10 CRIATURAS MITOLÓGICAS QUE APARECEN EN SAMHAIN

Todos saben que Samhain, la fiesta tradicional irlandesa de finales de octubre, es un momento liminal, de transición, no sólo entre las dos mitades del año (la clara y la oscura), sino también entre los mundos, el de los vivos y el de los espíritus, el de la humanidad y el de las otras razas. Es por esta razón que, desde hace siglos, cuando se acerca esta fecha (31 de octubre), vemos o creemos ver a los habitantes del otro lado, cuando la puerta está abierta y el velo se ha levantado un poco.    

En esta publicación revisaremos lo que sabemos sobre 10 criaturas o apariciones extrañas vinculadas al Samhain, algunas son muy conocidas en la cultura popular y otras, muy probablemente, serán nuevas para ti.

LOS FOMORES

En la mitología irlandesa, los fomores o fomorianos son una raza antigua y misteriosa, anterior a las sucesivas invasiones que sufrió la isla por otros pueblos. Todos, incluidos los famosos Tuatha Dé Danann, tuvieron que enfrentarse a ellos y, aunque los vencieron en batalla, de algún modo, permanecieron.

A diferencia de los invasores, la mayoría de las veces los fomores no son descritos como humanos, sino como gigantes o demonios que viven bajo el mar, es decir, en el Otro Mundo. Un extraño pasaje del Lebor Gabála Érenn ("Libro de las Invasiones de Irlanda", aproximadamente del siglo XI) sugiere que tienen un solo ojo, un solo brazo y una sola pierna. Los textos medievales los hacen descendientes del bíblico Cam, hijo de Noé; pero otras tradiciones los asocian con piratas, incluso vikingos, reforzando su carácter externo y amenazante.

Durante la Segunda Batalla de Mag Tuired (o Moytura), que comenzó un día de Samhain, los Tuatha Dé Danann se enfrentaron a la tiranía de los fomores liderados por su rey, Bress. Después de ganar la contienda, los fomores fueron expulsados para siempre del país, recluidos a sus dominios submarinos. Ahora bien, incluso así, conservaron cierta influencia sobre el mundo de los hombres. Según The Book of Hallowe'en, de Ruth Edna Kelley (1919):

«Las fuerzas malignas que emergían durante Samhain residían el resto del tiempo en la cueva de Cruachan, en Connaught, la provincia que fue entregada a los malvados fomorianos tras la batalla de Moytura. Esta cueva era conocida como la “puerta del infierno de Irlanda” y se abría en la víspera de noviembre, dejando salir espíritus y aves de color cobrizo que mataban al ganado…»

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En realidad, Cruachan no es una cueva sino todo un complejo arquelógico con varias estructuras; la cueva de la que habla la leyenda se conoce hoy en día como Oweynagat, "Cueva de los gatos", de donde se supone que salen las peores alimañas en Samhain. sfsf

El pintor escocés John Duncan (1866-1945) retrató a los fomores en una sugestiva obra titulada Los fomores o Las fuerzas del mal campan por el mundo, de 1912. La escena muestra una procesión de seres grotescos, encabezada por un jinete espectral sobre un caballo esquelético. Su avance parece imparable, transmitiendo la idea de omnipresencia del mal. Aquí los fomores no sólo simbolizan el caos y la destrucción, sino también el hambre, la enfermedad, la sequía y todas las cosas malignas que plagan a la humanidad.

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Los fomores o Las fuerzas del mal campan por el mundo. Pintura de John Duncan, 1912.

JACK-O'-LANTERN

El término Jack-o'-lantern se refiere tanto a la famosa linterna de calabaza como al personaje de la leyenda. Ambos son el símbolo más universal del Halloween moderno. Si crees que lo sabes todo sobre este tema, ponte a prueba. Por su importancia, le hemos dedicado su propio artículo en nuestra página.

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AILLÉN MAC MIDHNA

Según nos cuenta el texto Agallamh na Seanórach ("El coloquio de los ancianos") de finales del siglo XII y principios del XIII, cada Samhain, el hada de fuego Aillén mac Midhna dormía a los habitantes de Tara y quemaba la ciudad hasta sus cimientos. El héroe del Ciclo Feniano, Finn mac Cumhaill, logró mantenerse despierto tocando una lanza mágica y luego, con ella misma, le dio muerte a la criatura. Para los hispanohablantes, su nombre y su título de “hada de fuego” pueden atraer cierta confusión sobre su género, pero lo cierto es que Aillén es un ser masculino. Por desgracia, el texto antiguo no ofrece muchos detalles sobre su aspecto.

