío con otras dos: Karta y Dekla, al estilo de las Parcas o las Nornas. Laima determina el destino de los hombres, está presente al nacer y en otros momentos importantes de la vida. A menudo es retratada como una mujer con un atuendo magnífico, ya sea caminando junto a Dios o tejiendo las redes del destino en una rueca.
Algunos piensan que otra deidad llamada Mara usurpó muchas responsabilidades de Laima sobre la fertilidad. Lo cierto es que a Laima se la adora y se le reza en las casas de baño, donde las mujeres van a dar a luz.

DIEVA DĒLI y SAULES MEITAS (Hijos de Dios e Hijas del Sol)
La mayoría de las veces se mencionan en referencia a celebraciones y eventos que tienen lugar en el cielo, especialmente los matrimonios. A veces intervienen en la vida de los humanos. Puede que alguna vez hayan sido la personificación de las constelaciones. En la mayoría de los casos, dos hijos de Dios se mencionan juntos, representados como jinetes magníficamente vestidos. Las hijas del Sol son representadas como jóvenes vestidas de oro y plata.
JĀNIS (similar a John)
Es un dios muy polémico por su nombre, que indica una posible relación cristiana con Juan el Bautista, aunque también puede que sea de origen letón. Janis es la personificación del solsticio de verano: es entonces cuando llega a este mundo, tal vez como un avatar masculino del Sol. A menudo es llamado “el hijo de Dios”. Se le representa como un joven jinete empuñando una espada. Está estrechamente relacionado con el agua y el fuego
ŪSIŅŠ
Usins fue originalmente el dios de la luz y las flores. Probablemente fuera una personificación del equinoccio de primavera. Está estrechamente relacionado con los caballos y las abejas. Sus caballos son los que transportan al sol y son símbolos de su calor vivificador y de fertilidad masculina. Es representado como un jinete con barba.
Durante la cristianización, Usins se convirtió en Juris, es decir, San Jorge, celebrando su día el 23 de abril (6 de mayo en el calendario juliano). Los campesinos, que tradicionalmente encomendarían sus caballos a Usins, este día los amarrarían en el campo de labranza para augurar una buena cosecha. Luego el dueño de la tierra abriría el primer surco completamente desnudo y sin mirar atrás. Continuaban fiestas y el sacrificio de un gallo negro. Todo acompañado de canciones populares dedicadas a Usins.

MĀRA, MĪĻĀ MĀRA (Mara, Querida Mara o Santa Mara) (Žemyna en lituano)
El nombre de Mara también ha dado lugar a cierta controversia porque algunos estipulan que podría ser una versión letona de María Madre de Dios. Aun así, las funciones atribuidas a Mara en las canciones populares no coinciden con las de la Virgen.
En realidad, su nombre no aparece en ninguna de las antiguas listas de dioses letones. Solo en 1606 el jesuita Peter Joannis Stribingius mencionó a Māršu (Deo Moschel), un dios del ganado al que ofrendaban leche, queso y mantequilla en un árbol sagrado.
Mara es conocida como la Madre Tierra, protectora de las mujeres, estando presente junto con Laima en el parto. También protege al ganado. A menudo se representa como una serpiente negra o como una mujer vestida con ropas muy sencillas.
Es la patrona de todos los deberes femeninos y las actividades económicas (“Dios hizo la mesa, Māra hizo el pan”, se suele decir), el dinero y los mercados. Es la dueña del mundo material, por eso participa en el nacimiento y toma el cuerpo de las personas después de su muerte, mientras que Dievs se hace cargo del alma.
Además, existe una gran cantidad de diosas madres que son sus subordinadas, una por cada objeto o fenómeno natural. Por ejemplo: Madre del Viento, Madre del Bosque, Madre del Mar, Madre del Campo, Madre del Camino, etc. El culto a las matronas era común en todo el mundo indoeuropeo.

Veļu māte, Madre de los espectros o Madre de las tumbas, es una de las matronas más importantes y la más temida. Ella custodia las llaves del reino subterráneo. Mientras que la Madre de la tierra le da al difunto un recibimiento amable, ella se regodea en su desgracia y baila sobre su tumba. Incluso es capaz de matar ella misma a sus víctimas.

