Dentro del paganismo nórdico existen muchas formas de magia, pero ninguna está sistematizada en ninguna parte. Desde hace años existen autores que lucran con supuestos libros de magia nórdica basados en teorías científicas y/o pseudocientíficas, desfiguradas, distorsionadas, exageradas y tomadas (o vendidas) por verdades absolutas.
Los términos a que me refiero efectivamente existen y algunos hasta es posible definirlos, distinguirlos, hay (relativamente) constancia de sus particularidades; otros sencillamente pertenecen al argot, del mismo modo que, en español, tenemos magia, hechizo, brujería, encantamiento, etc, cuyos significados son muy parecidos.

El arqueólogo británico Neil Price en su obra titulada The Viking Way, quizá el trabajo científico más importante sobre la magia nórdica precristiana, enumera y describe cinco métodos: galdr, gandr, útiseta, magia odínica y magia popular. Todos, de una forma u otra, son comprendidos dentro de un sistema mágico más completo que es el seidr.
Les propongo revisar lo que sabemos sobre uno de estos términos en nórdico antiguo que ha sufrido todo tipo de interpretaciones. ¿Qué es Gandr?
Gandr = bastón
En nórdico antiguo gandr significa generalmente “vara” y es un elemento que aparece en nombres como Gandalf (“vara-elfo”, nombre de un enano en Völuspá de la Edda poética) y Jörmundgander (“la gran vara”, nombre de la serpiente que rodea el Midgard). El cognado de gandr en inglés antiguo o anglosajón es wand, el término para “varita” y/o “varita mágica”. Sin embargo, la palabra ha sido hallada en contextos muy variados que han hecho variar también su significado, al menos en parte. Ningún erudito ha podido dar con la mejor interpretación de gandr, así encontramos algunos que lo estudian de manera aislada y otros que lo consideran un término genérico para magia o un equivalente de seidr.
Según Price, probablemente fue el sacerdote y lexicógrafo noruego Johan Fritzner quien primero estudió la magia dentro de la religión nórdica, en la segunda mitad del siglo XIX. En su famoso diccionario del nórdico antiguo, Fritzner define gandr, y «su cita allí se refiere a un palo o bastón, empleado especialmente como instrumento de hechicería, ya sea con fines generales o como parte de rituales de cambio de forma». Además, introdujo por primera vez la idea de que los hechiceros montaban el gandr o bastón, pero él mismo la refutó poco después. De hecho, el filólogo y folclorista holandés Jan de Vries «se basó en esto para sugerir que la connotación misma de “bastón” deriva de tradiciones posteriores de la escoba de bruja y no refleja el significado de la palabra (gandr) en la época vikinga».
Los ejemplos más tempranos que poseemos del uso del término gandr se encuentran en el poema Völuspá de la Edda Mayor. Sin embargo, la mayoría de traductores evitan el tema por completo y se limitan a interpretarlo como “magia”. En la traducción española de Luis Lerate se dan los dos casos en las estrofas 22 (vara) y 29 (magia).
| 22. Heiði hana hétu hvars til húsa kom, völu velspáa, vitti hon ganda; seið hon, hvars hon kunni, seið hon hug leikinn, æ var hon angan illrar brúðar. | 22 Casa a que iba, Heid la llamaban, bruja adivina con artes de vara; hechizó cuanto quiso, hechizó a su placer, por delicia quedó de las hembras malignas. |
| 29. Valði henni Herföðr hringa ok men, fekk spjöll spaklig ok spá ganda, sá hon vítt ok of vítt of veröld hverja. | 29 Hérfod le dio collares y anillas; saberes tenía y ocultas magias, veía y veía en todos los mundos. |
Los primeros usos de gandr como palo para volar son muy posteriores, tal vez del siglo XIV. Un ejemplo es la historia corta Þorsteins þáttr bæjarmagns o La historia de Thorsteinn Mansión Poderosa. Nótese el uso de los términos krókstaf y gandreid; el primero contiene staf, “vara”, para significar “bastón torcido” y el segundo, que contiene gandr, se refiere a un tipo muy particular de viaje.