Aquí está un fragmento de la historia de Aillén mac Midhna traducido por Orouri a partir de Silva gadelica (O’Grady, 1892):

«Entonces Ilbhrec extendió la mano y, tomándola de su soporte, descolgó una jabalina afilada de aristas relucientes; se la entregó a Caeilte diciendo: «Caeilte, alma mía, examina qué lanza es esta y a cuál de los Fianna pertenecía». Caeilte retiró la funda y las ataduras de la jabalina, y allí, en su encastre, halló treinta remaches de oro de Arabia. [...] «Esta es la lanza de Fiacha mac Congha... gracias a la cual Finn, hijo de Cumall, obtuvo por primera vez el mando supremo de los Fianna de Irlanda; fue traída desde el sídh de Finnachadh, de verdes prados. Pues ocurría que Aillen mac Midhna, de los Tuatha Dé Danann, solía llegar a Tara desde el sídh de Finnachaidh, situado al norte. Venía portando un timpán [instrumento de cuerdas que ya no existe] y quienquiera que escuchara su sonido caía al instante en un profundo sueño. Una vez que todos quedaban así adormecidos, Aillen exhalaba una llamarada por su boca. Llegaba cada año durante el solemne día de Samhain; tocaba su timpán y, al son de aquella música feérica, todos caían dormidos. Luego, con su aliento, avivaba la llama; así, durante un periodo de veinte y tres años, cada uno de ellos quemó Tara junto con todas sus pertenencias…

…

» El rey de Irlanda se puso de pie, sosteniendo en la mano un cuerno para beber, liso y pulido, y dijo: «Hombres de Irlanda, si entre vosotros hallara a alguien capaz de proteger Tara hasta el amanecer del día siguiente, evitando que sea consumida por el fuego de Aillen mac Midhna, le otorgaría su legítima herencia, fuera esta grande o pequeña». Los hombres de Erin escucharon esto en absoluto silencio, pues sabían que, ante la melancólica melodía y las dulces notas de la voz del hombre élfico que cada año incendiaba Tara, tanto las mujeres en pleno parto como los guerreros heridos caían en un profundo sueño.

» Finn se levantó entonces y preguntó al rey de Irlanda: «¿Quién responderá por ti y servirá de garante para asegurar que esto se cumpla?» Conn respondió: «Los reyes provinciales de Irlanda, junto con Cithruadh y sus magos». Todos ellos aceptaron el compromiso, y Finn asumió la tarea de proteger Tara y todo lo que en ella había hasta el amanecer del día siguiente. En el séquito del rey de Irlanda se encontraba Fiacha mac Congha, quien en su juventud había sido hombre de confianza de Cumall, el padre de Finn. Fiacha le dijo: «Escucha, muchacho: si te proporcionara una lanza de propiedades letales, un arma con la que jamás se yerra el tiro, ¿qué recompensa me ofrecerías a cambio?». «¿Qué es lo que pides?», inquirió Finn. «De cualquier éxito que logres con tu mano derecha, una tercera parte será para mí; además, una tercera parte de tu círculo de mayor confianza y consejo privado [es decir, de tus tres consejeros más íntimos, uno seré yo]. «Así sea», respondió Finn, comprometiéndose bajo palabra. Entonces Fiacha le dio estas instrucciones: «Cuando escuches la melodía feérica, el tañido dulce del timpán y el soplido suave de la flauta, retira la funda de la punta de la lanza y aplícala contra tu frente o cualquier otra parte de tu cuerpo; así, el efecto aterrador de esta arma evitará que el sueño se apodere de ti».

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Finn luchando contra el hada de fuego. Ilustración de Beatrice Elvery para el libro Heroes of the dawn de Violet Russell, 1914.