AUSEKLIS (Aušrinė en lituano)
Personificación de la estrella de la mañana que, a diferencia de su equivalente lituana (la femenina Aušrinė) es representado como un hombre joven montando un caballo. Se lo menciona casi exclusivamente en las dainas tradicionales como uno de los Dieva dēli (Hijos del Sol). En el drama de la boda celeste, suele ser el primer novio de Saules Meita (Hija del Sol).
Auseklis también es el nombre de la estrella de ocho puntas, una de las cruces de Lietuvēns (un espíritu malévolo). La otra cruz de Lietuvēns es el pentagrama, que simboliza a Venus en otras culturas. Ambos signos tuvieron que ser dibujados sin levantar la mano para asegurar que la protección fuera efectiva.
JUMIS
El dios de la fertilidad, relacionado con el campo y la semilla. Encontrar a Jumis significa felicidad, riqueza. Jumis es el principal objeto de los rituales de cosecha.
Jumis es responsable de la productividad, por lo que el folklore menciona un Jumis de cebada, un Jumis de centeno, uno de lino, uno de nuez y otros, y cada uno de ellos tiene sus propias características, sus propios rituales.
Jumis se representa de verde y amarillo, su atuendo está hecho de plantas, es pequeño, viejo y barbudo. En la naturaleza se le puede ver como dos espigas en un mismo tallo, dos nueces, dos flores, dos hongos o dos manzanas juntas, incluso como un huevo con dos yemas. Cualquiera de estas anomalías dobles puede provocar el embarazo de una mujer que las ingiera.
Se pensaba que Jumis vivía en los campos de cultivo y, por tanto, en Miķeļi, durante la cosecha se cantaban canciones pidiéndole que se escondiera en el último grano. Las últimas espigas eran amarradas en un fardo y dejadas allí para él. Otra práctica relacionada era hacer coronas con espigas de cereales que se guardarían hasta el próximo año, cuando sus semillas serían las primeras en sembrarse. Por lo general, se intentaba usar tallos con dos espigas de Jumis en estas coronas.
La concepción del mundo y las criaturas que lo habitan
En el camino del Sol, dentro o junto al agua, a menudo en una isla o roca en medio de los mares, se cree que está el Austras koks (árbol del amanecer), el árbol del mundo o axis mundi. Generalmente se lo describe como un árbol, pero puede ser una variedad de otras plantas o incluso objetos. Este árbol está relacionado con los mitos de bodas celestiales en los que los Dieva dēli, Auseklis o Pērkons cortejan al Sol o a su hija. Las deidades masculinas espían a la deidad solar en el árbol del mundo, le preparan un baño, se burlan de ella, etc. Finalmente, es secuestrada y casada. Esto enoja a Pērkons, que golpea el árbol del mundo. Este mito de la boda está extendido por toda la mitología báltica y siempre incluye a los mismos personajes con algunas variantes en sus roles. Su principal fuente de estudio son las canciones populares.
El mundo de los muertos se llama Aizsaule o Viņsaule. A diferencia del infierno cristiano, es muy similar al mundo de los vivos. Sus entradas se encuentran en bosques, pantanos, ríos, cementerios, cuevas, debajo de las rocas y en el mar. Velns o el Diablo es quien lo gobierna. Una procesión fúnebre dirigida por una persona armada con un hacha acompañaba el cadáver a su lugar de enterramiento para protegerlo de otras almas en pena. Junto al cuerpo se enterraban algunos artículos que le servirían para comerciar y ganarse la “vida” en el más allá, también se le ofrendaba pan y cerveza.
Se creía que los muertos, también llamados Veļi (Iļģi, Dieviņi, Pauri) a veces regresaban para reclamar la vida de otras personas, otras almas. Los Veļi visitaban sus antiguas casas durante el otoño, desde Miķeļi (29 de septiembre) hasta Mārtiņi (10 de noviembre). En ese tiempo se realizaba el “festín de almas”. La casa estaría limpia y se pondría una mesa con comida. Un anciano realizaría la invitación llamando por sus nombres a los muertos que alguna vez vivieron en la casa. En su discurso, tal vez los regañaría por no haber protegido el hogar lo suficientemente bien y les pediría que lo hicieran mejor el año próximo. Después de la comida, las almas serían expulsadas y la casa se limpiaría otra vez cuidadosamente, asegurándose de que no quedara ningún rezagado. Las ofrendas también podían hacerse en la casa de baño, en el granero o en el propio cementerio.