«Una mañana, estando Thorstein detenido frente a la costa finlandesa esperando un viento favorable, bajó a tierra y, cuando el sol estaba en el sureste, llegó a un claro. Allí había un hermoso montículo y encima de él estaba un niño calvo.
»—Madre —él llamó—, dame mi bastón torcido [krókstaf] y mis guantes, quiero ir a dar un paseo de brujas [gandreið]. Están celebrando en el inframundo.
» Luego, un palo torcido [krókstaf], con forma de atizador, fue arrojado fuera del montículo. El niño se puso los guantes, se sentó a horcajadas sobre el bastón y comenzó a montarlo, como suelen hacer los niños.
» Thorstein subió al montículo y repitió las palabras del niño. Enseguida le arrojaron un palo [staf] y un par de guantes, y una voz preguntó: ‘¿Quién los quiere?’
»—Su hijo, Bjalfi —dijo Thorstein.
» Thorstein se montó a horcajadas sobre el palo [stafinn] y cabalgó tras el chico. Llegaron a un río ancho y se sumergieron en él y fue como si estuvieran vadeando entre el humo…»

Es indudable que una vara de algún tipo era una herramienta básica en la práctica mágica y Price incluso piensa que existía una variedad de ellas para distintos usos. Tal vez el más popular sea el staf (plural stafr). Estos bastones o varas pudieran ser los que se describen en posesión de las völur en las sagas. Se les conoce como seiðstafr y algunos ejemplares arqueológicos se asemejan a ruecas de hilar, pero su tamaño y su peso sugieren que no fueron utilizados para eso, y una de las teorías es que se trata de un objeto insigne de la völva.

Price piensa que, «de hecho, también se puede encontrar una connotación sexual obvia en las metáforas de “montar” …, especialmente en relación con el staf y el gandreid. A partir de aquí … es un pequeño paso hacia la sugerencia de que alguna forma de actuación erótica literal o simulada puede haber sido parte de los rituales seidr y gandr, … centrados en las asociaciones fálicas del staf». Esto también podría explicar el estigma que representaba la práctica del seidr para los hombres. El capítulo VII de la Ynglingasaga dice:
«Pero esta hechicería [fjolkyngi], como se sabe, trae consigo tanto ergi [“depravación, afeminamiento”] que los hombres varoniles consideraron vergonzoso realizarla, por lo que esta habilidad fue enseñada a las sacerdotisas.»
En la literatura existen otros posibles ejemplos que otorgan un significado fálico a la palabra gandr y a su familiar göndul. En la Bósa saga ok Herrauds o Saga de Bósi y Herraud, se describe un encuentro sexual donde göndulinn se puede traducir directamente como “pene”.
«”¿Dónde está tu potrillo, cariño?” dijo. “Entre mis piernas, mi amor”, respondió, “y puedes tocarlo, pero en silencio, porque es muy tímido”. Ella tomó su bastón [göndulinn] y lo acarició y dijo: “Es un potro ágil, aunque tiene el cuello un poco recto. —Su cabeza no está bien colocada —dijo él—, pero su cuello se curva mejor cuando tiene algo para beber.»
En la tradición de las brujas europeas que, como hemos dicho, cristalizó mucho después, el famoso ungüento para volar era a veces untado en el palo de escoba, dicho ungüento estaría preparado a base de sustancias alucinógenas como la atropina, presente en algunas plantas como la mandrágora, la cicuta, el beleño y la belladona. Jesús Guanche en su trabajo sobre las brujas cubanas cita al antropólogo norteamericano Michael Harner, quien afirma que «el empleo del bastón o escoba era indudablemente algo más que un acto simbólico freudiano; servía para aplicar la planta que contenía atropina a las membranas vaginales sensibles, así como para proporcionar la sugestión de cabalgar sobre un corcel, una ilusión típica del viaje de las brujas al aquelarre».