» Entonces, ante toda Irlanda, Finn se levantó para proteger Tara; sin que lo supieran los hijos de Morna [sus enemigos] ni nadie más en la mansión, Mac Congha le entregó un escudo y una lanza, y Finn fue a recorrer el perímetro completo de Tara. No pasó mucho tiempo antes de que escuchara una melodía lastimera; entonces, se llevó a la frente la parte plana de la punta de la lanza, que poseía un poder terrible. Aillen comenzó a tocar su timpán hasta que, como era su costumbre, sumió a todos en un profundo sueño; luego, para consumir Tara, exhaló por su boca una llamarada de fuego. Pero Finn le opuso el manto carmesí con flecos que vestía, de modo que las llamas, en lugar de avanzar horizontalmente hacia su objetivo, cayeron verticalmente a través del aire, arrastrando consigo el manto hasta una profundidad de veintiséis palmos en la tierra. Por este motivo, aquella elevación recibió el nombre de Ard na Teinedh o "colina del fuego", y el valle adyacente, el de Glenn an Bhriit, o "valle del manto". Al darse cuenta de que su truco mágico había fracasado por completo, Aillen mac Midhna regresó al sidh de Finnachaidh, en la cima de Sliabh Fuaid. Finn lo siguió hasta allí y, justo cuando Aillen entraba por la puerta del sidh, introdujo el dedo en la correa de la lanza y lanzó un certero golpe que lo alcanzó en la parte superior de la espalda; la fuerza del impacto hizo que expulsara su corazón a través de la boca, convertido en una gran masa de sangre negra. Finn lo decapitó, llevó la cabeza de vuelta a Tara y la colocó sobre un poste de siniestro significado, donde permaneció hasta que el sol se alzó sobre las alturas y los valles de la tierra. Entonces, la madre de Aillen acudió a su lado y, tras dar rienda suelta a su profundo dolor, partió en busca de una sanadora:

» «¡Qué caso tan lamentable, oh, admirable médica! ¡Por la lanza de Fiacha mac Congha, por el manto fatal y por la jabalina de punta afilada, Aillen mac Midhna ha sido abatido! ¡Ay, Aillen ha caído! Tres chorros han brotado de él: aquí está la sangre de su corazón, junto con el tuétano de su espalda. ¡Ay, Aillen ha caído! Jefe de los seres feéricos de Ben Boirche; ahora lo envuelven las brumas paralizantes de la muerte. ¡Oh, Boirche, oh, médica, qué caso tan lamentable! ¡Ay, qué alegre era, ay, qué jovial era Aillen, hijo de Midhna, de Sliabh Fuaid! Nueve veces incendió Tara, y su constante afán fue alcanzar un gran renombre».»

PUCA

Al Puca también le hemos dedicado su propio artículo hace un tiempo atrás. Puedes consultarlo aquí:

LAS HIJAS DE AIRITECH

Las hijas de Airitech eran un trío de mujeres-lobas, tal vez podríamos llamarlas las wolfwalkers originales, porque su transformación no dependía de un hechizo o de una maldición, sino que eran seres del Otro Mundo, con esa capacidad innata. Según la tradición, salían de su cueva cada Samhain para cazar por el campo irlandés. Su padre, Airitech, es un personaje misterioso del que no hay más información, con certeza también sería un sídh (sí), un habitante de los túmulos.

Lobas

La historia de las hijas de Airitech puede ser difícil de procesar en un contexto cultural como el nuestro. Para un irlandés medieval semi-cristianizado, matar a tres mujeres-lobas que le robaban el ganado podría ser un acto heroico; pero para nosotros, que no criamos ovejas ni nos sentimos amenazados por nadie, las tres lobas son las verdaderas víctimas del hombre, de su violencia e intolerancia.

Este relato pertenece al Agallamh na Seanórach (El Coloquio de los Ancianos), la fuente más importante del Ciclo Feniano (de Finn mac Cumhaill), compuesto probablemente entre finales del siglo XII y principios del siglo XIII. En él, los héroes de antaño, ahora ancianos, se reúnen con San Patricio para contarle sus viejas hazañas; y el Santo, emocionado, ordena ponerlas por escrito como una especie de reivindicación o bautizo del pasado, que fue heroico, sin duda, pero también pagano.

Aquí está la traducción del pasaje hecha por Orouri a partir de Irische Texte (Vol.1) de Ernst Windisch (1900).