Las creencias letonas en espíritus malignos probablemente son un producto directo de la caza de brujas de los siglos XVI y XVII. Los burvji, burtnieki (magos) o raganas (brujas) podrían haber sido practicantes de medicina popular.
Laumas y spīganas también son términos para brujas o espíritus femeninos. Lauma puede ser una confusión de la diosa Laima, relacionada con el destino y el nacimiento. Más tarde se convirtió en una bruja malvada que roba niños, provoca pesadillas y estrangula a los durmientes. Con la ayuda del Diablo, estos seres podían convertirse en otros o tener espíritus malignos que les sirvieran. Las brujas y hechiceros podían abandonar sus cuerpos como espíritus, pero en tal caso podían ser vencidos volteando los cadáveres para que sus almas no encontraran el camino de regreso.
Se supone que las brujas robarían leche empleando sapos y serpientes que la chuparían de la ubre de una vaca y luego la regurgitarían a su orden.
También existen informes sobre hombres lobo (vilkači, vilkati). Generalmente el cambio no implicaba la ayuda del Diablo, sino más bien un ritual que a menudo requería desvestirse. El hombre lobo dejaría su ropa y no podría regresar a ella si alguien la tocaba. Hay informes contradictorios sobre a qué fuerzas servían. Según algunos servían al Diablo y vigilaban las entradas al infierno, para otros eran “perros de dios” que defendían las cosechas de la acción de brujas y hechiceros.
Mircea Eliade, el gran historiador de las religiones, escribió lo siguiente en el tercer volumen de su Historia de las creencias y las ideas religiosas:
«Entre los baltos, al igual que en otros muchos sitios, las autoridades eclesiásticas estimaron que las técnicas extáticas y las prácticas mágicas estaban inspiradas por el diablo. Pero el éxtasis y el teriomorfismo extático constituyen de ordinario una operación religiosa (o de «magia blanca»); en efecto, el chamán adopta la forma de un animal para combatir a los malos espíritus. Entre los lituanos está atestiguada una creencia semejante en el siglo XVII: acusado de licantropía, un viejo reconoció ser un duende, y que las noches de santa Lucila, Pentecostés y San Juan, marchaban a pie él mismo y sus compañeros, transformados en lobos, hasta «el extremo del mar» (es decir, el infierno) y que allí libraban un combate contra el diablo y los hechiceros. Los duendes, explicaba el viejo, se transformaban en lobos y descendían al infierno para rescatar los bienes robados por los hechiceros: ganado, trigo y otros frutos de la tierra. A la hora de la muerte, el alma de los duendes sube al cielo, mientras que las de los hechiceros son arrebatadas por el diablo. Los duendes son los «perros de Dios». De no ser por su intervención activa, el diablo habría devastado la tierra.»
Sin duda uno de los inventos más originales de esta mitología es el pūķis (dragón), un tipo de espíritu u otro ser relacionado con el fuego, tal vez una salamandra, que robaría granos y otras riquezas para su dueño, un hechicero. El pūķis sería rojo estando vacío y azul estando lleno de cosas robadas. El dueño lo mantendría en una habitación exclusiva para él, siempre limpia y cerrada, y lo alimentaría con la primera parte de cada comida. Si pūķis llegaba a sentir que no era lo suficientemente venerado, se volvía contra su dueño y quemaba la casa.
