La higa o fica es un gesto obsceno porque sugiere los órganos sexuales. Básicamente denota desprecio o rechazo cuando se utiliza para señalar algo o alguien. En la imagen: “El bravo que hace el gesto del coño”, un cuadro atribuido primero a Caravaggio y luego a Vouet.
El primer origen de la palabra está en el latín fica, que significa “higo”, el fruto de la hieguera, es decir, del ficus. Desde la antiguedad clásica el término está relacionado con los órganos sexuales femeninos, tal vez por algún tipo de semejanza. Se supone que era utilizada en la antigua Roma durante las Lemuralias, fiestas dedicadas a exorcizar o desterrar los espíritus inquietos de ciertos difuntos (los días 9, 11 y 13 de mayo en el calendario juliano).

La higa europea, anglosajona o grecorromana, la más difundida, conocida como “The finger”, consiste en doblar todos los dedos menos el del medio, asemejándolo al pene erecto.

Este gesto ya aparece en la comedia griega Las nubes (423 a. C.) de Aristófanes (en griego el gesto se conocía como katapygon, de kata “hacia abajo” y pugē “grupa, nalgas”). En la obra, Sócrates habla sobre los «versos dáctilos» a un labriego analfabeto (en la poesía clásica, el dáctilo es un pie o una cláusula rítmica constituido por una sílaba larga y dos breves). El labriego cree que al hablar de «dáctilo», Sócrates se refiere a dedo, así que levanta el dedo corazón y pregunta: «¿éste tal vez?». Así, el gesto del puño cerrado y el dedo corazón extendido se convirtió en un sinónimo de zafiedad desde entonces.
La costumbre se copió, como tantas otras cosas, en la Antigua Roma, donde el dedo medio era identificado como el dígitus impúdicus (“dedo impúdico”). Dicen que Calígula acostumbraba a levantar el dedo corazón a sus súbditos para humillarles. En el siglo I se generalizó el uso del dígitus impúdicus en las culturas del Mediterráneo como el método más utilizado para desviar la amenaza supersticiosa del mal de ojo.
Muchos atribuyen erróneamente el origen del gesto a la Guerra de los Cien Años, entre Inglaterra y Francia (1337 y 1453). Más mito que verdad histórica, en la batalla de Agincourt los franceses encomedaron a sus soldados cortar el dedo a los arqueros ingleses que capturasen. Pero cuando la balanza se decantó por el ejército inglés, eran estos últimos los que hacían el famoso gesto a los guerreros francos.
En La Divina Comedia, Canto XXV, Dante Alighieri dice de Vanni Fucci (hijo bastardo de Fuccio de Lazzeri que en 1293 robó los vasos sagrados del Duomo de Pistoya), que encontrándose en el Infierno «alzó las dos manos con gesto de hacer la Higa, gritando: ¡Tómalas, Dios, que van para ti!»

La higa española se realiza cerrando el puño con el dedo pulgar asomando entre el índice y el medio o corazón, algunos lo interpretan como el pene en la vagina y otros como el clítoris. La higa española está íntimamente ligada a la protección contra el mal de ojo y es un símbolo de fertilidad. En España y otros lugares de Europa, los niños y las mujeres han utilizado desde hace siglos unas manezuelas hechas de metales preciosos con el signo de la higa a modo de dijes. Particularmente famosas son las fabricadas de azabache en Santiago de Compostela, Galicia, y que son el origen de la tradición, también cubana, del prendedor de azabache para bebés.

Una leyenda sobre un posible origen del nombre de esta burla se encuentra en la obra satírica Gargantúa y Pantagruel de François Rabelais. Según esta, Milán se rebeló durante la baja Edad Media contra el emperador alemán Federico II Barbarroja y algunos de sus vecinos expulsaron a la emperatriz montada al revés sobre una mula en tanto realizaban esta señal. Como represalia, el emperador ocupó Milán y ordenó insertar un fioco o higo en el culo de la mula, obligando a cada rebelde derrotado a sacarlo con la boca y volverlo a meter sin utilizar las manos; si no lo hacían, eran ejecutados por el verdugo. De allí vendría la frase fare la fica o “hacer la fica” como muestra de grave ofensa a una persona.
La higa española también es conocida con otros nombres en Portugal, Turquía, los países eslavos y hasta África. En todos tiene el mismo poder apotropaico, es decir, repele mágicamente las influencias negativas.
El Marqués de Villena, un personaje folclórico español al que se le atribuyeron poderes de brujo y la autoría de algunos tratados de magia, describe un método para protegerse del mal de ojo que incluye un gesto muy parecido a la higa española.
«[…]mostrando el sadai con la mano, alçando los tres dedos postrimeros en manera de sin, e el segundo encorvado en manera de dalet, e el pulgar poniéndolo deyuso en manera de yod, e faziendo que se escuda de la mano e que diga taff taf ia maguen David, que será guardado de mala catadura de ojo por virtud d’este nombre».
En realidad, el gesto a que se refiere no es la higa tradicional, sino a dibujar con la mano las letras hebreas de שַׁדַּי, Sadai, “Todopoderoso”.
- La letra ש shin, podía ser representada con el meñique, anular y medio extendidos;
- con el índice doblado se dibujaba ד dalet;
- y por último, el pulgar se plegaba bajo los otros dedos para simbolizar la י yod.
Con la mano en esta difícil posición se decían dos palabras cabalísticas, taff taf, seguidas de la expresión ia maguen David, “escudo de David”.