La historia de las tres mujeres-lobas

«Entonces dijo el mismo hombre: «Cailte, alma mía, ¿conoces la otra persecución que sufro en esta tierra?». «¿Qué persecución, alma mía?», preguntó Cailte. «Cada año salen tres lobas de la Cueva de Cruachan y acaban con todos nuestros carneros y ovejas; no tenemos forma de alcanzarlas hasta que regresan a la cueva. ¡Bendito sea el amigo que logre librarnos de ellas!» «Pues bien, Cass Corach, alma mía», dijo Cailte, «¿sabes qué son esas tres lobas que saquean al guerrero?». «Ciertamente lo sé», respondió Cass Corach; «son las tres hijas de Airitech, de la retaguardia de la Compañía Opresora, provenientes de la Cueva de Cruachan. Les resulta más fácil saquear bajo la forma de lobas que como seres humanos». «¿Y no confían en nadie?», preguntó Cailte. «Solo confían en un tipo de personas». «¿Qué tipo de personas?», inquirió Cailte. «Si vieran arpas y laúdes en manos de los hombres, confiarían en ellos». «Entonces confiarán en Cass Corach (el juglar)», dijo Cailte. «¿Y a dónde suelen acudir?». «Al túmulo de Bricriu, aquí mismo», respondió el guerrero. «¿Qué tal si mañana voy y llevo mi laúd a lo alto del túmulo?», propuso Cass Corach. Así pues, a la mañana siguiente, se levantó temprano, subió a la cima del túmulo y permaneció allí tocando su laúd hasta que llegaron las sombras del atardecer. Mientras estaba allí, vio acercarse a los tres lobos, que se tumbaron ante él para escuchar la música. Pero Cass Corach no halló forma de atacarlos y, al caer la noche, los animales se alejaron hacia el norte, en dirección a la Cueva. Cass Corach regresó junto a Cailte y le contó lo sucedido. «Vuelve mañana», le dijo Cailte, «y diles que, para disfrutar de la música y el canto, estarían mejor en forma humana que en forma de lobo». Al día siguiente, Cass Corach se dirigió de nuevo al mismo túmulo y dispuso a su gente alrededor; los lobos acudieron al lugar y se recostaron sobre sus patas delanteras, escuchando la música. Entonces, Cass Corach les dijo: «Si sois humanos por naturaleza, os resultará mejor escuchar la música como seres humanos que como lobos». Al oír esto, se despojaron de los largos mantos oscuros que los cubrían, pues sentían gran predilección por la música embelesadora de los elfos. Mientras permanecían allí, hombro con hombro, Cailte los observó; introdujo su dedo índice del valor en la correa de su lanza, la cual, en su curso letal, atravesó a las tres mujeres, y la punta se le clavó en la parte superior del pecho a la que estaba más lejos de él. Y así quedaron ensartadas en la lanza, como una madeja fuertemente apretada. Como dijo Cailte:

» Cailte, con su veneno, dio muerte al extraño trío desconocido, de modo que cayeron, etc.

» Entonces, Cass Corach se acercó a ellas y les cortó las tres cabezas. Por ello, desde aquel momento hasta hoy, el valle situado en el lado norte del Túmulo de Bricriu recibe el nombre de «Valle de los lobos transformados».

» «¡Excelente ha sido la proeza que has realizado, oh Cailte!», dijo Cass Corach; «hoy no ha sido la proeza de un anciano, y bien le ha ido a tu bardo por estar en tu compañía». «¿Y en qué es mejor», respondió Cailte, «la proeza que yo he realizado que la proeza del bardo? Pues fuiste tú quien logró que abandonaran sus formas de lobo para adoptar formas humanas».

» Luego, prosiguieron su camino hacia la fortaleza del guerrero, llevando las cabezas de aquellas tres mujeres como trofeo de la matanza y señal del triunfo; y allí permanecieron durante tres días y tres noches.»

BANSHEE

Es muy probable que hayas escuchado hablar de la banshee, una mujer fantasmal que grita anunciando desgracias. Se trata de un personaje autóctono de Irlanda, con algunos parientes en las Tierras Altas de Escocia. El nombre banshee es la anglización del gaélico irlandés bean sídhe o bean sí, que significa "mujer de los túmulos". Los túmulos funerarios o sídhe se consideran entradas al “otro mundo”, el lugar donde se retiraron a vivir los antiguos dioses de Irlanda (Tuatha Dé Danann), degradados a la categoría de hadas, duendes y espíritus. De hecho, al igual que las antiguas diosas de la patria y la soberanía, la banshee es una especie de diosa de la tierra o el clan familiar. Cada banshee está relacionada de forma particular con una familia noble con apellidos famosos como O'Grady, O'Neill, O'Brien… y su grito anuncia la muerte de uno de sus ilustres miembros, incluso si ocurre fuera del país. Aunque por lo general es una figura solitaria, la aparición de varias banshees al mismo tiempo sugiere la muerte de alguien excepcionalmente importante, incluso un santo.