Lietuvēns es un demonio, generalmente el espíritu de alguien estrangulado, ahogado o ahorcado, o el alma de un niño muerto antes de tiempo y condenado a vagar hasta el momento en que realmente debía fallecer. Se lo describe como un niño pobre y hambriento que se mueve muy rápido. Acostumbra aparecer al mediodía o por la noche, pero siempre se va por el mismo lugar por el que vino, usualmente por el ojo de la cerradura o por un agujero o grieta en la pared.
Lietuvēns tortura a las personas y a los animales durante la noche, estrangulándolos y provocándoles parálisis del sueño. Para deshacerse de su ataque es suficiente mover la punta del pie izquierdo. Además, se supone que no tortura a animales y personas que nacieron durante el día.
Otra forma muy popular de rechazarlo es dibujar la llamada cruz de Lietuvēns o de Asuseklis, un pentagrama simple o doble, el símbolo de la estrella de la mañana y el triunfo de la luz sobre la oscuridad. Tales cruces se pueden ver a menudo en puertas, umbrales, ventanas, incluso en las uñas de las personas y las pezuñas de vacas y caballos. Es importante que la cruz se dibuje en un solo paso para que funcione y lo hará hasta que la borre la misma persona que la hizo.
También se puede tapar la grieta, el agujero o el ojo de la cerradura por donde entra Lietuvēns con un pedazo de madera moteada. Se debe cortar con la mano izquierda y llevarse a la casa con la parte más gruesa por delante. Esto debe hacerse durante la noche una vez que Lietuvēns ya está dentro. Cuando intenta irse por donde vino, no encuentra la salida y se convierte en una hermosa joven hasta que lo dejan libre, entonces huye y no regresa.
Es posible hacer que el alma de Lietuvēns descanse en paz enterrando sus restos en un cementerio.
Para proteger al ganado se le suele cortar la oreja derecha a los animales, pegarle objetos filosos y cortantes al cuerpo o embadurnarlos de grasa, de modo que no pueda montarlos o que quede atrapado, en este caso se golpea al espíritu con un palo de serval.
Vadātājs es otro fantasma o demonio. A veces se trata de una persona fallecida prematuramente y/o tratando de provocar una muerte semejante a la suya. Otras veces ataca a los viajeros impidiéndoles encontrar el camino. A menudo los lleva a un cuerpo de agua y los ahoga.
Los letones también contaron con sus propios espíritus domésticos: los Mājas gari (“espíritus de la casa”) o Mājas kungs (“dueños de la casa”), que vivieron y fueron adorados en los hogares. A veces eran animales sagrados. A menudo se les daba el primer bocado de cada comida. Los espíritus y las deidades eran venerados en lugares designados que solo podían visitarse en ciertas épocas del año. Se creía que visitarlos en otro momento traería una gran desgracia: la ceguera o la muerte, por ejemplo. Algunos animales eran considerados sagrados o eran muy temidos y por tanto estaba prohibido mencionar sus nombres, por lo que se utilizaba una gran cantidad de eufemismos para designarlos: a las serpientes se las comparaba con cuerdas o se las llamaba novias, mientras que el lobo era Juris o Ansis, el hombre, hermano o amigo del bosque.
Héroes y epopeyas
El poeta Andrejs Pumpurs (1841-1902) escribió el poema épico Lāčplēsis entre 1872 y 1887. Fue publicado en 1888, durante un gran festival de la cultura letona y ha llegado a convertirse en epopeya nacional.
Según la leyenda es el hijo humano de una osa de la que hereda su fuerza descomunal y también sus orejas de oso. Tenía tanta fuerza que en su infancia luchó con todos los osos de los alrededores con las manos desnudas y los hizo pedazos. De ahí proviene su nombre Lāčplēsis: “el que destroza osos”. Al crecer y hacerse más sabio, Lāčplēsis se convirtió en un gran héroe. Simboliza el defensor del pueblo letón, siempre dispuesto a luchar contra cualquier enemigo u opresor de su pueblo. En el poema, Lāčplēsis se enamora de Laimdota, se enfrenta al gigante estonio Kalapuisis (Kalevipoeg), lo derrota y después se alían para enfrentar al enemigo común, que son los misioneros alemanes encabezados por el sacerdote Dietrich. Además, Lāčplēsis logra liberar a la bruja Spīdala de su pacto con el Diablo.