Uno de los ejemplos más interesantes de esta práctica lo encontramos en el caso de la Dama Alice Kyteler, la primera persona acusada y condenada por brujería en Irlanda en el siglo XIV. En una cita que hace Wikipedia de un documento histórico se puede leer:
«Al registrar el armario de la dama [Alice Kyteler], encontraron un tubo de ungüento, con el que engrasaba un bastón, sobre el que temblaba y galopaba superando cualquier dificultad, cuando y en la forma que le apetecía».

Es cierto que ninguno de estos ejemplos hace referencia directa a gandr, sin embargo, tenemos los elementos fijos del palo, vara o bastón, incluso pene, y el viaje o vuelo. Resulta muy curioso que en fecha tan temprana como el siglo X, el Canon Episcopi rechazara que las brujas realmente pudieran volar y defendiera la idea de que era un producto de su imaginación. «El alma impía cree que estas cosas no suceden en el espíritu sino en el cuerpo», dice el texto alemán. En este punto, es probable que lo que terminó siendo el vulgar vuelo de una bruja, con nuevas herramientas y sabor local, haya comenzado siendo una práctica mucho más compleja como el seidr o el gandr. Tal vez originalmente el viaje no era físico, sino psíquico o espiritual.
Gandr = espíritu/animal
Ya es hora de hablar sobre la otra dimensión del término gandr. En medio de tanta incertidumbre, los eruditos todos parecen coincidir en que tanto el gandr, sea lo que sea, como el seidr al que pertenece, están vinculados en sus orígenes con el chamanismo sami. Es conocida la fama de los magos fineses y lapones entre los nórdicos, así como el temor reverente que sentían por ellos. Sabemos también que, en el chamanismo, el poder mágico lo detenta el hombre más que la mujer. El chamán es el que atraviesa por el trance o «experiencia extática», como lo llama Mircea Eliade, generalmente con la ayuda de espíritus asistentes, familiares o guardianes. Esta relación íntima con los espíritus puede ser otra de las razones que hacían estas prácticas poco recomendables para los hombres nórdicos, donde el paradigma estaba invertido y era la mujer, el sexo débil y deshonesto, quien recurría a la magia.
Por otra parte, si el seidr es de origen chamánico, una vara o bastón pudiera ser una representación mágica del Árbol del Mundo, como la principal vía de comunicación con los dioses y los espíritus. Incluso el acto de cabalgar es muy significativo, pues de esta forma los chamanes recorren el Árbol y son los movimientos típicos de una cabalgata los que imitan durante el trance. Al decir de Mircea: «El caballo –esto es, el palo con cabeza de caballo– es utilizado por los chamanes buriatos en sus danzas extáticas.»

El argumento más antiguo que se tiene para derivar el gandr del chamanismo sami aparece en la Historia de Noruega, una crónica del siglo XII, que dedica todo un capítulo titulado Los fineses para ilustrar su carácter de paganos y magos. Claude Lecouteux resume el siguiente pasaje en su libro Hadas, brujas y hombres lobo en la Edad Media:
«Los lapones veneran un espíritu inmundo denominado gandus —es el normánico gandr—, gracias al cual hacen profecías y son capaces de ver cosas alejadas —en el espacio y en el tiempo— y de descubrir tesoros ocultos. Un cristiano que comercia con ellos está comiendo en su casa cuando de pronto expira la anfitriona. Sin mostrar ni desconcierto ni aflicción, los compañeros de la muerta le explican que ésta ha sido víctima de un gandus hostil y que van a devolverla a la vida. Uno de ellos es mago (magus). Extiende una sábana en el suelo, se instala encima para pronunciar hechizos sacrílegos, levanta en sus manos un vaso en el que hay imágenes de ballena, de ciervo (=reno), una barquita con sus remos, pequeños esquíes con sus correas, «vehículo que emplea el diabólico gandus en la nieve alta, en las pendientes montañosas y en las ciénagas profundas». Comienza entonces el mago sus hechizos «cantando y dando brincos, se derrumba luego sobre el suelo, negro como un etíope (=un negro), espumeando por la boca como un frenético y, con el vientre desgarrado, entrega el espíritu con un gran rugido».