Otro de los posibles orígenes de la banshee es el rol de ciertas mujeres, plañideras profesionales, que aparecen en los textos irlandeses más antiguos. Las keeners (en inglés) o bean chaointe (en irlandés) eran contratadas para dirigir el duelo, que incluía gritos, llanto, incluso una forma de poesía oral improvisada y altamente ritualista conocida como caoineadh. Las keeners tenían un estatus elevado, casi mítico, dentro de sus comunidades, siendo figuras muy respetadas. Aunque los registros más antiguos de esta profesión en Irlanda datan de entre los siglos VII y VIII, los especialistas creen que puede ser mucho más antigua, incluso precristiana.

Banshees
Dos banshees diferentes, tomadas del libro Irish Wonders; the Ghosts, Giants, Pookas, Demons, Leprechawns, Banshees, Fairies, Witches, Widows, Old Maids, and Other Marvels of the Emerald Isle (McAnally, 1888).

La banshee suele ser imaginada como una anciana de pequeña estatura y largo cabello blanco, una imagen que puede reflejar su estatus de antepasado familiar y su relación con la muerte. En otros lugares es descrita como una mujer joven, alta y hermosa; una interpretación más acorde con las clásicas mujeres del Otro Mundo de la literatura medieval. Katharine Briggs, en su famosa Enciclopedia de las Hadas, dice que «la Banshee tiene el cabello largo y suelto y un manto gris sobre un vestido verde. Sus ojos son de un rojo ardiente por el llanto continuo…». En cualquier caso, la banshee irlandesa parece ser mucho más agradable a la vista que su pariente escocesa, la bean nighe o la "lavandera en el vado"; se dice que su aspecto es horrible y que encontrarla lavando una mortaja en el río presagia la muerte de algún miembro del clan.

Katharine cita en su libro un pasaje de las memorias de una tal Lady Fanshame, una inglesa que vivió entre 1625 y 1676, y tuvo un encuentro cercano con la criatura estando de visita en Irlanda:

«Allí nos alojamos tres noches. La primera de las cuales me sorprendió en la habitación, hacia la una de la madrugada, una voz que me despertó. Corrí la cortina y, a la luz de la luna, vi a una mujer asomada a la ventana; vestía de blanco, tenía el cabello rojo y un rostro pálido y cadavérico. Pronunció en voz alta —con un tono que jamás había escuchado— la palabra «caballo» en tres ocasiones. Luego, con un suspiro que recordaba más al viento que a la respiración humana, se desvaneció; su figura me pareció más una densa nube que un cuerpo sólido. El espanto fue tal que se me erizó el cabello y se me cayó la ropa de dormir. Sacudí y pellizqué a tu padre, quien no despertó a pesar de mi agitación; sin embargo, al despertar, quedó muy sorprendido al verme en tal estado, y aún más cuando le conté lo sucedido y le mostré la ventana abierta. Ninguno de los dos volvió a conciliar el sueño aquella noche; él, para distraerme, me explicó que este tipo de apariciones son mucho más frecuentes en estas tierras que en Inglaterra. Concluimos que la causa residía en la profunda superstición de los irlandeses y en la carencia de una fe verdadera y esclarecida, la cual debería protegerlos del poder del Diablo, que allí ejerce una influencia considerable. Hacia las cinco de la mañana, la dueña de la casa vino a visitarnos; nos contó que no había dormido en toda la noche, pues un primo suyo, apellidado O'Brien —cuyos antepasados ​​habían sido dueños de la propiedad—, le había pedido que lo acompañara en su habitación. El hombre falleció a las dos de la madrugada. Ella añadió: «Espero que no hayan sufrido ninguna molestia; es costumbre en este lugar que, cuando alguien de la familia está agonizando, aparezca cada noche una figura femenina en la ventana hasta que se produzca el deceso. Hace ya mucho tiempo, el dueño de esta casa dejó embarazada a aquella mujer, a quien luego asesinó en el jardín para después arrojarla al río, justo debajo de esta ventana. La verdad es que no recordé este detalle al alojarlos aquí, a pesar de ser la mejor habitación de la casa». Respondimos poco a sus palabras, pero nos dispusimos a marcharnos de inmediato.»

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Banshee. Ilustración de LiigaKlavina en DeviantArt.