El 11 de noviembre se celebra en Letonia el Día de Lāčplēsis en el que se conmemora a los héroes de la batalla de la liberación de Riga, que tuvo lugar el 11 de noviembre de 1919.
Por su parte, el escritor y folklorista Ansis Lerhis Puškaitis (1859-1903) fue el creador de la leyenda de Kurbads, otro héroe de fuerza sobrehumana, que, en este caso, nació de una yegua. El trabajo de la granja le parecía poca cosa, así que Kurbads se fue por el mundo a vivir aventuras y realizar hechos heroicos.
Tanto Andrejs Pumpurs como Ansis Lerhis Puškaitis declararon que se habían basado en antiguos mitos letones para crear sus obras, sin embargo, la mayoría de los eventos que describen son invenciones suyas.


Dievturība, el neopaganismo letón

Ernests Brastiņš y Kārlis Marovskis-Bregžis, los fundadores de Dievturība, la renacida religión letona, tenían ideas diferentes sobre el movimiento: Marovskis-Bregžis favorecía una práctica íntima, limitada a la familia o una comunidad pequeña, mientras que Brastiņš estaba a favor de la participación política y quería atraer a un gran número de personas. Eventualmente Marovskis-Bregžis abandonó la causa y Brastiņš, que además de artista, historiador aficionado, folklorista y arqueólogo, también era un gran líder y orador, se convirtió en la figura principal; su Catecismo Dievturi (1932) es el texto más inspirador de la nueva fe.
En las primeras décadas el movimiento no consiguió una popularidad generalizada, pero atrajo a varios artistas e intelectuales que produjeron una gran cantidad de obras cuya temática era el folclore, reinterpretándolo y adaptándolo al futuro.

Después de la muerte de Brastiņš en 1942 durante la era soviética, cuando se acusó a los dievturi (“guardianes de Dievs”) de ser seguidores del nazismo, las principales acciones tuvieron lugar en el exilio, sobre todo en Estados Unidos de la mano de Arvēds Brastiņš, su hermano, y la “iglesia” que fundó allí continúa en activo hasta hoy.
Los esfuerzos por resucitar el movimiento en Letonia comenzaron en 1986 con la fuerza principal del ceramista Eduards Detlavs (1919–1992). Dievturība fue reinscrito oficialmente como organización religiosa el 18 de abril de 1990, bajo el nombre de Latvijas Dievturu Sadraudze (Congregación de Dievturi de Letonia). Desde entonces han aparecido otros grupos que defienden el paganismo nacional y casi todos han intentado unirse de algún modo a la Congregación, pero entre ellos existen diferencias importantes como hasta qué punto se debe utilizar el material producido en el periodo entreguerras y cuál debe ser la relación con el cristianismo.
El Santuario de Lokstene fue inaugurado el 6 de mayo de 2017 y es operado por la Congregación con financiamiento del empresario Dagnis Čākurs. Está ubicado en una pequeña isla del río Daugava, cerca de la ciudad de Pļaviņas.



En 2018, la Congregación contaba con una junta y ocho grupos locales, para un total de 800 miembros aproximadamente.
Los dievturi dan una gran importancia a Dievs y Mara como Debestēvs y Zemesmāte, el “padre celestial” y la “Madre Tierra” que mencionan las canciones populares, ellos representan los dos principios opuestos, pero no antagónicos, que aseguran el equilibrio de la creación, la armonía de la naturaleza, como el yin-yang asiático. La trinidad se completa con Laima, el destino, que se convierte en una suerte de eje o punto de convergencia. A estas alturas es fácil notar que Dievturība no es una religión correctamente reconstruida desde el punto de vista histórico, al menos, no en su mayoría. No existe evidencia alguna de que los letones precristianos reconocieran una trinidad de dioses y la moderna teología dievturi cuenta con varios triunviratos de deidades y conceptos. El ser humano, por ejemplo, se piensa que consiste en miesa, cuerpo físico; velis, cuerpo astral y dvēsele, alma. Después de la muerte, el cuerpo físico es destruido, el cuerpo astral entra en el mundo de las sombras y desaparece gradualmente; y el alma, que es eterna, se une a Dievs.
Como muchos otros grupos neopaganos, los dievturi modernos, además de ser personas muy religiosas y espirituales, se dedican a practicar modos de vida saludables, cultivar las artes tradicionales y proteger la naturaleza.
Los símbolos letones

