A propósito de este día de San Patricio, he visto con tristeza actitudes y publicaciones de “brujxs paganxs” renegando de esta tradición por ser cristiana. Debo decir que eso me parece una gran tontería y algo muy lamentable. En su afán de sentirse criaturas medievales salidas de una película de Hollywood, han olvidado que son personas de este tiempo y de este mundo, un mundo que los necesita y sobre todo necesita de las “Viejas Costumbres” para recuperar su conexión con la naturaleza y con su propia humanidad, no para dividirlo y envenenarlo aún más.
El paganismo, que se enorgullece de su nombre, debe ser libre y respirar el aire de los nuevos tiempos, no enmohecerse en las mentes de gente inadaptada y rencorosa. El paganismo debe aprender de todas partes, incluso del cristianismo (ni siquiera sería la primera vez), debe tomar lo mejor del ser humano y enaltecerlo por lo que es, no por lo que se espera que sea. El paganismo NO DEBE NEGAR nada, debe tomar la forma del tiempo y el lugar que lo contiene, como ha hecho siempre. Ya basta de llorar por las brujas y los druidas muertos, ellos libraron su batalla hace mucho, si se quiere, y la ganaron con ventaja.
¿Acusan al cristianismo de oprimir e imponerse? ¡SORPRESAAA! ¡Ninguna religión precristiana brotó en el campo como margarita! Incluso antes del cristianismo, las religiones nacían y crecían por la interacción de las comunidades humanas que las practicaban. Siempre hubo quien se impuso y quien se doblegó, los roles de oprimido y opresor se intercambian constantemente. El Lebor Gabála Érenn, El Libro de las Invasiones, que contiene el principal ciclo mitológico de Irlanda, no se llama así por la llegada de los cristianos, se llama así porque la historia de aquella hermosa tierra, como la de cualquiera, está plagada de invasiones, de pueblos que sometieron a otros pueblos y desterraron a sus dioses a las profundidades del mar para coronar a los suyos propios. Cristo solo es uno más en esa lista.
Hoy en día, es casi imposible despojar al cristianismo del paganismo que lleva en sus entrañas y también al revés, el paganismo está plagado de la manera cristiana y occidental de adorar. El que no lo vea, es porque está muy metido en su personaje de Harry Potter. La cultura o el estilo celta que tanto nos gusta es el resultado de una hermosa mezcla. ¿O me van a decir que las páginas del libro de Kells no son la cosa más cristiana y más celta que han visto?
El que tenga alguna duda sobre el triunfo del paganismo y sobre cómo las viejas costumbres fueron redimidas y tuvieron su venganza hace mucho tiempo, que lea el cuento El Druida, de la escritora cubana Gina Picart. Aquí tienen un fragmento:
EL DRUIDA
_Hijo mío, mi última voluntad a ti te la encomiendo: quiero que las tablillas escritas por nuestros alumnos sobre la historia de los enemigos sean transcriptas en libros de pergamino bien fino, y permanezcan siempre como testimonio de su maldad, para que no puedan corromper a los ingenuos ni a las generaciones que vendrán…
Flaqueó la voz del Abad y sus pupilas se cubrieron con una niebla opaca. Al verle cruzar las manos sobre el pecho, el joven monje se inclinó sobre él para darle la Extremaunción.
_Padre nuestro que estás en los cielos… _rezó con unción.
_Soy el viento que alienta sobre el mar… _respondió el moribundo en un susurro.
_Santificado sea tu nombre… _continuó el monje desconcertado.
_Soy una ola en el océano… _susurró el moribundo.
_Venga a nosotros tu reino… _insistió aun el monje, quien ya comenzaba a asustarse.
_Soy el rumor del rompiente… _siguió el viejo druida con una voz cada vez más debilitada por la cercana muerte.
El joven monje levantó sus manos al cielo como quien pide perdón para sus culpas, musitó entre dientes “Hágase tu voluntad, amén” y se inclinó sobre los yertos labios de su superior para no perder ni una sola palabra de aquel extraño rezo:
_Yo soy el buey de los siete combates _continuó Ainnle_. Soy el halcón sobre la peña, el jabalí bravío, un lago en la llanura. Soy palabra de ciencia, soy lanza victoriosa que combate…
_¡Padre! _interrumpió el monje estremecido_ ¡Abad!
_Yo soy el druida que prepara fuego para una cabeza en el dolmen de la montaña.
Ainnle cerró los ojos y el aliento vital se heló en su pecho.