SLUAGH SIDHE (la Hueste del Otro Mundo)

La Sluagh Sidhe, o simplemente Sluagh, es la versión irlandesa de la Cacería Salvaje. Dado que sidhe se refiere a antiguos túmulos funerarios considerados entradas al Otro Mundo, el nombre completo se puede traducir como "hueste de los muertos" o "hueste del Otro Mundo". Sin embargo, según una interpretación tan antigua como polémica, los muertos son, de hecho, las hadas en su nueva condición de vida, por lo que también se puede traducir como la "hueste de las hadas".

Katharine Briggs, en su famosa Enciclopedia de las Hadas, escribe lo siguiente:

«El Sluagh (slooa), o la Hueste. Se trata de la Hueste de los Muertos sin Perdón. Son los más formidables de entre los seres feéricos de las Tierras Altas. Existen varios relatos sobre esta hueste, recopilados por Evans Wentz en su obra The Fairy-Faith in Celtic Countries ("La creencia en las hadas en los países celtas") a partir de testimonios de diversos informantes. Algunos de ellos consideran a la Hueste como ángeles caídos —y no como los muertos—, pero, en general, sus relatos coinciden en gran medida con el que ofrece Alexander Carmichael en Carmina Gadelica (vol. II, pág. 357):

» «El Sluagh, 'la hueste', el mundo de los espíritus. Estas 'huestes' son los espíritus de los mortales fallecidos. La gente conserva muchas historias curiosas al respecto. Según un informante, los espíritus vuelan en grandes nubes, recorriendo el mundo de un lado a otro —como hacen los estorninos— y regresando a los lugares donde cometieron sus transgresiones terrenales. Ninguna de estas almas está libre de las nubes de la tierra, que oscurecen el resplandor de la obra de Dios; y ninguna puede alcanzar el cielo hasta que haya expiado sus pecados terrenales. En las noches desapacibles, estas huestes se refugian tras los tallos rojizos de las acederas o los tallos amarillos de los senecios. Libran batallas en el aire, tal como hacen los hombres en la tierra. En noches gélidas y despejadas, es posible verlas y oírlas avanzar y retroceder, una y otra vez, enfrentándose entre sí. Tras una batalla —según me contaron en Barra—, es posible ver su sangre carmesí manchando las rocas y las piedras. ('Fuil nan sluagh', la sangre de las huestes, no es otra cosa que el hermoso liquen rojo —llamado crótalo— que crece en las rocas y que la escarcha hace parecer sangre). Estos espíritus solían matar gatos, perros, ovejas y ganado con sus certeros dardos venenosos. Ordenaban a los humanos que los siguieran, y estos obedecían, al no tener otra alternativa.

» Eran estos hombres de la tierra quienes, siguiendo las órdenes de sus amos espirituales, mataban y mutilaban; a cambio, los espíritus los maltrataban de la forma más despiadada, arrastrándolos, revolcándolos y golpeándolos en el barro, el cieno y los charcos.»

» En un informe de Evans Wentz (pág. 108), Marian MacLean, de Barra, establece una distinción entre las hadas y la Hueste.

» «Por lo general, las hadas se dejan ver al atardecer o poco después, y caminan por el suelo igual que nosotros; en cambio, la Hueste se desplaza por el aire, sobre lugares habitados por personas. La Hueste solía aparecer tras la caída de la noche, especialmente alrededor de la medianoche.»»

Al parecer hay cierto debate sobre la naturaleza de los seres que componen la Sluagh: unos dicen que son muertos (almas) y otros dicen que son hadas; otros más creen que ambas cosas son lo mismo y probablemente tengan razón. La clave del debate parece estar en la ubicación del fenómeno: en Irlanda es más conocido como la Hueste de las Hadas, un desfile de antiguos dioses degradados; pero en las Tierras Altas de Escocia la llaman la Hueste de los Muertos, almas en pena, no bautizados, etc. El hecho es que, durante el Samhain, una comitiva de seres espectrales recorre el mundo. Las hadas irlandesas suelen celebrar épicos combates entre ellas, mientras que los muertos escoceses buscan reclutar nuevas almas para su compañía.

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Sídhe Gaoithe o Viento de hadas. Pintura de Daniel MacDonald, 1842.