Creo que ya es hora de hablar de los símbolos que me trajeron aquí. Se trata de un grupo de dibujos lineales que se encuentran decorando una inmensa gama de productos letones, desde edificios hasta ropa. Se consideran típicos y tradicionales y su uso realmente se remonta a períodos muy antiguos. Si se quiere, podrían verse los orígenes de estos diseños en los hallazgos arqueológicos de la Edad de Piedra y la Edad del Hierro. Nadie duda de lo autóctono y enraizado de la práctica, incluso es posible notar cómo se han complejizado los patrones y enriquecido las tramas con el uso de las nuevas tecnologías industriales. Sin embargo, existen diferencias irreconciliables a la hora de definir los nombres de estas figuras.
En 1923, el propio Ernests Brastiņš publicó un libro donde afirmó que los elementos contenidos en el diseño de los adornos letones, estaba relacionado con la cosmovisión mitológica antigua y aseguró haberlos descifrado. Por otro lado, A. Dzērvītis, otro investigador, en un trabajo sobre los trajes típicos letones, dijo que no existía tal interpretación, que no había referencias mitológicas en los nombres locales de aquellos patrones y que sus diseños dependían únicamente de la técnica y el material empleado para su elaboración. Los estudiosos contemporáneos apoyan una de estas dos versiones o intentan mezclarlas para elaborar otras nuevas.
Lo cierto es que los nombres y los significados con los que se han difundido estos símbolos en internet fueron creados entre la segunda mitad del siglo XIX y el siglo XX por los nacionalistas entusiastas del resurgimiento de la religión letona y que no existen pruebas concretas que demuestren el uso mágico o religioso de los mismo. Aun así, en mi modesta opinión, me parece válido que se los siga utilizando, siempre que se sea consciente de su interpretación moderna y no se le adjudique una antigüedad que no tienen.
Quizá el más llamativo, interesante y polémico de estos signos es la esvástica, que los letones contemporáneos llaman cruz de fuego o cruz del trueno relacionándola con Saule y Perkons, pero que antes del siglo XX solo era conocida como otra CRUZ. Según Brastiņš, la esvástica primero fue común en adornos de mujeres, por lo que la relaciona con Laima, una diosa que patrocinaba a las mujeres. Otras divagaciones aseguran que las dos piezas que forman la esvástica, semejantes a otro símbolo letón llamado signo de Zalkša, representan, en primer lugar, a la serpiente como animal sagrado relacionado con la sabiduría y el más allá; y, en segundo lugar, a las dos fuerzas principales y creadoras de la teología dievturi: Dievs y Mara, el Padre y la Madre, lo masculino y lo femenino, lo frío y lo caliente, etc. en una suerte de retroalimentación y equilibrio.


Tal vez el hecho de encerrar en un solo símbolo a su trinidad más importante, hizo que Latvijas Dievturu Sadraudze, el principal grupo neopagano de Letonia, haya escogido una variante de la esvástica para identificarse legalmente. Los practicantes la utilizan de muchas maneras, por ejemplo, durante sus ritos, envuelven a los recién nacidos en varios cinturones tejidos con esta marca para atraerles fuerza y un destino exitoso. Sin embargo, quitando el ego de los investigadores y el fanatismo de los creyentes, es probable que esta cruz solo fuera otro símbolo puramente intuitivo de algunos elementos naturales como el sol, el rayo o el viento, de buena fortuna, buena suerte, buena cosecha y prosperidad.


El signo básico de Dievs es un triángulo o ángulo con el vértice hacia arriba, apuntando hacia el cielo, hogar de la divinidad y origen de la luz. Algunos creen que el cielo es el techo del mundo, y que los letones construyeron los techos de sus casas de esa forma para pasar sus vidas debajo del signo de Dios. Una variante ampliamente conocida es un triángulo con un pequeño círculo o incluso tres círculos en la parte superior, los ojos de Dios. Se supone que este símbolo atrae la protección y la inspiración de los influjos divinos.