» Las demás personas piden entonces consejo a otro experto en artes mágicas, que hace lo mismo que el anterior, pero con éxito. La dueña de la casa volvió a la vida, así como el mago difunto, que cuenta que habiendo su gandus tomado forma de ballena (in cetinam effigiem), se encontró con un gandus enemigo metamorfoseado en estacas aceradas, sujetas al fondo del mar, y que le habían abierto el vientre.»
Siguiendo la lógica de De Vries, el finés Clive Tolley piensa que gandr «no tiene ningún significado principal como “bastón” en absoluto». Tolley «sigue una línea diferente, en la que los gandr, en plural gandir, no se ven como un equipamiento sino como alguna clase de espíritus ayudantes». Sin embargo, es el propio Tolley quien sugiere no enfocarse en los gandir sino en las herramientas utilizadas para convocarlos. Es aquí donde ha surgido la confusión, piensa él, porque este instrumento fue nombrado con un derivado de gandr, a saber, göndul.

Si Tolley está en lo cierto, estos gandir eran espíritus animales, en su mayoría lobos, pero ocasionalmente serpientes, convocados, tal vez con la ayuda de un bastón göndul, durante una actuación de seidr o mientras su amo dormía, y enviados para obtener información o para herir a los enemigos del remitente. Otros tendrían formas más físicas que las völur o seidkonur (plurales de völva y seidkona) podrían montar en sus propias formas etéreas. Varios kenningar traducen gandr como lobo: hallar gandr (‘lobo de la sala’) para ‘fuego’; selju gandr (‘lobo del sauce’) y stordar gandr (‘lobo del matorral’), ambos para ‘viento’.
Un verdadero chamán es capaz de cabalgar durante el trance, ya sea sobre o transformado él mismo en un animal. Esto lo logra con la asistencia de sus espíritus ayudantes o familiares. En el seidr, esta categoría de espíritus parece que no existe. Sus funciones las realizan hasta cierto punto la fylgja (el acompañante) y el hamr (la forma). Neil Price aclara que «en obras modernas, estos han sido tratados en términos de creencias del alma, pero es importante enfatizar que, en muchos sentidos, … en realidad eran seres separados, con sus propias preocupaciones y sus propias existencias independientes». El gandr o los gandir, entonces, podrían ser los verdaderos homólogos de los espíritus ayudantes del chamanismo.
Usos del gandr
Por su parte, entre los nórdicos el trance chamánico se convirtió en un sueño clarividente y cuasi profético. La función fundamental del chamán de visitar los mundos superior e inferior queda oculta o no existe. Son más importantes sus habilidades para encontrar objetos perdidos, espiar y hacer daño a los enemigos lejanos.
En la Saga Fóstbrœðra o La saga de los hermanos jurados, que relata acontecimientos del siglo XI, Bódvar dirige a su madre Thordis estas palabras: «Has tenido un sueño agitado, madre, ¿se te ha aparecido algo?». A lo que ella le responde: «Esta noche he hecho una cabalgata de bruja por muchos lugares, y me he enterado con exactitud de las cosas que antes no sabía».