Cuando la luna se elevó rielando sobre el mar, la comunidad de los monjes oscuros desfiló con antorchas encendidas delante de la cueva en postrer homenaje al Abad Clonnan, el más puro entre los siervos del Señor, su Dios. Agobiados por la tristeza de su pérdida, ninguno percibió que en ese instante una bandada de gruyas volaba ante el ojo redondo de la noche como un día lo hiciera frente al sol, dibujando en el viento un mensaje para el que ya no habría, quizá, destinatario.
El sucesor fue investido con los símbolos de su jerarquía en medio de una sencilla ceremonia, y cuando esta hubo terminado se retiró a su cabaña. Después de rezar piadosamente por el alma del Abad, tomó los estilos de escribir heredados de su antecesor y comenzó a trazar caracteres latinos sobre un pergamino. Ignoraba el sentido de los versos recitados por el Abad Clonnan en el instante mismo de su muerte, pero a juzgar por la absoluta santidad del viejo monje, se trataba, sin duda, de una oración muy poderosa que debía ser trasmitida a las generaciones del futuro. Nunca supo que estaba copiando para la posteridad el himno más hermoso de Amergin el Bardo, primer cantor de los antiguos Tuatha, cuyos versos narran los viajes del alma antes de regresar a la tierra para cumplir con un nuevo destino. Cuando escribió las últimas palabras, un dulce sueño abatió sus párpados y se quedó dormido.
UN POCO MÁS SOBRE SAN PATRICIO

San Patricio habría nacido en el siglo V d. C. en Bretaña, cerca del Muro de Adriano, hijo de un alto cargo romano. A los 16 años habría sido hecho prisionero por piratas escotos y llevado a Irlanda como esclavo. Allí permaneció hasta que un sueño le anunció que su libertad estaba próxima y un barco le estaba esperando. Mucho tiempo después, Patricio regresó para evangelizar Irlanda y librarla de la influencia de los druidas.
En su afán, San Patricio, o sus biógrafos, no solo inmortalizaron muchos elementos del antiguo paganismo, sino que crearon otros. El trébol o shamrock con el que dicen que explicó a los irlandeses la sagrada Trinidad, no parece haber tenido un significado especial antes de eso, sin embargo, hoy en día también es un símbolo de las tríadas de dioses y diosas precristianas.
En la Vita tripartita Sancti Patricii, se conserva una de las pocas referencias que existen a Cenn Cruach, el ídolo de un dios antiguo del que se sabe muy poco. La historia de cómo San Patricio lo destruyó con su bachall (báculo), bien pensado, no es una historia de derrota del paganismo, más bien es la legitimación de un poder real que se ocultó; Cenn Cruach nunca fue tan mágico y tan misterioso como ese día.
En Irlanda no existen serpientes desde la última glaciación, cuando sus tierras quedaron aisladas por el mar. Pudo no haberse hablado nunca de las serpientes en el pasado pagano de Irlanda. Precisamente fue San Patricio quien las puso ahí (y antes de él San Columba, a quien primero se le adjudicó el trabajo de expulsarlas), quien enriqueció aún más el imaginario colectivo.
Estas y otras leyendas no solo llenan de magia y misterio la vida de San Patricio, sino todo lo que había antes de él. En buena medida gracias a ellas, es aún más grande la fascinación que sentimos por los druidas que lo antecedieron.
Como curiosidad, aquí les dejo algunos fragmentos traducidos por El Ciervo Blanco de las fuentes originales donde se cuentan algunas historias de San Patricio. La primera es su enfrentamiento con Cenn Cruach que aparece en Vita tripartita Sancti Patricii y la segunda es la versión más conocida de cómo expulsó a las serpientes de Irlanda, contada por Jocelyn de Furness. Ambas extraidas de The Most Ancient Lives of Saint Patrick, editado por James O’Leary, 1880.