El pintor irlandés Daniel MacDonald (1820-1853) inmortalizó esta creencia en su obra Sídhe Gaoithe (Viento de hadas, 1842). La pintura representa a un grupo de dieciséis personas que huyen presas del pánico por un paso de montaña, bajo un cielo que se oscurece ominosamente. Son perseguidos por una fuerza siniestra que se manifiesta como el viento y el polvo arremolinado. La inspiración de la obra fue la gran tormenta que azotó Irlanda la noche del 6 al 7 de enero de 1839; sus efectos fueron tan devastadores que la gente la atribuyó a una batalla entre hadas.

DULLAHAN

El Dullahan es la versión irlandesa del jinete sin cabeza. Algunos piensan que Washington Irving se inspiró en esta criatura para escribir su famoso cuento The Legend of Sleepy Hollow, pero la realidad es que pudo haberse inspirado en cualquiera, porque los jinetes sin cabeza abundan en Europa desde la Edad Media.

Dullahan
The Dullahan’s Forest. Ilustración de catheroldart en Instagram.

Hay poca información sobre el Dullahan. A penas sabemos que es un jinete, hombre o mujer (sí, existen versiones femeninas), sin cabeza y sobre un caballo o sobre un carruaje negro. Según el erudito irlandés Edward O'Reilly (1765-1830), citado por el anticuario Thomas Crofton Croker (1798-1854) en Fairy Legends and Traditions of the South of Ireland (1825-28), Dullahan, Dulachan o Durrachan se refiere una persona oscura y hosca y proviene de dorr o durr, "ira", o durrach, "malicioso", "feroz", etc. Sin embargo, el propio Croker desconfía de esta etimología y está convencido de que el nombre contiene la raíz dubh, "negro", "oscuro". Probablemente este comentario sea el origen de la teoría popular, sin base científica, que sugiere que el Dullahan es la encarnación de un antiguo dios celta llamado Crom Dubh, al que se realizaban sacrificios humanos.

Cuando monta a caballo, el Dullahan lleva su cabeza cortada bajo el brazo. Así lo describe Croker:

«Charley volvió a mirar, esta vez en el lugar correcto, pues vio claramente —bajo el mencionado brazo derecho— la cabeza de la que había surgido la voz; una cabeza como jamás mortal alguno había visto antes. Parecía un gran queso crema rodeado de morcillas; ni una pizca de color animaba la palidez cenicienta de sus rasgos hundidos; la piel se extendía sobre aquella superficie sobrenatural, casi como el parche de un tambor. Dos ojos llameantes de una circunferencia prodigiosa, dotados de un movimiento extraño e irregular, brillaron como meteoros ante Charley; y, para colmo, una boca se extendía de un extremo a otro entre dos orejas que asomaban bajo una maraña de cabellos negros y sin brillo. Esta cabeza, que hasta entonces la figura había mantenido oculta a los ojos de Charley, se reveló ante él en toda su espantosa fealdad…»

El Dullahan de este cuento, sin embargo, no es peligroso; sólo busca otro jinete con quien compartir su pasión por las carreras de caballos. 

Mucho más terrible resulta la versión del carruaje sin cabeza (cóiste bodhar). En este caso, ni el conductor ni los caballos tienen cabeza, y el carro está hecho de huesos humanos: el eje es una columna vertebral, los radios de las ruedas son fémures, las linternas son cráneos, etc. Se supone que la llegada del carruaje presagia la muerte o la desgracia. En otro cuento de Croker, el cochero usa un látigo para azotar a los caballos, pero lo hace con tanta fuerza que el testigo que narra la historia casi pierde un ojo; este episodio ha sido interpretado como que el conductor busca intencionadamente sacar los ojos de la gente que lo ve. 

Cualquier otro dato sobre el Dullahan probablemente sea una invención moderna divulgada en la red (internet), como el famoso látigo hecho con una columna vertebral o que el oro es capaz de ahuyentarlo.

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D is for Dullahan. Ilustración de Deimos-Remus en DeviantArt.

CÚ SÍTH

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El Cú Síth o Cú Sídhe en irlandés, el perro del otro mundo o perro de las hadas, es una de las criaturas más emblemáticas del folclore gaélico: un sabueso espectral de gran tamaño cuya aparición y aullido funcionan como un presagio de muerte. Especialmente popular en las Tierras Altas de Escocia, aunque también tiene presencia en Irlanda.