En la Saga Vatnsdœla o Saga de los habitantes del Valle del Lago, del siglo XIII, se narra que, habiendo perdido Ingimund su amuleto, pide a tres lapones (finnar) que se lo encuentren. «Ingimund mandó a buscar a los lapones, y los trajo del norte, tres en total. Dijo que quería hacer un trato con ellos. “Quiero daros mantequilla y estaño, y vosotros viajaréis para mí a Islandia para buscar mi amuleto y decirme la naturaleza de aquel país”. Respondieron ellos: “Esa misión es peligrosa para los jóvenes suomis, pero, puesto que tú nos urges a ello, queremos tratar de hacerlo. Ahora tenemos que recluirnos completamente solos en una casa, y que nadie pronuncie nuestro nombre”, y así se hizo. Cuando hubieron transcurrido tres noches, Ingimund fue a verlos. Se levantaron entonces, suspiraron profundamente y dijeron: “Los jóvenes suomis han tenido dificultades, y hemos tenido mucho trabajo; sin embargo, hemos regresado con tales signos que, con nuestra relación, reconocerás el país si vas allí. Pero hemos tenido grandes dificultades para buscar el amuleto”…».
Hacia 1555, el escritor, cartógrafo y eclesiástico sueco Olaus Magnus escribió en su Historia de Gentibus Septentrionalibus:
«Cuando alguien quiere saber dónde se encuentran sus amigos o sus enemigos, aunque diste de ellos cinco leguas o incluso mil, le pide a un lapón o a un finés experto en esta arte [la magia] que le informe al respecto, y le ofrece una prenda de lino o un arco. Acompañado solamente de su mujer, el mago acude a su vivienda (es decir, se aísla) y golpea con un martillo una rana o una serpiente de bronce puesta sobre un yunque de la forma prescrita, y balancea el martillo en todos los sentidos murmurando fórmulas mágicas. Cae rápidamente en éxtasis y al cabo de poco está yaciendo como muerto. Durante este tiempo, la mujer, que lo acompaña, vigila muy atentamente que no lo toque ningún otro ser viviente, ni siquiera una mosca o un mosquito. Por la fuerza del hechizo, el espíritu de este hombre es llevado por el diablo (sic) y, como prueba de que ha cumplido su trabajo y transmitido su mensaje, trae de su viaje a lo lejos un anillo o un cuchillo que entrega a su “cliente”, a quien proporciona también las informaciones pedidas».
En la Saga de Njál, también del siglo XIII, Gunnar tiene un sueño profético en el que probablemente percibe el gandr de otra persona en forma de animal. Gunnar dice a Kolskegg: «Anteanoche tuve un sueño, y anoche también, y aunque no quiera proclamar quién ha cometido el homicidio, mis sueños me incitan a saber quién es. Anoche soñé que salía serpenteando de una granja una víbora y picaba mortalmente a Vesteinn. Y anteanoche soñé que salía corriendo de la misma granja un lobo y mordía mortalmente a Vesteinn. Y a nadie he contado mis sueños antes de ahora porque no quería que se realizasen». La serpiente y el lobo son de hecho los dobles zoomorfos del asesino.

En ocasiones el mago o la bruja son acusados de kveldrida (“jinete nocturno”) o trollridur (“jinetes de brujería”) porque literalmente montan algún tipo de bestia sobrenatural, a menudo un lobo. Incluso pueden llegar a montar o cabalgar a su propia víctima, como ocurre en el capítulo dieciséis de la Saga Eyrbyggja o Saga de los habitantes de Eyrr.
«Gunnlaug no volvió a casa por la noche, y la gente habló de que debería ser buscado; pero la búsqueda no terminó. Pero en la noche, cuando Thorbiorn miró hacia afuera, encontró a Gunnlaug, su hijo, frente a la puerta; y allí yacía sin sentido. Luego lo llevaron adentro y le quitaron la ropa; estaba todo negro y azul alrededor de los hombros, y la carne se le caía de los huesos. Pasó todo el invierno enfermo de sus heridas, y se habló mucho sobre esa enfermedad suya. Odd Katlason difundió aquello de que Geirrid debía haberlo montado; porque dijo que se habían despedido con unas breves palabras esa noche. Y la mayoría de los hombres consideró que era incluso así.»