«Patrick fue luego a través del agua hacia Magh-Slechta, donde estaba el archi-ídolo de Erinn, es decir, Cenn Cruach, hecho de oro y plata, rodeado por otros doce ídolos hechos de bronce. Cuando Patrick vio los ídolos de las aguas llamados Guthard (es decir, levantó la voz: guth, voz; ard, alto), y cuando se acercó a ellos, levantó la mano para colocar el Bachall-Isa sobre ellos; pero no pudo, porque el ídolo se inclinó hacia su lado derecho (porque su cara estaba vuelta hacia el sur), y la marca del bachall vive todavía en su lado izquierdo, aunque el bachall no se movió nunca de la mano de Patrick. Y la tierra se tragó los otros doce ídolos hasta sus cabezas; y están en esa condición en conmemoración del prodigio. Y maldijo al demonio (ídolo) y lo desterró al infierno; y llamó a todo el pueblo, con el rey Laeghaire, que adoraba a los ídolos; y todos lo vieron (el demonio), y temieron la muerte a menos que Patrick lo desterrara al infierno. Su graif (fíbula) cayó de la ropa de Patrick mientras se enfrentaba valientemente al ídolo. Cortó todos los arbustos del lugar hasta que encontró su fíbula, y no creció ningún otro arbusto en ese lugar, ni tampoco en la llanura. Y fundó una iglesia en ese lugar, es decir, Domhnach-Maighe-Slecht, y dejó allí a Mabran Barbarus, pariente y profeta de Patrick, y allí está el manantial de Patrick, ubi baptizavit multos (“donde bautizó a muchos”).»
CAPÍTULO CLXXI.
Sin comida terrenal, el santo completa un ayuno de cuarenta días.
Y para que en Hibernia o en las otras islas que habían recibido su bendición ningún animal venenoso continuara o reviviera, ni la acostumbrada tropa de demonios que allí habitaba, el santo completó sin comida terrenal un ayuno de cuarenta días. Porque deseaba imitar en su ayuno místico a Moisés, que entonces estaba obligado por la ley natural, o más bien a Elías el profeta, designado por la ley; pero principalmente deseando agradar al gran Fundador de la naturaleza, Dador de la ley y de la gracia, Jesucristo, que en Sí mismo había consagrado tal ayuno. Por lo tanto, ascendió a la montaña alta de Conactia, llamada Cruachan-ailge, para poder pasar allí más convenientemente la temporada de Cuaresma antes de la Pasión; y que allí, deseando y contemplando al Señor, le ofreciera el holocausto de este ayuno. Y dispuso allí cinco piedras, y se colocó en medio; y en ello, tanto en la forma de sentarse como en la mortificación de su abstinencia, se mostró él mismo siervo de la cruz de Cristo. Y allí se sentó solo, levantándose por encima de sí mismo; sin embargo, se glorió sólo en la cruz, que llevaba constantemente en su corazón y en su cuerpo, y sin cesar jadeaba hacia su santo amado; y continuó y tuvo hambre en su cuerpo, pero su hombre interior quedó satisfecho, lleno y herido con la dulzura de la contemplación divina, el consuelo de la visitación angelical y la espada del amor de Dios: “Porque el verbo de Dios es rápido y poderoso, y más afilado que una espada de dos filos, que traspasa hasta la separación del cuerpo y el espíritu, “con lo cual el santo fue herido hasta su amor sagrado”.
CAPÍTULO CLXXII.
Expulsa a los demonios de la isla.
Y los demonios se afligieron por su dominio perdido, y asaltando al santo lo atormentaron en sus oraciones y ayunos; y revoloteaban a su alrededor como pájaros de la más negra tonalidad, temibles en su forma, su enormidad y su multitud, y luchando con horribles parloteos para impedir su oración, durante mucho tiempo turbaron al hombre de Dios. Pero Patricio, armado con Su gracia y ayudado por Su protección, hizo la señal de la cruz y alejó de él a esos pájaros mortíferos; y con el sonido continuo de su platillo, los expulsó por completo de la isla. Y siendo así expulsados, huyeron más allá del mar, y estando divididos en tropas entre las islas que son ajenas a la fe y al amor de Dios, allí permanecen y practican sus engaños. Pero desde ese momento en adelante, incluso hasta este momento, todas las criaturas venenosas, todas las fantasías de los demonios, debido a los méritos y las oraciones del santísimo padre Patricio, cesaron por completo en Hibernia. Y el platillo del santo, que por sus frecuentes percusiones parecía roto en una parte, fue luego reparado por la mano de un ángel; y la marca se ve en él en este día. Asimismo, en la cima de esta montaña, muchos están acostumbrados a vigilar y ayunar, concibiendo que nunca más entrarán por las puertas del infierno; el cual beneficio les ha sido obtenido de Dios por los méritos y las oraciones de Patricio. Y algunos de los que han pasado la noche relatan que han sufrido graves tormentos por los que se creen purificados de todos sus pecados; y por tal causa muchos llaman a este lugar el Purgatorio de San Patricio.