Así lo recoge Katharine Briggs, en su famosa Enciclopedia de las Hadas:

«Cu Síth (coo-shee). Este perro feérico de las Tierras Altas se distinguía de otros canes mágicos celtas por su color verde oscuro. J. G. Campbell lo describe en su obra Superstitions of the Scottish Highlands (págs. 30-32). Tenía el tamaño de un novillo de dos años; su pelaje era hirsuto y lucía una larga cola, ya fuera enroscada sobre el lomo o trenzada de forma plana. Sus patas eran enormes, tan anchas como las de un hombre; a menudo se encontraban sus grandes huellas en el barro o la nieve, aunque el animal se desplazaba en absoluto silencio y en línea recta. Durante la caza no ladraba de forma continua, sino que emitía tres aullidos formidables, capaces de ser escuchados incluso por barcos que navegaban lejos, en alta mar. Por lo general, estos perros feéricos permanecían atados dentro del brugh (morada subterránea), listos para ser soltados contra cualquier intruso; en ocasiones, acompañaban a mujeres que buscaban ganado humano, ya fuera para ordeñarlo o para conducirlo al sìthein (otro tipo de morada feérica), y a veces se permitía que un cu sìth vagara en solitario, refugiándose en las grietas de las rocas. Un cu sìth de esta clase resultaba sumamente temible tanto para los seres humanos como para los perros mortales; sin embargo, en el relato de J. F. Campbell titulado La isla de Sanntragh, los perros feéricos liberados desde el brugh fueron repelidos por perros mortales al acercarse a los asentamientos humanos. Bran, el perro feérico de Finn, tenía un aspecto distinto. Por lo demás, los perros feéricos suelen ser de color blanco con las orejas rojas, mientras que, en Inglaterra, los canes sobrenaturales más frecuentes son los perros negros (black dogs).»

LA CERDA NEGRA

En Gales creen que la noche Samhain aparece Yr Hwch Ddu Gwta (la cerda negra sin cola), una criatura terrorífica que acecha los caminos en busca de almas que devorar. No existen referencias a ella en textos antiguos. Todo lo que sabemos procede de la tradición oral y está sujeto a la imaginación y la espontaneidad de quien lo cuenta.

Cerda

Ahora bien, la idea de una cerda negra demoníaca está ligada al Nos Galan Gaeaf, la festividad galesa que tiene lugar la víspera del primer día de invierno (la noche del 31 de octubre), equivalente al Samhain celta y al Halloween moderno. Según la costumbre, todos debían correr a casa al apagarse la hoguera solsticial, y la cerda negra se llevaría al más rezagado. Así lo refleja J. G. Frazer en la Rama dorada:

«Según Sir John Rhys, el hábito de celebrar la víspera de Todos los Santos encendiendo fogatas en las colinas todavía subsiste en Gales, y hombres que viven aún pueden recordar cómo las gentes que asistían a las hogueras esperaban que saliera la última chispa y entonces echaban a correr, gritando tan fuerte como podían: "Que la cerda negra y rabona coja al zaguero". El dicho, como Sir John Rhys señala oportunamente, denota que en su principio uno de la reunión era víctima de una muerte de verdad. Hasta la época actual, este dicho es corriente en Carnarvonshire, donde todavía en ocasiones, para atemorizar a los chicos, se alude a la marrana negra y rabona.»

Al parecer, la cerda cumple la función básica de amedrentar, principalmente a los niños, para que vuelvan pronto a casa. Pero también era una forma de obtener augurios y presagios, algo frecuente en fechas liminales como Samhain. Probablemente se creía que el rezagado moriría en un lapso de un año. 

Cerridwen
Cerridwen. Pintura de Christopher Williams, 1910.

Algunos creen que la tradición de la Cerda Negra es resultado de la demonización de una antigua diosa galesa de la fertilidad y la muerte llamada Cerridwen. Se basan, principalmente, en lo que dice el libro La Diosa Blanca, del erudito británico Robert Graves, que «Cerridwen es claramente la Cerda Blanca, la diosa de la Cebada, la Dama Blanca de la Muerte y la Inspiración; es, en realidad, Albina, o Alfito, la diosa de la Cebada que dio su nombre a Britania». La teoría sugiere que, así como Cerridwen tiene un aspecto de cerda blanca y fértil, su contraparte oscura y destructiva se manifestaría como una cerda negra. De hecho, un análisis académico sobre el simbolismo de la Diosa Madre en la tradición celta menciona que sus formas de expresión incluyen tanto a la cerda blanca de la fecundidad como a la cerda negra sin orejas ni cola. Esta descripción de una cerda negra mutilada coincide con la imagen de Yr Hwch Ddu Gwta.