Ragnhild Tregagás
El ejemplo más claro de que göndul, familiar de gandr, se refiere a la invocación de algún tipo de espíritus ayudantes, es uno bastante tardío y se encuentra en las actas del único juicio por brujería realizado en Noruega durante la Edad Media. En 1325 Ragnhild Tregagás fue acusada y sentenciada a un ayuno estricto y una peregrinación de siete años a lugares sagrados fuera de Noruega. Había confesado ante testigos que durante la vida de su marido había tenido cuatro veces relaciones carnales con Bard, su primo hermano. Pero Bard se había casado con Bergljot, así que Ragnhild «renunció a la protección divina y se encomendó al diablo», con el objetivo de sembrar discordia dentro de la pareja. La noche de bodas, en noviembre de 1324, entró en la cámara nupcial y ocultó en el lecho cinco hogazas de pan, cinco guisantes y una espada. Luego pronunció la siguiente fórmula:
«Ritt ek i fra mer gondols ondu. æin þer i bak biti annar i briost þer biti þridi snui uppa þik hæimt oc ofund.»
«Envío fuera de mí los espíritus (o el aliento) gondul. Que el primero te muerda en la espalda. Que el segundo te muerda en el pecho. Que el tercero se convierta en odio y envidia sobre ti.»
Y a continuación escupió.
Al día siguiente, Ragnhild se alegraba y decía: «Mi mente se ríe de la idea de que los genitales hechizados de Bard, no son más capaces de aparearse que el cinturón enrollado en mi mano».
En este hechizo, göndul puede referirse al bastón o a los espíritus intermediarios. Incluso puede significar “lobo” y para respaldar esta opción algunos comparan este texto con el de otro encantamiento muy similar recogido durante otro juicio en Basilea, Suiza, en 1407. En aquel, la bruja enviaba nueve lobos para morder, desgarrar, lamer y chupar la sangre del corazón de la víctima. Es curioso que, por aquella fecha, antes de los primeros juicios de hombres-lobo en Europa, este animal aún no había sido demonizado y cuando se mencionaba era en referencia a la habilidad de las brujas para encantarlo, darle órdenes y hasta montarlo.
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El escupitajo final tampoco es un elemento al azar. Tiene que ver con la creencia en el maleficio del aliento o la saliva de la bruja.
En Þorsteins þáttr uxafóts o historia Breve de Torstein Pata de Toro, son los fluidos de la boca de una bruja la que al parecer le otorgan al protagonista la habilidad de transformarse.
«Y cuando ella iba a clavar sus dientes en la garganta de Torstein, y él se hubo reafirmado en su juramento, entonces un rayo de luz de terrible brillo entró en la casa y derechamente fue a los ojos de la vieja. Aquella visión su desgracia fue, pues toda su fuerza y poder se le fueron. Empezó a dar boqueadas horribles, y un vómito arrojó en la cara de Torstein que casi lo mata de la inquina y fetidez que llevaba. Hay quienes creen, y acaso así fuera, que una parte pudo haberle caído a Torstein en el pecho, y esto porque dicen que más tarde a veces se transfiguraba, si es que eso era más por el vómito de Skiáldvor o por haber sido expuesto de niño.»
Göndul, además, es el nombre de una valquiria que aparece en Voluspa y en otros textos nórdicos. Si, como los eruditos sugieren, tiene su raíz en gandr, entonces tiene sentido que se relacione con el lobo, que al igual que el cuervo, es un animal de la batalla.
Conclusiones
Gandr parece ser una categoría de magia muy anterior a la época vikinga, heredera del chamanismo del norte, y tal vez vinculada con el misterioso Ginnungagap, con la madera del Árbol Universal y las fuerzas de la creación. Su significado oscila entre el de una vara, tal vez la herramienta más antigua y básica de la humanidad, útil para guiar y señalar, incluso para tocar desde lejos, y el de un espíritu o fuerza mágica que se transforma y obedece la voluntad del mago o la bruja.