El símbolo básico de Mara es una línea recta horizontal representando la superficie terrestre. Otro símbolo es un triángulo o un ángulo igual al de Dios, pero con el vértice hacia abajo, representando las raíces. También es famosa la Cruz de Mara o Cruz de cruces, una cruz recta con sus cuatro brazos cruzados por otros más pequeños; todo un símbolo del pueblo letón. Los antiguos letones creerían que Mara gobernaba el mundo material, incluido el pan, el fuego y su proceso de conservación. Tal vez por eso la Cruz de cruces se dibujaba sobre la parte superior del pan recién horneado y también en las cenizas de la chimenea por las noches. Cruzar los extremos de líneas cruzadas produce signos que indican cercanía, integridad y también muerte. Cualquier cosa donde se coloque este signo se está sacrificando simbólicamente a Mara, a cambio de obtener sus bendiciones.
Otros dos diseños se asocian con Mara: uno es una línea horizontal en zigzag que recibe el nombre de Aguas de Mara y la representa como Madre del Mar. El otro es el signo de Zalkša o Zalktis, quizá uno de los más antiguos, conocido también como la Serpiente, un animal sagrado relacionado con la sabiduría, el ganado y el mundo de los muertos; según la página de SKYFORGER también es un símbolo de la sabiduría y el arte, tal vez porque se utiliza profusamente en los tejidos tradicionales.

El signo de Laima es una rama de abeto u otra especie vegetal que representa el destino, la vida, el ritmo de la vida, el éxito y la felicidad. Tal vez pueda incrementar el valor de los objetos donde se realice. Una variación de este símbolo es la Escobilla de Laima, que se utiliza para alejar los infortunios y las malas energías.

El signo de Saule, el Sol, es símbolo de movimiento eterno, de luz y de vida. Armonía, salud, corpulencia, unidad, seguridad. Siempre es circular o un polígono cerrado con varios elementos iguales alrededor. Si es representado más de unas pocas veces seguidas, simboliza rituales mágicos de productividad y calidez.


El signo de Meness, la Luna, está estrechamente relacionado con ritos agrícolas. La luna creciente o menguante también es señal de crecimiento y desastre. Se supone que este símbolo protege a los soldados y por eso los hombres lo llevaban en su ropa a la batalla.
Krupītis, “el sapo”, es otro símbolo relacionado con la luna o con el sol del “otro mundo”. Krupītis representa el subconsciente, la intuición. También conocimiento y sabiduría.

Auseklis, la estrella, tiene un gran significado mágico y protector. Existen muchas variantes del diseño: desde una cruz simple, hasta un pentagrama o una estrella de ocho puntas.

El signo de Jumis representa crecimiento y fertilidad. El diseño recuerda algo doble o cruzado. Se supone que los diseños de algunos techos tradicionales tienen que ver con este signo.

El signo de Usins es común en guantes y se supone que ofrece suerte y protección.

Todas las variaciones del signo de Koks Austra, el árbol del mundo, representan la unión del pasado, el presente y el futuro. Protege todo lo bello y lo valioso. Brinda éxito y suerte.

El signo Aka representa la unión del cielo y la tierra, el orden mundial y el inicio del año agrícola.
Todos estos símbolos tienen muchísimas variaciones y además se combinan formando intrincados patrones con la intención de describir una situación favorable, buenos deseos, salud, prosperidad, etc. para la persona que los va a llevar en su ropa, instrumentos de trabajo u otras pertenencias. A veces, a la labor de bordar o grabar estos diseños se le llama propiamente “escribir”, por la intencionalidad implícita en relacionar un carácter con otro.
SKYFORGER


Precisamente la banda de metal pagano SKYFORGER estuvo implicada en un escándalo menor con uno de sus productores anteriores, quien creyó que los músicos tenían afiliación con grupos neonazis. La razón para tal confusión fue la cubierta de su álbum Thunderforge, donde aparece el dios Perkons golpeando un yunque y portando una hebilla con una esvástica en el cinto; el mismo símbolo aparecía en el logotipo oficial del grupo. Sin embargo, la banda negó y niega cualquier acusación y no muestra tendencias de tipo supremacista en sus letras. De hecho, los dos primeros discos de SKYFORGER tenían la leyenda «No hay material nazi aquí», escrita en la contraportada.

SKYFORGER existe desde 1995 y pasó de cantarle a héroes extranjeros, a cantarle a sus propios dioses y héroes nacionales, inventados o no. En 2017, como parte del programa por el 100 aniversario de la República de Letonia, la banda protagonizó la ópera rock “Kurbads. El hijo de la yegua”, en un escenario al aire libre. Sin duda ese es uno de los grandes valores de este tipo de proyectos musicales: rescatar para las nuevas generaciones una identidad cultural y un auto-reconocimiento como pueblo que muchas veces corre el riesgo de perderse en la vorágine política y tecnológica de nuestro tiempo.